17 de diciembre del 2001

Enron: El negociador en la sombra de Washington

Tony Clarke
Veualternativa

Enron no es una empresa de energía cualquiera. Recientemente se ha reorganizado para pasar a ser una de las más importantes empresas privadas proveedoras de servicios multisectoriales del mundo. Además de especializarse en la energía, la producción de Enron ahora también incluye una amplia gama de servicios que van desde el transporte al comercio electrónico. Ya que Enron ofrece sus servicios globalmente, las reglas del GAT que están siendo negociadas en la OMC proporcionan las herramientas de poder que pueden utilizarse para derribar cualesquiera barreras que pueden existir al comercio entre países.

Enron tiene una enorme influencia económica y política, a pesar de que actualmente afronta problemas serios. Enron sigue jugando sus bazas a pesar de la investigación que la Comisión de Cambios y del Mercado de Valores realiza sobre las transacciones de su anterior Director financiero. La caída del precio de sus acciones y el casi medio billón de pérdidas que implicaba, se colocan frente a frente a ganancias superiores al billón de pesetas en los dos últimos años. Y aún más importantes son las conexiones de Enron con la Administración de Bush, que hoy por hoy la convierten en una de las empresas más influyentes de Washington.

Y estas conexiones la hacen aún más influyente en las negociaciones de la OMC.

Las negociaciones GAT están diseñadas para proporcionar a las multinacionales las herramientas que les permitirán tomar el mando de lo que queda de común en este planeta. Cada servicio imaginable está sobre la mesa, incluyendo una amplia gama de servicios públicos en los sectores que afectan el ambiente, la cultura, la energía y recursos naturales. Al suprimir progresivamente todas "las barreras" gubernamentales al comercio y la competencia comercial internacional, las reglas del GAT se proponen para aplicarse a prácticamente todas las leyes y medidas de los gobiernos que afecten al comercio de servicios, las leyes laborales y la protección al consumidor, incluyendo regulaciones, directrices, subvenciones y limitaciones sobre el acceso a mercados, sondeos de necesidades económicas y previsiones de contenidos.

CÓMO ENRON CONSIGUE LO QUE QUIERE

Desde que se fundó, hace más de 16 años cuando se dedicaba al negocio de gas natural, Enron rápidamente se ha convertido en una multinacional muy poderosa que se ha diversificado hasta ser una empresa global de servicios. Nació de una fusión en 1985 entre Gas Natural de Houston e Internorth, una empresa de gas natural de Omaha, Nebraska. Enron pronto pasó a ser el distribuidor de tubería de gas natural más importante de Estados Unidos. A mediados de la década de 1990, Enron era el principal comprador y vendedor estadounidense de gas natural y electricidad, con grandes intereses en la industria de la producción eléctrica en el extranjero. Con el cambio de milenio, dirigida por su Presidente Kenneth Lay, se transforma en una empresa de servicios de multisectorial con cinco divisiones principales: Enron En línea, el mayor sitio de comercio electrónico mundial, superando a todos las demás empresas de energía juntas. Enron servicios y aplicaciones de banda ancha, dedicada a las soluciones de ancho de banda en internet. Enron Servicios de Transporte especializada en operaciones de tubería de gas natural tradicionales de la empresa.

Enron Servicios de Energía es ahora el brazo de venta al público de la empresa para la venta de gas natural y la electricidad a usuarios, comercios e industrias. Y, Enron Ventas al por mayor, que en la actualidad factura dos veces más gas natural y electricidad que su competidor más cercano.

Hoy, el comercio de servicios es el sector de crecimiento más rápido de la economía global. Para vender globalmente energía y servicios, Enron necesita que las reglas del GAT le sean favorables y promuevan la liberalización de servicios en otros países y le proporcionen las condiciones para la privatización de los servicios públicos (y entonces pueda hacerse con más filiales).

