29 de octubre del 2001

El Imperio occidental a través de sus obras

Raoul Marc Jennar
ATTAC

Nunca, como a principios de este siglo XXI ha estado el mundo más profundamente dividido. Nunca la diferencia entre los niveles de vida de los países industrializados y los de los países en desarrollo ha sido mayor. Jamás fue tan amplia la brecha entre el Norte y el Sur.

Nunca fue tan frontal la oposición entre los Gobiernos del Norte y los del Sur que en estos momentos previos a la apertura de la 4ª Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC) prevista en Doha, capital de Qatar.

De la catastrófica situación que padece la sociedad humana son primordialmente responsables los países industrializados. Han comprometido deliberadamente la formidable oportunidad que ofrecía el fin de la guerra fría y de la división del mundo en dos bloques ideológicos. En lugar de diseñar un nuevo orden mundial basado en el derecho y la solidaridad, la ideología victoriosa conducida por los EEUU y la Unión europea han querido imponer sus dogmas. Comenzó con los acuerdos de Marruecos en 1994, cuando finalizaba la Ronda Uruguay.

Acuerdos desequilibrados que creaban obligaciones para los países en desarrollo que exceptuaban a los países ricos. Acuerdos aplicados desequilibradamente por una OMC resueltamente puesta al servicio de los países ricos y de sus multinacionales.

Desde Seattle, en donde rechazaron desarrollar un nuevo ciclo de negociaciones incorporando aún muchos más temas bajo la cobertura de la OMC, los países subdesarrollados que constituyen la gran mayoría de los 142 estados miembros de la OMC, han reiterado semana a semana en Ginebra que sea tenido en cuenta uno de los compromisos asumidos en Marruecos: una evaluación de los acuerdos existentes en relación a su impacto socio-económico, ambiental y cultural y su revisión a partir de los resultados. La UE y los EEUU a la cabeza de los países ricos han opuesto tenazmente el más categórico de los rechazos a dicha propuesta.

Este rechazo fue igualmente reiterado el 19 de setiembre en Ginebra cuando los EEUU brutalmente y la UE hipócritamente, a través de un documento, con aires generosos han rechazado toda modificación del acuerdo sobre derechos de propiedad intelectual, modificación solicitada por los países en desarrollo con el objeto de garantizar el acceso a los medicamentos esenciales. Pero Occidente solo trata de proteger los enormes beneficios de las empresas farmacéuticas.

No solo los países ricos rechazan reconocer el fracaso de sus dogmas, en la mayor parte del planeta, sino que perseveran con una arrogancia que desmiente sus circunstanciales propósitos de luchar contra la pobreza. La UE ha encabezado una desenfrenada campaña a favor de un nuevo ciclo de negociaciones destinado a ampliar la cantidad de temas que debieran hacerse extensivos a la totalidad del planeta, el más radical libre comercio, es decir el derecho del más fuerte a estrangular al más débil. Su desregulación del comercio mundial constituye en efecto una desregulación planetaria que cree a las empresas del Norte el mayor espacio abierto a su rapacidad: el mundo entero.

Sin embargo están encontrando una resistencia que su suficiencia no esperaba: a fines de junio, luego a fines de julio en oportunidad de las reuniones organizadas por la OMC en Ginebra, se puso de manifiesto que no se había podido llegar a ningún acuerdo entre los países ricos y los países pobres sobre la posibilidad de iniciar una nueva ronda.

A fines de julio, sobre los 20 nuevos temas que la UE quiere incluir en la nueva ronda, se puso en evidencia que pese a las presiones de toda clase ejercidas por la Comisión europea y por ciertos gobiernos que silencian estos acuerdos y ocultan a su propia opinión pública sus comportamientos neocolonialistas, no fue posible obtener el necesario consenso. A fines de julio los 49 países más pobres, reunidos en conferencia en Tanzania, decidieron su oposición a una nueva ronda. En Abuja (Nigeria), el 24 de setiembre a despecho de las múltiples tentativas de la Comisión europea por hacerles cambiar de opinión, ratificaron esta posición.

