12 de noviembre del 2001

Dos Años Después de la Devaluación Brasileña Continúa el Superávit Comercial Argentino

El Imaginario de una Devaluación

Enrique Aschieri
NAC & POP

Los análisis en torno a las consecuencias de la devaluación brasileña de principios de 1999 y las opiniones en torno a la propia convertibilidad argentina en general, dan fe que las revaluaciones de la moneda empeoran y las devaluaciones mejoran el balance comercial.

Los hechos sugieren exactamente lo contrario La devaluación brasileña de principios de 1999, generó en Argentina un coincidente y extendido diagnóstico que confluía hacia la imagen de nuestro país invadido por las abaratadas mercaderías del socio mayor del Mercosur.

Dos años y unos meses después, nada de eso sucedió. Por el contrario, el saldo comercial fue positivo para Argentina tanto en 1999 como en 2000. En el primero de 450 millones de dólares, en el segundo de 610 millones de dólares. Hubo, sino una avalancha, un módico alud y fue argentino de 1060 millones de dólares arriba. En medio, tanto los subsidios brasileños a los bienes exportables como a las radicaciones industriales, impulsaron legítimos reclamos argentinos. La gran revaluación del dólar tampoco melló el nivel de las exportaciones nacionales En los 24 meses que van desde enero de 1999 hasta diciembre de 2000, solo en tres se registraron déficits con los brasileños por abajo de la media mensual, y en dos casos muy por debajo. Sin embargo, en los discursos relativos se continuó mezclando, en confuso entrevero, el mismo análisis sobre las consecuencias aparentemente devastadoras para la relación bilateral del ajuste de la paridad cambiaria.

Como los hechos fueron absolutamente contrarios a lo esperado, encontrar una explicación plausible sobre la relación entre el tipo de cambio y el resultado de la balanza comercial es ineludible para abrir algún juicio sobre el camino que se está recorriendo en el Mercosur.

Así, para proyectar que inmediatamente después de una devaluación sigue una aumento importante en las ventas foráneas del país que recurrió al ajuste alcista del tipo de cambio, resulta necesario implícitamente suponer que no solamente en volumen, sino también en valor, las exportaciones de un país son una función decreciente, y las importaciones una función creciente, del nivel de precios inter-nos. Sin embargo, todavía para que esto lleve a un déficit en los intercambios externos, asimismo resulta necesario que la elasticidad-precio de la demanda sea superior a la unidad.

La elasticidad es un coeficiente que resume la respuesta proporcional de una magnitud respecto de otra. Por ejemplo, si el precio de un bien baja el 10% puede suceder que le siga un aumento de la cantidad demandada del 15%, o del 10%, o del 5%. En el primer caso se dice que la demanda es elástica respecto del precio, en el segundo se habla de elasticidad unitaria, y en el tercero de demanda inelástica.

Paradoja Perturbadora

Es notable, pero después de mucho buscar no hemos encontrado algún estudio estadístico sistemático demostrativo de que tanto en volumen como en valor, las exportaciones de un país presenten una respuesta elástica ante una devaluación. En otras palabras, esta marcada inelasticidad implica que un país que devalúa, digamos un 20%, debe esperar ­hipotéticamente- solo un aumento de sus exportaciones de no más del 3 o 4% en el mejor de los casos. A propósito, en la devaluación se pierde en el plano de los términos de intercambio y del resultado comercial.

Es más, se comprueba que bienes tan estandarizados como las materias primas, acusan elasticidades sensiblemente inferiores a la unidad. Asimismo ocurre en el caso de los productos sofisticados de los países industriales avanzados, donde la singularidad es además considerablemente reforzada por los métodos de publi-cidad. Sería de sumo interés para el debate público que si hay otros cálculos, sean presentados a efectos de analizarlos en aras de avanzar en la comprensión del problema.

El caso cuadra también para los insumos importados, más precisamente entre aquellos que son incorporados a las exportaciones de un país. Se sigue que con una elasticidad ligeramente superior a la unidad, en tanto que esta no supere cierto límite, el balance comercial del país hipotético involucrado en el ejemplo lejos de deteriorarse a continuación de un aumento de los pre-cios, se mejoraría.

