25 de junio del 2001

El ocaso de los grandes

José Carlos García Fajardo
Centro de Colaboraciones Solidarias

La evolución demográfica y tecnológica de algunos países del Sur en las próximas décadas anuncia cambios profundos en el escalafón económico mundial

En una prospección ponderada sobre las relaciones de fuerzas económicas en las próximas décadas, el economista pakistaní, Shahid Jawad Burki, no vacila en anunciar cambios espectaculares. Formado en EEUU y en Gran Bretaña y con veinte años de trabajo en el Banco Mundial, Jawad Burki no puede resultar sospechoso para los que profesan el pensamiento único.

Actualmente, son los EEUU, con 280 millones de habitantes, y la Unión Europea (UE), con 340 millones, quienes dominan el planeta desde el punto de vista económico, político y militar. EEUU, con una población menor del 5% de la humanidad, supone el 22% de la producción mundial gracias a los 8 billones de dólares de su PIB. La UE supone el 20% de la producción mundial. Juntos, producen casi tanto como los 5.400 millones de seres restantes del planeta. El consumo, en líneas generales, de los habitantes de EEUU y de la UE es nueve veces superior al del resto de la humanidad, que no controlaron la natalidad ni la economía y que llegaron tarde al festival de las nuevas tecnologías.

Las estimaciones del economista pakistaní anuncian un giro impresionante con la inversión de efectos que ya se hacían presentir durante el siglo pasado. Y no fue él sólo sino otros pensadores que fueron silenciados o ignorados por la maquinaria del sistema.

Calcula Jawad Burki que en las dos próximas décadas, si se mantiene la tendencia actual, EEUU y la UE, aún ampliada, no podrán superar el 40% de la producción mundial. Mientras que China e India, con una población de 3.000 millones de seres humanos, aumentarán la suya de 10% al 26% para China y del 6% al 13% para India. Es decir, entre las dos igualarán a las de EEUU y la UE, aún con sus 25 países miembros.

China habrá alcanzado a EEUU antes de 25 años aunque el PIB de sus habitantes sea cuatro veces inferior al de los americanos o al de los europeos. Es probable que China se convierta en la primera economía mundial.

Jawad Burki aventura esta clasificación para esa fecha: 1º, China; 2º, EEUU; 3º, UE; 4º, Japón e India y, para pasmo que no hay que desdeñar, Alemania, seguida de Brasil.

¿Quién hubiera podido imaginar, a comienzos del siglo pasado, la decadencia del imponente Imperio de Su Majestad Británica? ¿Quién apostaba por la recuperación de las potencias vencidas en la IIª Guerra, Alemania, Japón e Italia? ¿Qué se hizo en menos de una década del colosal imperio de la URSS? ¿Quién hubiera apostado por India como semillero imparable de jóvenes universitarios disputados por EEUU y Alemania para suplir sus carencias de titulados en disciplinas punta? ¿Acaso no son de procedencia asiática más del 50% de los jóvenes cerebros de Silicon Valley y de Seattle? Napoleón lo había advertido "Cuando China despierte el mundo temblará".

La explicación que el economista pakistaní da a este giro copernicano no es desdeñable: la explosión demográfica de China, India, Brasil y otros países del llamado Tercer Mundo los mantuvo en la pobreza durante el siglo XX, a pesar de que durante la IIª Guerra mundial, el economista Samuelson y otros analistas preveían que Brasil, Argentina y México participarían del milagro económico de la posguerra. No fue así.

En este siglo, se puede invertir la pirámide: mientras las poblaciones de EEUU y de UE envejecen sin aparente remedio, presas de una locura "desarrollista" y consumista, los países citados habrán controlado su crecimiento disponiendo de un 40% de jóvenes capaces de dominar las nuevas tecnologías, desarrollar la educación – factor clave para la regulación de la natalidad cuando las mujeres acceden a ella sin cortapisas -, y administrar mejor sus economías sin caer en un servilismo mimético bajo la férula del llamado Primer Mundo.

No se trata de utopía alguna, a no ser que asumamos que se trata de algo que no existe en ningún lugar, todavía. Pero cuyos efectos pueden intuirse mediante extrapolaciones legítimas y necesarias.

Aunque no estén al alcance de mentes como las de quienes ahora gobiernan el mundo.