Las reglas existentes del GAT ya contienen mecanismos, tales como las Normas nacionales, que proporcionan los instrumentos necesarios para obligar a los gobiernos a eliminar las regulaciones y las condiciones que controlan los servicios públicos. Las negociaciones actuales del GAT 2000 en la Organización Mundial del Comercio tienden, no sólo a consolidar estas herramientas sino también a ampliar su alcance para incluir a todos los servicios públicos, desde salud y educación hasta la energía, el agua y el transporte. En resumen, si se adoptan las reglas propuestas por el GAT, se reestructurará radicalmente el papel de los gobiernos con respecto al acceso público a los servicios sociales esenciales en todo el mundo, y llevará a un detrimento de la democracia en sí misma.

EL TRAFICANTE DEL PODER DE LA CASA BLANCA

Entre 1999 y 2000 los beneficios totales de Enron aumentaron un sorprendente 151,3%, pasando de ocho billones de pesetas a veinte billones exactamente. Durante este período, las ventas de electricidad de la empresa se doblaron, principalmente al aprovecharse de la crisis energética de California, mientras que sus ventas en gas natural aumentaron un tercio. En consecuencia, Enron subió al puesto decimosexto de Global Fortune 500 y al puesto octavo en Estados Unidos. En el primer trimestre de 2001, la compañía fijó un aumento de 281% en los ingresos y un aumento de 20% en la renta neta.

Al mismo tiempo, el poder de Enron en la Casa Blanca ha llegado a ser legendario en los círculos de Washington. Si los lazos políticos de la empresa estaban bien cimentados durante las presidencias de George Bush padre y Bill Clinton, están ahora mucho más consolidados con la administración de George W. Bush. El presidente de Enron, Kenneth Lay, está especialmente bien situado. Durante la campaña presidencial del 2000, Lay aportó más dinero que nadie a la campaña de Bush, contribuyendo con sesenta y cinco millones de pesetas. Enron le entregó a Bush otros sesenta millones para la fiesta de investidura.

En lo que se refiere a la política energética, el poder político de Enron en la administración de Bush es impresionante. De acuerdo con el periódico Mother Jones, el presidente de la Enron, Kenneth Lay es el principal consejero de Bush en cuestiones de energía. No sólo es un elemento primordial entre los 48 miembros del consejo que asesora a Bush, sino que también colabora con el vicepresidente Dick Chenney en el desarrollo del nuevo Consejo de Desarrollo de la Política Energética, creado para buscar soluciones a corto plazo a los problemas energéticos. Durante la campaña de las elecciones de 2000, el Comité de Acción Política de Enron contribuyó a las campañas de los senadores Spencer Abraham republicano de Míchigan, que paso a ser ministro de energía de Bush; Jeff Bingaman, demócrata de Nuevo México, que pasó a ser presidente del Comité de Recursos Naturales y Energía en el senado, ahora controlado por los demócratas; y también en la reelección de Tom Delay, republicano de Tejas, que apoyó la ley que propugnaba la liberalización eléctrica en Estados Unidos. Además, tres importantes consejeros de la Casa Blanca, implicados en la política energética de Bush también han recibido acciones o pagos de Enron: Karl Rove, estratega político de Bush, Lawrence Lindsay, consejero económico de Bush y Lewis Libby, jefe de equipo.

LA LIBERALIZACIÓN ENERGÉTICA DE EE.UU., ¿EJEMPLO PARA LA OMC?

La reciente liberalización de los servicios energéticos en Estados Unidos son una demostración del poder político de Enron, y quizá, además, una muestra de cómo las normas del GAT pueden marcar la política internacional. El senador Tom Delay presentó un paquete legislativo que contemplaba la liberalización de la energía, y que es conocido como la Ley Enron en algunos círculos de Washington. Para afianzar su posición hubo una serie de movimientos en la Comisión Federal de Regulación Energética. Primero el presidente de Enron Kenneth Lay y otros representantes de la empresa se entrevistaron con posibles candidatos a cubrir las vacantes en la comisión y el presidente Bush escogió a dos personas recomendadas por Enron. Entonces el New York Times reveló el 26 de mayo de 2001 que el propio Lay escribió al presidente de la comisión Curtis Hebert, diciéndole que si cambiaba sus puntos de vista sobre la liberalización de la energía, Enron continuaría prestándole apoyo en su nuevo cargo.

