16 de julio del 2001

Entrevista a José Luis Rodriguez, ministro de economía cubano

Rubén Zardoya Loureda
Revista Contracorriente

No le entusiasman las entrevistas. Prefiere escribir, revisar cuidadosamente las ideas y su forma de expresión, indicar el nombre de pila de los autores a los que hace referencia, precisar las páginas de las citas. El ritmo de su conversación es reposado, salvo cuando se le aguijonea con una pregunta insistente, o su propio discurso lo conduce a lugares ariscos, y sus ideas se apresuran, y la forma se vigoriza. Siempre hay un libro inacabado, imágenes que inquietan y se agitan en conferencias o en apuntes dispersos, que regresan desde las polémicas universitarias, desde la insatisfacción de un libro leído o desde las contingencias y los riesgos de las decisiones económicas y políticas. Tiene conciencia de que todo discurso presupone un discurso dispar y de que en la ciencia revolucionaria no hay caminos trillados, ni dogmas sempiternos. Pero no hace concesiones al pensamiento blando, ni utiliza palabrejas sustitutivas de las categorías y los conceptos recios del marxismo. Marxismo leninismo dice, ajeno a rubores intelectualoides, seguro de que, con Marx, Engels y Lenin, las ciencias sociales ‹incluida la económica, y la política‹ se adentraron con paso firme en las calzadas reales de la historia. Desde esta perspectiva, responde a la interro-gantes de Contracorriente sobre la actualidad del marxismo y el leninismo en el mundo de las transnacionales y la llamada globalización capitalista, sobre la relación entre la teoría revolucionaria y la práctica revolucionaria y entre la economía y la política en la transición socialista, y se adentra, entre otros temas, en las peculiaridades del capitalismo contemporáneo, en la experiencia histórica del socialismo y del pensamiento marxista, en las relaciones monetario-mercantiles y la planificación centralizada de la economía en el socialismo.

Contracorriente: A muchos asombró que, en una encuesta realizada a través de INTERNET para seleccionar al «cerebro del milenio», la personalidad elegida fuera Carlos Marx. Esto puede verse, al menos, desde dos ángulos: por una parte, es un reconocimiento a la impronta que ha dejado Marx en toda una época; por otra parte, pudiera sugerir la idea de que él fue exclusivamente un hombre del milenio que cierra, o, tal vez, de la era del capitalismo de la libre concurrencia. ¿Qué piensa usted sobre esto? ¿Cuáles son las potencialidades efectivas del modo de pensamiento inaugurado por Marx para dar cuenta del mundo contemporáneo, con sus colosales y vertiginosas transformaciones?

José Luis Rodríguez: Pienso que la influencia de Carlos Marx sobre el pensamiento y el desarrollo de la humanidad lo ubica entre los grandes hombres de la historia. Tomo en consideración que Marx no sólo estudió el capitalismo, sino que creó una escuela de pensamiento que fue más allá de esta sociedad y nos dotó, por primera vez, de un método para encauzar una investigación científica del desarrollo humano desde el punto de vista económico, político y social.

Soy de los que piensa que el marxismo mantiene plena vigencia. El valor del método marxista para el análisis de la sociedad no solamente demostró sus potencialidades en las condiciones del capitalismo. En este sentido, son muy significativos los trabajos que se publican actualmente revalorizando el pensamiento de Marx; la propia revista Contracorriente reprodujo el artículo de John Cassidy, «El regreso de Carlos Marx», que se publicó por The New Yorker en octubre de 1997. Eso no ocurre por casualidad; creo que hay un aporte metodológico y científico que trasciende el capitalismo clásico y tiene vigencia para el estudio del capitalismo de hoy y para la transformación de ese capitalismo en socialismo.

En la misma medida en que uno se remite a los estudios iniciales de Marx, Engels y Lenin, se da cuenta de que muchos de los conceptos fundamentales elaborados por ellos, independientemente de que hayan sido aplicados a realidades históricas concretas de la época que les tocó vivir pues siempre emplearon la teoría como un arma de combate, ya que ante todo eran revolucionarios y se dedicaron a transformar la sociedad, esos conceptos conservan su valor como punto de referencia para orientar el estudio de la realidad en el presente.

No es de extrañar, pues, que se le conceda esa importancia a Marx y su obra, ya que los estudios sobre la historia, la sociedad y la economía tienen un antes y un después del marxismo muy bien definidos. Y eso, repito, va más allá de los trabajos escritos por Marx o por Engels en el siglo pasado, cuyo valor intrínseco está dado por el método que les es consustancial.

Otro asunto es cómo los principios del marxismo-leninismo fueron aplicados al estudio de la realidad concreta en cada momento histórico y a la teoría de la Revolución. Sin embargo, si se examina con detenimiento la obra de Marx, de Engels y de Lenin, se encontrarán elementos explicativos de situaciones muy contemporáneas del capitalismo y del socialismo, incluidos sus avatares históricos más recientes.

Cc: Pero se ha insistido mucho, desde diversas posiciones teóricas e, incluso, políticas, en las profundas transformaciones que ha sufrido la sociedad contemporánea desde la época en que vio la luz el Manifiesto del Partido Comunista. Incluso se puede reconocer un valor a los trabajos de Marx y Engels e impugnar su actualidad con el argumento de que aquélla era la obra de una época histórica pasada, que ahora habría de ser superada por otras concepciones...

J.L.R.: No podemos pedir a Marx que escribiera sobre el imperialismo cuando éste no existía, ni le podemos pedir que escribiera en profundidad sobre el socialismo, porque él se negó a especular sobre el futuro, y no trató este tema sino de forma muy puntual y precisa, en trabajos como la conocida «Crítica al Programa de Gotha». Pero, si se estudia a Marx, se encontrarán determinados conceptos que mantienen su vigencia más allá de las obras o circunstancias concretas en que fueron expresados.

Tomemos dos ejemplos. En la propia «Crítica al Programa de Gotha», hay una serie de consideraciones sobre el período de transición del capitalismo al socialismo que fueron expresadas en una situación en la cual el desarrollo de este sistema no había alcanzado todavía un nivel de diferenciación suficiente por países como para hablar de la posibilidad de una transición parcial, y no en sistema, como la veían Marx y Engels en ese momento.

Esta visión se modifica posteriormente en el enfoque de Lenin, cuando, en «La consigna de los Estados Unidos de Europa», analiza la posibilidad de que la ruptura se produzca en un eslabón de sistema y no en todo el sistema en su conjunto; es decir, la posibilidad de que la transición no se verifique en todos los países al mismo tiempo, porque se ha producido un desarrollo desigual que, en la etapa del imperialismo, distingue el sistema con mucho mayor nitidez que en la etapa del capitalismo analizada por Marx.

Esta circunstancia, considerada desde el punto de vista de la transición al socialismo, no invalida lo expuesto por Marx en «Crítica al Programa de Gotha». En este escrito, por una parte, Marx plantea que debe existir una transición, que esa transición ha de caracterizarse por una serie de rasgos que la hacen diferente de las transiciones en los regímenes sociales anteriores, porque intervendría un factor nuevo, que es la acción consciente del hombre en la construcción de las relaciones sociales de producción; y, por otra parte, esboza algunos elementos esenciales de esas relaciones.

Me refiero, por ejemplo, al principio que indica, si se me permite la simplificación, que la diferenciación de los hombres en la etapa socialista se tiene que dar a partir del aporte que cada uno haga a la sociedad con su trabajo. ¿Conserva o no vigencia este principio en países socialistas como Cuba? Nosotros no buscamos una diferenciación dentro de la sociedad a partir de las formas de apropiación de los objetos, es decir, de las relaciones propiedad, sino a partir del trabajo, del aporte de cada uno en los marcos de la propiedad social.

Aprecio la plena vigencia de ese planteamiento de Carlos Marx, al igual que su idea de que es posible alcanzar un desarrollo superior en este sentido cuando las necesidades puedan ser satisfechas plenamente y el trabajo deje de ser un medio de ganarse la vida y se transforme en una necesidad para la realización plena del hombre.


De manera general, podemos afirmar que la sociedad cubana aplica esos principios. Allí donde la base de desarrollo lo ha permitido, se han aplicado formas de distribución que van más allá del aporte de cada uno a la sociedad, formas de distribución solidarias, que se encuentran por encima de la posición que ocupa cada uno en la organización de la producción social.

Es el caso de la educación y la salud pública gratuitas, por ejemplo. No vamos a decir que se trata de una forma de distribución comunista, pero, sin dudas, tiene elementos de esa forma de distribución, que corresponderían a un nivel mayor de satisfacción de las necesidades del hombre, cuando los recursos estén disponibles para ello. En igual sentido, podría afirmarse que el trabajo de médicos y maestros que se entregan sin limitaciones al ejercicio de su profesión más allá de lo que la sociedad pueda retribuirles, es un buen ejemplo de la realización más plena de su esencia humana.


