25 de mayo del 2001

Terrorismo Económico

Michel Chossudovsky
ALAI

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

Es sabido que el Fondo Monetario Internacional (FMI) intimida regularmente a los países en desarrollo, imponiendo fuertes dosis de "medicinas económicas mortíferas" mientras endilga a los gobiernos deudas externas que crecen en espiral. En complicidad con Washington, el FMI se mezcla a menudo en los nombramientos de ministros en los países deudores. En Corea durante el torbellino de la crisis asiática de 1997, el Ministro de Finanzas –destituido por haber supuestamente "obstaculizado las negociaciones" con el FMI- fue reemplazado por un antiguo funcionario del FMI. En Turquía, también después de una catástrofe financiera del estilo acostumbrado por el FMI (marzo de 2001), el Ministro de Economía fue sustituido por un vicepresidente del Banco Mundial.

Pero lo que ha ocurrido en Yugoslavia establece un nuevo record en las prácticas abusivas de la burocracia financiera internacional basada en Washington: el arresto de un jefe de estado de una nación deudora –exigida por los deudores principales- se ha convertido en una "condición previa" para la conducción de negociaciones sobre préstamos.

Aunque el 31 de marzo de 2001 fue la fecha límite establecida por Washington para el arresto del Presidente Slobodan Milosevic por el gobierno de Serbia, se fijó otro ultimátum para transferir al antiguo jefe de estado a la jurisdicción del Tribunal de la Haya (TICY) auspiciado por la OTAN. En las palabras del Secretario de Estado Colin Powell: "el apoyo de la administración de EE.UU. a una conferencia internacional de donantes de la que Yugoslavia espera hasta mil millones de dólares para ayudar a la reconstrucción, dependería del progreso continuo de la plena cooperación con el tribunal [de la Haya]." Un vocero del Departamento de Estado aclaró adicionalmente "que Estados Unidos tiene el poder para detener la realización de la conferencia a principios de verano si Washington no está satisfecho." Entretanto, el Tribunal de la Haya ha amenazado con presentar el problema ante el Consejo de Seguridad de la ONU, si el Presidente Milosevic no es transferido rápidamente ante su jurisdicción.

¿Muy a tiempo? Durante el clímax de las elecciones presidenciales yugoslavas (septiembre de 2000), "legislación habilitante" fue aprobada aceleradamente por la Casa de Representantes de EE.UU. Washington había advertido a Kostunica –sobre la base de un Acta del Congreso (HR 1064)- que a menos que su gobierno cumpliera en su totalidad con los dictados estadounidenses, la "ayuda" financiera sería retenida. El FMI y el Banco Mundial también habían sido debidamente notificados por su principal accionista, es decir el gobierno de EE.UU., que "el Secretario del Tesoro rehusaría el pago de la porción estadounidense de cualquier aumento del capital pagado [del FMI y del Banco Mundial] en un monto igual al del préstamo u otra ayuda [a Yugoslavia.] Entretanto, Washington ha solicitado el establecimiento de una oficina del Tribunal de la Haya (TICY) en Belgrado, así como modificaciones de los estatutos legales de Yugoslavia. Los últimos –que han de ser refrendados automáticamente por el Parlamento- colocarían al Tribunal TICY por sobre la jurisdicción del sistema legal nacional de Yugoslavia. También permitiría al TICY que ordenara a instancias de la OTAN, el arresto de miles de personas sobre la base de acusaciones fraudulentas.

Liberando a los terroristas del ELK

Funcionarios de EE.UU. también han señalado que la rápida liberación de los "combatientes por la libertad" del ELK que sirven condenas de prisión en Serbia, sería considerada como otra "condición previa adicional" para otorgar ayuda financiera.

"Funcionarios del Departamento de Estado dijeron más tarde a UPI que, entre otros pasos que EE.UU. esperaba, estaba que el Presidente Vojislav Kostunica comenzara a devolver a albaneses capturados durante el conflicto de Kosovo de 1999, y la aceptación de la jurisdicción dentro de Serbia del tribunal de crímenes de guerra, donde numerosos sospechosos acusados siguen gozando de inmunidad." Una "Ley de Amnistía" fue pasada con urgencia por el parlamento yugoslavo apenas un mes antes del plazo de Washington del 31 de marzo. Mientras las víctimas de la guerra son perseguidas y acusadas como criminales de guerra, el régimen de Kostunica –siguiendo instrucciones de Washington- ha liberado a criminales del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) (relacionados con las mafias de la droga) que cometieron atrocidades en Kosovo.

