23 de agosto del 2002

El diluvio neoliberal

W. Bush y su arca que no... es

Elson Concepción Pérez

La leyenda lo recoge así: Arca de Noé, embarcación grande en que se salvaron del diluvio Noé, su familia y cierto número de animales...

Y, aunque pueda haber perecido alguno, ahora, ni se trata de la famosa Arca de Noé ni de una tabla de salvación para que los pueblos de América Latina puedan escapar del diluvio del neoliberalismo y la absorción a que los somete Estados Unidos.

No es el arca con familia y animales ni es Noé el que enrumba hacia destino seguro huyendo al diluvio. Es el neocolonialismo de traje y corbata y hablando inglés que desembarca en las naciones latinoamericanas.

Se trata del Área de Libre Comercio de Las Américas (ALCA), idea del imperio de tener como colonias a todas las naciones de la región. Es anexión en pleno siglo XXI, y para ello la metrópoli imperial envía sus filibusteros, para que "convenzan", con promesas o por la fuerza, a quienes dudan o hacen reticencia a tan peligrosa aventura.

Por supuesto, en la región hay para todos los gustos. Y por eso no es de extrañar que algunos mandatarios del área hasta aplaudieron cuando el Presidente norteamericano firmó el fast track o vía rápida, que le permite promover el comercio y negociar acuerdos internacionales que no podrán ser cambiados por el Congreso de los Estados Unidos.

Hay quienes ni siquiera quieren ver lo que hay detrás de esta ilusión macabra, que es la liquidación de la economía y de la soberanía de Latinoamérica.

Estados Unidos, con una recesión económica en marcha, influye y determina en el deterioro de la economía mundial y, por consiguiente, los países pobres, subdesarrollados, del Sur, se ven más afectados aún, ante las condiciones cada vez más desfavorables de sus mercados, mientras se les impone un neocolonialismo acompañado con políticas neoliberales.

Para muchos especialistas la caótica situación que se asoma —o que ya llegó y entró por todas las puertas de América Latina—, tiene ribetes, incluso, peores que la crisis asiática de años atrás.

Nadie puede dejarse engañar por una acción propagandística y oportunista como la de Washington de prestar 1 500 millones de dólares a Uruguay para que el caos no se generalice en esa nación sudamericana.

Uruguay vive momentos de tensión e incertidumbre con el retiro del sistema bancario de más de 4 500 millones de dólares y la aplicación, por parte del gobierno, de una especie de "corralito" al estilo argentino que, por supuesto, va contra los ahorristas y que ha sido rechazado con protestas de la población.

En este contexto, se especula con una vuelta a la agenda de la administración estadounidense del tema latinoamericano. Por igual los hay que hablan otra vez de la "fruta madura". Y, por mayoría, quienes conciben esta prioridad de Bush y sus colaboradores, a la tesis, ya fracasada pero ahora vuelta a tomar, de la zanahoria y el garrote, como instrumentos de dominación.

Uruguay acaba de recibir la zanahoria. Ahora debe prepararse para el garrote. A Brasil se le anuncian préstamos millonarios, y quienes salgan vencedores en las elecciones presidenciales de octubre próximo, tendrán que "apretarse los cinturones" para poder resistir el látigo o garrote imperial. La prensa brasileña recuerda que en su esfuerzo por cumplir con las exigencias del FMI, el gobierno brasileño había recortado parte del presupuesto dedicado a la merienda escolar.

México, el primer experimento del arca de Bush, con el TLC, arroja saldos negativos muy peligrosos, el primero de ellos que la economía nacional, excesivamente dependiente de la norteamericana, a cuyos mercados exporta el 90% de sus productos, apenas crecerá un 1,5% este año, mientras la pobreza castiga al 50% de los 100 millones de mexicanos.

El caso argentino es archiconocido. Una crisis económica generalizada, acompañada de una deuda externa superior a los 140 000 millones de dólares, tiene al país de la pampa al borde del precipicio y en un estado de ingobernabilidad crítico.

En medio de esta situación, América Latina también vive momentos de humillación, como el de la vergonzante visita del secretario del Tesoro yanki, Paul O'Neill, a Brasilia, Buenos Aires y Montevideo, capitales en las que dijo con desenfado que Estados Unidos quiere avanzar de forma rápida en la aplicación del ALCA y que por ello el presidente W. Bush firmó el fast track.

Las imágenes de protestas populares en cada una de las tres capitales sudamericanas visitadas por el enviado de Bush, dejan clara evidencia de cuál es la situación real en las naciones latinoamericanas, aun antes de entrar en el ALCA, o ser conquistadas por el imperio.

En el caso de Brasil, el propio O'Neill y otros funcionarios norteamericanos, han condicionado ayuda y préstamos a ese gigante latinoamericano al resultado de los próximos comicios.

Debe tenerse en cuenta que esos aparentemente jugosos préstamos son para pagar intereses de la deuda, que en el caso brasileño llega a la astronómica cifra de 300 000 millones de dólares, y nada significan para el desarrollo del país.

Especialistas financieros de Washington especulan en cuanto a que Brasil será el país que determinará la política financiera del gobierno de Bush para América Latina.

Brasil, en el contexto del arca de Bush (ALCA o anexión), tiene un papel decisivo en los planes norteamericanos, tanto por el peso de su economía, como por la influencia de esta en naciones de la región. Habrá que esperar para ver hasta dónde el diluvio del neoliberalismo pueda ser aguantado por nuestros pueblos, y si podrían salvarse como si en vez del ALCA de Bush, estuviésemos en presencia del Arca de Noé.