Si tomamos la obra de Lenin, digamos, su obra más conocida, «El imperialismo, fase superior del capitalismo», entre los rasgos del imperialismo que él identifica se encuentra la concentración del capital. Hoy día, la concentración del capital es uno de los fenómenos fundamentales que constituye una base imprescindible para explicar la dinámica de la globalización e, incluso, permitiría lanzar la hipótesis de que la teoría del ciclo del capital puede verse modificada de forma significativa en la misma medida en que se producen las megafusiones que estamos presenciando en estos momentos.

¿Por qué? Porque, gracias a esas mega-fusiones, el capitalismo ha alcanzado un nivel tan alto de concentración de recursos financieros que le permite movilizar, en función de las circunstancias, un volumen tal de esos recursos que logra por lo menos, de forma coyuntural impedir el estallido de la crisis, a diferencia de lo que hubiera ocurrido en épocas anteriores en condiciones análogas.


Una compañía dedicada a la especulación, la Long Term Capital Management, que estuvo a punto de hacer estallar completamente el sistema financiero en Wall Street en octubre del año pasado, logró movilizar en un solo día 3500 millones de dólares para su salvación.

¿Cómo se logra eso? Hoy día se producen movimientos de capital a una velocidad y unos volúmenes tales que sólo son explicables a partir de las peculiaridades que tiene la concentración del capital. La forma en que se expresa este fenómeno es novedosa, pero, si se hurga, se descubre que ese es un rasgo del imperialismo descrito esencialmente por Lenin hace ya 83 años.


Lo mismo ocurre con la teoría de la internacionalización del capital elaborada por Marx en el siglo pasado, en la cual se prefiguran fenómenos que hoy han asumido rasgos cualitativa y cuantitativamente superiores que se expresan en la llamada globalización.

¿Qué es la globalización en esencia? En mi opinión, es una forma superior de internacionalización del capital, con los rasgos propios de la época, con las peculiaridades que le confieren los cambios cualitativos y cuantitativos de la acumulación del capital, la acumulación de fuerzas productivas existente en el mundo de hoy. Pero, esencialmente, no es más que la forma contemporánea de desarrollo de un fenómeno descrito por Marx como tendencia natural del capitalismo en su fase superior de desarrollo.

El no alcanzó a ver el imperialismo, o alcanzó a verlo en una etapa todavía muy incipiente, pero el espacio conquistado hoy por el fenómeno de la internacionalización del capital no anula el hecho de que, como tal, el fenómeno estaba descrito ya en sus obras clásicas. Estos son apenas ejemplos, que pueden multiplicarse, lo cual no quiere decir que hoy puedan encontrarse manifestaciones concretas de todo lo que dijeron los clásicos.


Insisto en la cuestión del método. Hay fenómenos nuevos que han aparecido, y precisamente uno de los mayores aportes del marxismo es que nos permite encontrar con su método de análisis una categorización, una conceptualización de esos fenómenos nuevos y hallar el hilo lógico que nos confiere la posibilidad de movernos, con una explicación científica válida, desde la forma clásica de acumulación, característica de una determinada etapa primaria de su desarrollo, hasta su forma actual, y explicar la continuidad del devenir histórico de este sistema a partir de determinados conceptos básicos claves que posibilitan identificar lo esencial y discernir las formas particulares de su expresión histórica.

Cc: Llama la atención el hecho de que, a diferencia de lo que ocurre en el caso de Marx, cuya obra de alguna manera se ha ido revalorizando, incluso por parte del pensamiento burgués, con Lenin ocurre todo lo contrario, y si, de alguna manera, algunas categorías elaboradas por Marx se han incorporado al análisis del mundo contemporáneo, ello se aprecia muy rara vez con las categorías leninistas. ¿A qué se puede atribuir esto?

J.L.R.: Es muy sencillo. Con el derrumbe del campo socialista se impone la necesidad de borrar de la memoria histórica de la humanidad la existencia de aquél socialismo real (y no estoy empleando el término «socialismo real» para designar los países socialistas europeos, sino la existencia histórica concreta y real de un sistema superior de producción y de relaciones sociales) que Lenin demostró que era factible llevar a la práctica. Eso lo hace especialmente peligroso, a diferencia de Marx, al cual se trata de incorporar incluso al acervo cultural del propio pensamiento burgués como un teórico que, según se ha pretendido demostrar, tenía muchos enfoques virtuosos en su diagnóstico del capitalismo, no así, supuestamente, en sus ideas acerca de cómo iba a evolucionar ese sistema.

En el caso de Lenin, la explicación de por qué se ignora su obra es más que evidente: él demostró que el socialismo era posible, que la Revolución era un hecho, confirmando el pronóstico de Marx y Engels. Esa Revolución, con los errores y los defectos que, como toda obra humana, tuvo posteriormente en la Unión Soviética y en otros países socialistas, fue sin dudas una experiencia positiva para el desarrollo de la humanidad; que hoy se intenta presentar como un accidente de la historia, como un fenómeno totalmente al margen de la lógica. Es por ello que a Lenin se le desacredita, y son constantes las campañas que lo presentan hasta como un vulgar delincuente. Todo eso se ha tratado de utilizar para disminuir el valor y la verdadera identidad histórica de Lenin.


El pensamiento de Lenin es el pensamiento de un coloso. Lenin fue capaz de tomar lo necesario e imperecedero del marxismo, incorporándole lo propio de las condiciones en que le tocó luchar, y hacer triunfar una revolución en un país en el que, según la teoría, parecía imposible que fuera factible siquiera llegar al poder. Y no sólo llegó al poder, sino que ese poder se conservó a lo largo de décadas, con sus errores, reitero, pero con inconmensurables beneficios para el pueblo soviético. La Revolución de Octubre cambió la historia no sólo de Rusia; cambió la historia del mundo. Eso siempre se trató de negar por burgueses y traidores. Pero estoy seguro de que, por más que se empeñen, los pueblos y los oprimidos saben e incluso intuyen lo positivo de la experiencia socialista, aunque no la conozcan con profundidad.

Para mí está claro que Lenin es ignorado hoy día, no porque su obra no tenga valor. Creo que caeríamos nosotros mismos en una trampa si pensáramos que su pensamiento no es incorporable al marxismo y negáramos la existencia del marxismo-leninismo. Y yo siempre utilizo ese término, nunca he hablado sólo de marxismo. Creo que el marxismo es marxismo-leninismo; y digo más: no sólo es marxismo-leninismo, es todo lo que después de la muerte de Lenin se ha incorporado al pensamiento marxista, incluyendo los aportes de Cuba, los aportes de los revolucionarios cubanos, que no pueden ignorarse, so pena de empobrecer al propio marxismo.

En nuestro caso, también por razones obvias, se niega la validez histórica de la Revolución. Esa misma tesis del accidente histórico que se trata de estructurar con relación a la Revolución rusa muy vieja, por cierto, se ha tratado de demostrar con respecto a la Revolución cubana desde su mismo surgimiento. Hay libros dedicados a ese tema en el ámbito de la llamada cubanología.

También creo que por ignorancia incluso desde posiciones supuestamente de izquierda, hay quienes se muestran renuentes a aceptar que en Cuba se hayan hecho aportes al marxismo. Se pretende además separar los elementos de marxismo dentro del pensamiento revolucionario cubano, tratando de contraponerlo al pensamiento nacionalista, al pensamiento patriótico, como si fueran dos cosas que no pueden conjugarse.

Pienso que la vida ha demostrado que uno de los aportes de la Revolución cubana a la interpretación marxista de la transformación de la sociedad, es haber demostrado que es posible desarrollar el marxismo en las condiciones de un país subdesarrollado, en las condiciones de la lucha por la liberación nacional, de una lucha anticolonial primero, y antimperialista después.

El hecho de que hoy nosotros hagamos énfasis en nuestras raíces históricas martianas, en el conocimiento de nuestra propia historia revolucionaria, no niega en lo más mínimo el método marxista, ni el aporte al desarrollo de la sociedad cubana contemporánea que ha hecho el conocimiento del marxismo y de la obra de Marx, Engels y Lenin.


En fin, esta negación consciente de la obra de Lenin no es nueva, existió incluso en tiempos de la Unión Soviética y formó parte de la guerra ideológica contra el socialismo durante muchos años, al igual que las contraposiciones que se han intentado hacer entre el Marx joven y el Marx maduro; entre la obra de Marx y la obra de Engels, especialmente en la época posterior a la muerte de aquél; entre la obra de Lenin y el pensamiento de Marx; entre la obra de otros marxistas contemporáneos y el pensamiento de los clásicos, y así sucesivamente.

