25 de julio del 2001

Génova y las múltiples crisis de la globalización

Walden Bello
ATTAC

El nombre de la ciudad de Génova está asociado al nacimiento del capitalismo, hace seis siglos, en Europa. Génova puede convertirse también en el símbolo de la crisis de la globalización provocada por las empresas capitalistas.

El contexto histórico de la reunión del G8, se funda en el hecho de que en poco más de un decenio, el sistema capitalista mundial pasó del triunfo a la crisis. En momentos en que el mundo se halla al borde de una profunda recesión, sería útil reflexionar sobre algunas de las principales dimensiones de esta histórica transición de crisis múltiples que destruyen el proyecto mundialista.

El último decenio del siglo XX comenzó con el hundimiento de las economías socialistas de Europa del Este y muchos discursos triunfalistas sobre el nacimiento de una nueva economía, conducida por el mercado y que sobrepasaría las fronteras y se basarían sobre el progreso tecnológico de la información. Los agentes-clave de esta nueva economía mundial serían las sociedades transnacionales que han sido pintadas como la suprema encarnación de la libertad de mercado debido a su enorme capacidad para realizar la más eficaz distribución de tierras, trabajo, capital y tecnología.

A mediados del decenio nació la Organización Mundial del Comercio (OMC) que fue definida por los partidarios de la organización como el arco legal e institucional de una nueva economía mundial. Al establecer un sistema global primordialmente basado en reglas fundamentadas en los principios del libre comercio, la OMC funcionaría como catalizador del proceso económico que produciría mayor bienestar a mayor cantidad de personas. Sería el tercer pilar de ina santa trinidad que sería guardiana del nuevo orden económico. Las otras dos son el FMI ( Fondo Monetario Internacional) promotor de los cada vez más libres flujos de capital y el Banco Mundial supervisor de la transformación de los países en vías de desarrollo según las reglas del libre mercado y gerente de su inegración en la nueva economía mundial.

La multilateralidad en crisis

Mientras los profetas de la mundialización hablan de la de la obsolescencia de los estados-nación el principal beneficiario del nuevo orden global, después de la guerra fría, son los EEUU. Aunque supuestamente se trata de un instrumento para desarrollar un comercio más libre, el más importante acuerdo de la OMC creó un monopolio para las empresas estadounidenses: el acuerdo sobre los Derechos de propiedad Intelectual relacionados con el comercio (TRIPs) que ha consolidado la confiscación de las innovaciones "high-tech" de empresas como Microsoft e Intel mientras que el Acuerdo sobre Agricultura ha institucionalizado un sistema de competencia monopólica entre los mercados que se encuentran entre los intereses agroalimentarios estadounidenses y la Unión europea.

En cuanto a la crisis financiera asiática ha devorado a los países considerados por las elites de negocio estadounidense como los más temibles competidores por los EEUU. Washington mo intentó salvar a las economía asiáticas poniendo en marcha políticas expansionistas, por el contrario utilizó al FMI para desmantelar las estructuras del capitalismo asiático asistido por el estado, considerándolas como infranqueables barreras a la entrada de bienes y de inversiones de las sociedades transnacionales estadounidenses que desde hacía muchos años reclamaban su parte en el "milagro asiático" . Ha sido mucho menor la convicción por extender las pretendidas ventajas del libre comercio que el deseo de maximizar las ventajas geoeconómicas y geoestratégicas de los EEUU lo que ha impulsado a los EEUU a apoyar las políticas del FMI, del BM y de la OMC. Como lo destaca Chalmer Jonson, la política oportunista de Washington durante la crisis financiera asiática es un buen ejemplo de que luego de haber vencido a los fascistas y a los comunistas, los EEUU han intentado derrotar a sus últimos rivales para lograr el dominio mundial: las naciones del Este asiático que se beneficiaron con la guerra fría para enriquecerse.

