18 de agosto del 2001

Argentina: El modelo en calzoncillos

Luis Bruschtein
Página 12

En un país donde todo está a la baja, desde la Bolsa, hasta la credibilidad del Gobierno y el prestigio de los principales políticos, lo único en ascenso, además del riesgo país, es la imagen de la diputada Elisa Carrió, quien logró interrumpir con su denuncia sobre lavado de dinero la obsesión desesperada por seguir con el corazón en la boca las negociaciones con el FMI.

Perón decía que no hay nada más cobarde que el capital. Decía cobarde y no miedoso, porque la cobardía es el miedo natural arrastrado por la histeria. A un dato objetivo que produce temor se le opone una respuesta subjetiva que provoca una estampida. Cuando toda la economía del país está atada a esta reacción, ese estado de ánimo se contagia a la gente y la Argentina se convierte en un país temeroso y achuchado.

La protesta de los piqueteros contrastó con ese paisaje congelado por el pánico y lo mismo sucedió con las denuncias de la diputada chaqueña. Carrió arremetió como toro de lidia contra el Excel Group, el Citibank e involucró en maniobras sospechosas al ex presidente Carlos Menem, al ministro de Economía, Domingo Cavallo, y en general al poderoso grupo de empresas y bancos que conforman el nuevo poder económico delineado en Argentina a partir de la administración menemista y su gran show de privatizaciones.

En estos casi 20 años de democracia post dictadura se ha instalado como cultura política la suavidad, el consenso y una abundante negociación conciliadora. El estilo frontal de Carrió asusta e inmediatamente se lo descarta como poco serio. Es el miedo atado primero a las bayonetas, después al dólar y después al riesgo país. Porque lo único cierto es que con esa cultura de la concesión permanente, el pueblo, representado por los políticos, ha perdido siempre, en tanto que las presiones, la fuerza, la corrupción y las situaciones de hecho les dieron buen resultado a los grandes grupos económicos.

Con el riesgo país en la garganta, la opinión pública siguió sin aliento las fuertes denuncias de la diputada a partir de los movimientos bancarios relevados por el Senado de Estados Unidos cruzados con los datos de distintas causas por corrupción, tráfico de armas y de oro que se sustancian en tribunales argentinos. Se pensó que la represalia por haber pateado el tablero sería un maremoto, pero las aguas se mantuvieron calmas. Hubo una pequeña rebelión de la mayoría de los diputados de la comisión investigadora y nada más. Pero incluso las objeciones que plantearon estos legisladores, cada uno a su manera, se referían a la forma y no al contenido. Plantearon que la forma como se había presentado el preinforme había sido inconsulta e intempestiva y que había sido irresponsable dar a conocer identidades de personas y empresas que aparecen en la documentación, a pesar de que no está comprobada su participación en delitos.

Los diputados Franco Caviglia y Daniel Scioli, que representan en la comisión a dos de los mencionados en los documentos, Cavallo y Menem, fueron más allá en sus planteos. Y a decir verdad, los únicos que aclararon públicamente que no tenían nada que ver con las denuncias de Carrió fueron justamente Cavallo y Menem. El primero negó compartir una cuenta millonaria con David Mulford, presidente del Credit Suisse y principal negociador del megacanje, y Menem rechazó compartir con Ramón Hernández el paquete accionario de Mallorca Enterprises.

La primera reacción de la clase política fue restarle seriedad al preinforme. Se dijo que las conclusiones forzaban pruebas e indicios, que es muy difícil leer con precisión los sucesivos movimientos de cuentas bancarias y sacar conclusiones tajantes y automáticas. Pero la tibia reacción de la mayoría de los involucrados permitiría decir también que si bien es difícil sacar una acusación tajante de culpabilidad, los indiciosy las pruebas son lo suficientemente sospechosos como para que los implicados prefieran no levantar olas.

Carrió renunció a cualquier candidatura política para evitar suspicacias. Y luego renunció a la presidencia de la comisión por los cuestionamientos de seis de los diez legisladores que la integran. En medios parlamentarios aseguran que se apresuró a difundir el preinforme para evitar filtraciones parciales y que éstas provenían de una de sus críticas, la diputada Cristina Kirschner. Sin embargo, los miembros de la comisión en pleno, incluyendo a Scioli y a la misma Kirchner, le pidieron que reconsidere su decisión.

Es probable que algunos esperen que las denuncias se diluyan en largos procesos judiciales sin consecuencias –como la causa por las coimas en el Senado–, y que Carrió termine desgastada y en su casa como el ex vicepresidente Chacho Alvarez. Este paralelismo con Alvarez, cuya renuncia fue muy criticada por Carrió, sacó del letargo al ex jefe frepasista que expresó su apoyo a la diputada chaqueña.

Aun cuando el destino judicial de esta investigación sea similar al de la causa por las coimas en el Senado, tiene el mérito invalorable de haber puesto al desnudo los mecanismos traicioneros, algunos legales y otros no, pero todos ilegítimos, no éticos y dañinos que forman el mapa del empobrecimiento argentino. La coima para conseguir prebendas, el vaciamiento de empresas, la fuga de capitales, la especulación y la evasión impositiva, entre otras perversiones, aparecen obscenamente en la agenda de grandes bancos y empresas. Si alguien no sabía cómo funciona el capitalismo en Argentina, donde por lo general cualquier negocio productivo o por derecha da pérdidas o apenas zafa, no tiene más que leer el informe para darse cuenta dónde están los negocios que dan grandes ganancias, rápidas, sin riesgo, sin producir riqueza y, por el contrario, destruyendo la que existe.

Gran parte de la investigación se pudo hacer en Estados Unidos por la confesión ante el Senado de un empresario arrepentido, miembro del directorio de uno de los bancos offshore investigados. Elisa Carrió sostiene que no está contra empresarios ni banqueros, sino contra las prácticas ilegales, desleales y no éticas y que confía en que surja aquí también un arrepentido, aunque parece difícil porque resulta evidente que este modelo económico otorga más facilidades a este tipo de negocios que a los realmente productivos.

Este fue el primero de tres preinformes antes del definitivo. El próximo sería presentado dentro de un mes pese a la opinión de los radicales Horacio Pernasetti y Margarita Stolbizer, de postergarlo hasta después de las elecciones de octubre para evitar interferencias. Será una elección donde el político con mejor imagen en la opinión pública –Carrió– no participará. Estará jugando otro tipo de elección política.

Mostrar los calzoncillos sucios del modelo hizo crecer la credibilidad de la diputada ante la opinión pública y obviamente disminuyó la respetabilidad de los protagonistas, algunos de los cuales ya dijeron que el preinforme inquieta a los mercados y hace crecer el riesgo país. Los medios que funcionan como sus voceros se esmeran para ridiculizarla porque es gorda o porque es católica practicante o directamente sugieren que le falta un tornillo. Pero ninguno dice que no tiene razón. Como si una señora no pudiera opinar de política o economía porque se pasó de kilos o porque va a la iglesia. Tiene cierta lógica para esa cultura de las apariencias donde vale más parecer respetable que serlo de verdad. Y tiene cierta lógica desde ese punto de vista pensar que al que va contra la corriente le falta un tornillo.