26 de agosto del 2002

¿Adiós a la hegemonía del dólar?

Hazel Henderson
IPS

El gobierno de George W. Bush está imprimiendo aún mayor velocidad al unilateralismo que ya practicaba. Después de una negativa sin precedentes a firmar el tratado que estableció el Tribunal Penal Internacional (TPI), Estados Unidos está intentando ahora que el Consejo de Seguridad de la ONU lo exima expresamente de ser sometido a la jurisdicción del TPI (y ya ha obtenido esa inmunidad por un año), mientras que Bush sigue abrogando tratados, incluyendo los referidos a las armas químicas y biológicas y a los misiles antibalísticos.

Al mismo tiempo, Bush ha elegido como blanco a altos dirigentes de la ONU, incluyendo a Mary Robinson, que deberá dejar su cargo como Alto Comisionado de las Naciones Unidos para los Derechos Humanos, a Robert Watson, presidente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, y a José Bustani, quien encabezó la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas. Entretanto, el senador Jesse Helms está renovando sus esfuerzos para impedir ulteriores pagos de la deuda de más de 500 millones de dólares de cuotas atrasadas a la ONU todavía pendientes.

La peligrosa guerra global de Bush no puede ser controlada por los votantes estadounidenses, dado que el sistema bipartidista está dominado por poderosos intereses: el Partido Republicano es cautivo de las corporaciones de la energía y el Demócrata de las empresas de telecomunicaciones, de biotecnología y los medios de comunicación, de Hollywood, etcétera.

Las Naciones Unidas es una de las más preeminentes innovaciones del siglo XX y debe ser la base para un sistema multilateral reformado. Un orden planetario más equilibrado debe centrarse en la reforma del sistema financiero mundial, en establecer impuestos a los cambios monetarios y en reducir el insostenible papel del dólar como moneda de reserva internacional de facto, lo que resulta destructivo para todos los países, Estados Unidos incluido.

Un régimen de reservas monetarias mundiales basado en la paridad del dólar estadounidense y del euro sería una solución viable. Esto, junto con una nueva emisión de Derechos Especiales de Giro (DEG) propuesta por todos los países que integran el Fondo Monetario Internacional (FMI) con la única oposición de Estados Unidos, podría conducir a una mayor estabilidad en los mercados monetarios.

Estados Unidos, por otro lado, continúa exhibiendo vulnerabilidad en varias áreas desde el 11 de setiembre. En efecto, aparece vulnerable a los ataques terroristas suicidas incubados por su política en Oriente Medio y por su dependencia del petróleo importado, así como a la erosión de la confianza en los mercados de capital debido a los escándalos financieros.

El más probable fin de la hegemonía de Estados Unidos puede sobrevenir a través de una combinación entre los altos precios del petróleo (provocados por la política estadounidense en Oriente Medio) y una más profunda devaluación del dólar, que es pronosticada por muchos economistas. El escenario podría presentarse como sigue: La extralimitación de Estados Unidos en su guerra al terrorismo , combinada con los históricamente altos déficit comerciales estadounidenses y las depresiones en el mercado de valores hacen que Estados Unidos sea menos atractivo para el capital mundial.

Más países en desarrollo siguen a Venezuela y China en cuanto a la diversificación de sus reservas monetarias mediante la inclusión del euro.

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) toma medidas en alguna de sus discusiones internas y decide (después de una concertada compra de euros en el mercado abierto) anunciar en una futura reunión en Viena que pondrá el precio del petróleo en euros. Un ataque de Estados Unidos a Irak lleva el petróleo a un precio equivalente a 40 dólares por barril.

Fracasan los esfuerzos del gobierno de Bush para controlar la agenda política doméstica. Los perjuicios causados por las fallas de los servicios de inteligencia antes del 11 de setiembre y las advertencias acerca de nuevos ataques terroristas precipitan una nueva caída en el mercado de valores.

Todos los esfuerzos de los demócratas y de los progresistas en materia de energía para cambiar la política sectorial y encaminarla hacia la utilización de productos renovables, la aplicación de más altos impuestos a la gasolina, etcétera, son bloqueados por el gobierno Bush y por sus aliados de las corporaciones petroleras, lo que deja a Estados Unidos vulnerable ante el abastecimiento energético y las oscilaciones de los precios.

La Unión Europea reconoce su propio poder político y económico a medida que el euro sube ulteriormente y se convierte en la otra moneda mundial de reserva. El G-8 acopla al euro y al dólar en una banda monetaria, sustrayendo a estas dos poderosas monedas de las pantallas comerciales de los especuladores (una opción ganadora para todos). Tony Blair convence a los británicos de adoptar el euro.

Los países en desarrollo, al carecer de dólares o de divisas duras empiezan a emplear el trueque para intercambiarse sus desvalorizadas materias primas mediante canjes computarizados y transacciones comerciales alternativas.

¿Cuáles serían los resultados de esta situación hipotética? Estados Unidos no puede continuar sosteniendo su enorme déficit comercial y al mismo tiempo seguir librando su guerra global .

Entonces cesa de perseguir políticas unilaterales. Un nuevo Gobierno comienza a volver a la tradición multilateralista estadounidense, se reincorpora de pleno a la ONU y practica una cooperación internacional más realista.


Hazel Henderson es economista y autora de Beyond Globalization (Más allá de la globalización) y de otros libros sobre el desarrollo ecológico, equitativo y sostenible.