Lograr concretar sus intereses bajo pretextos de multilateralidad - las instituciones de Bretón Woods, las Naciones Unidas o el G8 le han provisto un marco de liderazgo hegemónico - ha sido la estrategia preferida por los EEUU en el período de posguerra. Washington no ha dudado en actuar unilateralmente. Esto sucedió la mayoría delas veces en el transcurso de los años 90 con el fin de la incitación a mantener conductas multilaterales impuestas por la competencia soviética.

El uso instrumental de agencias multilaterales fue brutal en la ONU.

Aunque utilizando a las NU para aislar a Irak, EEUU se rehusó a pagar sus contribuciones a dicho organismo con el pretexto de que no apoyaba totalmente su política. Por otra parte recurrió a otras instancias cuando no pudo obtener un acuerdo y ejerció su voluntad sobre instituciones más flexibles, como recurrir a la OTAN para cubrir los bombardeos en Yugoslavia durante el conflicto de Kosovo. El G8 (hasta ese momento G7, sin Rusia) nació en los años 70 con la intención de establecer un mecanismo de toma de decisiones más multilateral que incluyera a los países de capitalismo más avanzado, especialmente en materia económica. Sin embargo, especialmente bajo la administración de Georges W. Bush , Washinton se lanzó a caminos unilaterales que le crearon agudos conflictos con los demás miembros sobre algunos temas candentes como el cambio climático, los misiles defensivos y la reconciliación de las dos Coreas. El incumplimiento brutal de un acuerdo de difícil negociación, el Protocolo de Kioto sobre el Cambio climático, marca un nuevo y extremo intento de conducta unilateral y su contribución a la erosión de la alianza EEUU-UE, basada en la hegemonía occidental, no debe ser subestimada.

La crisis de legitimidad

El acrecentado recurso de acudir al unilateralismo y a la imprudente manipulación de los mecanismos multilaterales para acrecentar la hegemonía de los EEUU es una de las mayores causas de la crisis de ilegitimidad que ha comenzado a manifestarse en el mundo desde fines de los 90. Pero la erosión del multilateralismo como causa de deslegitimación se debió al hecho de que evidentemente el sistema no podía mantener sus promesas. Muchos observadores consideraban des hacía bastante tiempo que el sistema no podía crear riquezas para todos sino solamente su ilusión. Sin embargo la realidad del crecimiento de la pobreza global y de la desigualdad se hallaba neutralizada por las elevadas tasas de crecimiento y la prosperidad de algunos islotes de la economía global., como el Este asiático en los 80, que fueron descritos como modelos de desarrollo inducidos por el mercado. Pero cuando las economía asiáticas se hundieron en 1997, se pusieron de manifiesto las estupideces de la economía neoliberal. Las discusiones sobre la causa de la crisis financiera asiática , de la que se decía " el capitalismo de los compañeros" No podía ocultar que se trataba de la liberación del capital especulativo de las imposiciones reglamentarias impuestas por el FMI lo que causó el derrumbe del Asia. El FMI fue severamente criticado por haber impuesto programas draconianos a las economías asiáticas, luego de las políticas de crisis que aceleraron sobre todo la contracción de la economía, salvado a los bancos extranjeros y a las inversiones especulativas y reestructurado las economías "según los principios estadounidenses".

El papel del FMI en el Este asiático puso en marcha el análisis de su participación en la exigencia de ajustes estructurales en gran parte de Africa, del Sudeste asiático y de América del Sur durante el transcurso de los años 80 y por el hecho de que dichos programas exacerbaron, como en Asia, el estancamiento, incrementando las desigualdades y la pobreza. Actualmente esta incidencia ha sido por lo general comprendida, al punto de que el FMI, en un desesperado esfuerzo or exorcizar su reputación, se sintió en la necesidad de cambiar el nombre del programa de ajustes estructurales (ESAF) por el de Programa de crecimiento y de reducción de la pobreza an la reunión mundial anual del Banco Mundial- FMI en Washington en setiembre de 1999.

