1 de abril del 2002

Uruguay: Nuevos paradigmas del modelo

La “carta de ilusión” firmada con el FMI

Carlos Santiago

LA REPUBLICA (1) denominaba en una nota editorial, a la reciente "Carta de Intención" firmada por el gobierno uruguayo con el Fondo Monetario Internacional, como una "carta de ilusión" Y lo hacía bien. Una lectura algo superficial del mamotreto con que cada año el equipo económico demuestra su sumisión ideológica y práctica a ese organismo "internacional", lo demuestra. En realidad allí se expresan los elementos de la política económica que quiere EE.UU. apliquen los países que están en su área de influencia y que son aceptados, sin críticas.

Pero son tantas las "picardías" con qué el equipo económico quiere convencer a los auditores llegados del norte, que si no fuera ello una tragedia para el país, deberíamos tomarlo con una exultante actitud para comentar en los cafés.

El equipo económico, como la excusa es de buen recibo por parte de los técnicos del FMI, sigue sosteniendo que los "impactos externos" son los que han perjudicado a Uruguay y que, en razón de ellos -producidos en una seguidilla implacable- el país no ha podido ingresar en la senda de la recuperación económica y el desarrollo. Allí mencionan por lo menos tres "impactos": la epidemia de aftosa, la crisis en Argentina y, la última novedad, los problemas energéticos de Brasil que ahora integran también el grupo de las "siete plagas de Egipto" que han malogrado la "eficiente" labor de nuestro equipo económico.

Ni siquiera vale la pena analizar tanta superficial palabrería, expresada en un estilo engorroso e imbuido de un intento de asimilar el escrito al que los tecnócratas, de otros países, entregan a los funcionarios del organismo "internacional".

Loa funcionarios del FMI llegan para entregar sus recetas de cuatro puntos y "ayudar" a redactar las sacrosantas "cartas de ilusión". Por supuesto, como solo toman contacto con los miembros del equipo económico y los mozos de los hoteles de cinco estrellas donde se alojan, no logran entender nada de la realidad cotidiana.

No comprenden, porque si lo hicieran mirarían desde su soberbia, con otros ojos, quizás más críticos o más risueños, a su contraparte uruguaya, que ha logrado el triste récord de que ninguno de los anuncios realizados se haya cumplido. Ni los vinculados a la reactivación económica, ni al abatimiento del déficit, ni al mejoramiento del empleo, ni a la reorganización del Estado, ni a la reducción del gasto estatal, ni nada de nada.

Si esos funcionarios del FMI en lugar de sentarse en el lobby del hotel esperando al auto oficial que los llevara al Ministerio de Economía para participar en otras tediosas jornadas de análisis, en donde pasan frente a sus ojos cifras sin mayor contexto, afirmaciones sin sustento y falacias, (para no utilizar otra palabra), caminaran una pocas cuadras por Montevideo, hablaran con la gente, comprenderían como se les venden "ilusiones" y que las perspectivas que se manejan no son más que expresiones de deseo que, además, no están basadas en ningún elemento tangible que permita probar su viabilidad.

La falta de seriedad de este gobierno y de la coalición que lo sustenta, es trágica en todo sentido. Además todo está impregnado en una evidente carencia de idoneidad técnica que es tan grave como la "politiquería barata" que aparece en cada oportunidad, dos de los elementos que son la base de la mayoría de las decisiones que siguen aplicando.

La muestra más acabada de ello, es el último ajuste recesivo, con qué el gobierno pretende superar la actual crisis, que ya lleva casi cuatro años de vigencia, que se instaló luego que el por entonces presidente Julio María Sanguinetti, su ministro de Economía Luis Mosca y el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Ariel Davrieux, mirando con displicencia la modificación cambiaria aplicada en Brasil, sostuvieran que no había que hacer nada porque allí se produciría un rebrote hiperinflacionario que determinaría un regreso al punto inicial..

El resultado de esa soberbia fue perder al principal mercado externo que tenía la producción uruguaya, quedando nuestros productores, de todas las ramas de exportación, con precios fuera de competencia. Decimos "mercado externo", porque el principal mercado que tiene la producción uruguaya, es el interno.

