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E C O N O M Í A 

11 de abril del 2003

El declive del capitalismo francés

Greg Oxley
El Militante

La guerra en Iraq y el conflicto franco-americano ofrecen al mundo entero una nueva prueba del declive inexorable del capitalismo francés como potencia mundial. Su oposición a la invasión de Iraq, que asesta un golpe fatal a sus propios intereses económicos en la región, ha sido desechada con desprecio por Bush y sus acólitos.

Las circunstancias particulares de la guerra en Iraq han presentado a Chirac, Raffarin y Villepin como los "defensores de la paz", que buscan por todos los medios evitar "el horror de la guerra". Ahora bien, este conmovedor espectáculo se explica ante todo por el declive de la posición mundial del imperialismo francés, fundamentalmente con respecto a EEUU y Alemania. Desde hace más de 60 años el imperialismo francés pierde constantemente terreno en Asia y África, y la actual guerra se traducirá en un claro retroceso de lo que queda de su influencia en Oriente Medio. Los gastos militares de Francia solo representan un 7% del presupuesto militar de EEUU. Las últimas guerras —en Iraq en 1991, en Yugoslavia en 1999 y recientemente en Afganistán— han demostrado ampliamente los límites de las fuerzas militares francesas. El desprecio que el aparato militar francés inspira a los dirigentes norteamericanos figura en una nota oficial con fecha del 1 de octubre de 2002 de la Heritage Foundation, que proporciona análisis y consejos estratégicos a la Casa Blanca : "Sin duda, las tropas francesas, incluidas aquellas de su Legión Extranjera, serían un complemento útil a las fuerzas anglo-americanas en Iraq después de la guerra. Sin embargo, dada la pobre calidad de las prestaciones francesas en las operaciones de mantenimiento de la paz en Ruanda-Burundi y en los Balcanes, es obligatorio colocar a las fuerzas francesas bajo el mando del Estado mayor americano y británico".

En estas condiciones, el capitalismo francés era incapaz de hacer valer sus pretensiones concernientes a las reservas de petróleo iraquíes y al reparto del botín de guerra en general.

Había contratos entre la dictadura de Sadam Husein y Francia sobre el acceso prioritario a las reservas de petróleo en caso de levantamiento del embargo. La invasión norteamericana vuelve caducos estos contratos y, por tanto, se inmiscuye directamente en los intereses del imperialismo francés: ésta es la principal razón de la oposición del Elíseo.

El carácter rapaz y asesino del imperialismo francés El imperialismo francés no es menos rapaz ni menos asesino que el imperialismo estadounidense. La única diferencia entre estos está en la potencia militar y económica de la que disponen. Los representantes del capitalismo francés no han dudado jamás en hacer la guerra cuando sus intereses estaban en juego. A lo largo del siglo pasado, los pueblos de Indochina, Madagascar, Marruecos y Argelia han pagado un tributo muy grande al belicismo del imperialismo francés. Y hoy, en el mismo momento en que Chirac se hace el apóstol de la paz con respecto a Iraq, el ejército y los servicios secretos franceses, a veces con la ayuda de batallones de mercenarios, están implicados en conflictos armados en Sudán, Sierra Leona y Costa de Marfil.

En Sierra Leona, Francia fomenta en secreto una guerra contra los intereses anglo- americanos, al estar en juego principalmente el control de las minas de diamantes. En Sudán, hace muchos años que el aparato militar francés colabora estrechamente con el régimen integrista en el poder, el cual está en guerra con los rebeldes del sur, que son apoyados por EEUU. En Congo-Brazzaville, el control de las reservas de petróleo sigue estando en manos de TotalFina-Elf gracias a una guerra civil, que fue una iniciativa de Francia. Francia vende armas y colabora con dictaduras sanguinarias en todo el mundo, y a veces asegura la formación del personal de sus aparatos represivos. No olvidemos tampoco que no hace tanto tiempo Francia estuvo fuertemente implicada en la guerra civil de Ruanda, que costó la vida de 500.000 personas. Oficiales del ejército francés estaban presentes en los campos de entrenamiento de los combatientes hutus, y la financiación de esa carnicería fue asegurada, entre otros, por los buenos oficios del banco Crédit Lyonnais.

Es del todo evidente que el actual ocupante del Elíseo y la clase que él representa no se oponen al proyecto de Bush por razones humanitarias o "pacifistas", sino simplemente porque esta guerra va en contra de sus intereses. En caso de una victoria americana, esta guerra se va a traducir en el acceso de las compañías americanas a las grandes reservas de petróleo iraquíes, en detrimento de la industria petrolera francesa. La ocupación militar de Iraq por EEUU llevará a Francia al papel de espectador impotente de los negocios de las grandes potencias en Oriente Medio.