Entretanto, esos criminales han vuelto a las filas del ELK, involucrado ahora en una nueva ola de ataques terroristas en el sur de Serbia y en la vecina Macedonia. La evidencia confirma ampliamente que esos ataques terroristas son apoyados y financiados por Washington.

"Normalización económica"

Sin mayor escrutinio, los medios occidentales presentan la realización de una conferencia de donantes como un "paso necesario" hacia la "normalización económica" y la "reintegración" de Yugoslavia a la "familia de las naciones." Se conduce a la opinión pública a creer que los "donantes" "ayudarán" a reconstruir Yugoslavia. El término "donante" es un nombre poco apropiado. En realidad la conferencia de donantes es una reunión de banqueros y acreedores, sobre todo de países que bombardearon Yugoslavia. Su intención no es sólo cobrar dinero de Yugoslavia, sino también ganar el pleno control y la propiedad de la economía yugoslava.

Entretanto, las leyes nacionales han sido revisadas para facilitar una privatización acelerada. Los grandes complejos industriales de Serbia y los servicios públicos han de ser reestructurados y subastados al capital extranjero. En otras palabras, en lugar de "ayudar a Yugoslavia," la conferencia de donantes –organizada en estrecha consulta con Washington y los cuarteles de la OTAN en Bruselas- prepararía el escenario para la transformación de Yugoslavia en una colonia de la alianza militar occidental.

La deuda externa yugoslava es de más de 14 mil millones de dólares de los cuales 5 mil millones de dólares se deben al Club de París (es decir sobre todo a los gobiernos de los países de la OTAN) y 3 millones de dólares al Club de Londres. Este último es un sindicato de bancos privados, que incluye en el caso de Yugoslavia, unas 400 instituciones. La mayor parte de la deuda comercial de Yugoslavia, sin embargo, está en manos de unos 16 bancos (sobre todo) estadounidenses y europeos, que son miembros de un "Comité Internacional de Coordinación" (CIC) encabezado por el Citigroup de EE.UU. y el gigantesco Westdeutsche Landesbank.

Otros grandes participantes en el CIC incluyen a J.P.Morgan-Chase y Merrill Lynch.

El CIC –que opera discretamente entre bastidores- toma las decisiones en última instancia respecto a las negociaciones sobre la deuda, la privatización y la terapia macroeconómica. A su vez, la burocracia del FMI, actuando por cuenta tanto de los deudores comerciales como oficiales, ha llamado a una "reestructuración de la deuda de la RFY sobre la base de condiciones apropiadas" subrayando el hecho de que nuevos pagos pueden sólo ser aprobados "siguiendo la regularización de los atrasos." Lo que esto significa es que Belgrado se vería obligado a reconocer esas deudas en su totalidad, como una condición para la negociación de nuevos préstamos, así como pagar emisiones sucesivas pendientes respecto a la división de la deuda externa de la RFY con las "repúblicas sucesoras." Dinero ficticio

Mientras se consideran préstamos simbólicos de "reconstrucción", vastas cantidades de dinero y recursos serán extraídos de Yugoslavia. En realidad, la mayor parte del dinero prometido para "reconstrucción" es totalmente ficticio.

Un "préstamo puente" de 208 millones de dólares otorgado por Suiza y Noruega (enero de 2001) fue utilizado para rembolsar al FMI. A su vez el FMI ha concedido 151 millones de dólares a Belgrado en la forma de un llamado préstamo de "ayuda post-conflicto." Pero esta "ayuda" está marcada para rembolsar a Suiza y a Noruega, que habían aflojado el dinero para pagar los atrasos del FMI en primer lugar.

