16 de julio del 2001

Argentina: Gobierno atado a las maniobras de los banqueros

Dafne Sabanes Plou
Servicio Informativo "alai-amlatina"

El anuncio de un fuerte ajuste en las cuentas públicas pronunciado por Domingo Cavallo en la noche del miércoles 11 de julio no dio el resultado esperado. A pesar de la ortodoxia neoliberal reflejada en su discurso, el riesgo país siguió disparándose al día siguiente hasta llegar a los 1500 puntos, cifra alcanzada sólo durante la crisis del Tequila, en 1995, y la bolsa de valores se derrumbó estrepitosamente. Según los analistas, "el mercado" había recibido bien los anuncios económicos pero esperaba también importantes respuestas políticas a sus reclamos. Esto, sin duda, es parte de las maniobras con que un puñado de poderosos banqueros pretende dominar las más altas decisiones que se toman en el país.

Debido a que Argentina ha perdido prácticamente el acceso al crédito internacional, los bancos locales están ganando cifras millonarias gracias a los préstamos a altas tasas de interés al gobierno nacional. La última licitación de bonos públicos fue recibida en el pequeño mercado argentino con una tasa del 15% anual, a pesar de las protestas del ministro de Economía quien a poco de hacerse cargo de esta cartera había sostenido una pulseada con los banqueros en la que, a los gritos, había señalado que no pagaría tasas tan altas. En las últimas licitaciones había logrado pactar tasas de alrededor del 8%.

Pero en esta oportunidad, la realidad ha sido más dura y más fuerte que la voluntad del ministro, quien ya dejó su discurso a favor de la competitividad y el crecimiento, para encerrarse nuevamente en una concepción fiscalista de la economía con la que seguramente no logrará los rápidos resultados de reactivación esperados, con los que pensaba respaldar su candidatura a la presidencia de la Nación en las elecciones generales de 2003.

Las víctimas

El ministro prometió "déficit cero" en las cuentas públicas y apuntó a una nueva rebaja en los salarios de los empleados públicos, que ya sufrieron una quita del 12% en sus ingresos a mediados del 2000, y también a una rebaja del 8% en las jubilaciones y pensiones que paga el Estado. Cuando en un programa televisivo se le preguntó que aporte harían los empresarios y banqueros a este nuevo plan económico, ya que parecía que el mayor peso recaía nuevamente en los sectores de menores ingresos y en los trabajadores y empleados, Cavallo respondió sin inmutarse que ellos deberán pagar los impuestos y cumplir con los requerimientos de la ley al respecto. O sea que, mientras a los más débiles se les impone un recorte en sus ya magros ingresos, el castigo a los más poderosos será cumplir con las leyes impositivas, que como es sabido, se violan abiertamente en el país y rara vez se persigue policialmente a un evasor.

Desde los sindicatos, ya han comenzado a escucharse voces de condena a este nuevo ajuste económico y también duras críticas a los banqueros. "Son usureros", dijo Rodolfo Daer, secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT), un organismo criticado por propender a la negociación que soslaya los reclamos reales de los trabajadores. Mientras a los ahorristas se les paga un escaso 4% anual, estas tasas desmedidas no pueden ser calificadas de otras manera, aseguró.

El dirigente Hugo Moyano, más combativo y de la CGT disidente, también reaccionó con dureza a las nuevas medidas y prometió que los gremios que responde a su conducción no se quedarán con los brazos cruzados. Para Víctor de Genaro, de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), la situación es más complicada.

Su organización nuclea principalmente a los empleados públicos y docentes, quienes son las principales víctimas del nuevo ajuste.

Estos sindicatos tienen una larga experiencia en la lucha por sus derechos laborales y seguramente también harán oír su protesta.

El duro ajuste también llegará a las provincias, incluyendo a la poderosa provincia de Buenos Aires, donde su gobernador Carlos Ruckauf, quien aspira a ser candidato a la presidencia por el Partido Justicialista en 2003, se verá obligado a pagar en bonos, al menos parcialmente, los salarios de toda la administración pública. Esta medida podría dar por tierra con sus sueños presidenciales, pero una administración dispendiosa heredada de Eduardo Duhalde y nunca corregida debidamente, está provocando estragos en la provincia más rica del país.

Los propios partidos que integran la Alianza gobernante también están haciendo llegar sus críticas a los banqueros, a los que algunos dirigentes llamaron directamente "extorsionadores", y a las nuevas medidas económicas. Cuando en el pasado mes de marzo, el economista López Murphy pretendió instalar un plan similar, aunque no tan duro, fueron varias las principales figuras aliancistas las que renunciaron a sus cargos, entre ellas el ministro del Interior, Federico Storani, antiguo dirigente estudiantil que ahora encabeza una corriente opositora a De la Rúa dentro de la Unión Cívica Radical.

Movidas menemistas

El presidente De la Rúa está cada vez más debilitado y más jaqueado por el poder económico. La ortodoxia neoliberal está ahora agrupada en el grupo CEMA (Centro de Estudios Macroeconómicos) en el que siempre militó Roque Fernández, quien fue ministro de Economía durante la última etapa del gobierno de Carlos Menem y reemplazó a Cavallo en esa cartera en 1996. Desde los economistas del CEMA salieron las primeras versiones de que Argentina entraría en un "default", lo que fue negado por Claudio Loser, jefe del Departamento para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional. Los analistas ven estos movimientos del CEMA muy ligados a los operadores de Carlos Menem, quien en arresto domiciliario por el caso del contrabando de armas a Croacia y Ecuador, continúa manejando sus influencias y su poder. Hasta el poderoso banquero Escasany, quien no hace mucho pidió implícitamente que el gobierno reprima a los piqueteros y ha reconocido que no pagó impuestos a las ganancias por el millón de dólares que recibió como dividendos por sus servicios como presidente del Banco de Galicia, declaró a la revista "Veintitrés" que Menem "tuvo una gran presidencia. Como argentino, me produce una gran amargura verlo en esa situación".

Durante al auge de las privatizaciones de empresas estatales, los bancos tuvieron ganancias cuantiosas en Argentina. Ahora ganan con las deudas del Estado. Son muchos los argentinos, en todos los niveles políticos y de los movimientos sociales, que piensan que ya es hora de que el sector financiero y bancario comience a rendir cuentas de sus fabulosas ganancias y de negociados importantes, como los de lavado de dinero a través del Federal Bank, en el que aparecen involucradas varias entidades de renombre.