22 de enero del 2002

Chile: Las consecuencias de la concentración bancaria

Hugo Fazio

El año 2002 se inició con la fusión de los bancos de Chile y Edwards, ambos con mayoría accionaria del grupo Luksic, dando así nacimiento a la mayor institución individual del sector. La operación refuerza el proceso de concentración de la banca. A noviembre, su participación de mercado, medida como porcentaje sobre las colocaciones totales, fue de 19,73%.

Los Luksic son el único grupo nacional que crece de manera importante en el sistema bancario.

Consorcios extranjeros copan la banca

Las principales fusiones y adquisiciones restantes realizadas en los últimos años fueron protagonizadas preferentemente por consorcios extranjeros. El BSCH quedó con la propiedad del Banco Santiago, desplazando de su control precisamente al grupo Luksic, que a su vez con la fusión Chile-Edwards retoma un papel protagónico en el sistema. El Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), al pasar a tener la mayoría accionaria absoluta del Bhif, desplazó del control a los Said. Y, finalmente, el canadiense Scotiabank alcanzó el dominio absoluto del ex Banco Sud Americano.

Una presencia superior de mercado que la del grupo Luksic tiene el holding español Santander Central Hispano (BSCH), con una participación a noviembre, si se suman las colocaciones de las dos instituciones que posee -los bancos Santiago y Santander-, de 27,66%. El alto grado de concentración sectorial se expresa en que los dos mayores grupos financieros participan de más del 47% de las colocaciones totales.

La concentración sectorial es aun mayor en las utilidades. Los dos grupos hegemónicos reunieron en los primeros once meses de 2001 el 54,5% de las ganancias totales.

Particularmente, es muy elevado el porcentaje de participación en las ganancias del BSCH, que alcanzó en el lapso mencionado a un 36% de las utilidades sectoriales, superando ampliamente su porcentaje de presencia de mercado. El grupo Luksic captó un 18,5% de las ganancias totales, porcentaje ligeramente inferior a la magnitud de las colocaciones de ambas instituciones, debido al más bajo nivel de ganancias del banco Edwards.

La brecha con el BSCH en materia de utilidades busca reducirla mediante el proceso de fusión.

Bancos: Concentración de colocaciones y utilidades a noviembre 2002
(Fuente: Superintendencia de Bancos. En porcentajes del total)
Bancos Colocaciones Utilidad Controlado por:
Santiago-Santander 27,7 36,0 BSCH ( España)
Chile-Edwards 19,6 18,5 Grupo Luksic
Estado 12,1 5,6 Estado
BCI 8,8 8,3 Grupo Yarur
BBVA-Bhif 5,6 3,0 BBVA ( España)
Corpbanca 4,7 4,8 Grupo Saieh
Dos mayores 47.3 54,5

La concentración produjo la disminución en el número de bancos. Con la fusión Chile-Edwards se reduce su número en el país a 28 desde los 40 que existían en 1990. De ellos, desde el 2 de enero sólo ocho pertenecen a capitales locales. Las instituciones extranjeras son numéricamente las mayoritarias. Por el monto de sus colocaciones, los principales bancos extranjeros son, además de los ya citados - BSCH, BBVA, Sotiabank-, los norteamericanos Citibank y BankBoston.

Menos puestos de trabajo y concentración de utilidades

Permanentemente, surge el tema de cuál es la trascendencia de las fusiones y de una fuerte presencia transnacional. Frecuentemente se minimiza su importancia. De allí la necesidad de examinarla en concreto.

Desde luego, las fusiones y adquisiciones, independientemente de quiénes las efectúen, siempre persiguen el propósito -además de incrementar el peso en la economía- de propender a rentabilidades superiores. Este objetivo está presente en la fusión Edwards-Chile. Uno de sus desafíos es disminuir costos, lo cual incluye reducción de sucursales y de trabajadores. El plan es disminuir en total unos mil puestos de trabajo. En los dos últimos meses del 2001, ya unos trescientos funcionarios fueron cesados.