"El Consejo [del FMI] aprobó un préstamo [de] 151 millones de dólares bajo la política del FMI sobre ayuda de emergencia post-conflicto en apoyo de un programa para estabilizar la economía de la RFY y ayudar a reconstruir las capacidades administrativas. De este monto, las autoridades [de Belgrado] utilizarán 130 millones de dólares para rembolsar los préstamos puente que recibieron [de Suiza y de Noruega] para eliminar las deudas atrasadas con el FMI." Se da la ilusión de que "llega dinero" y que "el FMI está ayudando a Yugoslavia." En realidad, lo que queda después que el FMI "se ha reembolsado" es una miserable entrada de 21 millones de dólares. Y en general el mismo artificio de dinero ficticio ha sido utilizado por el Banco Mundial, que ha ordenado que 1,7 mil millones de dólares en deudas atrasadas "sean eliminados antes de otorgar nuevos préstamos.

A este respecto, se otorgará a Belgrado un llamado "préstamo de consolidación" del Banco Mundial para rembolsar la deuda de 1,7 mil millones de dólares que debe al Banco Mundial.

Poco o nada de dinero llegará realmente al país. En las palabras del gobernador del Banco Central Mladan Dinkic:
"[Esto] allanará el camino para el retorno de Yugoslavia al Banco Mundial. 'En los primeros tres años, recibiremos el llamado estatus AIDA, que el Banco Mundial da a los países más pobres.

[Este] es el acuerdo más favorable posible, con un período de gracia más largo e intereses mínimos, que permitirá que nuestra economía pague la deuda [de 1,7 mil millones de dólares] y cree las condiciones para recibir nuevos préstamos." Más en general, el dinero para "reconstrucción" repletará los bolsillos de los acreedores internacionales y de las corporaciones multinacionales (con baratijas para los amigotes de la República de Serbia) mientras toda la economía yugoslava será sacada a subasta. Los activos serán vendidos a precios de remate bajo la supervisión del FMI y del Banco Mundial. Los magros resultados de la privatización forzada –en la que sólo se aceptará que participen los "inversionistas" extranjeros- serán luego utilizados para rembolsar a los acreedores, por casualidad los mismos que están comprando los activos de Yugoslavia.

¿Y quién juzgará el "valor según los libros" de los activos industriales yugoslavos y supervisará la subasta de la propiedad estatal? Los grandes bancos mercantiles y las firmas de contabilidad europeas y estadounidenses, que actúan por pura coincidencia por cuenta de sus clientes corporativos involucrados en las ofertas.

Una medicina económica mortal

El dinero ficticio para la reconstrucción, sin embargo, es otorgado sólo bajo la condición de que Yugoslavia implemente una "terapia de choque" económica. El programa auspiciado por los donantes está basado en la "destrucción" más que en la "reconstrucción." Bajo el disfraz de la "normalización económica", el FMI, el Banco Mundial y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) han recibido el mandato de desmantelar a través de la bancarrota y de la privatización forzada lo que no ha sido destruido por los bombardeos.

En este proceso, el terror político y el "terror económico" van mano en mano. La evidencia confirma ampliamente que las reformas económicas letales del FMI y del Banco Mundial, impuestas en más de 150 países en desarrollo, han llevado al empobrecimiento de millones de personas. En una ironía cruel, la amarga medicina económica y la ayuda financiera simbólica son presentadas como "recompensas" por transferir al presidente Milosevic a la jurisdicción del Tribunal de la Haya.

Siendo que el actual programa del FMI es una "continuación" de las mortíferas reformas económicas impuestas originalmente a la Yugoslavia federal en los años 80 (y después a sus "repúblicas sucesoras"), promete ser aún mucho más devastador.

