16 de mayo del 2001

El desconcierto agrava la crisis Argentina

Dafne Sabanes Plou
Servicio Informativo "alai-amlatina"

Como si a Carlos Alvarez no le hubiera bastado con renunciar a la vicepresidencia de la Nación en octubre pasado, ahora acaba de renunciar a la presidencia del FREPASO, partido que fundó con tanto ímpetu pocos años atrás y que conformó con la Unión Cívica Radical la alianza que conquistó dos triunfos electorales sucesivos, en 1997 y 1999, y ahora gobierna en Argentina. Este alejamiento de Alvarez de la política partidaria, al menos por un tiempo, es uno de los elementos que contribuye al enorme desconcierto que existe en este momento tanto entre políticos como en la población.

La Alianza gobernante ha perdido la popularidad que la llevó al poder, con el agravante de que sus votantes habían puesto mucha esperanza en el cambio de gestión que podía surgir del gobierno de esta coalición, que prometía luchar contra la corrupción y sacar al país del estancamiento y de la recesión económica en la cual está sumido desde hace 40 meses. Los cambios no ocurren, el discurso se vacía y el regreso de algunos personajes a los primeros puestos del gobierno, como el ministro de Economía Domingo Cavallo, han hecho que la ya opaca administración de De la Rúa se ensombrezca aún más ante la falta de logros políticos y económicos.

El gobierno de la Alianza no ha logrado mantener unida a la bancada de diputados en el Congreso de la Nación. Los legisladores del FREPASO ya vieron abandonar sus filas a varios miembros. De sus 38 diputados, sólo quedan fieles 25, mientras que el resto se ha repartido en varios pequeños bloques. A la Unión Cívica Radical no le va mejor. La diputada Elisa Carrió se alejó del bloque y trabaja armónicamente con los diputados del Partido Socialista Democrático, que antes pertenecían al FREPASO. Otra veintena de diputados radicales que responden al ex ministro del Interior, Federico Storani, también están alzando voces críticas contra el gobierno de De la Rúa. En las últimas votaciones, la Alianza por la República, que es el partido que preside Domingo Cavallo, llegó a votar algunas leyes en consonancia con la Alianza. Algo impensable pocos meses atrás.

Por su parte, el Partido Justicialista está lejos de festejar las desgracias de sus opositores. Carlos Menem, quien preside este partido, ha sido citado para declarar por el contrabando de armas a Croacia y a Ecuador, acusado de haber encabezado una organización ilícita para tal fin. Deberá hacerlo ante un juez federal el 13 de julio próximo y todo el país está pendiente de lo que pueda ocurrir. Los gobernadores peronistas de las provincias más importantes si bien protestaron públicamente contra esta citación, ahora tratan de despegarse del ex presidente y comienzan a fortalecer sus propios bloques de diputados. El bloque justicialista se ve así dividido en tres grandes grupos: unos 15 diputados responden todavía a Carlos Menem; unos 40 a los gobernadores de las provincias de Córdoba y Santa Fé, José de la Sota y Carlos Reuteman, y otros 45 al ex candidato presidencial Eduardo Duhalde y al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Ruckauf. Ambos fueron vicepresidentes de Carlos Menem y sostienen un viejo encono con su antiguo líder. Además, Ruckauf tiene fuertes aspiraciones presidenciales para el 2003.

Posibles alianzas con Cavallo Si bien una parte importante de la Alianza aceptó la participación de Cavallo en el gobierno a regañadientes, el ala que responde a De la Rúa no ve mal su alianza con este superministro y espera que los réditos económicos que obtenga les ayuden a seguir gobernando. No obstante, les es casi imposible convencer al grueso del radicalismo de incluir a candidatos cavallistas en sus listas o de aliarse de alguna manera con el partido del ministro de Economía para las próximas elecciones legislativas.

Este rechazo está siendo aprovechado por Carlos Ruckauf y Eduardo Duhalde, quienes están ofreciendo a Cavallo una alianza electoral para octubre próximo. Esto enrarece mucho la situación política porque podría darse el caso de que el partido del ministro se encontrara sustentando tanto la tarea del gobierno como participando de la oposición legislativa.

Mientras tanto, la gestión que Cavallo inició con éxito aparente está mostrando serios problemas. El riesgo país continúa por encima de los 1000 puntos y Cavallo ha debido pagar altas tasas de interés por préstamos al Estado en el mercado local, a pesar de sus primeros intentos de poner coto al avance de los banqueros sobre las decisiones del gobierno en materia económica. Debido a la recesión, que ya parece interminable, la recaudación tributaria ha bajado sustancialmente. La creación de nuevos impuestos y la aplicación generalizada del Impuesto al Valor Agregado (IVA), que en Argentina llega al 21%, con el fin de disminuir el déficit presupuestario no logran aplacar las dudas de los inversores que temen una cesación de pagos, mientras se retrae aún más el consumo interno.

Cavallo ha debido dejar su plan inicial de producir un shock reactivador de la economía argentina para refugiarse en las recetas clásicas que implican más ajuste. Pero llama la atención que tanto en el gobierno como en la oposición se lo continúe considerando como un aliado valioso. ?Querrá decir esto que sin importar quien esté en el gobierno, la política económica continuaría siendo la misma? Quizá técnicos y políticos neoliberales piensen que no hay otro camino, pero no así el ciudadano común que enfrenta múltiples necesidades insatisfechas día a día. Entre ellos, los desocupados organizados como "piqueteros" ya están cortando las calles de Buenos Aires; los discapacitados dejan 200 sillas de ruedas vacías frente a la Casa Rosada para pedir políticas públicas que los tengan en cuenta; los movimientos de niños y niñas de la calle y trabajadores han iniciado una marcha a lo largo del país solicitando acceso a la educación, a la salud y a una vida digna. Muchas promesas incumplidas llevan a la población a la calle, en protesta estridente y resistencia no violenta, para que sus derechos sean respetados y se escuchen sus reclamos.