26 de agosto del 2001

Economistas chilenos analizan crisis económica

"Preocupante aumento de cesantía"

Arnaldo Pérez Guerra

Bajada: En los últimos tres años la cesantía ha crecido de 162.300 a 393.800 personas y personas desde junio de 1999, fluctúa en torno al 15%. Lo que exige medidas inmediatas de parte del gobierno, que sigue manifestando satisfacción porque la cesantía "crece a un ritmo lento". Los miles de cesantes padecen las consecuencias de la "ortodoxia" económica que reprueba una intervención más decisiva del Estado en la actividad productiva, que nos podría sacar del modelo de desarrollo centrado en la extracción de materias primas y subordinado a los acuerdos comerciales internacionales.

El economista Hugo Fazio en su artículo "Aumento de la desocupación" (*), señala, al analizar las cifras de cesantía entregadas por el Departamento de Economía de la Universidad de Chile, que la tasa de desempleo -en el Gran Santiago- aumentó en junio a un 15%: "Un año antes, fue de 14.4%, demostrándose así que no se trata de un problema estacional, sino su magnitud guarda relación con problemas estructurales y con el ciclo económico".

Que estas cifras sean similares a las registradas en junio de 1999 -cuando alcanzó un 15.4%-, en plena recesión, ratifica que la actividad económica del país "volvió a contraerse en el segundo trimestre".

De acuerdo a cifras anteriores a la crisis económica, los desocupados se han más que duplicado: en junio de 1998 representaban un 6.9%. En tres años, el número de desocupados ha crecido de 162.300 a 393.800, aumentando en más de 230.000 personas: "Desde junio de 1999, la tasa fluctúa en torno al 15%. Es una situación que no tiene precedentes desde la crisis de comienzos de los años '80, en dictadura. Constituye un estado de cosas que exige medidas inmediatas. No puede seguir manifestándose 'satisfacción' porque la desocupación crezca a un ritmo que se considera lento".

"RESPONSABILIDAD GUBERNAMENTAL"

Según el economista las cifras del INE también indican que la tasa de desempleo aumenta: "En cifras anualizadas -o sea, eliminando el efecto estacional- aumentan, al pasar del 9.4% (trimestre móvil abril/junio 2000) a 9.7% en los mismos meses del 2001, a pesar de los programas de emergencia para desempleados. (...) Si se suma a las personas incorporadas a los 'programas de emergencia' y el crecimiento normal de la fuerza de trabajo se llega a tasas de desempleo del orden de un 13%".

Para Fazio el crecimiento de las cifras de cesantía tienen directa relación con la contracción de la demanda interna: "En los últimos meses del 2000 la recuperación se frenó, para en el segundo trimestre del 2001, lisa y llanamente, descender. Un indicador indirecto de la evolución de la demanda interna la proporcionan las importaciones, las cuales en el primer semestre sólo crecieron, con relación a los mismos meses del año anterior, en un escaso 0.9% y que disminuyeron en abril-junio -mostrando la contracción de la actividad económica interna- en 5.2%". Lo mismo se observa en las importaciones de bienes de consumo: "se redujeron en los 6 primeros meses del año en 4.7% y en el segundo trimestre en un elevado 12.6%, si se compara con los mismos meses del 2000, como consecuencia de la magnitud del deterioro en la capacidad adquisitiva de la mayoría de la población, resultado de las propias altas tasas de desocupación; del nulo incremento en la masa salarial, el fuerte temor a endeudarse, el deterioro de los pEn cuanto a las importaciones de bienes de capital, éstas aumentaron en el primer semestre en un 9.2%, con relación a enero-junio del 2000, pero se encuentran aún un 31.1% por debajo de los índices de 1998: "En consecuencia, la inversión, a pesar de la recuperación exhibida en los primeros meses del año, continúa fuertemente contraída. En el segundo trimestre, este ritmo recuperativo volvió a detenerse. En doce meses creció sólo en 0.6%".