Herbert se sintió ofendido por la acción de Enron, rehusó su oferta y temió perder su puesto. Una vez más el 26 de mayo, Ken Lay se entrevistó con el actor Arnold Schawartzenegger, el alcalde de Los Angeles Richard Riordan y el antiguo vendedor de valores basura y convicto de fraude Michael Milken para que apoyaran las teorías liberalizadoras de Enron ante lo que entonces parecía ser una crisis energética en ciernes en Estados Unidos.

Entretanto, Enron se aprovechó de la crisis energética de California para hacerse con grandes beneficios. Con la falta de recursos energéticos aparecieron también subidas extraordinarias en los precios y las principales empresas de distribución comercial e industrial que, como Enron, sacaron tajada. En el último trimestre de 2000, Enron se hizo con 68.000 millones de pesetas de beneficios gracias a la crisis de California. El mercado debería estar liberalizado, dicen los dirigentes de Enron, para que la oferta y la demanda resuelva la crisis. Un grupo de empresas, incluida la Enron, están siendo investigadas por funcionarios del estado de California por haber recortado la producción de electricidad para subir precios y aumentar sus beneficios. Además, el Los Angeles Times ha informado que los presidentes de las empresas eléctricas se lucraron personalmente de la crisis. Ken Lay, de la Enron, por ejemplo, se hizo con veinticinco millones de pesetas en el 2000, tres veces más que en 1999 y diez veces más que en 1998.

¿QUIÉN PAGA?

El expediente de la compañía la hace poco deseable en términos de derechos humanos y medio ambiente en las comunidades y los países en donde la empresa funciona. Por ejemplo, Enron utiliza su influencia política internacionalmente a través de las embajadas de Estados Unidos e incluso a la CIA para conseguir contratos lucrativos en ultramar. En la India, Enron ganó un contrato de 560.000 millones de pesetas para construir la central eléctrica de Dhabol en 1995, después de que el entonces embajador de Estados Unidos, Frank Wisner ejerciera una presión enorme sobre el gobierno indio y de que la CIA le proporcionara detalles sobre la estrategia de sus competidores y el proceso de ofertas.

Más adelante, cuando los lugareños protestaban contra la construcción del proyecto de Dhabol que amenazaba su medio ambiente y su sustento, Enron contrató a las fuerzas de seguridad del estado que machacaron a los que protestaban. Según Human Rights Watch, la "representante local de Enron, la empresa Dabhol Power, se benefició directamente de la política oficial de eliminar la disensión transgrediendo los límites de las leyes y a través del hostigamiento de los líderes anti Enron y de los ecologistas, con actuaciones policiales que van de lo arbitrario a lo brutal. La empresa no ha comentado nada sobre las violaciones de los derechos humanos y cuando se le ha preguntado directamente sobre el asunto, ha preferido rechazar toda acusación".

La influencia de Enron también ha tenido consecuencias en otros países también. En 1989, George W. Bush intervino, como gobernador de Tejas, para solicitar al gobierno de Argentina que le concediera a Enron el contrato para construir una tubería de la Argentina a Chile. El ministro Argentino de obras públicas les comentó a los periodistas que la intervención de Bush era prácticamente tráfico de influencias. Sin embargo, el contrato le fue concedido a Enron poco después de que Bush se reuniera públicamente con el entonces presidente argentino. En 1995, la administración de Clinton amenazó cortar la ayuda al desarrollo a Mozambique si no firmaban un contrato para que Enron construyera una conducción desde Mozambique a Suráfrica. El ministro de Recursos Naturales de Mozambique, John Kachamila declaró: "sus diplomáticos, especialmente Mike McKinley (subdirector de la embajada de Estados Unidos), me ha presionado para que firmara un contrato que no era bueno para Mozambique. No actuaba como un diplomático neutral. Era como si trabajara para Enron".