Siempre se ha tratado de encontrar en las diferencias que son, en la mayoría de los casos, dialécticamente sustentadas en el propio pensamiento marxista y, por lo tanto, no son contradictorias con su esencia un elemento para excluir a determinados pensadores que han hecho aportes al pensamiento marxista-leninista. Creo que esto forma parte de una guerra ideológica que está presente todavía hoy, y que va a seguir en el futuro.


Cc: ¿Cómo evaluaría usted la salud de la Economía Política, en particular, de la Economía Política marxista en el momento actual, y la medida en que ella está efectivamente presente en los análisis que se hacen del mundo contemporáneo?

J.L.R.: El desarrollo de la Economía Política después de la muerte de Lenin ha tenido momentos de avance, momentos de estancamiento e, incluso, momentos de retroceso. No hay más que ver, por ejemplo, el análisis crítico que hace el Che de la obra que se trató de sistematizar en los manuales soviéticos para darse cuenta de dónde estaban las carencias y percatarse, en muchos casos, de la pérdida de la esencia marxista de esa Economía pretendidamente revolucionaria.

Esos fenómenos estuvieron presentes a lo largo de muchos años, por un lado, en la lucha contra el dogmatismo, y por otro, también en la lucha contra el liberalismo dentro del pensamiento marxista. Nos acordamos siempre del dogmatismo de los manuales soviéticos, pero a veces se nos olvida que también hubo un revisionismo bastante fuerte.

Ya después, a partir de la II Guerra Mundial, y sobre todo en determinados países de Europa del Este, por razones históricamente comprensibles, como son los casos de Hungría y Polonia, el pensamiento marxista que se desarrolló estuvo muy penetrado por ideas socialdemócratas, por ideas que denotaban una visión marxista cuanto menos incompleta, si no errada o abiertamente revisionista.


El marxismo no es monopolio de un país. Hubo pensadores marxistas formados en Occidente que, a partir del manejo de una riqueza de ideas y de un conjunto de contradicciones, llegaron, en un momento de su evolución teórica, a determinadas conclusiones marxistas, y en otro momento dejaron de ser marxistas en sus análisis, porque dejaron de aplicar los métodos marxistas.

Es decir, un mismo hombre de ciencias puede producir en una etapa de su vida una obra que se puede calificar efectivamente de marxista y, sin embargo, posteriormente, puede retroceder en sus concepciones; eso siempre ha existido.

Pero el análisis de lo mejor que se ha producido durante muchos años evidencia que la Economía Política marxista ha avanzado, tanto en el análisis del capitalismo, como en el análisis más complejo, sin duda alguna del socialismo.

En este caso, pienso que en los países socialistas, que eran los que tenían mejores condiciones para realizar estos análisis, se cometieron errores que tienen que ver con el propio devenir del pensamiento y las ciencias sociales. Si, por ejemplo, se examinan los debates sobre la reforma económica de los años sesenta y principios de los setenta en la Unión Soviética y Europa del Este, o esos mismos debates, digamos, en el seno de la escuela marxista norteamericana, con Sweezy, con Baran, con los pensadores marxistas europeos, es evidente que hay una serie de problemas no resueltos que se están viendo a la luz de experiencias concretas, a partir de la construcción del socialismo en determinados países europeos, con enfoques muy polémicos.


Nosotros tuvimos también nuestro espacio de un enriquecedor debate en esos años, que encabeza precisamente el Che, en la conocida polémica que se produjo entre los partidarios del sistema de dirección conocido como cálculo económico y los partidarios del sistema presupuestario de financiamiento propugnado por el Che.

Pienso que ése fue el reflejo del debate mayor que ya venía ocurriendo cuando triunfa la Revolución. Ello se expresa, sobre todo, en lo que se publica en las revistas cubanas Nuestra Industria Económica y Comercio Exterior, así como en las obras que se reproducen en esos años para el conocimiento de los que en aquel momento estudiábamos Economía en la Universidad.

Evidentemente, había un conjunto de problemas no resueltos, incluidos algunos problemas medulares de la construcción económica en el socialismo.


Así, la explicación de la presencia de relaciones monetario-mercantiles en el socialismo no había tenido una solución, ni la tiene, en mi opinión, hasta muy avanzada la década del sesenta. En aquel entonces todavía predominaba el criterio que aparece sustentado por Stalin en 1952, en Problemas económicos del socialismo en la URSS, según el cual se trata de un problema de la circulación. Es decir, las relaciones monetario-mercantiles subsistían con fines de cálculo, no como un problema de las relaciones de producción, sino de las relaciones en la esfera de la circulación.

En mi opinión, esto retardó la comprensión de las relaciones monetario-mercantiles, de la presencia de las relaciones de mercado en el socialismo, hasta que a finales de los años sesenta, se llega a otras conclusiones, mucho más coherentes, que vinculan la existencia de esas relaciones con el insuficiente nivel de desarrollo de la socialización del trabajo en el socialismo, que lleva a la necesidad de medir indirectamente ese gasto de trabajo y, por lo tanto, a la necesidad de utilizar los mecanismos de mercado, sin que ello necesariamente conlleve la existencia de la propiedad privada.

Porque una cosa es el aislamiento económico relativo, tan conocido y tan citado desde aquel entonces, que se da y que a veces no es tan relativo, y otra cosa es la explicación clásica de la existencia de relaciones monetario-mercantiles sólo a partir de la existencia de la propiedad privada, desconociendo que antes de que esta propiedad existiera, existían relaciones monetario-mercantiles y que, por consiguiente, si desaparece la propiedad privada, pueden permanecer circunstancias que reproduzcan las relaciones monetario-mercantiles.

La explicación de por qué en el socialismo persisten condiciones para la permanencia de categorías mercantiles tales como el dinero, los precios y los costos, que puede parecer hoy tan obvia, no se formula de forma coherente hasta finales de los años sesenta. Sin temor a exagerar, puede decirse que la construcción del socialismo funciona desde 1917 hasta 1960, basada pragmáticamente en el manejo de una serie de elementos de la economía socialista, sin que haya un despeje conceptual lo suficientemente diáfano para entender qué hay detrás de todo eso. Desde luego, no dejaron de existir esfuerzos en esa dirección.

El propio Lenin comenzó a esbozar una nueva concepción acerca de por qué existían las relaciones monetario-mercantiles en el socialismo en las condiciones concretas que le tocó enfrentar, en la época de la Nueva Política Económica (NEP) en 1921. La NEP es un fenómeno que hay que estudiar mucho todavía.


Yo siempre recuerdo la forma en que se manipuló el pensamiento de Lenin en interés de determinadas consideraciones políticas, en particular, el conocido discurso que pronunciara en 1921, en ocasión del cuarto aniversario de la Revolución, en el que Lenin dice, en esencia, que no basta con el entusiasmo para hacer la revolución, que es necesario acudir a los estímulos materiales.

Pero hay un párrafo que nunca se cita, donde Lenin explica por qué ello es necesario en las condiciones en las que él está haciendo el análisis, que es, en mi opinión, lo que le da valor, muchos años después, a la observación del Che referida a que no se le debe atribuir una validez universal a la NEP, en tanto política económica aplicada en un momento histórico preciso y bajo determinadas condiciones, a que no se le debe considerar una regularidad del socialismo, ni se le debe calcar en otras condiciones, cosa que después se intentó hacer en la etapa de la dogmatización, de la manualización de la Economía Política.


Esta forma de enfocar un problema medular nos explica los avatares de la Economía Política del socialismo, que se vio mucho más afectada, en tanto ciencia más nueva, más virgen, más compleja, que la Economía Política del capitalismo, donde el marxismo avanzó mucho más, y hay trabajos que pueden considerarse de un gran valor teórico marxista. Incluso existen analogías no reconocidas por la historia.

Si se toma, por ejemplo, la teoría keynesiana del ciclo económico, se va a encontrar, no sin asombro para mucha gente, sobre todo para quien se asoma por primera vez al tema, que empíricamente Keynes llega a una serie de consideraciones sobre los factores de compensación que pueden evitar la crisis (factores de compensación que en la obra de Marx fueron tratados en relación con la tendencia decreciente de la cuota de ganancia, en los capítulos 13, 14 y 15 de El Capital), que poseen determinados puntos de contacto con la correspondiente teoría marxista, con la teoría marxista del ciclo y las crisis.

Puede sonar bastante discordante la idea de que esos aspectos de la obra de Keynes tengan puntos de contacto con la obra de Marx, pero creo que es así.

Y, en mi opinión, es lo que le da validez a las tesis anticíclicas keynesianas en un momento determinado del desarrollo del capitalismo, en los años treinta y hasta la II Guerra Mundial, sobre todo a la tesis de la guerra como factor anticíclico.