La debacle provocada por tanta "chachara" e incomprensión de los fenómenos económicos, desató primero una rápida recesión y luego el ingreso del país en una crisis, con grave destrucción de sectores productivos enteros que hoy sigue en pleno auge, sin que haya una sola medida a favor de una reactivación económica.

Ya bajo la presidencia de otro colorado, el doctor Jorge Batlle, que designó al frente de la Economía a un representante de la banca privada, el contador Alberto Bensión, la caída siguió en una progresión rampante.

Nadie pudo prever la epidemia de aftosa, se dice. Quizás porque se siguieron, al respecto, las indicaciones de los mismos organismos internacionales, que escribieron, con mala letra, una receta absurda para Uruguay. Dejar de vacunar y liquidar todas las fábricas y los stock de inoculantes, porque no era concebible un país "libre de aftosa" con esas prevenciones.

Mala letra y peor diagnóstico. Uruguay es el país más pequeño del continente, con fronteras abiertas y hasta un estudiante recién ingresado a algunas de las Facultades que entienden en el tema, sabía que el virus de esa enfermedad transita muchos kilómetros incluso por el aire. Y ni hablar en las ruedas de los vehículos, en el calzado de las personas, en las corrientes de agua.

Como consecuencia de tanto sometimiento ideológico, se produjo el primer gran papelón de nuestro presidente en Washington. Cuando había anunciado en forma reiterada que le plantearía al presidente Bush la apertura de "7 mil carnicerías" en los EE.UU. para vender todas nuestras carnes, unos minutos antes del encuentro debió meter el violín en bolsa. Desde Uruguay le avisaron que estaba ocurriendo aquello que cualquier persona con sentido común podría haber previsto: el comienzo de otra epidemia de aftosa que paralizó, de un día para otro, las exportaciones de carne.

Luego vino la crisis de Argentina, el país paradigmático para el FMI, que cumplió cada una de sus recetas, privatizando todas sus empresas públicas y traspasando también al capital financiero internacional las empresas privadas de importancia. El resultado de la receta fue el mismo que determinó que en Africa cayera el 21 % de su PBI. Los sostenedores del modelo, por supuesto, sostienen que el fracaso argentino se sustenta en los altos índices de corrupción que allí existen y que han hecho colapsar a la clase política del país vecino. Olvidan de señalar, otro elemento que es esencial, que el modelo trae consigo nuevos paradigmas: ya no importa la calidad de las personas, su apego a la ley y a basamentos éticos permanentes. Ellas ahora se miden por la riqueza que pueden ostentar, y como la ética ya no es de recibo, diluyéndose en el marco de coimas, pagos por debajo de la mesa, contrabando de armas o de whisky, lavado de dinero, etc., el resultado de lo ocurrido está a la vista.

¿Qué tiene de distinto lo ocurrido en la Argentina, con algunas cosas que siguen pasando en Uruguay? ¿Cómo se califica, por ejemplo, el salvataje que el gobierno realizó en un banco luego del flagrante delito de uno de sus dueños, mientras sostiene no tener recursos para atender a los afectados por el brutal tornado? ¿Alguien podría defender la pérdida, en tan solo dos meses, de más de mil millones de dólares de reservas del Banco Central, para tapar agujeros financieros y jugar a favor de una gigantesca campaña contra el peso uruguayo, mientras se reducen los aportes a la Escuela Horizonte, o se suspende la comida para los niños en las escuelas? ¿Se puede concebir que siga ANCAP pagando por sus negocios mal concebidos, con algunos "absurdos" como la compra de acciones a mayor precio que su cotización en bolsa, que han determinando perdidas superan los 216 millones de dólares, mientras se retacean recursos para la investigación científica achicando los aportes al PEDECIBA? ¿Es admisible que se siga utilizando a mansalva el arbitrio del contrato de obra para hacer ingresar a la administración pública a cientos y cientos de amigos políticos, mientras no se crea un solo cargo de maestro? Este es el país en que vivimos y esas distorsiones, que serían impensables en el pasado, no son otra cosa que otra consecuencia del modelo que el gobierno sigue llevando adelante.

Un país de servicios, con un sistema financiero floreciente, ideado para actuar como "caja negra" de los argentinos. Un país que tiene asignado el triste papel de ser el mayor exportador de personas del mundo.


1) Diario matutino que se edita en Uruguay.
Carlos Santiago es periodista