De esta manera, continúa achicándose el número de trabajadores del sector. En diciembre de 1990, según cifras de la Superintendencia de Bancos, eran 35.487 funcionarios. Hasta diciembre de 1997, su número creció, llegando a 47.195, para iniciar desde entonces una brusca disminución. A mediados de 2001, el número llegó a 39.563, bajando en tres años y medio en 16,2%. Los despidos fruto de la fusión indican que este proceso continúa. La mayor disminución en el número de trabajadores se produjo entre los bancos nacionales privados, reduciéndose desde 20.756 en diciembre de 1990 a 14.790 a mediados de 2001. En cambio, en los bancos extranjeros, entre las mismas fechas, los funcionarios aumentaron, entre otros factores por las fusiones y adquisiciones, de 4.117 a 15.876. Sin embargo, el año pasado en las instituciones controladas por capitales extranjeros su número también comenzó a descender. La productividad por trabajador ha aumentado, pero ello ha ido en lo fundamental en beneficio del empresariado.

Personal bancario 1990-2001
( Fuente: SBIF. A diciembre de cada año, *2001 a junio )
Año nº
1990 35.847
1991 36.635
1992 38.521
1993 41.545
1994 46.317
1995 44.959
1996 46.527
1997 44.959
1998 46.527
1999 47.195
2000 42.464
2001 40.946

En el 2001, los mayores bancos lograron rentabilidades particularmente altas. Las obtenidas por los bancos Chile, Santiago y Santander, en ese orden, fluctuaron a noviembre, en cifras anualizadas, entre 29,98% y 25,78%. Sólo fueron superados por el Deutsche Bank, con un 46,37%, obtenidas prioritariamente a través de operaciones de cambio.

El gobierno autorizó y posibilitó el proceso de fusión Chile-Edwards. Ya a fines del año 2000, dio su visto bueno rápidamente para que el grupo Luksic alcanzase la mayoría accionaria en el Banco de Chile, que fue determinante para el posterior proceso de asociación con el Edwards, en el cual ya tenía la posición hegemónica. Más aun, un crédito del BancoEstado fue usado para financiar el proceso de adquisición.

Freno a reactivación

La concentración bancaria le entrega un papel muy preponderante en el manejo económico global a los grandes grupos financieros, cuyo poder descansa en el uso de los cuantiosos recursos de terceros que intermedian. En la coyuntura de una demanda interna contraída, desempeñaron un papel negativo en los intentos de reactivación, al cobrar tasas de interés extraordinariamente elevadas, no traspasando al mercado la disminución acordada por el Banco Central, y que reduce su costo de financiamiento.

El caso argentino Al mismo tiempo, su incidencia económica los transforma en poderosos grupos de presión. Los dramáticos acontecimientos argentinos lo volvieron a demostrar. En el vecino país, al igual que en Chile, existe un elevado proceso de concentración y transnacionalización. Entre los ocho mayores bancos, cinco son controlados totalmente por consorcios extranjeros: Río de la Plata, con mayoría accionaria del BSCH; Francés, propiedad del BBVA; las filiales de los norteamericanos Citibank y Bankboston; y la del consorcio inglés Hong Kong and Shangai Banking Corp. (HSBC).

Los bancos Santander, BBVA y Citibank son las instituciones financieras de mayor presencia regional. Las formas de presión abiertas e indirectas que realizan en Argentina constituyen, por tanto, experiencias a tener en consideración en distintos países latinoamericanos.

En Argentina, las formas de presión han sido múltiples. "Como si se tratara de un gran campo de batalla pero con muchos contendientes -escribió Página 12-, los grupos económicos nacionales, los extranjeros que capturaron las empresas privatizadas, los bancos, importadores y distribuidores luchan encarnizadamente por defender su espacio. Se trata -agrega la publicación- de que sean "los otros" los que paguen los costos de la... devaluación" (4/1/02).

La presión estadounidense se expresa fundamentalmente a través del FMI y en declaraciones efectuadas en la Casa Blanca. "Hemos dejado en claro -señaló el vocero del Departamento de Estado estadounidense, Chip Barkley- que una vez que el Gobierno (argentino) desarrolle un plan económico sostenible, ayudaremos a la Argentina a través del FMI y otras instituciones internacionales". La idea de un plan sustentable la han vinculado fundamentalmente a la reducción del déficit presupuestario -lo cual les llevó a impulsar los sucesivos ajustes fiscales del gobierno De la Rúa que ahondaron la contracción económica- y, en las últimas semanas, cuando ya su derrumbe era inevitable, a abandonar el tipo de cambio fijo, que antes respaldaron. Les preocupa, obviamente, también que en definitiva se pague a los acreedores, que han lucrado con tasas de interés muy elevadas.