Esta misma explicación se repetiría después desde el punto de vista marxista, y es preciso retomarla para explicar el papel que desempeñó, por ejemplo, la guerra de Viet Nam en el ciclo económico de Estados Unidos, o el papel que desempeñó la carrera armamentista en el ciclo económico de este país, ya en los años setenta y ochenta, el por qué de esa carrera, que no sólo tenía un significado político, sino también económico.


Pudiéramos decir que en el ámbito de la Economía Política del capitalismo existió un avance mucho más visible, tanto en los países socialistas como fuera de ellos, en los círculos marxistas de Occidente.

Lamentablemente, esta es una obra no siempre valorizada, opacada tal vez por la interpretación manualesca que tuvo mucho más difusión que estos enfoques, que fueron, pudiéramos decir, más abiertos, más dirigidos a la raíz de los problemas que los manuales.


Sin dudas, el estudio de la Economía Política del socialismo sufre un golpe durísimo con la desaparición de los países europeos y de la URSS. Se produce así un fenómeno de ruptura, es decir, existía una serie de concepciones que se habían asumido como válidas a partir de un conjunto de criterios que se tomaban como verdades totalmente demostradas.

Sin embargo, muchas de ellas, o una parte importante de ellas, sobre todo en los estudios más recientes de la Economía Política del socialismo contenían elementos erróneos, no porque veamos ahora lo que ocurrió con la perestroika en los años ochenta, sino porque se veía en la propia práctica revolucionaria -desde los criterios medulares del Che en los años sesenta, hasta las tesis de Fidel en la conceptualización del proceso de Rectificación a partir de 1985- que esas ideas no podían conducir a un desarrollo del socialismo, sino más bien lo ponían en peligro.

Por ejemplo, el Che tenía toda la razón cuando decía que existen contradicciones esenciales entre el cálculo económico y el sistema de conceptos y principios que intervienen en la formación del hombre nuevo en el socialismo. Nosotros lo hemos estado viviendo en estos años de período especial.

¿Existe o no existe contradicción entre la formación socialista a que aspiramos y el hecho de que tengamos que admitir porque objetivamente las condiciones nos han llevado a ello, no porque se haya creado artificialmente un determinado nivel de desarrollo de las relaciones monetario-mercantiles para dar un ordenamiento social, por ejemplo, al trabajo por cuenta propia?

La contradicción se ha hecho transparente. ¿Existe contradicción entre una fórmula de desarrollo menos avanzada, como puede ser la propiedad cooperativa, y una forma plenamente social de propiedad? Hemos visto que efectivamente existe, que se van creando determinados intereses que pueden, en un momento dado, generar nuevas contradicciones en el desarrollo.

El problema no está en que existan esas contradicciones, sino en saber que existen y en lograr que no se conciba como una virtud lo que en realidad es una necesidad táctica, como las que tuvo que enfrentar Lenin al adoptar medidas que ponían en riesgo la Revolución. La NEP es el mejor ejemplo en ese sentido.


Precisamente uno de los aspectos menos estudiados de la NEP es su componente político.

Lenin siempre dejó muy claro en sus trabajos que deben leerse completos, no sólo a través de las citas más conocidas que había un componente político muy importante en las medidas tomadas, las cuales preveían la reversión de los elementos de capitalismo que necesariamente había que introducir para sobrevivir en aquel momento, al inicio de los años veinte, y los métodos que había que emplear para ello.

Basta revisar el magnífico ensayo «Acerca de la significación del oro ahora y después de la victoria completa del socialismo» para comprobar cuán presente estaban en las concepciones de Lenin lo táctico y lo estratégico en las relaciones entre economía y política en aquellas críticas circunstancias.


Sabemos lo que ocurrió después: no se tuvieron en cuenta esas recomendaciones y se implantó, entre otras medidas erróneas, la colectivización forzosa, que fue una solución no leninista de esas contradicciones, y eso lógicamente marcó la historia del socialismo.

Esas contradicciones por ejemplo, entre las relaciones monetario-mercantiles y el plan, como se le llamó en aquel entonces llegaron a racionalizarse hasta tal punto que autores tan respetados como Leonid Abalkin plantearía en 1970 que las relaciones económicas del socialismo tenían su esencia en la planificación y su forma de expresión en las relaciones monetario-mercantiles, ignorando su carácter esencialmente contradictorio. Se trató de convertir la necesidad en virtud, y muy caras serían las consecuencias de este error.


También en Cuba se utilizaron manuales en los cuales las relaciones monetario-mercantiles se concebían como no contradictorias con las relaciones socialistas de producción. Ante la aparente insolubilidad de ese problema, estas relaciones se incorporaron a la dinámica del sistema como si no tuvieran ningún elemento esencialmente contradictorio con él.

De ahí la lucha del Che en los años sesenta por demostrar que sí existía esa contradicción.

Nosotros después, en nuestra experiencia histórica, tuvimos que enfrentarnos a las consecuencias del mal manejo de esa contradicción en los años previos al período especial. Recordemos los defectos del Sistema de Dirección y Planificación del la Economía, que llevaron a una reducción del papel asignado a los factores políticos en la construcción del socialismo, al tiempo que se absolutizaba la capacidad de los mecanismos económicos para resolver todos los problemas. Luego vendría un proceso de Rectificación. Pero ya desde 1983 se empiezan a analizar los defectos del Sistema de Dirección y Planificación de la Economía.

En efecto, en una reunión de la dirección de la Asamblea Nacional de diciembre de 1984, se comienzan a delinear los elementos de la nueva política económica a aplicar, creándose lo que se denominó entonces el Grupo Central para esos fines.


Al no quedar resueltos adecuadamente, muchos problemas de la Economía Política del socialismo condujeron también a interpretaciones erradas de las políticas económicas que había que diseñar en una economía socialista consecuente con los principios del marxismo-leninismo.

Hubo errores y errores.

Por ejemplo, la incorporación de las relaciones monetario-mercantiles como elementos no contradictorios con la esencia del socialismo fue un error, tal vez el más grave desde el punto de vista conceptual, en los países socialistas europeos, que está en la base misma de los razonamientos de la perestroika, tal y como se esbozaba en 1986.

La idea de que era posible llevar a cabo la introducción del mercado de una forma no contradictoria con el socialismo, sin que ello tuviera ninguna consecuencia para la sociedad, se pagó bien caro.

Existen ejemplos que permiten comprobarlo. Incluso en algunos países socialistas de Europa del Este, la transición hacia el capitalismo no fue más que la consecuencia de esa interpretación, como es el caso, por ejemplo, de Hungría, donde, a partir de la reforma de 1968, por una serie de razones que sería muy largo explicar, prácticamente desaparece la planificación; sobre todo en los años ochenta, los mecanismos de mercado se incorporan crecientemente, y se van abandonando de manera consciente los principios de una economía socialista centralmente planificada.

En mi opinión, este es uno de los errores conceptuales básicos que condujo a la desaparición del campo socialista, es un problema al cual debemos buscar solución quienes seguimos pensando que el socialismo es factible aún después que desapareció el campo socialista.

Es un desafío para el desarrollo de la Economía Política del socialismo, y pienso que empiezan a aparecer ideas muy incipientes que apuntan hacia el rumbo adecuado.


Lo anterior no nos debe llevar a pensar ni por un instante, como algunos hicieron al principio, que estamos en presencia de una nueva NEP, y que lo que se hizo entonces en Rusia es exactamente lo que debe hacerse ahora en Cuba.

No, de lo que se trata es de que hay que hacer una serie de concesiones tácticas para poder seguir adelante en este mundo tan complejo, tan unipolar, tan dominado por las relaciones de mercado, y hacer uso de éstas en función del objetivo estratégico de salvar el socialismo.

Pero no como lo hizo la perestroika, que enarboló esta idea y, sin embargo, lejos de procurar la unificación de los elementos políticos y sociales con los elementos económicos en la construcción de una sociedad socialista perfeccionada, lo que hizo fue ahondar más la brecha entre lo uno y lo otro, al incorporar de forma incontrolada relaciones de mercado dentro de un sistema socialista que acabó por destruir.


En resumen, no sólo pienso que existe un espacio, sino también la necesidad de desarrollar la Economía Política hoy.

El marxismo-leninismo tiene posibilidades de dar respuesta a los problemas fundamentales que enfrenta la Economía Política del capitalismo y del socialismo. Se trata de una tarea que requiere empezar de nuevo a revalorizar, desde los propios planteamientos de los clásicos, todo lo positivo que se pensó y que se escribió durante estos años desde posiciones marxistas, dentro y fuera de los países socialistas, e incorporar esa experiencia a un acervo conceptual sistemáticamente estructurado.