El grupo de 17 economistas (G-17) –que controla el Ministerio de Finanzas y el Banco Central de Yugoslavia (BNY)- está en contacto permanente con el FMI, el Banco Mundial y el Tesoro de EE.UU. Una "carta de intención" que detalla la terapia económica que será impuesta a Yugoslavia por el gobierno de la República de Serbia ha sido realmente elaborado en negociaciones secretas con los acreedores antes de las elecciones presidenciales de septiembre de 2000. Mladjan Dinkic –que ahora tiene la posición de Gobernador del Banco Nacional de Yugoslavia (BNY)(Banco Central)- había declarado que una de las primeras cosas que haría bajo una presidencia de Kostunica sería implementar una "terapia de choque" económica:
"Inmediatamente después tomar posesión del gobierno, eliminaremos todos los subsidios. Esta medida debe ser implementada sin lamentos ni dudas, ya que será difícil, sino imposible aplicarla más adelante, en vista de que mientras tanto podrían aparecer poderosos grupos de presión que harían lo posible por bloquear tales medidas... Este paso inicial en la liberalización económica debe ser emprendido como una "terapia de choque" ya que su naturaleza radical no dejará sitio para una realización gradual de ningún tipo." El G-17 no esconde el hecho de que uno de sus objetivos principales consiste en romper la resistencia social al programa de reestructuración económica:
"Todo futuro régimen democrático va probablemente a enfrentar una sustancial resistencia pública a la privatización y a las reformas socioeconómicas que lo acompañarán. A breve plazo, la insolvencia y la reestructuración de las empresas serbias va a generar probablemente desempleo o reducciones de salarios para muchos empleados. El pago de intereses por las deudas y los ajustes fiscales va a requerir probablemente cortes en los gastos públicos y la introducción de nuevos impuestos y gravámenes potencialmente impopulares. La compra de empresas serbias por ricos inversionistas nacionales y extranjeros también puede generar resentimiento, especialmente ya que representará una ruptura radical con la antigua tradición de propiedad "social" o por los trabajadores. Grupos nacionalistas y antireformistas van probablemente a movilizar la resistencia popular explotando esos problemas. Esa forma de oposición política limitaría el ámbito para la introducción de una efectiva reforma económica y la privatización." Congelando los salarios

El programa del FMI – puesto en pleno desarrollo como secuela de las elecciones de septiembre de 2000 –solicita la adopción de "políticas macroeconómicas prudentes y reformas estructurales atrevidas-." En la jerga del FMI, "atrevida" significa invariablemente la aplicación de "terapia de choque" mientras que "prudente" significa medidas de austeridad diseñadas con cuidado y aplicadas de manera intransigente. Al hacerse cargo del gobierno, el gobierno de Kostunica –siguiendo instrucciones del FMI- ha desregulado los precios de los artículos básicos de consumo y congelado los salarios de los trabajadores. Una nueva Ley Laboral fijando el salario mínimo a un 35 por ciento del salario promedio fue aprobada sin discusión por el parlamento yugoslavo. En otras palabras, con precios que aumentan combinados con la desindexación de los salarios ordenada por el FMI, la nueva legislación permite que el salario mínimo real caiga a niveles atrozmente bajos.

Los créditos para los negocios y campesinos locales han sido congelados. Las tasas de interés ya se han disparado. Con el fin de las sanciones económicas, el FMI ha exigido también que se eliminen las restricciones a la importación para facilitar el dumping de artículos en exceso en el mercado interno, llevando a la bancarrota de los productores nacionales. A su vez, los precios de energía van a ser totalmente desregulados antes de la privatización de los servicios públicos, las refinerías de petróleo estatales, la minería del carbón y la electricidad.

A su vez, se contemplan cortes drásticos en la seguridad social y los fondos de pensión de la República Serbia, que llevarían virtualmente a su colapso (Véase el Programa del FMI, op.cit).

La reestructuración de los programas sociales es una copia directa de la que fuera impuesta a la vecina Bulgaria, donde las pensiones pagadas a los ciudadanos de edad se desplomaron en 1997 a 3 dólares por mes.

Fraguando el colapso del dinar

El componente más letal del programa del FMI, sin embargo, es su llamada "flotación controlada" de la tasa de cambio que –según el sub-Director General del FMI Stanley Fischer –es realizada "para reflejar mejor las condiciones del mercado".

Las reservas de divisas del banco central de Yugoslavia, ascienden a unos 500 millones de dólares, la deuda externa se eleva a más de 14 mil millones de dólares. Bajo el acuerdo con el FMI, se otorgaría dinero (en la forma de un "préstamo de precaución") para reponer las reservas de divisas del Banco Central a fin de apoyar el dinar. Además, siguiendo el modelo brasileño, el dinar también sería fortalecido artificialmente mediante extenso endeudamiento del gobierno con las instituciones bancarias privadas, pagando intereses exorbitantes, alimentando así la deuda pública interna.