Hugo Fazio agrega: "La responsabilidad gubernamental por el alto nivel de desocupación es muy alta. El país paga las consecuencias de una política marcadamente ortodoxa que privilegia el resultado presupuestario -en la actual coyuntura cerrar el año con el menor déficit posible- en vez de reactivar la demanda interna, aumentando resueltamente el gasto público. Los programas de emergencia implementados son absolutamente insuficientes. Desde luego que, de no existir estos programas de emergencia, las tasas de desocupación serían todavía superiores".

"SE AGUDIZA PROBLEMA SOCIAL"

Según las cifras gubernamentales, en junio, 100.006 personas se encontraban incorporadas a los programas de emergencia transitorios, lo que equivale a un 1.7% de la fuerza de trabajo: "La incapacidad de la economía para generar puestos de trabajo estables alcanza a, por lo menos, un 16.7% de la fuerza de trabajo, si nos basamos en las estadísticas de la Universidad de Chile. Ello sin considerar a los subocupados ni tampoco a los calificados como inactivos que expresan su disposición a trabajar si se les presenta la oportunidad".

El problema social de la desocupación se agudiza. El estudio de la Universidad de Chile indica que en un 20.5% de los hogares del Gran Santiago existe "una persona desocupada". Los ingresos de esos hogares se contraen sensiblemente: "de acuerdo a esas cifras, los ingresos promedios de los hogares sin desocupados fue en junio de $475.600 mensuales, mientras que aquellos donde coexisten ocupados y desocupados desciende a $310.800, y los que incluyen sólo a desocupados caen a $112.800. Más del 40% de los desocupados permanece en esta condición entre 6 y 12 meses, y un 13% está sin trabajo por más de un año. ¿El Estado puede seguir en lo fundamental sólo de espectador de estas cifras impactantes?".

"FACTORES ESTRUCTURALES"

El economista Raúl González del PET (Programa de Economía del Trabajo) señala que la discusión sobre si la cifra de cesantía se debe a factores estructurales o estacionales, es bizantina: "Todo fenómeno económico siempre tiene factores coyunturales y estructurales incorporados. Pero si se ha producido la discusión es justamente porque algunos han intentado negar los aspectos estructurales que están operando en la actual cifra. Sería ilógico negar que hay factores estacionales en la agricultura o la construcción, pero es mucho más importante analizar los factores de carácter estructural..."

-¿Cuáles son los factores estructurales?

"Primero, en la actividad productiva el dinamismo principal de la economía chilena -no sólo de hoy, pero acentuado en los últimos años- han sido los sectores exportadores primarios. Crecen pero generan poco empleo. Allí tenemos un primer elemento estructural: los sectores más dinámicos desde el punto de vista del crecimiento no son de gran generación de empleo directo. Un ejemplo claro es la minería. Eso nos lleva a preguntarnos ¿cuál es la estructura sectorial de la economía, y en particular la estructura sectorial del crecimiento que necesitamos?.

En segundo lugar, la estructura empresarial de nuestra economía, tiene un pequeño segmento de grandes empresas ligadas al mercado mundial -insumos, tecnología, mercados- que para competir están permanentemente 'racionalizando' o haciendo 'reingenierías', que conducen a una disminución del empleo muchas veces absoluto, una 'disminución de mano de obra por unidad de producto producido'.

Por otro lado, un segmento -en el otro polo- de micro empresas donde, en relación al capital, hay mucho empleo pero son sectores secundarios desde el punto de vista de la dinámica productiva. Se concentra una gran cantidad de empleo, pero con bajísimas remuneraciones, con pocas posibilidades de movilidad profesional, mejoramiento de condiciones de trabajo y salario, se concentran también la accidentabilidad en el trabajo, falta de seguridad social, etc. Allí hay otro aspecto estructural".

"QUÉ DESARROLLO NECESITAMOS"

Para González esto no es posible resolverlo con una política intempestiva. Se plantean problemas decisivos como qué estilo de crecimiento necesitamos, y cómo ubicar al amplio segmento de pequeños empresarios y trabajadores en un estilo de desarrollo distinto al actual. Que permita un mejoramiento en conjunto, porque la precariedad del sistema la padecen los trabajadores. En este aspecto González reconoce que hay un factor estructural activado por uno estacional. La crisis se ha expresado en que el los bancos están mucho más 'cautelosos' respecto de la pequeña y cierto sector de la mediana empresa, en términos de 'renegociación' o 'abrir líneas de créditos'.

