26 de junio del 2001

Uruguay: Fuerzas Armadas y servicios públicos

Los 400 millones de dólares que el General no quiere ver

Alejandro Pareja
Bitácora

...en política uno sabe que el gran elemento del poder es controlar la agenda: si yo logro sacar los temas que al otro le interesan y dejo solamente los míos y después digo: "Vení y discutí", ya gané...

...más importante hoy que enojarse con lo que hacen o deciden (los políticos) es enojarse con lo que no hacen, con lo que no están planteando y eso tiene que ser una demanda social...

...la restricción de la agenda pública impide el debate sobre todo aquello que asoma como conflictivo y legitima un status quo en el que salen victoriosos los sectores más conservadores...

Guillermo O'Donnell, politólogo argentino, profesor en la universidad Notre Dame (USA), Página/12

A mediados de mayo, el Centro de Estudios Estratégicos 1815 organizó un seminario para debatir las reformas de las empresas públicas. En oposición a lo informado orquestadamente por los medios del sistema, el fracaso del mismo fue orgullosamente reconocido por el general Seregni, al comparar sus resultados con los de la Conapro de 1984. Aquellos acuerdos, recordemos, fueron borrados con el codo al otro día de haber sido escritos con la mano y nunca se pusieron en práctica. Además del tema tratado en dicho seminario, el CEE 1815 considera asuntos merecedores de una "política de estado", la política energética, las telecomunicaciones y la educación y la cultura en el marco de la sociedad del conocimiento (Brecha, 18/05/01). Si bien podríamos concordar con esta agenda clisé, corresponde preguntarse si esos temas son hoy, para nuestro país, los que requieren ser tratados con la mayor urgencia o si, por el contrario, lo único que se está haciendo es chillar (bastante) lejos del nido.

En el contexto latinoamericano, Uruguay es el país con mayor cantidad de líneas telefónicas por habitante, el de mayor porcentaje de población con servicio de agua potable y cuenta con un servicio eléctrico de calidad y universalidad casi únicos (todas las estadísticas internacionales fueron tomadas de Guía del Mundo 1999/2000).

Los operadores de la privatización y la desregulación (a la californiana o a la argentina, no se ha dicho aún), seguramente seducidos por una jugosa cometa que anda surcando los cielos, dirán que sí, que es verdad, pero que son muy caros. ¿Y qué no es caro en Uruguay? Los coches son carísimos; debemos tener la coca cola más cara del mundo; la nafta es un robo; los peajes al Este son un asalto; los diarios son caros; los libros cuestan 3 y 4 veces lo que salen en México. Los servicios públicos no son la excepción, simplemente eso. Y ojo, mucho ojo, que a los californianos les prometieron que la deregulation iba a significarles una reducción de 20% en la tarifa eléctrica y hoy están pagando un incremento del orden del 400% y encima con apagones compulsivos. Todos estos argumentos no son para sostener, que estemos bárbaro, que en servicios no haya nada que mejorar, que no pretendamos alcanzar los niveles europeos o que se rechaza la competencia. No. Solo pretendemos plantear la cuestión ¿son las empresas públicas de servicios nuestro problema más acuciante? ¿Cuál debe ser la agenda pública? Consideremos los rankings comparativos entre países sobre la base de: 1) el gasto en defensa con relación a su PBI, 2) la cantidad de teléfonos cada 1000 habitantes y 3) el índice de alfabetización. El rubro en el que estamos en peor posición es en gasto en defensa con relación al PBI. Pero, además, hay una lectura muy jugosa que se puede hacer sobre estas estadísticas. ¿Se acuerdan cuando la embestida contra las empresas públicas se presentaba como necesidad perentoria de que Uruguay se hiciera una cirugía, de modo de parecerse a la vedette neozelandesa? ¿Se acuerdan que incluso nos mandaron a la cirujana? Bueno, adivinen el rubro en el que estamos más lejos de Nueva Zelanda. Ahá, en gasto en defensa como porcentaje del PBI ¿Por qué entonces, en vez de hablar de servicios públicos no hablamos del gasto en defensa? Buena pregunta que hace volar la imaginación de las mentes suspicaces.