Política interior En la política interior, el declive del capitalismo francés se manifiesta en el carácter totalmente reaccionario y parasitario de la clase dominante que, teniendo firmemente entre sus manos avaras las palancas del poder económico, se levanta como un muro contra el mínimo progreso social. Para defender sus beneficios y sus intereses egoístas ataca la infraestructura industrial, social y cultural del país, empujando a la sociedad hacia atrás. ¿Qué trabajador, joven o jubilado no se ve afectado por los proyectos de la patronal y del gobierno? La pobreza se generaliza, el paro aumenta, comunidades enteras quedan devastadas por el cierre de las empresas y la supresión de empleos masivos. El número de empleos precarios ha aumentado fuertemente. En 1983 había menos de 250.000 contratos de duración determinada en Francia, en 2002 había 930.000. En el mismo periodo, los contratos eventuales han pasado de 100.000 a 700.000. Los trabajadores con contrato precario son los más afectados por la crisis actual.

Sólo en el mes de julio de 2002, 109.600 eventuales y 39.900 personas con contrato de duración determinada presentaron una solicitud de empleo por fin de contrato.

Siempre al acecho de nuevas fuentes de beneficios, los poseedores del capital echan el ojo al sistema educativo y a los potenciales "mercados" de las pensiones y de la cobertura social. De ahí los proyectos del Gobierno de abrir más la universidad, las pensiones y la seguridad social a las inversiones privadas. En lo que se refiere al empleo, al sector público y a la vivienda, la conclusión es la misma: el capitalismo francés necesita imponer la regresión social a la vasta mayoría de la población para seguir existiendo.

Crisis económica En 2002, el crecimiento del PIB francés no sobrepasaba el 1%. Esto no ha impedido a Chirac y Raffarin, ni naturalmente a los "economistas" del PS y del PCF, prever durante la última campaña electoral un crecimiento de entre el 2,5% y el 3,5% para 2003. Hoy, todos deben revisar sus predicciones a la baja. Francis Mer, ministro de Economía, habla de un 1,5% para 2003, pero, como él mismo sabe, es imposible. La economía francesa se dirige directamente hacia una recesión. Incluso sin la guerra, el crecimiento en 2003 va a ser inferior al 1%. Ahora bien, las repercusiones de la guerra sobre la economía mundial acelerarán su evolución hacia cifras negativas. Alemania está igualmente en crisis, lo que agravará la situación de Francia, ya que es la principal importadora de productos franceses. Las inversiones están en declive. Desde hace ya varios meses, la producción industrial francesa está en recesión. Entre 2000 y 2001 no ha habido ningún aumento de las inversiones industriales; entre 2001 y 2002 han caído un 7%. Esta reducción de la actividad económica supone una reducción importante de los ingresos fiscales. El déficit presupuestario del Estado se acercaba a los 46.000 millones de euros en 2002 y se acentúa cada mes que pasa. Raffarin

reaccionará atacando el gasto público —con la excepción, por supuesto, de aquel destinado al ejército y al refuerzo del aparato represivo y policial—.

El callejón sin salida en el que se encuentra el capitalismo plantea un desafío ineludible a las organizaciones sindicales y políticas de la clase trabajadora francesa. La clase capitalista, en su lucha por restablecer el sacrosanto "equilibrio" de la economía francesa —léase la protección de sus beneficios— romperá otro "equilibrio", el que permite a las clases sociales antagónicas coexistir de una forma más o menos pacífica. Las ideas y tradiciones del socialismo han sido ridiculizadas y enterradas repetidas veces por "la opinión pública" de la "buena sociedad" que se beneficia del sistema actual. Pero la experiencia de la realidad implacable del capitalismo está cambiando las conciencias. Hoy, millones de jóvenes y trabajadores, que constituyen la fuerza vital de la sociedad francesa, están formándose bajo la presión de la regresión social y económica, de la crisis y de las guerras. No tienen más alternativa que entrar a la lucha.

Tarde o temprano, los jóvenes y trabajadores franceses seguirán el mismo camino que aquellos de España o Italia. Superando las reticencias de las direcciones del PS y del PCF y de las organizaciones sindicales, se plantearán la idea de una huelga general —quizás de 24 horas, para empezar—. Restablecerán sus grandes tradiciones, aquellas de 1936 y 1968: la hora de una confrontación decisiva con el capitalismo habrá llegado. Nadie podría prever la fecha de esta prueba, ni el curso exacto de los acontecimientos. Pero es ineluctable, y debemos prepararnos desde hoy, nosotros y nuestras organizaciones, ya que, en ese momento, el derrocamiento del capitalismo será mucho más que una idea o un programa escrito: se presentará a la inmensa mayoría de la población como una tarea práctica inmediata, como fue el caso en 1968. (...)


Greg Oxley. Editor de La Riposte, periódico marxista francés.

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