28 de mayo del 2001

Balance de la Cumbre de los Países Menos Adelantados

Cumbre de pobreza

Juan Carlos Galindo
Centro de Colaboraciones Solidarias

Del 14 al 20 de mayo de 2001 se ha celebrado en Bruselas la III Conferencia de la ONU de los Países Menos Avanzados (PMA). En esos 49 países la esperanza de vida es de 51 años, más de la mitad de su población (sobre un total de más de 630 millones de personas) vive con menos de un dólar al día, el 43 por ciento no cuenta con acceso al agua potable y sólo el 26 por ciento de los nacimientos son atendidos por personal de salud capacitado.

La Conferencia organizada por la ONU parte de un error: no son países "menos avanzados", son extremadamente pobres. El pago de la deuda externa hace inviable cualquier mínima posibilidad de desarrollo:
en 29 de estos 49 países la deuda se considera insostenible. Lo es en todos, por supuesto, pero no se dice. Tampoco se hace nada por eliminarla. Sólo se pretende "aliviarla". Otro error.

Es cierto que la situación comercial de estos países acentúa su pobreza: participan de menos del 0,5 por ciento del comercio global de bienes y servicios. Pero no lo es que la apertura comercial sea un ideal de progreso. A pesar de la firma, durante la Ronda de Uruguay, del Marco del Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio (en el que se recogían preferencias explícitas para las exportaciones de este grupo de países) el 50 por ciento de sus productos aún se enfrentan a algún tipo de barreras fronterizas en Canadá EEUU y Japón.

Es más, según el Informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la liberalización de la economía y la globalización del comercio supondrán un beneficio de más de 500.000 millones de dólares. Sin embargo, ese mismo proceso, producirá en el África Subsahariana (zona donde se sitúan 34 de los 40 PAMs) pérdidas por valor de 1200 millones de dólares.

El programa aceptado por la Unión Europea "Todo menos armas", que consiste en la apertura progresiva de sus mercados a los productos de estos países, es una buena iniciativa. Sin embargo, está planteada a muy largo plazo y nunca servirá de nada si países como España siguen fomentando conflictos con la venta de armamento. Resumen: retórica y falsas intenciones.

Además, la inversión de capitales extranjeros ha de darse dentro de unas condiciones: no parece que Nike, Reebok o Lego favorezcan el desarrollo de los países en los que instalan sus fábricas.

La ayuda oficial neta al desarrollo ha descendido un 45 por ciento en la década de los 90. La poca ayuda que llega (el 0,05 por ciento del Producto Interior Bruto de los países donantes) es dilapidada por los gobiernos corruptos: aquellos que enriquecen las empresas occidentales de materias primas, aquellos legitimados por los gobiernos que un día fueron metrópolis. Nada se dice de la deuda ecológica de los países occidentales, por ejemplo.

El 50 por ciento de los habitantes de los PAMs son analfabetos. En Uganda, por ejemplo, sólo existe un 1,8 por ciento de escolarizados de tercer grado. Resulta una frivolidad dedicar un informe a tratar la "liberalización de las telecomunicaciones", el "establecimiento de cybercafés", el "aumento del uso de los teléfonos celulares" y denunciar "la falta de una masa crítica de consumidores on-line". Suena a sarcasmo cuando 10 millones de niños mueren al año por desnutrición, malaria, sida.

Desde la pasada "Cumbre del Milenio" celebrada en septiembre de 2000, la ONU pierde a un ritmo vertiginoso la poca legitimidad que le quedaba. Su capacidad de acción es mínima y el excelente trabajo de algunos de sus profesionales queda oculto bajo una tormenta de intereses ajenos.

Sólo la adopción de medidas radicales, es decir, que vayan a la raíz de los problemas, la democratización de sus instituciones y la independencia pueden salvar a la ONU. Quién sabe si también a todos los países pobres.