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E C O N O M Í A 

8 de abril del 2003

La sociedad 20:80 y el Tittytainment

Mauro J. Zúñiga A
El Grano de Arena

Es un libro notable. Sustentado en 376 citas bibliográficas espesamente diseminadas sobre 300 páginas, Hans Peter-Martin y Harald Schuman nos ofrecen La Trampa de la globalización, traducido al español por Carlos Fortea y editado por Tauros, Pensamiento. Se inspiraron en la Mesa Redonda que la Fundación Gorvachov convocó del 27 de septiembre al 1 de octubre de 1995 en The Fairmont, un hotel legendario y exclusivo de la ciudad de San Francisco. Asistieron 500 líderes políticos, económicos y sociales de todo el mundo. El tema fue señalar el camino al siglo XXI: en marcha hacía una nueva civilización.

La conclusión de esta maratónica sesión se resume en dos números y un concepto: la sociedad 20:80 y Tittytainment. Así de sencillo. En el siglo XXI, el 20% de la población activa bastará para mantener en marcha la economía mundial. ¿Y el resto? "Sin duda, el 80% tendrá grandes problema? responde Jeremy Rifkin, autor del Fin del Trabajo. Zbigniew Brzezinski, quien fuera consejero del Presidente Jimmy Carter

fusionó dos palabras inglesas para dar la solución: tits, que significa pecho, teta o mama, según nos suene mejor; pero no para resaltar el aspecto sexual, sino orientado hacia la alimentación, y entertaiment, entretenimiento: tittytainment.

En 1996 ya existían 500 satélites enviando señales a mil millones de televisiones.

El bombardeo es incesante. Nuestros pequeños se enmudecen frente a los monitores. Los ídolos de la juventud a escala mundial son fabricados por la industria del entretenimiento.

Deporte, música, violencia, sexo en todas sus variables; lo que quiera lo encuentra sin salir de casa. Se plantea desarrollar en nuestro siglo lo que le dio resplandor al imperio romano: Pan y Circo; aunque, las estadísticas presentadas en el libro y las que nos ofrece el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, las Organización Internacional del Trabajo y el propio Banco Mundial es que el pan escasea a escala planetaria o al menos, son cada vez menos bocas las que lo saborean. Los grandes consorcios despiden a cientos de miles de trabajadores a la velocidad del relámpago. Las empresas medianas y pequeñas sucumben. El miedo al despido y el trabajo precario son los reyes de la modernidad.

Los beneficios sociales de la población se están acomodando en los basureros del mundo. Nuestro ambiente llegó a los límites de incompatibilidad biológica. La sociedad 20:80 está cómodamente instalada. Pero entonces, ¿quién es el culpable? "Nadie", miente el Mercado con su inocultable cinismo.

El libro es docente para los que no manoseamos el mundo espacial de la Macroeconomía. Las cosas nunca han estado bien, pero se agravaron desde hace dos décadas. Ronald Regan con su lugarteniente Milton Fridman en los EEUU y Margaret Tacher con Frederick Von Hayek en Inglaterra tenían que dotar a su nuevo dios de su santísima trinidad, y lo lograron: Desregulación, Liberalización y Privatización. Se encontraron con un Papá Estado muy bonachón: le ofrecía seguridad social a los trabajadores, regulaba la jornada laboral, protegía sus divisas, regulaba las comunicaciones, gravaba el capital, luchaba para proteger sus fronteras de la especulación. ¡Pecados Mortales! Liberad el Comercio y el Tráfico de Capitales. Privatizad todas las Empresas del Estado. Amén.

La Política sucumbió ante la Economía; los Estados ante el Capital y los Seres Humanos ante el Mercado. Los consorcios invierten donde sus costes de producción son más rentables, vale decir, donde los Estados son más generosos, para utilizar una palabra decente. Lo demás, incluyendo al 80 % de los habitantes del globo con todo su ambiente, es pulverizado dentro de una gigantesca bolsa de plástico. ¿Cifras? Abundan. El capital financiero internacional moviliza diariamente 1,8 billones de dólares. ¿Qué beneficios deja? Miseria.

¿Se acabó el mundo? Claro que no. Hay salidas. El libro menciona, entre otras, la aplicación de la tasa Tobin (James Tobin, 1978, Premio Nobel de Economía): un impuesto internacional del 1% a todas las transacciones financieras de corto plazo. Esta propuesta ha sido reformulada en 1998 por Ignacio Ramonet, Director del diario francés Le Monde.

Si se pone en práctica, con el dinero recogido de la especulación financiera se puede desterrar la pobreza en pocos años.

El movimiento ATTAC (Asociación por una Tasa a las Transacciones financieras especulativas para Ayuda al Ciudadano) fundado para tales propósitos ha salido de Europa y se ha difundido por América del Norte, Asia, África y América Latina. La utopía ha quedado atrás.


*Médico, gremialista, escritor y ex Director de Seguridad Social de Panamá

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