Ello permitiría explicar por qué lo que se está haciendo hoy día en Cuba no es una improvisación, no es una suerte de ensayo histórico irresponsable.


No son idénticas las experiencias de Viet Nam, China y Cuba, por mencionar tres países que siguen luchando por un socialismo con características adecuadas a sus singularidades nacionales, con sus propios riesgos. Unos consideran un límite de esos riesgos, otros consideran otros.

Nuestro margen de riesgo no es el mismo que puede asumir, por ejemplo, un país como China eso se ha explicado en numerosas ocasiones, por el tamaño de este país, por el hecho de que no está bloqueado, por el nivel de desarrollo de que parte en las transformaciones, que no es el nuestro; en fin, hay una serie de razones que indican que no tenemos que hacer lo mismo que hacen los chinos.

Ahora, no podemos descalificar el socialismo en China por el hecho de que no estén haciendo lo que hacemos nosotros.

Estratégicamente, el problema radica en cómo conservar el poder en manos de la clase obrera, de las clases trabajadoras, en lograr que el sistema actúe proactivamente para que ese poder no sólo se mantenga, sino también se desarrolle, y en no adoptar medidas que puedan poner en riesgo ese poder en términos estratégicos.


Yo recuerdo siempre con mucha fuerza el discurso de Fidel en el Festival Internacional Juvenil «Cuba vive», celebrado en agosto de 1995, en el que señaló que el problema esencial es en manos de quien está el poder, y explicaba a partir de ahí todo lo que se podía hacer y lo que no se podía hacer en nuestras condiciones y, en general, en las condiciones de un país socialista.

Creo que ahí está la clave del problema.

Corresponde a la Economía Política examinar cuáles son las regularidades, las leyes económicas, el funcionamiento del mundo de hoy, con el objetivo de ofrecer los instrumentos que permitan adoptar decisiones coherentes con el objetivo socialista.


Indudablemente, se requiere un trabajo teórico muy serio y profundo, para el cual creo que estamos básicamente preparados, aunque nos hallemos muy lejos todavía de alcanzar el desarrollo de la ciencia económica que se necesita. Son dos cosas distintas.

Tal vez no hayamos logrado explicar suficientemente, desde un punto de vista conceptual, las decisiones que se han adoptado en términos de política económica, de manera tal que resulte evidente su coherencia con el pensamiento marxista y, en particular, con el pensamiento de la Revolución.

Ese es uno de los objetivos que debemos plantearnos en un trabajo sobre la política económica de la Revolución cubana: demostrar que lo que estamos haciendo no se contrapone a los principios esenciales del marxismo-leninismo, y que no se trata de una improvisación; demostrar que sí existe un pensamiento, una teoría detrás de todo lo que se hace, sólo que revelarlo demanda un trabajo de sistematización, de investigación, para el cual, insisto, contamos con el necesario capital humano.

Este trabajo no ha cuajado suficientemente, pero hay buenas perspectivas para poderlo hacer. No obstante, es un trabajo difícil.


Cc: ¿Considera usted que conserva vigencia la idea de Lenin referida a que en la época de transición al socialismo la política tiene prioridad sobre la economía?

J.L.R.: Esta idea tiene un carácter profundamente dialéctico y se encuentra asociada a la interpretación marxista-leninista de los grados de libertad en la relación existente entre la economía y la política, o, si se quiere, entre la base y la superestructura. Yo utilizo siempre una idea de Lenin, expresada en uno de sus últimos trabajos, de enero de 1923, «Nuestra Revolución», que indica los límites en los que es posible moverse, los cuales, sin dudas, son mucho más amplios en el socialismo que en el capitalismo.

En este trabajo, Lenin dice textualmente: «Si para implantar el socialismo se exige un determinado nivel cultural (aunque nadie puede decir cuál es este determinado «nivel cultural», ya que es diferente en cada país de Europa Occidental), ¿por qué entonces no podemos comenzar primero por la conquista, por vía revolucionaria, de las premisas para ese determinado nivel, y luego, a base del poder obrero y campesino y del régimen soviético, ponernos en marcha para alcanzar a los demás pueblos?»

En otras palabras, Lenin hace referencia aquí a los grados de libertad que tiene la superestructura con respecto a la base económica, en particular, a la posibilidad de que la superestructura política pueda avanzar más allá de lo que sugeriría un análisis lineal de su nivel de desarrollo en cada momento del proceso.


Este problema tan importante fue retomado en Cuba en el debate entre Bettelheim y el Che en 1964. Es necesario releer esos trabajos al cabo de los años.

Bettelheim se contaba entre quienes establecían una relación casi lineal entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, entre la base y la superestructura, en tanto que la posición del Che era mucho más afín al criterio de Lenin, quien sostenía que, en términos políticos, era posible avanzar mucho más, con independencia de que la base económica no avanzara con la misma velocidad. Lógicamente, eso tiene sus límites.

Hay un límite, digamos, hacia un extremo, que lo establece el dogmatismo, expresado en ideas tales como que el desarrollo de la educación demanda un determinado nivel de desarrollo económico, y en otros criterios análogos que fueron adoptados en algunos países socialistas con resultados nefastos, que recoge la historia.

El otro límite es el que marca el voluntarismo, inclinado a pensar que la libertad inherente a la superestructura, a la política, a la ideología, al desarrollo de las ideas, puede hacer caso omiso de la producción y reproducción de la vida real, la cual, según la conocida expresión de Engels en la carta a Bloch de septiembre de 1890, determina en última instancia la historia.


Ahora bien, el arte de la política consiste precisamente en saber moverse en el margen que ofrecen los diferentes grados de libertad entre economía y política en cada momento histórico. E insisto en que este grado es mucho mayor en el socialismo, donde resulta determinante lo político en tanto sociedad que se construye de forma consciente.

En el capitalismo, en este sentido, existe un margen de libertad muy pequeño; en esta sociedad, la resultante de la acción política es la confluencia de una serie de factores que se entrecruzan entre sí y dan un vector resultante, sin que la sociedad pueda decidir conscientemente lo que se va a hacer, y cómo se va a hacer.

La vida de cualquier país capitalista muestra que, con independencia del nivel de desarrollo económico alcanzado, es inevitable la explosión de una serie de contradicciones que no tienen explicación, porque han relegado la educación, se ha perdido el sentido de la familia, de la comunicación, la moral, se han perdido muchas cosas esenciales.

En el capitalismo es imposible este grado de libertad de la superestructura política, por la propia naturaleza del sistema, basado en la propiedad privada, por los intereses creados, y por la primacía del individuo con respecto a la sociedad.


En el socialismo, se trata de que el individuo se desarrolle en concordancia con los intereses de la sociedad, y la sociedad, por lo tanto, de forma consensuada, puede diseñar una fórmula de funcionamiento de las relaciones políticas que viabilice el desarrollo del individuo, con un grado de flexibilidad mucho mayor que el que puede alcanzar una sociedad basada en la economía de mercado.

Pienso que ahí es donde está la clave del problema.

Estas ideas las encontramos en la obra de Lenin, en el pensamiento de Fidel, en los trabajos del Che, y eso la vida lo ha demostrado en Cuba.

¿Cómo un país como el nuestro puede alcanzar un desarrollo de la conciencia social capaz de campañas de solidaridad no sólo hacia el interior, sino también hacia el exterior, lo mismo en el terreno militar, como en el caso de la guerra de Angola, que en términos de ayuda humanitaria, como ocurre en la actualidad con la asistencia médica que Cuba brinda a los países de Centroamérica y el Caribe?

¿Cómo es posible ese desarrollo político en un país que muestra todavía en su estructura económica elementos de subdesarrollo?

Esos son los grados de libertad que es posible alcanzar en la relación entre la base y la superestructura. Por supuesto, esta libertad no es infinita.

El arte de la política consiste en determinar hasta dónde es posible llegar en ese sentido y qué límites no deben ser sobrepasados.


Cc: ¿En qué medida el conocimiento de la Economía Política puede ser un instrumento eficaz en el trabajo económico práctico y, si me permite, qué se siente al caer de las alturas de la teoría, de los libros y las investigaciones, en una vorágine de trabajo económico práctico?

J.L.R.: A mí me ha beneficiado mucho mi condición de estudioso de la Economía Política, porque me ha permitido orientarme entre lo estratégico y lo táctico con una ventaja de la cual carecería si no tuviera los conocimientos que esta ciencia proporciona. Evidentemente, son trabajos distintos.

Una cosa es la reflexión teórica sobre los problemas de la Economía, y otra la toma de decisiones sobre cuestiones económicas concretas.

Sin embargo, a la hora de tomar decisiones concretas, siempre hay un substrato teórico, y hay determinadas medidas que es preciso sustentar conceptualmente de forma muy clara para lograr los efectos políticos y económicos deseados.


