21 de mayo del 2001

El negocio de la industria de diamantes en los conflictos africanos

Diamantes: fuente de pobreza

Miguel Jiménez
Centro de Colaboraciones Solidarias

La industria del diamante produce cada año 6.700 millones de dólares. Una cantidad que, al final de la cadena de producción, se convierte en 67 millones de piezas de diamantes para joyas. De toda esta suma, se estima que un 4% se canaliza para financiar conflictos armados.

Guerras tan sangrientas como las de Sierra Leona o Angola no pueden explicarse sin remitirse al fructífero negocio de los diamantes. Sin ir más lejos, y según publicaciones de la República Democrática del Congo, el asesinato de Laurent Kabila estaría relacionado con su dictamen de conceder la exclusiva de la comercialización de diamantes a la sociedad israelí "Idi Diamonds". Su hijo, al llegar al poder, revocó dicha concesión.

Países tan ricos como Sierra Leona o Angola se ven inmersos en unas guerras especialmente largas que les han relegado a los últimos puestos del Índice de Desarrollo Humano del PNUD. Así, Angola ocupa el puesto 160 de un total de 174 países, aunque produce entre el 70 y el 80% de los diamantes de más alta calidad, los de tipo gema, y cuenta con una de las más ricas reservas de petróleo del continente. A pesar de ello, su población se enfrenta cotidianamente a una pobreza extrema y a un clima de violencia que dura ya cerca de treinta años. En la lucha entre la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) y las Fuerzas Armadas angoleñas, los diamantes juegan un papel básico. Las piedras preciosas angoleñas son de reconocida calidad, por su nivel de pureza y por su tamaño, lo que les hace difíciles de camuflar mezclándolos con piedras de otros países. Sin embargo, a pesar de este problema, la UNITA se ha beneficiado del contrabando de piedras preciosas hasta el punto de conseguir 3.700 millones de dólares entre 1992 y 1997.

Algo similar ocurre en Sierra Leona, el país más pobre del mundo, donde la guerrilla del Frente Revolucionario Unido (FRU), creada por el ahora presidente liberiano Charles Taylor, también se beneficia del comercio de los diamantes. Tanto la UNITA como el FRU se caracterizan por su poder y su extremada violencia, ambos están acusados de reclutar a niños en sus filas y de torturar salvajemente a sus "enemigos" (entre los que se encuentran numerosos civiles). Las acciones del FRU suelen estar dirigidas a conquistar las minas de diamantes que sirven para su financiación. Un reciente informe de la ONU implicaba a Charles Taylor en el tráfico de diamantes procedentes de Sierra Leona. Este dato explica porqué las exportaciones de Liberia superan el doble de su producción local.

La otra cara de la moneda está en países como Botswana o Namibia que, con una regulación adecuada del comercio de diamantes, han conseguido grandes beneficios para el país. Botswana, concretamente, es el primer productor del mundo y obtiene el 65% de sus ingresos anuales por este concepto.

Desde hace varios años, la ONU ha llevado a cabo una campaña contra la comercialización de los diamantes considerados "ilegales", es decir, aquellos que tienen su origen en áreas bajo control de fuerzas armadas contrarias a un gobierno electo, como es el caso del FRU de Sierra Leona o la UNITA en Angola. La venta de los diamantes "ilegales" se ve facilitada por los insuficientes mecanismos de control y la falta de transparencia que existe en el comercio de diamantes. Una situación favorecida también, por el papel monopolístico de la empresa De Beers en la industria del diamante, el elevado número de intermediarios que imposibilitan el conocimiento del origen de las piedras, y las lagunas legislativas tanto a nivel nacional como internacional.

La ONU ha tratado de poner trabas a este mercado negro a través de la imposición de Certificados de Origen que permitan el veto a los diamantes ilegales, pero es obvio que la llave para poner fin a esta situación recae en gran parte en Bélgica y en la sociedad sudafricana De Beers.

En Amberes se encuentra el centro mundial del mercado de los diamantes. El Diamond High Council (HRD), organización que representa a la industria del diamante en Bélgica, se ocupa de supervisar la importación, valoración y exportación de diamantes. Pero fuera del ámbito del HRD existe en la ciudad una amalgama de comerciantes, joyeros, intermediarios y fabricantes de joyas que suman en torno a 4.000 establecimientos. Registrarse en el HRD es voluntario, por lo que este tipo de comercios no es ilegal, pero a través de él se facilita sobremanera el tráfico de los diamantes de contrabando.

Por su parte De Beers, que controla el 75% del comercio mundial de diamantes, ya ha anunciado su intención de señalar el lugar de origen de sus gemas. Y es que, su papel protagonista en el negocio de diamantes la señalaban como responsable directa o indirecta de la comercialización de los diamantes "ilegales".

Los continuos embargos de la ONU, las medidas tomadas por De Beers, y las críticas de la comunidad internacional ya han dado algunos frutos. Sierra Leona, Angola y la R.D. del Congo han decidido utilizar certificados que señalen el origen de sus gemas. Ahora sólo queda esperar que esta medida sea suficiente para evitar el contrabando, algo que parece difícil. A pesar de todo, este es un primer paso para acabar con la infraestructura de la guerra, pues detrás de los diamantes se encuentra el no menos lucrativo negocio del armamento. Otro negocio que necesita una legislación urgente.