La crisis financiera asiática ha puesto sobre el tapete la legitimidad del FMI. En el caso de la OMC, el caso es aún más espectacular. En los últimos cinco años del decenio, un creciente número de países y de comunidades adhirieron a la OMC creyendo a una carta de negocios que sacraliza lo que el abogado de los consumidores Ralph Nader ha llamado el principio del "comercio ante todo", por sobre la justicia, la legalidad, el medio ambiente y todo lo que amamos. Muchos países en desarrollo han descubierto que adhiriendo a la OMC, han renunciado a su derecho a desarrollarse. Las corrientes del descontento y la oposición convergieron en las calles de Seattle y hacia los salones de reunión del Centro de los Congresos en Seattle en diciembre de 1999, para rechazar el tercer programa y desatar una severa crisis institucional de la que la institución no se ha recuperado todavía.

El Banco Mundial bajo la dirección del australiano James Wolfenhson, pareció encontrar un cabo que le permitiera escapar a los embates sufridos por estas sordas instituciones hasta que a principios del 2000, sufrió el inesperado ataque de la Comisión Meltzer. Desde que asumió el comando de la institución a mediados de los 90, Wolfensohn se las arregló para desactivar las críticas gracias a un hábil trabajo de relaciones públicas y de sostén de organizaciones no gubernamentales. Pero cuando las críticas fueron formuladas por gente de la izquierda de una Comisión del Congreso de los EEUU, el juego se le terminó. Esta comisión dirigida por el universitario conservador Alan Meltzer llegó a la conclusión que los resultados del Banco en el cumplimiento de sus objetivos de eliminar la pobreza eran eran calamitosos y que era mejor confiar estas tareas a organizaciones regionales.

No es de sorprender entonces que ante críticas de la izquierda y la derecha, halla sido considerado por la retórica de las agencias multilaterales y de los gobiernos del G8 que son su sostén. Por lo tanto la anulación de la deuda, una nueva arquitectura financiera mundial y la reforma de las estructuras de decisión de la OMC y de las "gemelas " de Bretton Woods son los temas más importantes alrededor de los que giran las promesas de cambio.

Estas iniciativas se han visto en gran parte frustradas por la escasez de acciones concretas. La iniciativa de reforma más importante, el proyecto del G8 de aliviar los servicios de las deudas externas a 41 países pobres muy endeudados (PPTE) solo logro reducir la deuna en 1000 millones de dólares, desde que esta propuesta se puso en marcha en 1996. ¿Puede ser una reducción el que solo haya bajado un 3% en cinco años? En materia de arquitectura financiera internacional discusiones serias sobre el control del capital especulativo, como el establecimiento de la Tasa Tobin, no ha sido abordadas. El FMI no reformado continua siendo el centro del "sistema de lucha contra incendios" Se ha incorporado una línea de créditos prioritarios para usar en caso de crisis (y que ningún país quiere utilizar)y un Foro de Estabilidad Financiera sin poder y en el que tienen muy poca participación los países en desarrollo, son las únicas innovaciones que generaron las crisis financieras asiática, rusa y brasileña durante los tres últimos años.

La reforma de las estructura de decisión de los organismos multilaterales que son las principales instituciones reglamentarias y gestionarias del capitalismo mundial actual debían ser la punta de lanza del G8. Peor la discusión sobre la democratización de la OMC, se ha estancado. El Director General Mike Moore dice que el sistema de "consenso" no transparente que desató la reacción de los países en desarrollo en diciembre de 1998 en Seattle no es "negociable" Y en lo que respecta al FMI al BM ya no se discute sobre la reducción de los votos de los EEUU y de la UE a favor de aumentar los votos de los países en desarrollo, sin mencionar la feudal práctica de poner siempre a un europeo a la cabeza del Fondo y de un estadounidense en la del Banco.

Las sociedades en la mira

A fines del último decenio del siglo XX, había, en síntesis desaparecido el triunfalismo y sido reemplazado por una crisis de legitimidad del orden multilateral. La crisis del sistema multilateral se tradujo en un creciente malestar relacionado con los principales protagonistas de la mundialización: las sociedades capitalistas.

