18 de octubre del 2001

Terremoto en la economia mundial

Ricardo Ayala
A luchar por el Socialismo n.º 0

En estos momentos la máquina imperialista entra en movimiento para impedir que la crisis actual se profundice y se convierta en depresión. El resultado final de este proceso vendrá determinado por la lucha de clases en el mundo.

Las crisis en el capitalismo son inevitables pues sus fundamentos se asientan en la esencia misma del sistema, en su tendencia a la caída de la tasa de ganancia. La salida de la crisis, sin embargo, está relacionada con el aumento de la explotación de la clase trabajadora y con la destrucción de los capitales sobrevalorados. Antes de que nos adentremos en el análisis de la situación de la economía mundial después de los atentados, necesitamos detenernos en la realidad anterior al 11 de septiembre.

La periferia del sistema

Los países del sur y sureste de Asia, atados a la cadena mundial de la producción electrónica, sufren una caída de la producción escalofriante. En el caso de Singapur llega al –15%. En la misma senda están Brasil, Argentina y México, estos dos últimos ya en recesión declarada. La recesión en la periferia corresponde al mecanismo imperialista de destruir capital sobrante en los países periféricos para impedir que el proceso alcance de lleno al centro del sistema.

Al mismo tiempo en que los países periféricos caen en la recesión, el imperialismo se asegura de que mantengan al día el pago de sus "deudas", lo que explica las recientes "ayudas" de 15 mil millones de dólares a Brasil y la ayuda adicional de 8 mil millones a la Argentina, donde la banca española tiene importantes intereses en juego.

La situación en las metrópolis

La recesión de la economía japonesa se profundiza, y ello bastante antes del 11 de septiembre.

El Producto Interno Bruto de Japón tendrá un crecimiento negativo. La Unión Europea, acaba de revisar a la baja las previsiones del crecimiento, justificándola en la recesión en los EEUU. En julio la caída de la producción industrial de la UE fue del 1,4%, destacando Alemania con un 1.6%.

En los primeros 6 meses de 2001 la caída de la producción industrial de los EEUUA alcanzó el –4.8%, acumulando una baja por 11 meses consecutivos. Según el criterio de los economistas burgueses los EEUU ya esta en recesión, al acumular crecimiento negativo durante dos trimestres seguidos. Para hacerse una idea de la importancia de este hecho, hay que recordar que un descenso tan abrupto continuado ininterrumpidamente durante 11 meses, no ocurría desde 1960. El gobierno norteamericano, en combinación con la FED (Banco Central) intentaban evitar la recesión a través de una serie de medidas, la principal de la cuales fue la reducción de los tipos de interés, con el objetivo de disminuir la carga financiera de la deuda de las empresas así como la de la clase media que alcanza en su conjunto 3 veces el Producto Interior norteamericano que es de 7 billones de dólares. Esta medida perseguía estimular la inversión (que presenta la cifra de –10%) y mantener las bolsas en alza. Paralelamente, incrementaban la explotación de la clase obrera norteamericana con más de 1 millón de despidos hasta el 11 de septiembre.

El 11 de septiembre

La burguesía americana estaba enzarzada en una dura polémica respecto a la necesidad de ampliar las medidas de combate a la recesión. La política de Bush, amén de una fuerte desgravación fiscal, incrementaba los gastos militares tirando del proyecto de escudo antimisiles.

Así, el motor para la recuperación de los beneficios pasaría a estar en los encargos del Estado al complejo industrial- militar y en los recortes en los gastos sociales. El efecto de los atentados es la aceleración de los ritmos de la crisis. Sin embargo, ello no significa que la crisis deba profundizarse automáticamente. La economía de guerra es un importante acicate en manos del imperialismo para aumentar la explotación de su clase obrera y la de los pueblos del planeta. El refuerzo de la unidad nacional americana y la ola de patriotismo que recorre el país debilitan la posibilidad de resistencia, en primer lugar de la clase obrera americana. Apenas se había posado el polvo del Pentágono, la Ford ya anunciaba miles de despidos, la General Electric iba por la misma senda y de las compañías aéreas no hace falta siquiera hablar. Lo mismo sucederá en la periferia del sistema. Que no quepa la menor duda de que los EEUU van a exigir un incremento de la apertura de todas las economías periféricas. La reunión de la OMC prevista para Qatar, ocupa un lugar fundamental en sus planes ya que debe definir la apertura de un proceso de privatización masiva de los servicios públicos. No obstante, las tendencias obran en dos sentidos ya que la caída de la bolsa de Wall Street en un 15% en una semana, la mayor en 70 años, acelera peligrosamente un proceso hasta ahora controlado de caída de las bolsas. La desvalorización progresiva de las acciones de las grandes empresas debía permitir evitar un crack, una fuga de capitales de la bolsa que llevaría a la parálisis del sistema financiero. Una rápida caída de las bolsas haría inútil cualquier reducción de los tipos de interés, pues los créditos bancarios contraídos para la compra de acciones se esfumarían ante el hundimiento de éstas y los bancos ya no podrían cobrarlos, entrando en crisis todo el sistema de crédito. Mantener el valor artificial de las acciones es primordial para evitar que la recesión llegue al sistema de crédito. Estas dos tendencias van a estar en lucha. El aumento en los gastos militares no tendrá un efecto inmediato en la economía, aunque aumentará el valor en bolsa de estas empresas. Para que estos encargos militares repercutan en el conjunto de la economía, aumentando la tasa de inversión general, será necesario todo el ciclo económico. El principal reto que ahora tiene el imperialismo es impedir que la crisis alcance el sistema de crédito, lo que profundizando la recesión, daría paso a una depresión de efectos devastadores.

El resultado final del conflicto entre estas dos tendencias vendrá determinado por la acción de las masas en todo el planeta. Aunque sean las masas musulmanas quienes están en el centro de este proceso, hay otros problemas añadidos: la resistencia de los trabajadores a los planes de "ajuste" en Argentina y Brasil, por ejemplo, aparecen como un fuerte elemento de inestabilidad, pues una crisis del pago de la deuda conllevaría una agravación de la crisis del sistema financiero. La recesión de la economía americana es un hecho. Su profundidad y extensión será el resultado de una lucha implacable de los imperialismos contra su propia clase obrera y los pueblos del mundo.