11 de junio del 2002

Cosecha record con record de hambre

La cumbre sobre alimentación bajo el signo del fracaso


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Bajo el signo del fracaso, empezó ayer en Roma la II Cumbre Mundial sobre la Alimentación: el encuentro anterior, hace cuatro años, había fijado el compromiso de reducir la cantidad de hambrientos a la mitad para 2015, pero esto será imposible con el ritmo actual de descenso. Hay 815 millones de personas subalimentadas en el mundo, y cada cuatro segundos una muere de hambre. Sin embargo, varios países ­de los más próximos, como Perú, y de los más pobres, como Ghana­ tuvieron éxito en reducir la cantidad de desnutridos: en todos los casos el éxito consistió en estimular la producción local de alimentos, porque los países donde hay hambrientos no logran autoabastecerse... salvo la Argentina, uno de los principales productores mundiales, donde el hambre viene creciendo de manera alarmante en los últimos meses. Un documento que la entidad ambientalista Greenpeace presentó en la Cumbre observa que los cultivos transgénicos, que se extendieron en el país desde 1996, lejos de solucionar el problema lo agravaron "porque destruyen el ambiente y fomentan una agricultura que, bajo el poder de multinacionales, socava al pequeño productor".

El senegalés Jacques Diouf, director general de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), reiterará hoy en su discurso de apertura lo que sostienen los informes de la entidad: son escasos los avances de los últimos años contra la desnutrición. En la Cumbre de 1996, los 184 países miembros acordaron un programa que, para 2015, debía reducir a la mitad la cantidad de personas desnutridas en el mundo. En 2002, con 815 millones de hambrientos, la FAO estima que para lograr aquel objetivo haría falta que el descenso anual en ese total llegara a 22 millones, en lugar de los 8 millones actuales.

La FAO considera que el objetivo todavía podría alcanzarse si los países desarrollados otorgaran un aporte adicional de 24.000 de dólares por año. Como los ricos, especialmente Estados Unidos, están más dispuestos a gastar en la lucha contra el terrorismo, Diouf subrayó que "la miseria y la injusticia son el principal semillero del que se nutren los grupos terroristas".

Entre tanto, más de 7.800.000 personas, la mayoría mujeres y niños, mueren por año de desnutrición: una cada cuatro segundos. Se estima que en dos tercios de los países pobres hay más gente hambrienta que hace diez años. Los más afectados son Somalia, Afganistán, Mozambique y Haití; en Latinoamérica, además, Bolivia, Nicaragua, Honduras y Guatemala.

El programa que impulsa la FAO conjuga "la inversión en agricultura y desarrollo rural con medidas para potenciar el acceso inmediato a los alimentos para las personas en situación de grave desnutrición".

En paralelo a la reunión oficial, que durará cuatro días, se efectuará el Foro Alternativo de Organizaciones No Gubernamentales, iniciado ayer con una reunión que abrió el propio titular de la FAO. Las ONG empezaron por reclamar "soberanía alimentaria: el derecho de los pueblos a definir sus políticas de producción, distribución y consumo de alimentos".

La FAO reconoció que algunos países lograron avances significativos en la lucha contra el hambre. Son los casos de Ghana, Tailandia, Indonesia, Nigeria, China y Perú. En Tailandia, el gobierno desarrolló una campaña con participación activa de la población para enfrentar la carencia de proteínas y micronutrientes: en lugar de alentar la producción en gran escala, se asistió a los campesinos para que cultivaran más legumbres, para que criaran gallinas y desarrollaran la piscicultura, lo cual mejoró no sólo su alimentación sino su situación económica. La proporción de desnutridos bajó del 30 al 21 por ciento en diez años.

En Perú, en la década del 90 la población con hambre bajó de 9 a 3 millones de personas, o sea del 41 al 13 por ciento de los habitantes.

Funcionó allí un plan de comedores populares que adquiría sus insumos a pequeños agricultores y pescadores. En Ghana, los subalimentados bajaron del 35 al 15 por ciento de la población gracias al desarrollo de variedades resistentes de mandioca. La FAO destaca a este país como ejemplo de que aún los más pobres pueden enfrentar la desnutrición. En China, la cantidad de hambrientos bajó en la última década del 16 al 9 por ciento. Cierto que esto equivale a 116 millones de chinos, la mayor cantidad de subalimentados en un solo país, después de la India.

El hambre gana la partida

"Cosecha record: hambre record" se llama el documento, referido especialmente a la Argentina, que Greenpeace presentó ante la II Cumbre Mundial de la Alimentación. Se refiere al hecho de que, mientras que "en los últimos años las cosechas de soja, maíz, trigo y girasol han agregado records uno tras otro", 18 millones de personas no pueden satisfacer sus necesidades básicas y la canasta básica de alimentos subió el 35,2 por ciento desde diciembre, según datos del Indec.

La entidad ambientalista vincula esta paradoja con la extensión de los cultivos transgénicos, que, desde 1996, "la Argentina adoptó con más entusiasmo que cualquier otro país, excepto Estados Unidos". Greenpeace estima que estos cultivos "no sólo no han hecho nada para mejorar la desnutrición, sino que fomentan un modelo de agricultura industrial que socava la capacidad de autonomía del pequeño y mediano productor y su nivel de reacción cuando el Estado falla".

Según la organización, esto remite a "un modelo agroexportador que responde a los intereses de unos pocos. Los métodos de producción empleados, dependiente de un gran uso de agroquímicos, son ambientalmente destructivos y perjudiciales también para las comunidades locales". Greenpeace observa que "los cultivos reord y la fuerte concentración de tierras han ido de la mano: los pequeños y medianos campos cayeron más de un 30 por ciento entre 1992 y 1999. En 1992, el número de pequeños y medianos productores ascendía a 170.000; en 1999 la cifra cae a 116.000".

Como anuncio de la presentación del documento en la Cumbre de Roma, activistas de Greenpeace desplegaron frente al castillo de San Angel, cerca de la basílica de San Pedro, un cartel de 50 metros que decía:
"Los dictadores de la comida no alimentarán al mundo". Emiliano Ezcurra, miembro de la sección argentina de la entidad, afirmó que "bajo el poder de multinacionales que buscan ser los nuevos amos mundiales de los alimentos, desde los campos hasta la mesa, la seguridad alimentaria en la Argentina entró en un altísimo riesgo".