Se conjugaron muchos factores que atrajeron la atención sobre estas sociedades en los años 90 - los más notorios las prácticas predatorias de Microsoft, los atentados al medio ambiente de la Shell, la irresponsabilidad de Monsanto y de Novartis en la promoción de organismos genéticamente modificados, la explotación de la mano de obra barata por Nike y el ocultamiento a los consumidores por graves defecos en los productos por parte de Mitsubishi, Ford y Firestone. La sensación de que se producen urgencias en el medio ambiente comienza a perfilarse a principios del siglo XXI y abarca a cada vez mayor cantidad de gente, la de la rápida fusión de casquetes glaciares probablemente atribuible al dios Petróleo y a la continua promoción por parte de gigantescas automotrices de la civilización petrolera que destruye el medio ambiente y al proceso de incontrolado crecimiento conducido por las transnacionales (TNC) Irónicamente en los EEUU se producía el apogeo de la Nueva Economía mientras que la desconfianza hacia estas sociedades se hallaba en el pico más alto desde decenios. De acuerdo con estudio de Business Week el 72% de los estadounidenses opinan que los negocios tienen demasiada influencia en sus vidas y la revits pone en guardia: "¡América de los negocios, ignoras estas tendencias a tu propio riesgo!" Algunos de los más esclarecidos miembros de la elite mundial han tomado en serio estas advertencias y en su reunión anual en Davos, Suiza, decidieron elaborar una respuesta que iría más allá de ser una estrategia de fracaso consistente en negar que la mundialización conducida por las empresas crea enormes problemas y más bien tendería a promover una "globalización con compasión". Pero la tarea era demasiado grande, ya que fue quedando cada vez más claro, que en un mercado mundial no reglamentado resulta cada vez más difícil conciliar las exigencias de responsabilidad social con las de las ganancias. Lo mejor que "una globalización con conciencia" podría brindar, según C.

Fred Bergsten, conocido abogado de la mundialización , sería un "sistema transitorio de redes de seguridad que ayudara a adaptarse a la deslocalización" y "permitiera a la gente beneficiarse con este fenómeno (la globalización) y por lo tanto antes que oponerse, apoyarlo"

El nudo estratégico

La potencialidad de las sociedades es una dimensión de la sociedad global. Pero, y esto es una consecuencia, la potencia estratégica se concentra en los EEUU. La potencia estratégica, no puede ser reducida como en el marxismo ortodoxo, por el simple juego de la dinámica del control social. Los EEUU no pueden ser reducidos a ser simples servidores del capital estadounidense. El Pentágono tiene su propia dinámica y no podría comprenderse el papel de los EEUU en los Balcanes o su cambiante actitud frente a China como determinada por los intereses de sus empresas. En efecto, en Asia ha sido la extensión estratégica y no el expansionismo de las empresas, el resorte de la política estadounidense, por lo menos hasta los años 80. Y en el caso de China, los deseos del capital estadounidense de explotar el mercado chino se encontró, cada vez más, en oposición con las definiciones del Pentágono considerando a China como el Enemigo que debe ser rápidamente decapitado antes que ayudado por las inversiones occidentales que podrían transformarla en un enemigo mayor.

Ciertamente el poder de las empresas y el de los estados no siempre actúan en sintonía.

Una vez dicho esto queda claro que los principales objetivos del estado guarnición transnacional estadounidense, firmemente implantado en el Este asiático, Medio Oriente y Europa proyectándose al resto del globo, es mantener un orden mundial que asegure la supremacía de los intereses económicos estadounidenses. El periodista del New York Times, Thomas Friedman, puede equivocarse sobre la menor influencia de la globalización pero el apunta con exactitud cuando afirma que:
LA MANO ESCONDIDA DEL MERCADO NO TENDRÁ JAMÁS ÉXITO SIN UN PUÑO OCULTO.


Walden Bello es Director Ejecuivo de FOCUS IN THE GLOBAL SOUTH con sede en Tailandia