Pareciera que el general Seregni, en cuanto militar, estuviera buscando la paja en el ojo ajeno cuando tiene tremenda viga en el propio. Qué fácil es ir a Búsqueda a ventilar los trapitos sucios de la izquierda y qué difícil es confrontar verdaderamente el discurso oficial y no tener prejuicios a la hora de analizar e identificar nuestros gruesos errores en la gestión del estado. El agujero más grande por donde se le escapan los recursos a nuestro estado son los cuatrocientos millones de dólares (en números: U$S 400.000.000) que año tras año se gastan, más correctamente, se derrochan en la denominada defensa nacional. Son U$S 2.000.000.000 por quinquenio, valga la perogrullada. Con esos dineros Julio Sanguinetti (padre) pudo haber construido 15 torres de Antel en su último gobierno.

La privatización de empresas públicas es parte de una estrategia global impulsada por el Banco Mundial en acuerdo con el FMI y la OMC. Dicha estrategia global no incluye, obviamente, que las naciones periféricas reduzcan sus fuerzas armadas ni que dejen de comprar armamento. Esa sería una autoflagelación del capitalismo que lucra y mucho con la industria armamentista. Y como ellos no lo plantean y no nos ordenan que lo hagamos, de eso aquí ni hablamos.

La coalición de gobierno y las cámaras empresariales repiten hasta el hartazgo que el estado es caro. ¿Por qué será que uno siempre tiene la sensación de que cuando largan esa monserga, nunca están pensando en el desmantelamiento total o parcial de nuestras FFAA? Hay mucha imaginación para vender las reservas de oro, mucha capacidad para imaginar un país sin empresas públicas, mucha audacia para inventar un Ministerio en plena crisis económica solo porque Jaime Trobo se había quedado sin trabajo. Pero no hay talento para imaginar un país sin FFAA. Jorge Batlle, honrando sus promesas electorales de diversión asegurada, contó en el seminario, una versión del (a la postre) chiste de humor negro, que esgrimían los menemistas hace 10 años cuando explicaban que si desarmaban un teléfono no encontraban la soberanía. Hoy los argentinos la están pasando fenomenal, el neoliberalismo los ha destruido y caminan lenta pero sostenidamente hacia un autoritarismo. Y pareciera que Uruguay se esforzara en imitarlos.

Dos anécdotas Cuando finalizaba el año 2000, la escena política estaba dominada por la discusión de la ley presupuestal. Cierto día de ese diciembre, Luis Lacalle (padre) hizo notar en un informativo en la TV que era una incoherencia pretender fijar un presupuesto para la defensa nacional cuando el país todavía tenía como asignatura pendiente decidir qué FFAA quería. Clarito el hombre. Agregó luego que estaban discutiendo con Jorge Batlle la aprobación para este año de una nueva Ley Orgánica Militar donde se definiría el punto. Pero no le dieron bola, la carreta siguió quedando delante de los bueyes y se fijó que este año, los militares succionarán los 400 millones de dólares. No hemos vuelto a escuchar del tema por lo que no sabemos si es que se dejó de lado o se está tratando en el mayor de los secretos. Lo que sí se escuchó fue a Jorge Batlle proponiendo aumentar el tamaño de las FFAA mediante la creación del grado de teniente coronel.