En ausencia de controles de cambios que limiten la huída de capitales, las reservas de divisas del banco central llegarían a desaparecer. En otras palabras, cuando ya no existan las "reservas prestadas" para reforzar la moneda, el dinar se desmorona. En la lógica de la "flotación controlada," los dólares prestados bajo el arreglo del fondo de precaución del FMI, serían reapropiados por los acreedores y especuladores internacionales una vez que el dinar se venga abajo, llevando a una nueva expansión de la deuda externa yugoslava.

En realidad esta política juega en gran parte un papel decisivo en el desencadenamiento de la hiperinflación. La moneda nacional perdería todo su valor. En otras palabras, los precios subirían a las nubes siguiendo el colapso de la moneda nacional. A su vez los salarios serían congelados, siguiendo las instrucciones del FMI, como parte de un "programa antiinflacionario" y el nivel de vida caería a niveles aún más bajos. Y los yugoslavos ya están empobrecidos, con dos tercios de la población (según fuentes de la ONU reconocidas en el informe del FMI) recibiendo ingresos per capita de menos de 2 dólares al día.

Es el mismo contubernio financiero que el FMI aplicó en Corea, Indonesia, Brasil y, más recientemente, Turquía. En este proceso, varios instrumentos especulativos (incluyendo "ventas al descubierto" de divisas) fueron aplicados por los bancos e instituciones financieras internacionales para desatar el colapso de las monedas nacionales. En Corea, las deudas subieron vertiginosamente como secuela de la crisis de la moneda. Como resultado, toda la economía fue puesta en subasta y varios de los conglomerados más poderosos de Corea fueron absorbidos por el capital estadounidense a precios ridículamente bajos.

En Rusia, el rublo perdió todo su valor después de la implementación del programa del FMI: La flotación del rublo, aplicada en 1992 siguiendo los consejos del FMI, llevó en menos de un año a un aumento en más de cien veces (9900%) de los precios al consumidor. Los ingresos nominales aumentaron diez veces (900%), el colapso en los salarios reales en 1992 fue del orden de 86 por ciento. En los años subsiguientes, los ingresos reales continuaron cayendo, precipitando el descenso del pueblo ruso a una pobreza total.

De manera más general, el programa del FMI crea un marco para cobrar, así como para aumentar la deuda, a través de la manipulación de los mercados de divisas. Vale la pena mencionar, a este respecto, que apenas unas pocas semanas antes del arresto del Presidente Milosevic, Turquía fue sometida –siguiendo a la desestabilización de la moneda- a las reformas económicas más brutales, llevando virtualmente al colapso del nivel de vida de un día para otro.

Siguiendo las atenciones del FMI, las tasas de interés en Turquía subieron hasta un modesto 550%.

Daños de guerra

El FMI ha reconocido en su informe que el daño causado por los bombardeos de la OTAN es del orden de 40 mil millones de dólares. Esta cifra no incluye las pérdidas en Producto Nacional Bruto resultantes de años de sanciones económicas, ni incluye las pérdidas en vidas y extremidades humanas, el sufrimiento humano infligido a toda una población, la radiación tóxica del uranio empobrecido y la devastación ecológica, ampliamente documentadas por fuentes yugoslavas e internacionales. Irónicamente, este estudio de los daños de guerra fue coordinado por el G17, Mladjan Dinkic y Miroslav Labus, que ahora tienen posiciones clave en el gobierno de la República de Serbia. Desde su nombramiento a la posición de gobernador del banco central, Dinkic no ha dicho ni una palabra sobre los "daños de guerra" en sus discusiones con los acreedores occidentales.

Contratos lucrativos de reconstrucción

No se ha considerado ninguna "compensación" por los daños de guerra, ni hablar de un alivio de la deuda. En una cruel vuelta de tuerca, una gran parte de los nuevos préstamos –que Yugoslavia tendrá que rembolsar eventualmente- será utilizada para reconstruir lo que fue destruido por los bombarderos. Además, bajo el sistema del Banco Mundial y del BERD de licitación internacional, esos préstamos están en realidad ligados al financiamiento de lucrativos contratos con compañías de construcción de los países de la OTAN.

