1 de junio del 2001

Los caminos (in) transitables en Uruguay

Serpiente monetaria o boa constrictora

Carlos Santiago

¿Cuál es la estabilidad que tenemos los uruguayos?. Evidentemente quienes cobran buenos sueldos fijos y no deben vivir de lo que producen, tanto en el ámbito industrial como agropecuario, o quienes tienen rentas de otro tipo, pueden vanagloriarse de que ahora llegan a fin de mes, que su nivel de consumo – de alguna manera –ha crecido. La "estabilidad", que quiere decir baja inflación, de no más de un dígito y una política cambiaria previsible, permite que esas personas, pese a no recibir incrementos importantes, realicen previsiones de endeudamiento en dólares a mediano y largo plazo, se den el gusto de cambiar el auto cada pocos años, tomarse buenas vacaciones y hasta saldar, de un saque, las deudas en el Banco Hipotecario.

Por supuesto que no estamos hablando del total de los asalariados, pues dejamos de lado a las casi 600 mil personas que tienen problemas con su trabajo y sus necesidades básicas insatisfechas, ni al casi 15 por ciento de desocupados abiertos, ni tampoco a quienes ingresarán en los cómputos del Instituto de Estadísticas y Censo, cuando se contabilicen los meses de la crisis de la aftosa, se tenga en cuenta el cierre de la textil Sudamtex y se deje de computar – como en el último análisis – el crecimiento de la ocupación que se produce en los meses del verano.

También debemos dejar de lado a los productores agropecuarios, a los industriales, que en razón del ancla cambiaria han tenido una rentabilidad negativa durante, por los menos, 14 años. Ello no quiere decir – por supuesto – que la actividad se detuviera, sino que la colocación de nuestros productos en el exterior se hizo cada vez más difícil y los beneficios para el país cada día menores. Las pérdidas por esa política de calcula entre 10 mil a 12 mil millones de dólares, suma en la que se empobreció el país durante ese período. Sin embargo, estos sectores, también usufructuaron la otra parte del fenómeno de "estabilidad", endeudándose en dólares no solo para financiar su actividad sino para adquirir bienes durables de todo tipo.

Por ello, cuando el presidente Jorge Batlle, habla de estudiar algún tipo de "serpiente monetaria" que debería abarcar, modificando la política cambiaria, a los países del Mercosur, es la hora de comenzar a preocuparse por otro perfil que si se maneja como el gobierno ha hecho las cosas hasta ahora, puede ser catastrófico. Una población masivamente endeudada en dólares, en razón de las políticas de los sucesivos gobiernos, ¿podría enfrentar el ingreso del país a una llamada "serpiente monetaria?", Que es una forma de explicar lo que ocurrió en Europa: Cuando Francia (para manejar un ejemplo) devaluaba, inmediatamente lo hacía España, Alemania y los demás países de la Unión Europea. Cuando lo hacía este último país, los demás socios de la UE también lo hacían.

Batlle ahora admite –con otras palabras - que es posible abandonar la "estabilidad" y acompasarse en la política cambiaria con nuestros vecinos.

¿Qué significa ello? Nada más y nada menos que quebrar otra "tablita" de previsibilidad monetaria, pues para acercarse al nivel de Brasil el salto debería ser enorme. Recordemos que el país norteño devaluó un 120 por ciento en dos años y, para colmo, la situación argentina dista mucho de ser segura. ¿Qué pasaría con los sectores que tienen deudas en dólares? Obviamente dejarán de pagar y la crisis se multiplicará a todo nivel. Por otra parte el propio gobierno tiene expresada su deuda también en dólares, por lo qué, una modificación de la política cambiaria, también determinaría un desfonde de sus arcas. Y podríamos seguir poniendo ejemplos: Los préstamos en dólares que está hoy proclamando como una solución para la vivienda el BHU, ¿seguirán adelante? ¿Qué pasará con los que se han endeudado en esa moneda?. Todo un callejón sin salida.

Hasta hoy la política económica del gobierno ha hecho pagar los platos rotos siempre a los mismos. Los últimos impuestos recaen sobre la gente y, por supuesto no, sobre quienes siguen lucrando en una plaza cada vez más reducida, cobrando intereses altísimos (usureros), en una actividad que tiene el absoluto respaldo del gobierno. Recordemos, por ejemplo, que no hace mucho tiempo hubo 45 millones de dólares para que el desfondado Banco de Crédito siguiera operando, fusionándose con el Pan de Azúcar y para aliviar, también, la cartera del banco La Caja Obrera.

¿Alguien recuerda una igual generosidad para otra actividad del país? Generosidad que es histórica y que de nada ha servido al desarrollo, pues esas instituciones siguen parasitando nuestra economía, siendo una de las principales causas de los altos costos de la producción nacional. Cuando se habla de los riesgos del dinero, hay que preguntarse: ¿Cuál de estas instituciones debió claudicar en sus negocios en razón de "inseguridades" y morosidad, si siempre contó con el irrestricto apoyo del gobierno? Además, hay que saber que los altos intereses que cobran y que convierten la actividad en un buen negocio, son el resultado de la situación del Banco de la República, que para sobrellevar sus carteras pesadas y su peso burocrático, está en la punta del proceso sin poder reducir su "spred".

La situación que soportamos es la de un país en donde la economía, llena de contradicciones y malas políticas, no funciona como debiera. La de un gobierno que transita, caminos probadamente ineficaces, que tiene como único mecanismo para recaudar castigar a la gente que cobra en pesos uruguayos y que ya paga tarifas récord para el continente por combustibles, energía y comunicaciones. Sin olvidar otros dos guarismos inimaginables en otras economías: el costo del dinero y la imposición que debe pagar por cada actividad que realiza.

Creemos que este país tiene salidas, pero no son las que da el gobierno. Y, cuidado, que la serpiente monetaria de la que ahora se habla no se convierta en una boa constrictora que nos aprisione a todos.


Carlos Santiago es periodista, secretario de redacción de Bitácora.