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E C O L O G Í A 

7 de mayo del 2004

España:

PHN: El Rey ha muerto ¿¡Viva el Rey!?

Rafael León Rodríguez

El aberrante Plan Hidrológico Nacional del PP, que sucedió a un Plan Hidrológico al menos tan aberrante como éste, auspiciado por el PSOE, acaba de morir casi nonato. Y muchos de los que opinábamos, con más o menos razón, que este Plan era un auténtico atentado ecológico, territorial y hasta social aun estamos celebrando este óbito. Hemos pasado súbitamente de una perplejidad desmoralizante a una euforia incontenible.

Pero pasada esta lógica y sana alegría inicial es preciso retomar con calma el análisis de las relaciones existentes entre agua, desarrollo socioeconómico y sostenibilidad, y ello a pesar de que parezca que las políticas hidráulicas comienzan a tomar nuevos y esperanzadores derroteros en esta nueva etapa que se inicia.

Una etapa en la que trasvases y, en menor medida, embalses han pasado a ser temas tabúes, y parece ser que van a ser sustituidos por opciones más políticamente correctas como eficiencia, reutilización y desalación.

Podría pensarse que optar en este sentido nos introduce de lleno en la filosofía de una nueva cultura del agua que toma como eje central de su discurso el desarrollo sostenible. Pero esto no es tan sencillo.

Y ello, a pesar de que el tema de donde y como se obtienen los recursos hidráulicos no sea en absoluto baladí. Y de que, evidentemente, estos nuevos planteamientos resulten ambientalmente más correctos y económicamente más viables y ventajosos.

No obstante, el centro de un nuevo discurso hidrológico no debe gravitar en torno a esos temas, sino en como se relaciona la mayor o menor disponibilidad de recursos hídricos con el territorio y su ordenación y capacidad de carga.

La disponibilidad de agua es y ha sido históricamente un factor limitante al desarrollo. Un factor cuya corrección puede resultar netamente positivo, pero siempre que no se superen determinados límites. Pues la limitación en la disponibilidad de agua constituye también un factor capaz de frenar y evitar la transformación abusiva del territorio y sus recursos y la destrucción de los mismos. Tratar de despojar al agua indefinidamente de su carácter limitante supone poner en tensión otros recursos y la ruptura de las estrechas y múltiples relaciones existentes en los ecosistemas.

En este sentido resulta indiferente la forma de proporcionar agua a un territorio determinado sin tener en cuenta su capacidad de carga. Al final el resultado será prácticamente el mismo. Poco importará la procedencia de esa agua excesiva para abastecer la especulación y la consiguiente destrucción del litoral mediterráneo convirtiéndolo en una congestionada e insalubre conurbación suburbana salpicada de una multitudinaria plaga de campos de golf, autopistas y viviendas unifamiliares de lujo.

Por lo tanto, será necesario que el futuro Plan Hidrológico, sin dejar de decantarse por los modos más apropiados para obtener los recursos hídricos necesarios para el desarrollo, se ocupe prioritariamente de tratar de analizar cuales son las relaciones que habrán de darse entre recursos hídricos y ordenación territorial y, en función de las mismas, establecer estrictos criterios de sostenibilidad, entre los cuales, será ineludible y prioritario plantear en que momento será necesario "cerrar el grifo" para evitar tensiones sobre el territorio que degraden de forma irreversible sus recursos y relaciones sistémicas. Cualquier otra cosa será más de lo mismo.

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