Durante estos años de período especial, no han estado ausentes los elementos conceptuales que fundamentan la política económica, aunque no aparezcan explícitos siempre en un trabajo escrito.

En la Resolución Económica del V Congreso del Partido, sobre todo en el segundo epígrafe, que es el que tiene que ver con la política económica, es posible encontrar una serie de conceptos fundamentales. Si analizas los discursos de Fidel durante estos años, y las intervenciones de distintos dirigentes de la Revolución, encontrarás un concepto detrás de cada medida, o una conceptualización, a veces en ciernes, a veces más acabada.

En todo caso, no hay un vacío teórico, no hay una experimentación irresponsable con las medidas que se toman. Yo diría, más bien, que ocurre todo lo contrario.


Esta es una idea que algunos teóricos no comparten, y se ha hablado de espontaneidad, de ausencia de una estrategia. El concepto mismo de «período especial» implica toda una estrategia que, por cierto, no surge en 1990.

El concepto de resistencia en condiciones anormales deriva de la estrategia militar de la guerra de todo el pueblo.

Muchos no lo recuerdan ya, pero al principio se le llamaba «período especial en tiempo de paz», porque derivaba de una estrategia de resistencia militar elaborada con anterioridad, y los discursos de los primeros años del período especial emplean esa terminología en condiciones de paz análogas a las que hubiera impuesto al país un bloqueo militar.

En principio, se sabía lo que teníamos que hacer. Lo que no se podía determinar, porque eso corresponde a la táctica, era qué hacer en cada momento, o cuando era conveniente darlo a conocer.


Se pueden tomar ejemplos. Revisa en las Memorias del IV Congreso del PCC, el debate que se suscita en torno a los problemas económicos y el análisis que se hace sobre el trabajo por cuenta propia.

Desde 1991, ya existía el concepto de que esta actividad era necesaria y de que no era contradictoria con la esencia del socialismo, si se lograba mantener dentro de determinados límites y parámetros.

Tácticamente, la medida no se toma hasta septiembre de 1993, pero el concepto existía, y existía una reflexión teórica sobre el trabajo por cuenta propia. Muchos que no se informan adecuadamente, extranjeros sobre todo, dicen que no saben por qué tomamos esa medida, piensan que la adoptamos apresuradamente, presionados por las circunstancias.

No, se sabía que era una medida posible, porque era necesario ordenar determinadas relaciones que estaban surgiendo en la economía sumergida en aquellos momentos, ante la caída inevitable de la producción, de los servicios, del consumo. Y ya desde dos años antes existía una conceptualización, incluso se realizó un análisis crítico de lo que se había hecho en la década precedente y se llegó a determinadas conclusiones acerca de por qué esa experiencia no había tenido éxito.

Cuando, en 1993, se tomo la decisión de abrir un espacio mayor para el trabajo por cuenta propia, no se tomó una decisión improvisada.


Si no existiera una explicación lógica de cada una de las medidas tomadas, no sería posible demostrar que somos marxistas, ni podríamos afirmar que seguimos aplicando el marxismo-leninismo en las condiciones actuales de la sociedad cubana. Ahora bien, esto hay que demostrarlo, esta no puede ser una demostración a priori, ni podemos decir que se trata de una regularidad y que en todas partes se hace igual. De forma análoga, Cuba no hizo la Reforma Agraria según las pautas del programa leninista de cooperación; este programa estaba ajustado a las circunstancias concretas de Rusia en ese momento histórico.

En los años noventa, nosotros hacemos un programa de cooperativización que no se parece al contrato familiar en China, ni a la Reforma Agraria en Viet Nam, y se ha explicado por qué.

Lo que para China podría ser un avance, para nosotros podría ser un retroceso, y sería absurdo dar marcha atrás a un determinado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. Es decir, las medidas adoptadas tienen una determinada explicación.

Lo que ocurre es que muchas veces se hace una crónica de los hechos, una hechología, y a partir de esa hechología, se trata de encontrar en la superficie lo que sólo puede encontrarse en la profundidad, en los conceptos, en el pensamiento.

Ese pensamiento no está en un libro que nos formule el programa completo del período especial, con todos los detalles. La conceptualización está, repito, en las intervenciones de Fidel y Raúl, así como en los dos congresos del Partido que se han realizado en estos años y en otros documentos del Partido y del gobierno. Si se leen cuidadosamente, puede encontrarse en ellos una guía a partir de la cual resulta posible avanzar hacia conceptualizaciones más desarrolladas, más elaboradas, que lleven las ideas en su estructuración lógica al concepto. Y esa es una tarea que nos queda por hacer.

Se han realizado esfuerzos, en algunos campos se ha avanzado más, en otros se ha avanzado menos. Las relaciones agrarias se han estudiado más que otro tipo de relaciones en nuestra sociedad. Están surgiendo ideas interesantes en el campo académico.

Yo trato de mantenerme al tanto de lo que ocurre en este campo, no es un lujo conceptual que me esté dando, independientemente de que pueda gustarme más o menos hacerlo: es una necesidad estudiar, profundizar, conocer qué se dice, qué se hace.


Lo mismo ocurre con el tema de la globalización. Uno no puede permanecer al margen y dar por buena cualquier explicación sobre la globalización.

Aquí tengo los libros, por ejemplo, de Bill Gates, Los negocios en la era digital, una racionalización del capitalismo contemporáneo; o el de George Soros, Las crisis en el capitalismo global. Hay elementos interesantes en ambos libros, pero están dirigidos a fundamentar por qué el mundo es hoy como es y no puede ser de otra manera.

Es necesario conocer estas ideas, pero no se puede aceptar que las cosas son así y no pueden ser de otra manera, que no haya análisis crítico marxista posible, ni nada más que hacer. No, esas son racionalizaciones del pensamiento burgués a través de los nuevos mecanismos que proporciona el desarrollo de la ciencia y la técnica y la concentración del capital, para tratar de explicar y justificar las contradicciones del capitalismo de hoy. Así se tiene que interpretar, no podemos comprar lo que nos dicen.

Ellos venden muy bien sus ideas, y no podemos asumir la ilusión que nos inculca todos los días la prensa capitalista. Ya se dice, incluso, que no hubo tal crisis financiera en 1997, o que fue simplemente un ajuste. Hasta ese punto ha llegado la euforia en este momento.

Nosotros, en cambio, debemos ir a las raíces mismas de la economía especulativa, que están explicadas en el tomo III de El capital; no hay que ir más lejos. Marx explica por qué se va separando el capital ficticio de la economía real, revela la inversión que se produce entre la producción y la circulación. Si nos olvidamos de esto, no comprenderemos lo que ocurre y podemos tomar incluso decisiones erróneas.


Cc: ¿Pudiera precisar, a partir de su experiencia, las demandas más urgentes de la práctica social hacia la teoría económica, tanto en el plano nacional como internacional?

J.L.R.: Sería complejo establecer un orden en este asunto, pues son muchas las demandas.

En relación con la Economía Política del socialismo, yo diría, en primer lugar, que tenemos que hacer una reevaluación crítica de todo lo que se hizo en los países socialistas durante los años de existencia del socialismo, con todos los defectos que se les puedan atribuir.

Todas estas experiencias hay que analizarlas críticamente. En estos años ha existido una tendencia, de la cual no ha escapado una parte de nuestra academia, a echar una suerte de lápida sobre todo lo que se hizo en términos de teoría económica en la Unión Soviética y en el resto de los países socialistas. Yo pienso que no todo lo que se hizo estuvo mal hecho, y hay ideas, hay conceptos, hay propuestas que merece la pena retomar. Pero ello requiere estudiar.

Mi hipótesis es que no hemos profundizado lo suficiente en las contradicciones que tuvo el desarrollo del socialismo en la Unión Soviética y en Europa del Este. Yo he leído trabajos que explican el derrumbe del campo socialista, incluido el libro El derrumbe del modelo eurosoviético. Una visión desde Cuba, de un conjunto de autores que hace un esfuerzo meritorio. Pero me parece que todavía falta un estudio profundo de qué fue lo que se hizo mal y qué fue lo que se hizo bien, para de ahí extraer determinadas conclusiones.

Creo que debemos profundizar también en nuestra historia económica; sobre esto se ha trabajado, pero no hemos completado el análisis, sobre todo en lo referido a los últimos diez años. Es decir, se requiere un estudio que sistematice la experiencia anterior; y después hay que hacer un análisis que, a partir de esa experiencia anterior, con las ideas propias del pensamiento socialista de Cuba, permita dar una explicación teórico conceptual más elaborada a lo que hemos hecho en estos últimos diez años. Para mí ello es una necesidad vital hoy día.