"Las grandes gananciosas son las compañías de telecomunicaciones, las empresas de construcción y las sociedades de transporte [occidentales] que pueden reconstruir los puentes del río Danubio, las centrales eléctricas y las refinerías destruidas por los ataques aéreos de la OTAN. Mientras las compañías europeas, ocupadas ya con proyectos en los Balcanes, tienen la ventaja de estar en su casa, las compañías estadounidenses como los especialistas en infraestructura Brown & Root [una subsidiaria de la compañía del vicepresidente Dick Cheney Halliburton Oil], AES y General Electric podrían conseguir parte del negocio." ¿Y qué harán estas compañías? Otorgarán subcontratos a firmas locales y/o contratarán a ingenieros y trabajadores yugoslavos a salarios por menos de cien dólares al mes. En otras palabras, el dinero prestado, prometido a Belgrado para la "reconstrucción," volverá directamente a los bolsillos de los bancos y de las compañías multinacionales occidentales. Por otra parte, la llamada "priorización de gastos" impuesta por el FMI, significa que el Estado (es decir el propio dinero de Yugoslavia) estaría pagando por despejar el Danubio y reconstruir los puentes, "subsidiando" esencialmente los intereses del capital extranjero. Además, las "condicionalidades" del FMI –que requieren reducciones drásticas en los gastos sociales- impedirían que el gobierno pueda destinar su presupuesto a la reconstrucción de escuelas y hospitales dañados durante la campaña de bombardeos.

Los costos de la campaña aérea

La acusación contra el pueblo serbio y el antiguo jefe de estado por los crímenes cometidos por el agresor tiene el propósito de causar un sentimiento de miedo y de culpabilidad colectiva en toda una nación.

Pero hay algo más que no se ha mencionado hasta ahora: la intención de Washington es que se haga responsable al Presidente Milosevic por la Guerra, no como individuo sino que como jefe de Estado, a fin de cobrar eventualmente reparaciones de guerra de Yugoslavia.

En otras palabras, si el antiguo jefe de Estado fuera acusado en el tribunal de la Haya, el país sería considerado "legalmente responsable" no sólo por los costos de las "bombas humanitarias" de la OTAN, sino que por todos los gastos militares y de "mantenimiento de la paz" incurridos desde 1992.

En realidad, un ejército de contadores y economistas ya ha evaluado –a pedido de la OTAN- los costos de la campaña aérea y de las diversas "operaciones de mantenimiento de la paz". A este respecto, la parte de EE.UU. en el costo de los bombardeos, del "mantenimiento de la paz" y de la "ayuda a los refugiados" sólo en el año fiscal 1999, fue estimada en 5,05 mil millones de dólares. Los montos destinados por la Administración Clinton para pagar por la guerra y los refugiados en el año fiscal 1999, fue del orden de 6,6 mil millones de dólares. Los llamados "fondos de emergencia" destinados por el Congreso para operaciones en Kosovo y otros gastos de defensa en el año fiscal 1999 totalizaron 12 mil millones de dólares. Además, el Departamento de Defensa estima el costo del despliegue de fuerzas de ocupación y personal civil estadounidenses en Bosnia y Kosovo desde 1992 en 21,2 mil millones de dólares.

En otras palabras, la acusación del Presidente Milosevic, sobre la base de cargos falsos, presenta una cuestión fundamental de legitimidad. Sanciona los bombardeos como una operación humanitaria. No sólo absuelve a los verdaderos criminales de guerra, también abre el camino para la acusación contra Yugoslavia como nación. El antiguo jefe de Estado es acusado, el pueblo es acusado colectivamente. Lo que este significa es que la OTAN podría obligar en alguna fecha futura a Yugoslavia a que pague por las bombas utilizadas para destruir el país y matar a su gente.