A mediados de mayo de este año, a raíz de la batahola montada entorno a los inmigrantes ecuatorianos que venden aquí sus artesanías, el informativo central de Canal 10 armó un informe sobre la pobreza en Latinoamérica. Jorge Traverso y Blanca Rodríguez trajeron a colación, con mucho tino, esa comparación que el Nobel de la paz, Oscar Arias, gusta tanto de repetir una y otra vez. Con lo que cuesta un tanque de guerra, se pueden comprar 7 millones de vacunas para niños. Con lo que cuesta un avión de combate, se pueden comprar 80 millones de textos para escolares. La idea, obviamente, era que todos en nuestras casas dijéramos ¡qué barbaridad! ¡en qué mundo vivimos! pero que esa toma de conciencia durara no más de un par de segundos. Luego de eso, con una sonrisa, así está el mundo amigos y que este lapsus, vamos a entendernos, quede en el olvido. Los televidentes quedábamos doblemente agradecidos. Una, porque nos dieron la oportunidad de indignarnos un poquito y cuando uno se indigna, se siente una gran persona. Dos, porque la indignación se nos pasó rápido y pudimos continuar saboreando nuestra rica muzzarella. Así es la televisión, qué bueno. Hay que reconocerle a los comunicadores, una gran habilidad en la presentación de la información. Porque si uno no usa su neurona en ese momento, la idea que cuaja es la de que existen unos lugares quién sabe dónde que se llaman Latinoamérica y Mundo donde unos malos gobernantes compran tanques de guerra y aviones de combate en vez de educar bien a sus niños y mantenerlos sanos. No se les vaya a ocurrir pensar que los uruguayos también compramos tanques y aviones y navíos de guerra mientras nuestros sistemas educativo y de salud van barranca abajo.

Acá no pasa, en Uruguay ni hay FFAA ni hay pobreza. Solo en ese lugar Latinoamérica con el cual, ustedes saben, no tenemos nada que ver.

El lugar del militar en la sociedad uruguaya Históricamente, luego de la degradante incursión al Paraguay, los militares uruguayos se dedicaron a combatir a los caudillos blancos rebeldes. En tiempos más actuales además de continuar con el aporreo a los blancos rebeldes hasta que lograron la extinción de la especie, agregaron a su lista de tareas el combate a la izquierda revolucionaria. En el plano estrictamente militar, la línea histórica es clara: los militares uruguayos han tenido como tarea exclusiva el combate contra algunos uruguayos en defensa de los intereses de otros uruguayos cuando estos se vieron atacados por los primeros.

En los años 70, con viento en la camiseta luego de los triunfos en combate, trascendieron el ámbito militar y asumieron el gobierno. Los resultados no fueron lo que se dice buenos. Entregaron un país en crisis económica (casi como la actual), con desocupación y con una deuda pública 10 veces mayor que la que había cuando lo tomaron. Decían seguir al coronel Latorre cuando en realidad seguían al capitán general Santos y terminaron demostrándole a los uruguayos que gobernar no era lo suyo.

Ya en el siglo XXI ¿qué FFAA quiere esta sociedad, qué debieran tener por meta? Los ejércitos existen para defender intereses económicos. Si la sociedad desde la que actúan está unida bajo un ideal de nación (USA, Israel, por ejemplo), el ejército defenderá un interés nacional. Si la sociedad no ha logrado definir un interés común, entonces el ejército estará al servicio de una oligarquía relativamente poderosa, como es el caso en las repúblicas bananeras. Habría que ver a cuál de las dos categorías pertenecemos. Si estamos en la primera, habría que salir a buscar candidatos a nación agresora y, sinceramente, cuesta pensar en alguna que pudiera tener ganas de atacarnos y que a la vez pudiéramos enfrentar sin pasar vergüenza. Una hipótesis de conflicto internacional no admite el menor análisis y la conclusión en este caso es clara en grado diáfano: no deberíamos tener FFAA. Nos ahorraríamos los 400 millones de dólares anuales. Pensemos en ello.

Si por el contrario, estamos en la segunda categoría, deberemos aceptar la existencia de FFAA con el objetivo excluyente de asegurar el orden interno. Si logramos salvar el hecho de que tal objetivo es más policial que militar, preguntémonos cuántos miembros debería tener la tropa y con qué armamento habría que contar para mantener la calma en el hogar. Y para contestar esta pregunta vayamos al último conflicto armado y preguntémonos cuántos militares participaron realmente en las acciones bélicas y con qué armas derrotaron a la izquierda revolucionaria. Respuesta: la tortura, la inteligencia y los fusiles, en ese orden. No hubo disparos de cañón ni batallas con tanques o navales o aéreas ¿Cuántos militares participaron directa o indirectamente? ¿1.000? ¿2.000? ¿5.000? Las FFAA de la vedette Nueva Zelanda: 9.800 efectivos.

