23 de abril del 2002

Desconcierto en la crisis

Uruguay: La devaluación y sus consecuencias

Carlos Santiago

Vivimos tiempos difíciles y la política económica, basada en la utilización del endeudamiento para tapar los agujeros que deja el empobrecimiento general, los hace mucho más. En el marco de esta situación que calificaríamos como de desconcierto en la crisis, algunos economistas han comenzado a manejar el tema de una "maxi devaluación", como forma de lograr un shock exportador que inicie, de alguna forma, un camino hacia la reactivación.

En primer lugar, para intentar analizar en profundidad esa propuesta, es bueno recordar que el peso uruguayo, con la actual política de banda de flotación, se devalúa anualmente en un 33 por ciento y esa cifra puede ser mayor porque el espacio de flotación deja una variabilidad de 12 puntos. Esto está claro, como también que la dramática situación argentina, de alguna manera, por la depreciación constante y especulativa de su moneda, puede afectar nuestras exportaciones. Sin embargo sería absurdo que se pretendiera llagar a nivelar el precio en dólares de nuestros productos, bajando los costos internos por medio de una maxi devaluación.

El camino propuesto sería el de igualar pobrezas, para comercializar más fácilmente los "comoditis", pues – como hemos dicho varias veces – el aparato productivo del país está maltrecho y, en la actual situación, sin consumo interno y sin créditos, no podrá recuperarse.

Pero, como lo haría Perogrullo, debemos recordar algunos efectos de la medida propuesta:
-Los más afectados por una "maxi devaluación" serían nuevamente los asalariados y jubilados, ya que con los mismos sueldos y haberes no podrán comprar lo mismo que hasta ahora por un obligado aumento de los precios al consumidor.

-Las empresas, de la más diversa índole, que funcionan en base a elementos importados, verán también aumentar sus costos que, por la pobreza del mercado, no podrán ser absorbidos por los consumidores. Por lo tanto caerán nuevamente las ventas. La deflación está instalada en el país, bien lo sabemos, y la misma que hoy se evidencia en el comercio, en caso de devaluación le daría un golpe de gracia a infinidad de empresas que todavía subsisten que no podrían afrontar la nueva realidad, más recesiva aún.

-Las empresas públicas también tienen insumos dolarizados que de inmediato trasladan a los precios finales. Si se aplica una "maxi devaluación" se produciría un notable aumento en los servicios de energía, combustibles, comunicaciones, etc. UTE ya no cortaría 8 mil servicios por mes, ni ANTEL dejaría teléfono a otra decenas de miles. Esas pesadas cifras de la crisis se verían notablemente incrementadas, y el IVA que se paga por esos servicios ya no sería recaudado por la DGI.

- También se verán encarecidos los envíos al exterior y los fletes tanto de ida como de vuelta, etc. Los importadores también sentirán las consecuencias del encarecimiento de los insumos provenientes del exterior hecho que, en la actual situación, determinaría una nueva reducción de la actividad pues el aparato productivo todavía vigente no estaría en condiciones de absorber el golpe ¿de gracia? -Las propiedades también perderían su valor en dólares. Cualquiera comprende que la expresión en dólares del precio de una propiedad es antojadiza, pues la misma tiene una relación directa con los ingresos en pesos de los participantes del mercado. En el caso de los alquileres los propietarios no percibirán el mismo valor traducido al dólar -El déficit fiscal, además, tendrá otro motivo para crecer, pues el valor de la recaudación, que es en pesos, se reducirá por la caída del valor de la moneda en curso frente al dólar. Pero además los pesos que recaudarían la DGI y el BPS serían más flacos, lo que contrastaría con las obligaciones, expresadas en dólares, que serían más gordas.

-Por lo tanto el endeudamiento récord que se tiene con el exterior y el de las obligaciones del Estado (léase bonos y letras de tesorería), multiplicaría su peso.

-Otras entidades, que también recaudan en pesos u otros medios de pago, como la dichosa UR que utiliza el Banco Hipotecario del Uruguay, pero tienen obligaciones en dólares, sufrirían otro desfasaje en su economía que podría tener un destino fatal.

-¿Quiénes se beneficiarán?. En primer lugar los tenedores de dólares y particularmente las entidades financieras que se han pasado al billete verde. En segundo lugar, pero en un muy corto plazo, los exportadores que luego de una "maxi devaluación" obtendrían una mayor cantidad de pesos por la mercadería vendida en dólares. Sin embargo, en la actual coyuntura de crisis, entendemos que ese logro no podría mantenerse durante mucho tiempo, pues el gobierno reimplantaría las retenciones. ¿Por qué? La lógica dice que ese sector es el único que resaltaría en el páramo de pobreza en que se encontraría el resto de la sociedad. Además paralelamente la efímera diferencia comenzaría a achicarse por el inmediato despegue inflacionario.

Recordemos que cuando se debió modificar la relación de la moneda, en el año '98 luego de la devaluación brasileña que afectaba directamente a la mayor parte de las exportaciones del país (el 40 %), el gobierno colorado de la época prefirió la parálisis, que de inmediato se trasmitió a todos quienes producían para vender a Brasil. El atraso cambiario de un día para otro hizo que nuestras exportaciones se redujeran dramáticamente.

Cuando la reciente crisis argentina, el gobierno más por una presión especulativa de los grandes bancos, modificó el ritmo de devaluatorio y duplicó el ancho de la banda, ello no determinó ningún efecto en nuestro comercio exterior que siguió cayendo. Pese a esa caída del peso frente al dólar, la crisis de las exportaciones se mantuvo ya que la misma no solo es el resultado de que los precios relativos con Argentina, por el momento, competitivos para el país vecino, sino también de otros factores que afectan al comercio mundial. Tengamos también en cuenta que en Argentina se está registrando un promedio inflacionario del 5 % semanal, estando ese país en un prolegómeno de la hiper inflación que no se desata en toda su magnitud por la falta de dinero en circulación.

Por otra parte y como consecuencia de no tomar medidas en el '98, en Uruguay se produjo una evidente destrucción de riqueza que, en muchos aspectos, determinó la parálisis del aparato productivo afectado por el atraso cambiario a lo que se sumó la caída del consumo.

Una "maxi devaluación" hoy serviría solo para extender la pobreza, lograr que se multiplicara el déficit fiscal y se acercara el efecto que denomina esa palabra tan fea (cómo expresa el doctor Ramón Díaz), que es "default". ¿Se exportaría más?. Quizás algunos "comoditis" saldrían con algo más de fluidez, pero ello no significaría mejorar las condiciones de aparato productivo, afectado por altísimos costos operativos provenientes de precios de insumos, tarifas públicas y peso del Estado, que se expresan en imposiciones crecientes.

También, y ello es fundamental, por el desfallecimiento del consumo.

La "maxi devaluación" es un instrumento que se puede aplicar en un marco de confianza, o por lo menos, de estabilidad económica. En una economía en recesión, una medida de esas características determinaría solo más pobreza.


Carlos Santiago es periodista, secretario de redacción de Bitácora.