26 de febrero del 2002

A Japón, pasando por Buenos Aires

Luis Oviedo
Prensa Obrera

"¿Japón será la próxima Argentina?" La recurrencia de esta pregunta en los medios financieros internacionales alude a la posibilidad de que el segundo sistema bancario del mundo sufra en el futuro inmediato un colapso similar al ocurrido en nuestro país.

"Los bancos japoneses *dice el Financial Times (29/1)* son técnicamente insolventes (...) el segundo sistema financiero del mundo está esencialmente quebrado". El monto de sus créditos incobrables alcanza la friolera de 320.000 millones de dólares, un 8% del PBI, pero las consultoras privadas lo estiman en más del doble de esa cifra; gracias a la política de "tasa de interés cero" impuesta por el gobierno japonés, "hasta los muertos del mundo corporativo pueden cumplir el pago de intereses"... pero jamás podrán devolver los capitales recibidos (ídem).

En los últimos nueve años, los bancos japoneses han pasado a pérdida nada menos que 536.000 millones de dólares. Pero tan pronto solucionan los problemas de los "créditos viejos", surgen otros nuevos como consecuencia de la persistente devaluación y recesión, que hacen impagables los créditos, incluso con una tasa de interés del 0,001%. Pero esta política, diseñada para evitar una quiebra masiva de empresas y del sistema bancario, ha liquidado los ingresos de los bancos: el interés percibido por cada diez millones de yenes prestados (unos 74.000 dólares) es inferior a dos dólares. ¡No alcanza para tomar un café en el centro de Tokio! Pero incluso a estas tasas, la demanda de crédito por parte de las empresas *endeudadas y con mercados internos y externos en retroceso* es virtualmente nula.

Frente a la montaña de créditos incobrables y la caída vertical de sus ingresos, los grandes bancos japoneses han emprendido una serie de megafusiones y absorciones, que dejaron en pie cinco gigantes. Pero estas "fus iones dictadas por el pánico" (Le Monde, 9/2) no han resuelto nada: "El mayor de los bancos fusionados, el Mizuho Holdings, y dos de sus competidores, UFJ y Sumitomo Mitsui, se encontrarían en situación de virtual quiebra" (ídem). Incluso algunos de los grandes bancos tienen "capital negativo" y hasta se ha comenzado a elaborar para Japón un índice de "posibilidad de sobrevivencia" de los bancos, originalmente diseñado para los bancos latinoamericanos (no se elabora en ningún otro país del mundo).

La envergadura de la crisis bancaria japonesa plantea un nuevo salvataje estatal (el tercero desde el inicio de la crisis en 1989) que costará decenas de miles de millones de dólares, e incluso algunos medios financieros internacionales (Financial Times, Le Monde) no descartan sino que, por el contrario, auspician la nacionalización de los grandes bancos. "La alternativa es un salvataje público o una crisis a la argentina" (Le Monde, 9/2).

Un derrumbe general

La crisis bancaria concentra de una manera aguda el derrumbe de conjunto. El año pasado, el número y el monto de las quiebras alcanzó un nivel récord y el 70% de las empresas japonesas registró pérdidas. En las últimas semanas, la intervención gubernamental aplaudida por los bancos salvó de la quiebra a la mayor cadena de supermercados del Japón. Los bancos, dice un analista, podrían soportar una quiebra de esta envergadura... pero de ninguna manera una cadena de quiebras como la que se anuncia para los próximos meses.

La tendencia a la quiebra se manifiesta en el derrumbe de la producción de bienes y servicios, ¡que se encuentra hoy en el mismo nivel de 1985! (El País, 13/2), en la deflación (que el año pasado fue la mayor de los últimos treinta años y se ha acelerado notoriamente en los primeros meses de este año) y en la caída de las ventas minoristas por quinto año consecutivo. Pero, por sobre todo, lo que pone en evidencia la tendencia general a la quiebra es la sobretasa de interés, del orden de los mil puntos, que deben pagar las empresas japonesas para refinanciar sus deudas.

El derrumbe de la Bolsa de Tokio es imparable: hoy se encuentra en su mínimo histórico, después de haber perdido las tres cuartas partes de su valorización en el curso de una década. La devaluación del yen (20% contra el dólar en las últimas semanas) amenaza con desatar una nueva ronda de devaluaciones competitivas en toda Asia, que pondría en jaque al comercio internacional.

Crisis mundial

Pese a la envergadura de la crisis bancaria, dice la prensa, "no hay pánico" porque se espera un salvataje estatal de la banca. Pero los fracasados salvatajes anteriores han llevado la deuda pública japonesa, prácticamente inexistente a fines de los '80, a un nivel que hoy más que duplica el PBI. El elevado endeudamiento del Estado y su rápido crecimiento, han llevado a las agencias internacionales a degradar la calificación del riesgo de la deuda pública japonesa ¡por debajo de la de Botswana, uno de los países más pobres del Africa! Por cierto, Japón no es Argentina ni Botswana: es una potencia imperialista y el primer acreedor mundial. Pero, un economista japonés advierte que "hay un límite a esta válvula de seguridad". Por eso, explica, "Japón está en una situación extremadamente vulnerable:
ha comenzado un proceso de fuga de capitales, a nivel de los particulares (pero que) las grandes instituciones seguirán si la crisis se acelera". Los inversores externos están vendiendo masivamente los títulos de la deuda japonesa y los inversores japoneses "guardan cada vez menos sus activos en yenes" (ídem), lo que está provocando una avalancha de compras de oro. La caída de la garantía oficial de los depósitos mayores de 10 millones de yenes (74.000 dólares) acelera el traspaso de los depósitos de los bancos pequeños a los grandes y del sistema bancario en su conjunto al oro y a las divisas externas. En este cuadro, la repatriación de los activos japoneses invertidos en el exterior y su conversión en yenes, es "pura teoría". Como cualquiera puede imaginarse, "es ilusorio creer en el nacionalismo de los operadores" (Le Monde, 5/2). Salta a la vista la similitud de los mecanismos de propagación de esta crisis con la argentina.

El derrumbe japonés no sólo es un factor de primer orden de la crisis económica mundial y del agravamiento de los choques entre las potencias imperialistas. Es, también, un elemento de clarificación política porque, después del colapso de la petrolera norteamericana Enron y de la quiebra de la cadena de supermercados Kmart en los Estados Unidos, la crisis bancaria japonesa confirma de manera irrefutable que el derrumbe del capitalismo argentino es un episodio más de una crisis histórica del capitalismo mundial.