Analicemos esto. Seguramente se pueda reducir la cantidad de militares a menos del 25% de los 32.000 actuales (dato de la ONSC) y dejar de comprar todo aquel armamento de gran porte que nunca se utilizó y que nunca se utilizará. La alternativa de una guardia nacional ¿la descartamos simplemente porque la propuso USA? Evaluemos también, para esta categoría, la modalidad que está aplicando en estos momentos USA en su "guerra contra el narcotráfico" en la Amazonia peruano-colombiana: como el Congreso limitó a 500 la cantidad de militares norteamericanos con participación directa, la Casa Blanca contrata empresas de servicios militares, es decir, se privatiza parte de la guerra. Habría que averiguar los precios y sacar cuentas. Quizás salga más barato desmantelar totalmente nuestras FFAA y contratar alguna de esas empresas solo cuando sea necesario. Pensemos en ello.

Financiación de las fuerzas armadas Aceptar la necesidad para el país de FFAA conlleva un problema ético con respecto a su financiamiento. Durante las discusiones presupuestales, nunca falta un legislador o secretario que plantee, por ejemplo, que la Universidad debiera cobrar matrícula para no cometer la injusticia de que las capas bajas de la sociedad, a través de los impuestos, financien la educación de los niños ricos. Y algo de razón tienen.

Preguntémonos entonces quién debe financiar a las FFAA.

Obviamente, quienes las precisen, quienes se beneficien con su existencia, quienes las consideren una necesidad y no un peligro. No es justo que los desocupados de Cristalerías, los de Mak, los de Sudamtex y tantas otras fábricas que han bajado la cortina, o los trabajadores rurales que ganan menos de $2.000 y a los que se les niega el seguro de desempleo, financien, a través del pago de impuestos, a otros 32.000 uruguayos que están en edad de trabajar en actividades socialmente útiles, pero que los tenemos encerrados en los cuarteles.

El pueblo oriental a las fuerzas armadas El país está en crisis. El pueblo oriental llama a sus FFAA y esta vez no les pide que se mate a otro uruguayo, no pide que se torture a otro uruguayo. Pide algo mucho más simple pero que requiere un mayor valor y una mayor entrega: pide dinero. Las FFAA, en honor a su vocación de servicio, pueden acudir al llamado y contribuir a liberar los fondos que el país está necesitando. El pueblo todo lo agradecerá. Pensemos en los ejemplos de Bolivia y Haití que no gastan en fuerzas navales: el primero porque no tiene costas y por lo tanto no las precisa; el segundo porque, teniendo 1.500 kilómetros de costas, no puede pagarlas. Pensemos ¿qué necesitamos y qué podemos pagar? Para concluir, convengamos que no es en defensa en el único rubro en el que se están malgastando recursos. Un análisis honesto de nuestras ineficiencias nos lleva a proponer la siguiente (temeraria) agenda, enmarcada en una política de achique del estado y sobre la cual podría trabajar el CEE 1815: 1) eliminación inmediata del Ministerio de Deportes 2) desmantelamiento gradual total (o parcial a la neozelandesa) del Ministerio de Defensa Nacional, 3) eliminación progresiva de los intendentes que se vayan quedando sin gente que gobernar (Bitácora, 10/05/01), 4) eliminación de todos los puestos y funcionarios estatales que hayan sido creados por favor político (desde ministros y directores de entes a porteros), 5) planteo serio del impuesto a la renta de las personas físicas como en cualquier país civilizado, 6) prohibición de los incentivos de U$S 100.000 (que pagamos entre todos los uruguayos) con que se premia a los mejores técnicos del estado cuando pasan a la actividad privada y 7) si luego de haber aplicado los 6 pasos anteriores, las empresas públicas no se vuelven hípereficientes simplemente por ósmosis, entonces sí encaremos el tema. Qué osadía, amigos: una agenda política cuyos 6 primeros puntos no son impulsados por la BM- FMI-OMC (al menos no directamente). Qué tal. ¿Descabellada? ¿Aplicamos la política de la parálisis y la enterramos?