No hay nada de fundamentalmente nuevo en el proceso. Bajo el Imperio Británico, fue una práctica común no sólo instalar a regímenes títeres, sino que también cobrarles los costos de las operaciones de las cañoneras contra los países que se negaban a firmar acuerdos de "libre comercio" con el gobierno de Su Majestad. En 1850, Gran Bretaña amenazó con enviar sus "cañoneras" –equivalentes a los ataques aéreos humanitarios de la actualidad- después de la negativa del Reino de Siam (Tailandia) a firmar un tratado de libre comercio con Gran Bretaña (equivalente a la "carta de intención" al FMI de la actualidad). Aunque ha cambiado el lenguaje y las instituciones de la diplomacia colonial, la similitud con las prácticas contemporáneas es asombrosa. Como dijo el enviado británico Sir James Brooke (el equivalente de Richard Holbrooke en nuestros días):
"El Gobierno siamés es hostil –su tono es arrogante- su atrevimiento ilimitado... Si se rechazaran estas justas exigencias [británicas] firmemente urgidas, debiera haber una fuerza presente de inmediato, para imponerlas mediante una rápida destrucción de las defensas del río. A Siam se le puede enseñar la lección que ha estado provocando desde hace tiempo, un rey mejor dispuesto podría ser puesto en el trono, y se podría adquirir una influencia en el país, que tendría una inmensa importancia comercial para Inglaterra... [Nótese la similitud en relación con Yugoslavia]. Sobre todo, convendría prepararse para el cambio y poner a nuestra propia gente en el trono. Este príncipe [Mongkut] debiera ser colocado en el trono y, mediante su ayuda, podríamos, sin duda, ganar todo lo que deseamos. Y los gastos incurridos [en la operación militar] estarían disponibles fácilmente en el tesoro real de Siam." ¡Reemplace al jefe de Estado, imponga el "libre" comercio, cóbrele al país la operación militar! Precedentes de reparaciones de guerra: Vietnam y Nicaragua

En realidad en el caso de Vietnam, que ganó la guerra contra la agresión de EE.UU.- Hanoi fue obligado, a pesar de todo, a pagar reparaciones de guerra a Estados Unidos, como condición para levantar las sanciones económicas en 1994.

Aunque las circunstancias históricas eran bastante diferentes de aquellas de Yugoslavia, el modelo de la intervención del FMI en Vietnam fue similar en muchos sentidos. La decisión de levantar las sanciones contra Vietnam fue tomada también en el contexto de una conferencia de donantes. "Unos dos mil millones de dólares en préstamos y dinero de "ayuda" habían sido prometidos en apoyo de las reformas de Vietnam auspiciadas por el FMI, pero inmediatamente después de la Conferencia se realizó otra reunión separada, esta vez "tras puertas cerradas," en la que Hanoi fue obligado a rembolsar en su totalidad las deudas incurridas por el gobierno militar de Saigón instalado por EE.UU. Al reconocer totalmente la legitimidad de esas deudas, Hanoi aceptó en efecto, rembolsar préstamos que habían sido utilizados para apoyar el esfuerzo de guerra de EE.UU.

Además, la aceptación por Hanoi también absolvió a Washington del pago de reparaciones de guerra a Vietnam que sumaban 4,2 mil millones de dólares, según lo que había sido acordado en la Conferencia de Paz de París en 1973.

Nicaragua: "los combatientes por la libertad" y la medicina económica del FMI

De manera similar, los 12 mil millones de dólares de "reparaciones" a cuyo pago la Corte Internacional de Justicia de la Haya (CIJ) había condenado a EE.UU., jamás fueron pagados.

En 1990, después de la instalación de un gobierno "democrático" pro-EE.UU., esas reparaciones –ordenadas por la CIJ- fueron borradas a cambio de la "normalización" y del levantamiento de las sanciones. Como compensación, Washington aprobó una suma simbólica de 60 millones de dólares en "ayuda de emergencia" que, desde luego, estaba condicionada por el pago de todas las deudas y la adopción de la terapia económica de choque más mortífera del FMI:
"Los Estados Unidos suministran el pago de indemnización por cese a los trabajadores del gobierno despedidos bajo un programa exigido por EE.UU. [el ajuste estructural del FMI] para reducir el tamaño del gobierno de Nicaragua. Entre los resultados: El presupuesto de seguridad social de Nicaragua ha sido cortado de 18 millones de dólares a 4 millones, mientras el desempleo ha subido a aproximadamente un 45 por ciento. Los gastos de salud han bajado de 86 dólares por persona [por año] hace cinco años a 18 dólares [en 1991 el año después de las elecciones]. Las pensiones para veteranos de guerra inválidos han sido congeladas a 6,50 dólares por mes, mientras que los precios de los alimentos han subido [1991] a cerca del nivel estadounidense. Como dijo un funcionario del Departamento de Estado "EE.UU. está comprometido a reconstruir Nicaragua, pero hay un límite para lo que uno puede hacer con la ayuda al desarrollo." Sin embargo, EE.UU. no dudó en gastar miles de millones de dólares para financiar nueve años de embargo económico y guerra en los que Washington creó y financió un ejército paramilitar (los Contras) para combatir el gobierno sandinista. Anunciados por la administración Reagan y promocionados por los medios como "combatientes por la libertad", la insurgencia Contra fue financiada con dinero proveniente del tráfico de drogas y con apoyo clandestino de la CIA. Y en realidad el mismo modelo de apoyo clandestino utilizando dinero de las drogas, fue aplicado para financiar el Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) a fin de desestabilizar Yugoslavia.