Junto a ello tiene que hacerse un trabajo de profundización en la Historia Económica, que no es Economía Política, son dos cosas diferentes. Yo diría que la Economía Política se nutre de la Historia Económica, se nutre de la Historia en general, con el objetivo de derivar conceptos, regularidades, leyes, tendencias.

Pero, indudablemente, se requiere de una investigación histórica para poder tener los elementos, la materia prima que permita trabajar en el plano de la Economía Política. En términos generales, eso es una gran demanda para el trabajo cotidiano y para la formación de las nuevas generaciones.


En términos de cuestiones concretas, necesitamos trabajar una serie de temas en la perspectiva de las modalidades de desarrollo que puede tener la economía cubana en las actuales condiciones.

Por supuesto, no se trata de las modalidades de desarrollo que resultaban posibles cuando existía el campo socialista. ¿Cuál va a ser y cómo va a ser el llamado modelo de acumulación?

Tenemos que profundizar en eso. Las ideas en torno a lo que debe hacerse, a los cambios estructurales que deben emprenderse, están identificadas. El qué está claro; ahora, el cómo, los elementos que tienen que ver con la forma en que esa estrategia se concreta en determinadas líneas de política económica coherentes con ella, constituyen un elemento importante a estudiar.


A lo anterior se vincula el problema de los sistemas que tenemos que estructurar a partir de esa definición de política económica para alcanzar los objetivos trazados. En este problema se ha estado trabajando y hemos llegado a determinadas conceptualizaciones que tienen que ver con la gestión a nivel empresarial, con el perfeccionamiento empresarial, pero ese campo no está agotado ni mucho menos, queda mucho por hacer.

Como ves, hay problemas conceptuales de mucha profundidad y que, por tanto, requieren un análisis de alto vuelo que no todo el mundo puede hacer, eso realmente deben hacerlo compañeros con mucha preparación y experiencia. No puede ser el trabajo de una sola persona. Y hay cuestiones más concretas, más específicas, vinculadas, incluso a la instrumentación que se dé a la política económica, por ejemplo, en el campo de la planificación.

Pienso que debemos identificar claramente tres niveles: el nivel de la estrategia de desarrollo económico, el nivel de la política económica y el nivel de mecanismos de dirección de la economía. La estrategia de desarrollo económico está llamada a identificar cuáles son las distintas alternativas para alcanzar los objetivos trazados.

Desde el punto de vista estratégico, nuestro objetivo está claro: es tratar de desarrollar una economía socialista, cuyos rasgos están definidos en lo fundamental.

Ahora bien, ¿qué determina el éxito en el tiempo de una estrategia de desarrollo? La política económica, en la cual interviene el factor consciente, el factor humano, en la interpretación de las leyes económicas en función de alcanzar el objetivo propuesto.

En la política económica entran elementos de orden subjetivo, de orden político, como lo indica el nombre de política económica.

Por último, en función de las decisiones que se tomen, deben crearse los mecanismos necesarios que las hagan viables, es decir, un sistema de dirección (esta es, tal vez, la categoría más manejada en los últimos veinte años en Cuba al realizar este análisis), que constituye una resultante de decisiones de política económica en el contexto de una estrategia, y no al revés: el sistema no crea la política económica ni define la estrategia.

Si se toma la decisión, por ejemplo, de descentralizar la gestión económica, ello supone un sistema de dirección más descentralizado; si se toma la decisión de centralizar la gestión económica, el sistema de dirección ha de ser más centralizado, lo cual a veces se ha visto al revés en nuestro propio análisis de la política económica.

Es decir, encontramos desde problemas conceptuales hasta problemas que conciernen a la forma en que ha de aplicarse una determinada decisión de política económica en la práctica y a cómo se sugiere que se haga ese análisis con un enfoque marxista.


Muchos problemas concretos en la economía, que necesariamente requieren un análisis marxista, aún aguardan su solución. Me refiero, por ejemplo, a todo lo que tiene que ver con la teoría monetaria en las condiciones actuales; o, en términos concretos, a cómo vamos a pasar de la economía dual a un sistema monetario basado nuevamente en la moneda nacional. Eso supone conceptos muy claros; y en la Resolución Económica se ha definido una táctica: se hará a partir del ajuste gradual de la tasa de cambio.

Ahora, ¿qué condiciones deben existir para que esta táctica se pueda llevar a la práctica? ¿Cuáles son los métodos y las alternativas para lograrlo? ¿Qué pasos se deben dar?


Hay muchas cosas que se pueden hacer también en el terreno de la Planificación, que supone que la definición de los conceptos ofrezca parámetros, una guía para aplicar determinadas técnicas.

La planificación expresa el movimiento de la sociedad socialista; el Che decía que la forma de movimiento de las relaciones socialistas se da a través de la planificación, y yo pienso que tenía razón, porque a través de ella se concretan todos los objetivos y tácticas en un plan. Y un plan no es más que una prospección de lo que va a ocurrir. Apelando a conceptos más técnicos, la planificación es la administración consciente de la incertidumbre.

El planificador toma una serie de hipótesis, supone un comportamiento y trata de minimizar el grado de incertidumbre para alcanzar un objetivo determinado. En nuestras condiciones ese grado de incertidumbre ha aumentado, porque estamos sometidos a una economía de mercado que nos impone determinadas condiciones, incluso desde fuera de la economía. Aquí hay un trabajo por hacer. Y, en general, en cada una de las disciplinas en materia de organización empresarial, de métodos de dirección hay trabajo por hacer desde el punto de vista conceptual y desde el punto de vista práctico.


En lo concerniente a la economía internacional, pienso que una de las cuestiones más importantes es mantener un análisis que permita descifrar cómo se van expresando las contradicciones del capitalismo y cuáles son las tendencias que se aprecian en su desarrollo.

Creo que está claro para todo el mundo lo ha dicho Fidel que matemáticamente es imposible mantener ese sistema de relaciones, donde un índice Dow Jones alcanza el doble del valor que tenía diez o quince años atrás, en tanto que la producción no ha crecido en esa proporción.

Es decir, los valores que supuestamente crea esa sociedad, valores en términos monetarios, no se corresponden con la economía real, y la distancia que los va separando es cada vez monstruosamente mayor.

Hay empresas que cotizan a 600 dólares la acción y no obtienen ganancias, son empresas virtuales. Ese es el summum de una economía especulativa. Sin embargo, eso existe, es real. ¿Qué va a pasar el día en que se gane conciencia de que eso es así, y de que esas ganancias se pueden evaporar a partir de una ruptura de esa visión de la realidad?


En Cuba se han hecho análisis muy enriquecedores de la economía internacional en los últimos años, incluyendo las profundas reflexiones políticas que ha hecho nuestro Comandante en Jefe.

Hay aportes académicos, estudios en ciernes que apuntan en esa dirección y que son importantes para podernos orientar en el trabajo práctico. Algunos de ellos se han publicado en la prensa, los análisis de Osvaldo Martínez, los análisis monetarios y sobre la crisis que ha hecho Francisco Soberón son relevantes.

Yo diría que, en este sentido, nos encontramos por delante de mucha gente en el mundo, que está hipnotizada por la posibilidad de que el capitalismo haya superado la crisis, guiándose solamente por datos factuales, por el hecho de que la recuperación no cesa desde 1992, de que las fusiones crean posibilidades nuevas, de que el mundo se ha globalizado.

Si uno va a un foro como Davos, por ejemplo, y oye lo que allí se dice, tal pareciera que estamos en otro mundo, y ese es el mundo que nos venden masivamente todos los días.

Esto alienta el consumo, lo cual, a su vez, da como resultado un determinado nivel de funcionamiento creciente de la economía.

Sin embargo, en el caso de Estados Unidos, ello está basado en un conjunto de contradicciones que no pueden obviarse, vinculadas a la forma en que se financia el consumo y la economía de ese país, a la capacidad que tienen de resolver su problemas económicos mediante la simple emisión de moneda.

Hay muchas cosas que no se pueden perder de vista, independientemente de que la economía mejore o empeore en un momento determinado. Por otra parte, Estados Unidos no es todo el sistema capitalista. América Latina este año va a tener un crecimiento cero. ¿Qué significado tiene esto? Hay que profundizar en esta cuestión.


Cc: ¿Usted afirmaría que el fundamento de la crisis actual del capitalismo es la superespeculación?

J.L.R.: Pudiera decirse que hoy se expresa de esa forma. El fundamento de la crisis del capitalismo fue definido por Marx: es la contradicción existente entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación. Ahí comienza y termina todo.