Si estos fenómenos no son simples "perversi-dades" erráticas, como se escucha considerarlos con mucha frecuencia, sino el resultado de características estructurales de las econo-mías de mercado contemporáneas, imperfectamente competitivas, se revelaría evidente que algunas políticas cuya aplicación de ordinario es defendida en distintos países por diferentes sectores con vistas a ganar competitividad sobre el mercado internacional, están completamente al costado de sus objetivos.

Es más, si se procede a ajustar los diferenciales nacionales de la "infla-ción" a un denominador común, teniendo en cuenta las devaluacio-nes y/o revaluaciones de las monedas nacionales respectivas, se encontraría que los países excedentarios, por lo común son aquellos cuyos precios, corregidos de las variaciones monetarias, han crecido más durante el período considerado, mientras que los países deficitarios en el mismo lapso, son justamente aquellos cuyos precios expresados en el mismo patrón han crecido menos. Por decepcionantes que pueda parecer, los hechos son lo que son.

Seguramente, no son pocos a los que todo esto los enfrenta con una paradoja perturbadora.

Sin embargo, lo revisen al derecho o al revés, lo único que encontrarán es que los países que buscan y obtienen una ventaja de precios en la competencia internacional no sacan ningún beneficio en el plano de su equilibrio comercial, y los países que sufren una desventaja de precios no son alcanzados en su posición competitiva.

Culpabilidad del Mayordomo

En la economía, a diferencia de la mejor tradición de las novelas policiales, es difícil echarle la culpa del muerto al mayordomo, aunque nobleza obliga, se lo intente muy a menudo. Y lo cierto es que las exportaciones argentinas a Brasil, si bien no sufrieron un derrumbe catastrófico, han disminuido luego de la devaluación de enero de 1999.

Según lo postulamos, ello se debe muy poco a aquella corrección cambiaria que tantas aprensiones y temores trajo y sigue trayendo. Revisando el gráfico que acompaña la nota, se puede constatar que las exportaciones argentinas a Brasil responden -casi con precisión cronométrica- a los avatares en torno a la producción manufacturera del país tropical.

En consecuencia, la caída de las exportaciones argentinas, así como las importaciones desde Brasil, se explica casi en su totalidad sobre la base del nivel de actividad industrial del socio mayor del Mercosur.

Para más, los datos relevantes de aquella coyuntura sugieren objetivamente que Brasil recurrió a una devaluación defensiva, hecha por no tener ningún otro remedio más efectivo para equilibrar las cuentas fiscales y al mismo tiempo evitar dolarizar la deuda interna; expediente muy alejado de la idea de una devaluación ofensiva, que en función de lo argumentado existe solo en la imaginación de los que la promueven.

Límites Precisos

A propósito, una cuestión técnica más. La curva de la elasticidad precio de la demanda no es monótona, o sea no responde siempre igual. Más allá de un cierto límite, existe la posibilidad que se revierta, y se pierda lo que antes se ganó en los dos planos de los que hablamos más arriba: el de los térmi-nos del intercambio y el del balance comercial. En rigor, si se continúa indefinidamente el encarecimiento de las exportaciones llegará el momento donde la demanda decline.

Ante esta situación, más acá de ese límite se localiza un margen considerable dentro del cual las revaluaciones de la moneda mejoran y las devaluaciones deterioran el balance comercial.

De no ser así, por caso resultaría fecundo para todos encontrarle otra explicación al hecho que las exportaciones argentinas se hallan más que duplicado en la década del ´90, mientras la paridad cambiaria fue un dato inamovible. Además, sólo se puede mejorar el saldo de la balanza comercial sin estropear simultáneamente los términos del intercambio, si la elasticidad es menor que la unidad, como lo demuestra la experiencia de los países desarrollados.

En definitiva, el cálculo de cuán cerca o cuán lejos se está de esos límites resume la discusión en torno a la capacidad exportadora argentina. Cualquiera sea la postura, las propuestas que de ella emanen en aras del crecimiento, deben cuidar primordialmente la eficacia de la organización económica que se basa en el establecimiento de un marco institucional y de una estructura de la propiedad con disposición para encauzar los esfuerzos económicos individuales hacia actividades que supongan una aproximación de la tasa privada de beneficios respecto a la tasa social de beneficios.

El mensaje de los hechos es claro: se devalúa por necesidad, no por virtud, y no para que las cosas mejoren, sino para que no sigan empeorando. Hacer de esto, como se hace, un argumento que se pretende sólido, sino el más macizo, en aras de una política reactivante, desafía la lógica más elemental.