William Walker, jefe de la comisión de OSCE a Kosovo en los meses antes de la guerra de 1999, fue responsable junto con el coronel Oliver North por el envío de apoyo secreto a los Contras, que finalmente llevó a la caída del gobierno sandinista y a su derrota en elecciones "democráticas" en 1990.

El papel de la comisión de compensación de las naciones unidas (CCNU)

Otro caso es el de Irak que –al terminar la Guerra del Golfo- fue obligado a pagar amplias reparaciones de guerra. La Comisión de Compensación de las Naciones Unidas (CCNU) fue establecida para procesar los "reclamos" contra Irak. Un treinta por ciento de los ingresos por petróleo de Irak en el "programa de petróleo por alimentos" es incautado por la CCNU para pagar reparaciones de guerra a gobiernos, bancos y corporaciones. La CCNU "ha otorgado más de 32 mil millones [en reclamos], y más de 9,5 mil millones de dólares han sido pagados bajo el régimen de alimentos-por-petróleo." Estos precedentes son importantes para comprender la guerra en Yugoslavia. Aunque la OTAN no ha hecho declaraciones oficiales, el marco y la burocracia de la CCNU podrían en alguna fecha futura ser extendidos a la cobranza de reparaciones de guerra de Yugoslavia. Los procedimientos de reclamaciones de la CCNU se basan en una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU de 1991 que establece la responsabilidad de Irak por la guerra del Golfo bajo la ley internacional.

En el caso de Yugoslavia, el Presidente Milosevic es acusado por el tribunal de la Haya de "crímenes contra la humanidad y violaciones de las leyes o costumbres de la guerra". Siguiendo el precedente de Irak, una decisión del tribunal de la Haya respecto al Presidente Milosevic podría constituir la base para la formulación de una Resolución similar del Consejo de Seguridad de la ONU, estableciendo la responsabilidad del gobierno y el pueblo de Yugoslavia por las "pérdidas directas y daños a los gobiernos, nacionales y corporaciones extranjeras", incluyendo "los costos de la campaña aérea." Reescribiendo la historia

Los recientes acontecimientos han mostrado cómo las realidades pueden ser retorcidas por el agresor y su máquina de propaganda. La intención de la OTAN es de deformar descaradamente el curso de los eventos y manipular la escritura de la historia moderna. Por ello es esencial que el pueblo yugoslavo se mantenga unido en su decisión. Debe comprenderse también que la "demonización" del pueblo serbio y del Presidente Slobodan Milosevic junto con la provocación de conflictos étnicos tiene el propósito de imponer el "mercado libre" y hacer respetar el Nuevo Orden Mundial en todos los países balcánicos.

Internacionalmente, los diferentes movimientos contra las reformas del FMI, del Banco Mundial y de la OMC, deben comprender que la guerra y la globalización son procesos interconectados.

Aplicada en todo el mundo, la única promesa del "libre mercado" es un Mundo de campesinos sin tierras, fábricas cerradas, trabajadores sin trabajo y programas sociales destruidos con la "amarga medicina económica" bajo la custodia del FMI, el Banco Mundial y la OMC como única receta. Además, la militarización constituye crecientemente el medio para imponer esas mortíferas reformas macroeconómicas.

La lucha de Yugoslavia por preservar su soberanía nacional es –en esta coyuntura de su historia en particular- parte del movimiento más amplio contra el Nuevo Orden Mundial y la imposición en todo el mundo de una agenda política uniforme neoliberal bajo la supervisión del FMI, el Banco Mundial y la OMC. Detrás de estas organizaciones –que se interrelacionan de rutina con la OTAN- están las potencias de los establishments financieros de EE.UU. y Europa y el completo militar-industrial occidental.