Africa, declara unánimemente que "los países africanos no están pidiendo nuevas negociaciones multilaterales sobre nuevos temas; que no están en condiciones de cumplir con las obligaciones que surgirían de estas negociaciones; que no están convencidos de que la liberalización de estos temas les sería provechosa; que están preocupados por las obligaciones suplementarias y los peligros de un acrecentamiento de las competencias de la OMC; que no existe consenso entre los miembros de la OMC sobre la iniciación de estas negociaciones y que los diferentes grupos de trabajo en el seno de la OMC deberán continuar sus estudios con tal propósito." En Asia, la India ha reiterado su hostilidad hacia cualquier intento de nueva ronda. Reunidos en Bangkok el 28 de setiembre, 33 países asiáticos y del Pacífico han denunciado el carácter ambiguo de los documentos presentados por la OMC con vistas a la próxima conferencia ministerial y han manifestado que preferirían una renegociación de los acuerdos de Marruecos en lugar de cualquier nueva ronda.

La UE no se da por enterada de esta masiva resistencia a las exigencias de los países ricos. No más que los EEUU y los demás países industrializados. Con la complacencia y la complicidad de los medios, se encierran en un silencio de plomo sobre la posición de los países en desarrollo y no pierden la menor ocasión de hacer creer a la opión pública que sus puntos de vista son compartidos por los países del Sur y que la oposición parte solo de los occidentales "irresponsables" que militan en las ONG.

Ciertamente, se está notando en ciertos partidos europeos social demócratas, cierta inquietud por el éxito de las manifestaciones antiglobalización y manifiestan que ellos quieren "humanizar la mundialización". Pero al mismo tiempo tratan de cumplir con el mandato de la CE que va exactamente en el sentido inverso. Como si quienes han sido los defensores del colonialismo y protagonistas de las guerras coloniales pudieran ser creíbles cuando hablan de humanismo! Su humanismo solo refleja la arrogante convicción de constituir pretendidamente " la misión civilizadora europea" El 26 de setiembre, los países ricos han franqueado una nueva etapa.

Inspiraron dos documentos preparados por la OMC, que esperan sean aprobados en la próxima conferencia mundial. El primero es el proyecto de declaración ministerial que debería inaugurar oficialmente la nueva ronda. En él no han sido tenidas en cuenta ninguna de las objeciones de los países del Sur. Por el contrario el texto contiene todos los requerimientos de los países ricos. El segundo es un incierto proyecto sobre un texto estatutario en el que se expresan vagas promesas en cuanto a un eventual análisis de la puesta en marcha de los acuerdos existentes.

Estos dos textos han sido recibidos por los países del Sur como una "sucia bofetada" ("a dirty slap"). Reaccionando en nombre de los países menos desarrollados (PMA) el embajador de Tanzania ante la OMC, les recordó el 2 de octubre que los PMA no están preparados para participar de una nueva ronda ni por consiguiente en sus negociaciones, ni tampoco para cumplir con las obligaciones que surgieren. El embajador de Malasia ha pedido que los países ricos dejen de ejercer presiones de todo tipo sobre los países en desarrollo.

Preocupado, sin duda, por aprovechar la atmósfera existente el comisario europeo Pascal Lamy, ha declarado, sin sonreír, el 1º de octubre, que "una nueva ronda ayudaría a combatir el terrorismo"...

La duplicidad de los países europeos no tiene límites. Nuestros gobiernos tienen propósitos calmantes con relación a la lucha contra la pobreza, adoptando en el lugar en que se toman las decisiones, posturas que acrecientan la pobreza y la dependencia del Sur con relación al Norte.

Es urgente enfrentar a cada uno de nuestros parlamentarios, de nuestros ministros a sus responsabilidades. Porque, en definitiva, es en cada país en donde se deciden las políticas que conducirá la Unión europea y la OMC.


Raoul Marc Jennar es Investigador de OXFAM Solidarité Bruselas y del URFIG de París