Sólo que el carácter privado de la apropiación adquiere unas magnitudes tales que hacen que este fenómeno se exprese por la vía especulativa, gracias al desarrollo de los medios de comunicación, las tecnologías, etc., que hoy hacen que la transferencia de dinero entre las diferentes bolsas del mundo se realice prácticamente en tiempo real.

Pero la contradicción está, en última instancia y es otra prueba de lo que te decía anteriormente acerca de la vigencia del marxismo, en que la gente produce para satisfacer necesidades sociales y, sin embargo, lo que ocurre en esa sociedad redunda en beneficio individual y cada vez en menos personas.

En el año 1929, esta contradicción se expresó en una crisis de superproducción, y ahora se expresa en la forma de un abismo creciente entre la economía especulativa y la economía real.

En esencia, sigue siendo el mismo fenómeno. Es decir, se trata de una misma contradicción básica que se expresa de manera diferente en dos momentos. No quiero decir con esto que todo se resuelve haciendo referencia a la esencia del asunto.

Evidentemente, tienen que ser estudiadas las formas concretas de manifestación de esas contradicciones, pues, de lo contrario, no podríamos explicarnos, por ejemplo, por qué los ciclos han perdido la ritmicidad que tenían con anterioridad, por qué no ha estallado una crisis como en 1929, por qué las crisis se atenúan, cuáles son los factores atenuantes de la crisis. Pero eso no anula la tendencia objetiva hacia la crisis que el sistema capitalista lleva en su seno y de la cual no escapará.


Cc: ¿Sería posible revertir mediante políticas dirigidas esta situación de predominio aplastante de la especulación sobre el proceso productivo?

J.L.R.: No me parece, porque tendría que haber un nivel de concertación que entraría en contradicción con el concepto de competencia, libre empresa y todo lo que sustenta hoy el neoliberalismo en el mundo. Eso sería suponer que los capitalistas van a llegar a reconocer de mutuo acuerdo esas contradicciones y a tratar de buscarles de consuno una solución que supondría sacrificar determinados intereses individuales en aras de un interés social. Eso sería totalmente utópico. Soros plantea algunos de esos problemas, pero de lo que dice a lo que hace todos los días hay una enorme distancia.

Cc: Hay quien piensa que la economía capitalista es muy sólida y que los especuladores son los culpables de las convulsiones que experimenta. Parecería que el problema podría resolverse poniendo presos a los especuladores, o dictando leyes que les impidan hacer de las suyas...

J.L.R.: No es tan simple. Si uno analiza entre líneas los últimos discursos del señor Alan Greenspan, se da cuenta de que la preocupación que subyace en ellos está referida a problemas estructurales, no a problemas coyunturales. Lo que pasa es que uno debe saber leer estos discursos.

En el capitalismo, lo que interesa que se lea es lo que se promueve. No se ofrece una visión catastrófica porque eso no se vende, ni es políticamente redituable.

Sin embargo, por más que traten de vendernos la idea de que ellos son capaces de encontrar solución a los problemas del capitalismo, en la práctica, en la acción concreta de cada uno de los actores de ese sistema, se aprecia que no operan en esa dirección, sino que ocurre más bien todo lo contrario. Y eso es lo que nos da la noción real de lo que está sucediendo con el capitalismo.


Con la magnitud de la crisis que hoy se puede desatar en el mundo, las marejadas producidas por el estallido de la burbuja especulativa, como se le llama, alcanzarían prácticamente a todo el mundo.

Nosotros hemos sido afectados por la crisis financiera, sin participar en la economía especulativa.

¿Qué significó, por ejemplo, la concatenación de la crisis en Rusia en 1998, cuando dijeron que no iban a pagar la deuda en 90 días, con la retracción de los bancos hacia los llamados mercados emergentes, la desconfianza hacia esos mercados, que terminó, entre otras cosas, con la devaluación del real brasileño?

Ese fue uno de los factores fundamentales de la depresión de los precios del azúcar. Al abaratarse el real, el azúcar de Brasil se abarató enormemente y eso prácticamente desplomó los precios. Nosotros pagamos las consecuencias duramente.


Cc: ¿Pudiera adelantarnos algunas ideas del libro que está escribiendo?

J.L.R.: Realmente, en este momento no estoy escribiendo un libro. Lo que quisiera es tratar de sistematizar las conferencias que estoy dando desde hace unos tres-cuatro años sobre la política económica de Cuba. Cada año me propongo, con la transcripción, hacer después un trabajo, pero ello requiere tiempo. Hay muchas cosas que explico en conferencias y no tengo tiempo de sistematizarlas. Una cosa es hablar y otra profundizar, sistematizar los conceptos, precisar las referencias bibliográficas. Pero mantengo el propósito de hacerlo en la medida de mis posibilidades. Trataría que fuera una introducción al estudio de la política económica de la Revolución cubana, particularmente en estos últimos años. Con ello daría continuidad a mi libro Estrategia para el desarrollo económico de Cuba, aunque no tendría la aspiración de éste de abordar la estrategia, la política económica y el sistema de dirección. Aquí no se trataría de llegar a ese nivel de profundidad, sino, más bien, de centrar la atención en el nivel de la política económica, sobre todo en los últimos años, que es donde veo las mayores carencias y me siento en mejores condiciones para aportar algunas ideas.

Cc: ¿Ha estado al tanto de lo que se ha estado haciendo en la enseñanza de la Economía Política?

J.L.R.: Una de las tareas que tiene asignada el Ministerio desde hace aproximadamente un año es expresar los intereses del Estado en la enseñanza de la Economía en general, y de la Economía Política en particular. En el verano tuve una serie de reuniones con los claustros de profesores de Economía de todas las universidades del Occidente, del Centro y del Oriente del país. De ahí sacamos una serie de conclusiones, y estamos en un programa de trabajo con el Ministerio de Educación Superior dirigido al análisis, tanto de las cuestiones que nos interesan y de los pasos que hay que dar para la superación de los profesores de Economía Política, hasta cómo atemperar lo que se explica hoy en las aulas de acuerdo a las necesidades concretas que tiene la economía en disciplinas cuya importancia es capital, como la Planificación.

En ese trabajo estamos; lo hemos empezado de manera coordinada con un grupo de compañeros de otros organismos, pero no es un trabajo de un día ni de dos, porque nos encaminamos hacia la revisión de programas e, incluso, hacia la creación de una unidad docente en el Ministerio.

Estamos dando una serie de pasos para llevar a profesores y estudiantes más hacia la práctica concreta de las cuestiones macro y microeconómicas, es decir, tanto a nivel central como a nivel empresarial, invitando a dar clases a compañeros que trabajan en la economía concreta, en la medida de sus posibilidades y, por otro lado, estimulando la incorporación de profesores y estudiantes universitarios a los procesos concretos de planificación, de dirección, de organización de la producción, mediante una inserción que va a tener características más profundas que las que tiene hoy día.


Cc: ¿No extraña sus largos años de profesor universitario?

J.L.R.: Indudablemente, recuerdo con cariño aquella época de trabajo en la Universidad, y después de investigador, y trato de mantener alguna actividad de este tipo. Yo tengo la oportunidad, en algún momento, de dar conferencias, cursos cortos, que me permiten transmitir en el campo conceptual las experiencias que adquiero ahora.

Pero no puedo negar que la responsabilidad que el país le confía a uno en estos momentos es de una magnitud tal que me obliga a entregarle todas mis fuerzas, que la percibo como un reconocimiento enorme y una gran obligación con nuestro pueblo.


José Luis Rodríguez García (La Habana, 1946) parece encarnar la antiquísima imagen del político ilustrado, devuelta en la forma del dirigente revolucionario culto. Licenciado en Economía (1963), Doctor en Ciencias Económicas (1978), segundo jefe del departamento de Economía Política de la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana, Director de Estudios de Posgrado y del Centro de Estudios de la Economía Internacional de esta casa de estudios (1978-1980), subdirector del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (1982-1993), es un científico de compromiso, de aquellos para quienes la teoría económica y social sólo adquiere sentido al convertirse en instrumento de combate anticapitalista y transformación revolucionaria. Ministro-Presidente del Comité Estatal de Finanzas (1993), Ministro de Finanzas y Precios (1994), Ministro de Economía y Planificación y Vicepresidente del Consejo de Ministros (1995), miembro del Comité Central del PCC (1997), diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y miembro del Consejo de Estado de la República de Cuba (1998), es un político armado con la fuerza de las ideas y los conceptos marxistas incluido el marxismo de la Revolución cubana, en cuya actividad no existe espacio para la improvisación ni para el aliento corto. De ello dan fe los resultados de su labor política práctica en la esfera de la economía y las finanzas, y su amplia obra científica, en particular, sus últimos títulos, Estrategia de desarrollo en Cuba (La Habana, 1990) y Desarrollo económico de Cuba. 1959-1988 (México, 1990).