-¿Cuáles serían las posibles soluciones para reducir la cesantía?

"Hay que partir de una premisa: una de las condiciones de la 'globalización' es que los estados pierden su capacidad de estructurar sus economías. Las propuestas han ido por dos lados. Una es la 'activación de la demanda agregada interna'. Hay un margen de maniobra que tiene el Estado, en políticas de gasto fiscal. Se necesita esa activación con un cierto sesgo hacia la creación de empleo. El Estado puede ocupar ciertos fondos potenciales, que van desde el préstamo externo hasta el utilizar fondos que existen en capitales en el país, para financiar 'mayor gasto público'.

La otra salida, que la veo más a la altura si asumimos que hay problemas estructurales -porque la anterior ataca la dimensión más coyuntural- es que el Estado tenga una influencia más decisiva para desarrollar ciertos sectores de actividad productiva, sectores que generen empleos de manera más estratégica. Que nos saque del modelo de desarrollo excesivamente centrado en la extracción de materias primas o en una industrialización muy básica.

El problema es que dado el panorama internacional, si el Estado empieza a se involucra activamente, de acuerdo a la ideología dominante aparece como jugando un rol 'que no le corresponde', incluso se le considera una 'competencia desleal' por otros estados.

Ese es un 'entrampamiento' que complica un rol más activo del Estado, que por un lado es necesario para una salida de más largo aliento a la dificultad de crear empleo de buena calidad y por otro, tiene las limitaciones de los acuerdos comerciales internacionales. Chile es uno de los exponentes más destacados en limitar la acción del Estado en términos de estructurar un aparato productivo con mayor posibilidad de creación de empleo.

No es fácil una salida, y plantea un tema político en el fondo: Hasta qué punto hoy los estados, dentro de la globalización y acuerdos comerciales, tienen posibilidades y márgenes de maniobra para desarrollar una función más decisiva en el aparato productivo de sus economías".

(*) Cartas Económicas 29/7/2001. "Aumento de la desocupación es impulsada por contracción de la demanda interna").



Economista Maura Brescia

"SE PUEDE HABLAR DE CESANTÍA ESTRUCTURAL"

Para la economista Maura Brescia el índice de cesantía entregado por el INE de un 9.7%, es engañoso. Afirma que "se puede hablar de cesantía de tipo estructural... Hay áreas donde el índice del INE no se ve reflejado, por ejemplo servicios, construcción y otros, donde hay mayor cesantía. Estas ponderaciones y cifras siempre son controvertidas y dignas de tener otras opiniones. Hay una muy marcada y valedera, que es el 15% de la Universidad de Chile, pienso que está más cerca. Hoy, por lo menos, debe haber un 13% de cesantía. La realidad está entre las dos cifras".

-¿Qué debiera hacer el gobierno para disminuir la cesantía?

"Reactivar efectivamente la pequeña y mediana industria, las PYME. Allí está la base, que le otorguen créditos fiscales, y no a la gran industria o inversores millonarios como se hizo con Luksic, a quien el Banco del Estado 'le otorgó un crédito' para que adquiriera el Banco de Chile. Nada justifica eso. El Estado debiera enfatizar las inversiones en las PYME, bajar los intereses de los créditos bancarios, hipotecarios, de consumo, las casas comerciales, etc. En estos momentos la Banca gana prácticamente un 200 ó 300% de utilidades. Desde 1983 han sido un eterno privilegiado de la economía. No puede ser que la gente esté trabajando para los bancos...".

-Economistas de izquierda proponen que el Estado negocie créditos en el extranjero para invertir en proyectos productivos. Lo mismo podría hacerse con el dinero de las AFP...

"Podría ser una buena solución, siempre y cuando los dineros lleguen efectivamente a esos sectores, y sean de 'producción neta'. El Estado, a través de CODELCO, tiene intención de pedir créditos para nuevas inversiones, pero no es momento que CODELCO se endeude... Lamentablemente, la experiencia es que nunca llega el 100% de esos créditos a destino, el dinero se va perdiendo en el camino, en la 'maraña burocrática'. De los créditos con organismos multilaterales, FMI ó BID, llega menos de un 40% a su destino".