14 de junio del 2002

Terminó en un fracaso la cumbre mundial contra el hambre


Clarín. Argentina

Tenía que ser la cumbre de la acción y, como estaba previsto, fue la asamblea de las palabras. Tras cuatro días de discursos por parte de los representantes de 183 naciones, concluyó con un resonante fracaso la segunda reunión mundial para la lucha contra el hambre y la desnutrición. Durante los 80 horas que duró el encuentro murieron 72 mil famélicos en el mundo.

De los 29 países ricos que debían participar con sus jefes de Estado y de Gobierno en la asamblea, sólo dos se hicieron presentes: el primer ministro Silvio Berlusconi, pues Italia era el país anfitrión, y el jefe del gobierno español, José María Aznar, que vino como presidente de turno de la Unión Europea.

Los grandes líderes mundiales hicieron ostentación de su indiferencia y hasta hostilidad a las deliberaciones de Roma.

Jacques Diuf, el senegalés que es el director general de la FAO —la agencia de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación—, organizadora de la cumbre, negó que la asamblea que concluyó ayer haya sido inútil pero admitió que en cuatro días de retórica continuada, denuncias y clamores, no se logró establecer una estrategia concreta para lograr los 24 mil millones de dólares que hacen falta para reducir a la mitad el número de 800 millones de hambrientos del mundo para el año 2015.

Los líderes de las naciones industriales ni siquiera buscaron pretextos para justificar su ausencia. El presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, recordó que hace poco los mismos líderes vinieron a Roma para firmar el pacto entre la organización militar occidental, la OTAN, y la Rusia del presidente Vladimir Putin. "No vinieron en cambio por los 800 millones de personas que mueren de hambre", destacó el sucesor de Nelson Mandela.

"Para todos nosotros se inicia una carrera contra el tiempo", dijo Diuf.

Los delegados y Berlusconi, que habló también en la sesión de clausura, estaban apremiados por el tiempo y lo demostraron. La conferencia de prensa final fue adelantada dos horas para que todos pudieran asistir por televisión al partido México-Italia, que concentraba mucho más la atención que los dramas ya conocidos de los famélicos.

Berlusconi fue el único líder que asumió compromisos públicos. Italia aporta solo el 0,18% de su riqueza en ayuda, superada en "egoísmo social" únicamente por el 0,13% de Estados Unidos. Pero el jefe del gobierno de Roma dijo que su país rápidamente subirá ese porcentaje hasta el 0,70% para llegar finalmente a la vieja meta de la Década para el Desarrollo, otro fracaso internacional, esta vez de las Naciones Unidas, que había logrado que los países industriales prometieran llegar al 1% de su Producto Bruto Interno.

Berlusconi afirmó que llevará las conclusiones de la asamblea a la reunión cumbre de la Unión Europea que se hará en Sevilla para ponerse de acuerdo en restringir duramente la inmigración desde los países pobres. El premier italiano presentará los reclamos de los países pobres a la cumbre del Grupo de los Ocho (EE.UU., Alemania, Japón, Francia, Gran Bretaña, Italia, Canadá y Rusia) que se reunirá a fin de mes en Canadá.

También durante cuatro días deliberó en Roma una asamblea paralela con más de un millar de Organizaciones No Gubernamentales, que atacó a los países ricos por su egoísmo y el sabotaje de la reunión cumbre. En el encuentro paralelo hubo fuego graneado contra los organismos genéticamente modificados, de los cuales nuestro país es el segundo exportador mundial (sobre todo la soja transgénica, con 11 millones de hectáreas sembradas).

La cumbre de 183 países adoptó una decisión contemporizadora sobre los cultivos transgénicos. En ella se dice que los miembros de la FAO "se comprometen a estudiar y compartir las biotecnologías y a promover su uso responsable, con el fin de mejorar la productividad agrícola de los países en vías de desarrollo".

La asamblea paralela denunció ayer que esta decisión, adoptada por presión de Estados Unidos, "abre de par en par las puertas al uso de cultivos transgénicos para uso agrícola". La sorpresa fue que la delegación de Cuba apoyó decididamente el sembrado de cultivos transgénicos, mientras que los europeos, en principio hostiles, adoptaron una posición que ellos mismos calificaron de "prudente".