| E C O N O M I A |
17 de mayo de 2004 |
Hedelberto López Blanch
Rebelión
La enorme alza registrada en las últimas semanas en los precios del petróleo conspira contra el repunte de la economía mundial y sobre todo amenaza con llevar hacia violentas crisis a las endebles administraciones de algunos países en desarrollo que no podrán enfrentar los grandes gastos que esa situación representa.
Debido a la preocupación sobre la seguridad en el abastecimiento mundial, los precios del petróleo alcanzaron los 40 dólares el barril, similar a los que tuvieron hace 13 años cuando la primera guerra del Golfo (en esa ocasión se elevaron hasta 41.15 dólares).
Estos incrementos no se producían en Nueva York y Londres desde diciembre de 2000 cuando alcanzaron 34,15 dólares, empujados en ese tiempo por la creciente tensión en el Medio Oriente entre palestinos e israelíes.
El ataque a finales del pasado mes de abril contra una planta química en Arabia Saudita y los continuos sabotajes contra terminales y oleoductos en todo el territorio de Iraq ocupado por fuerzas norteamericanas, han acentuado los temores de nuevas acciones contra instalaciones petroleras en Oriente Medio, que abastece un tercio del petróleo mundial.
Los analistas indican que no es probable que los precios retrocedan pronto, aunque estimaron que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) no es responsable del fuerte aumento de los precios del crudo, pues sus miembros producen al máximo de sus capacidades.
La OPEP se fundó en 1960 con sede en Viena y entre sus finalidades se encuentra la supresión de la competencia en el campo petrolero.
La táctica que ha llevado a cabo es la de defender un precio determinado del barril, a través de la regulación de la oferta y la demanda, es decir, si se desploman los precios, disminuye la oferta del crudo en el mercado y viceversa.
Pero su papel ha ido variando porque si hace 40 años los once países producían el 80 % del petróleo consumido en el mundo, con una producción de 32 millones de barriles diarios, hoy en día producen solo 28 millones de barriles y escasamente representan el 45 % del total mundial.
La OPEP la integran Argelia, Indonesia, Irán, Iraq, Kuwait, Libia, Nigeria, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Arabes Unidos y Venezuela) pero existen otros grandes productores fuera de la organización como son Rusia, Gran Bretaña, Kasajastán, Colombia, Ecuador, México, Bahrein, Omán, Brunei, Botswana, Malasia, Yemen, Egipto, y China, que también se benefician con los altos precios.
Si sacamos una rápida suma, vemos que 25 países obtienen grandes cifra de dinero y florecen sus economías, mientras las restantes 160 naciones del orbe deben apretarse los cinturones para poder alumbrar y echar a andar sus ciudades.
Dentro de ese inmenso saco de países importadores hay que extraer a las fuertes economías de Norteamérica, Europa y algunas de Asia, que pueden resistir el golpe demoledor de los altos precios mientras más de 100 naciones en desarrollo aumentarán, no en capitales, sino en pobreza, deudas y necesidades.
A su vez, las transnacionales que cuentan con el control de la producción y exportación en muchos países, se convierten cada día en entes más poderosos y ricos.
A esto se suman las acciones de los grandes brockers negociadores de crudo, que comprando acaparan más oro negro para aprovechar los incrementos de precios y obtener abundantes ganancias.
Debe tenerse en cuenta que solo una pequeñísima suma de naciones cuenta con el preciado combustible en sus territorios o con posibilidades para su extracción, mientras cerca de 160 naciones del orbe son dependientes de las importaciones del crudo.
De mantenerse por varios meses los altos valores del crudo, se desatarían graves consecuencias económicas y sociales para varias regiones del mundo y en esa lista entraría como es lógico, América Latina, que ha sufrido ya más de una década de perdidas por las medidas neoliberales implantadas a instancias de los organismos financieros internacionales.
La dependencia del crudo para esas naciones provocaría un endeudamiento mayor a la región, con la consecuente reducción del flujo de capital privado que ha declinado constantemente en los últimos años.
La deuda externa Latinoamérica se ubica en los 850.000 millones de dólares y se estima que en el 2003 solo llegarán 29 000 millones de dólares de capital privado en contraposición a los 50 000 millones de 2002.
Para Estados Unidos, a pesar de ser la mayor potencia mundial, también traerá efectos negativos pues redundará en el incremento de su déficit fiscal que deberá sobrepasar los 500.000 millones de dólares, debido en primer lugar a los enormes gastos armamentistas que realiza para llevar adelante las guerras y ocupaciones en Afganistán e Iraq.
Y los efectos serán importantes porque como recuerda la Agencia Internacional de Energía (AIE), "la mayoría de las crisis económicas en Estados Unidos, Europa y en el Pacífico desde los años 70 se vieron precedidas por alzas repentinas del precio del crudo".
Por tanto, todas las proyecciones y cálculos efectuados por centros de estudios y organismos internacionales sobre el supuesto crecimiento de la economía mundial en el 2004 se vendrán abajo si continúan los altos precios del petróleo y lo que aumentarán serán las necesidades sociales, el desempleo y la miseria en amplios sectores de las ya empobrecidas poblaciones.