La prensa estadounidense participa igualmente en forma activa. The New York Times sostuvo editorialmente que sería "un trágico error" si se alimentara el sentimiento en la población que viven en una "rica nación sumida en la pobreza por culpa de fuerzas extranjeras. Culpar al mercado libre o a la globalización por los males del país o adoptar un curso excesivamente proteccionista... sólo empeoraría las cosas" (4/1/02).

El derrumbe de la economía argentina no se puede separar de la aplicación de las políticas demandadas por el FMI (y, en último término, por EE.UU.), ni tampoco de la sangría producida a través del servicio de la deuda externa. De igual modo, la crisis argentina está directamente influida por los desequilibrios que produce la dirección que adopten los movimientos de capitales.

Las demandas de los consorcios españoles las hizo suyas el gobierno Aznar. La presión empresarial se transformó en un tema candente de relaciones internacionales, que es una consecuencia muy habitual de la transnacionalización económica. Los cinco mayores consorcios españoles tienen inversiones significativas en Argentina. Ellos son, además de los dos bancos ya mencionados, Endesa España, Telefónica España y Repsol-YPF.

La preocupación de las transnacionales por una devaluación proviene de varios ángulos. De una parte, es por el deterioro de su inversión medida en divisas. La gravitación de las inversiones españolas en Argentina es muy grande, alcanzando en la última década a un 27,7% del monto global. En sólo el año 2000 invirtieron US$2.700 millones. De esa suma, casi un 33% se destinó al sector de bancos y aseguradoras.

En segundo lugar, la preocupación proviene de la certeza que aumentará la magnitud de las carteras vencidas bancarias en una economía con obligaciones en un alto porcentaje expresadas en dólares. Y, finalmente, como acreedores directos de un gobierno fuertemente endeudado, que entró en cesación de pagos. El banco de Río de la Plata tiene unos US$2.500 millones en bonos y préstamos del gobierno. El Francés posee unos US$3.400 millones.

Distinto de los 80

La inserción de la banca transnacional en América Latina es actualmente diferente a la de los años ochenta, cuando se produjo la crisis de la deuda externa. De allí que las presiones adquieran otras formas. En ese momento, el endeudamiento externo se encontraba comprometido ante todo con la banca transnacional. En esos años presionaron abiertamente por el cobro de sus acreencias. En el caso de Chile, cuando se puso fin al tipo de cambio fijo y se produjo el colapso de los principales bancos, demandaron con éxito a la dictadura para que la República de Chile se hiciese cargo de la deuda del sector financiero privado, lo que tuvo un costo para los chilenos de muchos miles de millones de dólares.

Desde la crisis de la deuda, en cambio, los capitales extranjeros llegan preferentemente como inversión, directa y de cartera. Actualmente, en los sistemas bancarios de muchos países latinoamericanos las instituciones financieras de más gravitación regional tienen una presencia significativa interna.

Cargo a los usuarios

Paralelamente, la demanda de las transnacionales españolas es por mantener el privilegio de tener tarifas dolarizadas o por lo menos poder trasladar inmediatamente el porcentaje de devaluación en cobros a los usuarios. Más aun, las tarifas de los servicios tienen diversas cláusulas de indexación en función de los índices de precios de EE.UU. Así acontece en teléfonos en beneficio de Telefónica de España. En el sector eléctrico, los valores tarifarios se relacionan con el dólar y existen dos ajustes anuales basados en la variación de los precios industriales de EE.UU. Ello benefició a Endesa España. En agua potable, las tarifas se dolarizaron en la última renegociación y se aplica un ajuste que considera el comportamiento del índice de precios del sector sanitario de los EE.UU. En las concesiones de autopistas, donde están presentes al igual que en Chile varias empresas ibéricas, los valores están fijados en dólares y se actualizan por la inflación norteamericana.

La presión es por defender al máximo los privilegios obtenidos con cargo a la población, tal cual sucede igualmente en nuestro país. Todos los grandes consorcios españoles se encuentran presentes, a la vez, en la economía chilena. Telefónica, Endesa y el Santander encabezan en el país los respectivos ránkings sectoriales. Telefónica y Endesa han presionado en el país por incrementos en las tarifas reguladas, mediante verdaderas huelgas de inversiones y distintos otros tipos de maniobras. Son hechos que no se puede olvidar cuando se examina la magnitud alcanzada por los procesos de concentración y su influencia en el acontecer económico.