18 de octubre del 2001

El 11 de septiembre, pretexto contra la piratería

La guerra de los oportunistas

Naomi Klein
Masiosare

En medio del coro de propuestas draconianas y amenazas macartistas que surgieron a partir del 11 de septiembre destacan las voces de quienes demandan medidas internacionales contra los productos pirata: "Los Nike falsos, dicen, pueden estar ayudando a financiar la red de Bin Laden". Pero ¿qué no nos habían dicho, una y otra vez, que los terroristas odian a Estados Unidos porque odian el consumismo?

A partir de las atrocidades del 11 de septiembre, muchos compiten por ser el mayor oportunista político. Los políticos pasan leyes trascendentales mientras los electores aún están en duelo, las corporaciones van tras los fondos públicos, los eruditos acusan a sus opositores de traición.

Pero en medio del coro de propuestas draconianas y amenazas macartistas destaca una voz oportunista. Esa voz pertenece a Robyn A. Mazer, quien está utilizando el 11 de septiembre para demandar que se apliquen medidas internacionales contra las playeras piratas.

No es motivo de sorpresa que Mazer sea una abogada experta en comercio asentada en Washington, DC. Aún menos sorprendente es saber que se especializa en la legislación comercial que protege el mercado de exportación más grande de Estados Unidos: los derechos de autor. O sea, música, películas, marcas, patentes de semillas, software y mucho más. Los derechos de propiedad intelectual comerciales (TRIPS, por sus siglas en inglés) constituyen uno de los más controvertidos acuerdos laterales en vísperas de la reunión de la OMC que tendrá lugar el mes que entra en Qatar.

Son el campo de batalla para las disputas que van desde el derecho de Brasil a distribuir medicamentos genéricos gratuitos contra el sida al exitoso mercado chino de cd piratas de Britney Spears. Las multinacionales están desesperadas por tener acceso a estos grandes mercados para sus productos, pero quieren protección. Mientras tanto, muchos países pobres dicen que los TRIPS les cuestan millones a la policía, y el predominio extranjero de los derechos de propiedad intelectual incrementa los costos para las industrias locales y los consumidores. ¿Qué tienen que ver todas estas disputas comerciales con el terrorismo? Nada, absolutamente nada. A menos que le preguntes a Robyn A. Mazer, quien publicó un artículo hace un par de semanas en The Washington Post titulado: "De las playeras al terrorismo; los Nike falsos pueden estar ayudando a financiar la red de Bin Laden".

"Investigaciones recientes sugieren que muchos de los gobiernos que se cree apoyan a Al Qaeda también promueven, son corrompidos por o al menos ignoran el tráfico altamente lucrativo de productos piratas o de imitación, capaces de generar flujos inmensos de dinero para los terroristas", escribe.

"Sugieren", "se cree que", "al menos", "capaces de": mucho rodeo para una sola frase, especialmente para alguien que ha trabajado en el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Pero la conclusión no es ambigua: o se ponen en práctica los TRIPS, o estás con los terroristas. Bienvenidos al nuevo mundo feliz de las negociaciones comerciales, donde cada cláusula arcana se inspira con la santurronería de la guerra santa.

El oportunismo político de Mazer hace surgir algunas interesantes contradicciones.

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El representante comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick, ha estado usando al 11 de septiembre para otra meta oportunista: asegurar el poder de negociación comercial "vía rápida" (fast track) para el presidente Bush. Según Zoellick, el comercio "promueve los valores de esta prolongada lucha".

¿Qué tienen que ver los nuevos acuerdos comerciales con la lucha contra el terrorismo? Bien, pues se nos dice, una y otra vez, que los terroristas odian a Estados Unidos porque odian el consumismo: McDonald's y Nike y el capitalismo... ustedes saben, la libertad. Comerciar es, entonces, desafiar su ascética cruzada, es difundir los productos que ellos aborrecen.

Pero, esperen un minuto: ¿y todos estos productos falsos que Mazer dice que están financiando al terrorismo? En Afganistán, asegura, puedes comprar playeras con logotipos pirata de Nike y que glorifican a Bin Laden como "el gran mujaidin del Islam". Parece que nos enfrentamos a un escenario mucho más complicado que la dicotomía superficial de un McMundo consumista contra una jihad anticonsumista. De hecho, si Mazer está en lo cierto, no sólo están completamente entrelazados los dos mundos, sino que las imágenes del McMundo son usadas para financiar la jihad.

Quizá un poco de complejidad no estaría mal. Parte de la desorientación que muchos estadounidenses enfrentan tiene que ver con el papel sobresimplificado e inflado que juega el consumismo en el discurso estadounidense. Comprar es ser. Comprar es amar. Comprar es votar. La gente fuera de Estados Unidos que quiere Nike -hasta Nike pirata- debe querer ser estadounidense, debe amar Estados Unidos, debe, de alguna forma u otra, estar votando por todo lo que Estados Unidos representa. Éste ha sido el cuento de hadas desde 1989, cuando las mismas compañías de los medios que nos traen La Guerra de Estados Unidos en contra del Terrorismo proclamaban que sus satélites de televisión derrocarían dictaduras en todo el mundo. Los consumidores nos llevarían, inevitablemente, a la libertad. Pero todos estos discursos fáciles se están desmoronando: el autoritarismo coexiste con el consumismo, el deseo por productos estadounidenses se mezcla con el enojo por la desigualdad.

Nada pone a la luz pública estas contradicciones más claramente que las guerras comerciales contra los bienes "falsos". El pirateo prospera en los cráteres profundos de la desigualdad global, donde la demanda de bienes de consumo está a décadas de distancia del poder adquisitivo. Prospera en China, donde los bienes sólo para exportación manufacturados en talleres del sudor (maquiladoras) se venden en más de lo que los obreros pueden ganar en un mes. En África, donde el precio de los medicamentos contra el sida es un chiste cruel. En Brasil, donde los cd piratas son celebrados como los Robin Hood de la música.

La complejidad no le sirve al oportunismo. Pero sí nos ayuda a acercarnos a la verdad, aunque signifique que tengamos que sortear entre muchas cosas falsas.

(Traducción: Tania Molina Ramírez)