6 de septiembre del 2001

Bioglobalización


Arnoldo Kraus - La Jornada

El fenómeno de la globalización -la Tierra entiende mejor que nadie la complejidad del término-, al carecer de definiciones precisas, de límites consabidos o de citas en la mayoría de los diccionarios, abarca "todo", incluso muertos. Las fronteras de la globalización oscilan entre lo imaginable y lo inimaginable. Sus tentáculos, por supuesto, han tocado también el área de la enfermedad. A diferencia de lo que supuestamente ocurre en las guerras -no agredir hospitales ni civiles-, los derroteros económicos comprendidos en la globalización no respetan los intereses de los pacientes. Aun dentro de los lenguajes de la epidemia globalizadora, poco importan los rostros de quienes padecen enfermedades.

La bioglobalización, concepto que debería agregarse al léxico de este milenio, advierte de los incontables daños secundarios al fenómeno de la globalización. No son pocos los especialistas que han señalado las consecuencias de las alteraciones en el clima, de la destrucción de la capa de ozono y de la acumulación de productos químicos que resisten la degradación, todos fenómenos vinculados con "la producción sin conciencia ecológica" y, por supuesto, emparentados con la necesidad de fabricar incesantemente, sin límites ni cuestionamientos éticos.

Aunada a esa inconsciencia terráquea, la globalización ha impactado negativamente a los individuos y a las comunidades. De hecho, algunos teóricos de la medicina consideran que muchos problemas de salud son herencias derivadas de los daños impuestos a la "evolución natural", a lo cual, agregaría, que no pocos de esos bretes provienen de la inmensa miopía de los "dueños de la medicina". El caso del síndrome de inmunodeficiencia adquirida es buen ejemplo de las mermas y mezquindades de la bioglobalización y sus brazos: las compañías farmacéuticas. Son múltiples las paradojas.

Primera. A pesar de que la mayoría de las investigaciones sobre sida se realizan en el Tercer Mundo, los menos beneficiados son quienes fueron sujetos de esos estudios, ya sea porque fallecieron o porque no tenían dinero para adquirir los fármacos.

Segunda. La mayoría de las compañías farmacéuticas que reclutan sujetos para estudios de medicamentos, no los ofrece vitaliciamente a quienes participaron en los protocolos como, se supone, debería ser.

Tercera. La bioglobalización, en su afán mercantilista, al tratar inadecuadamente a enfermos de sida ha facilitado la reaparición de otras patologías como la tuberculosis, cuyas cepas, en algunas ocasiones, han resultado sumamente agresivas y -tercera paradoja bis- han producido la muerte de sujetos previamente sanos, incluyendo médicos.

Cuarta. A pesar de que cada día mueren de sida mil niños y de que mil 600 son infectados por el virus, y a sabiendas de que aproximadamente 35 por ciento de las madres infectadas transmite la infección a sus vástagos, no existe consenso universal ni apoyo "suficiente" de las grandes trasnacionales para medicar a las madres y prevenir el contagio. No sobra decir que algunos expertos consideran que existe la amenaza de que pueblos enteros en Africa desaparezcan.

Quinta. Debido a que algunas trasnacionales no aceptan reducir el precio de determinados fármacos, hace unos días el Ministerio de Salud de Brasil anunció que comenzará a producir el Viracept, ya que no logró acuerdos con el laboratorio suizo Roche, el que, finalmente, tras sentirse amenazado, recapituló y concedió un descuento de 40 por ciento. Si ese medicamento se agrega a otras medicinas, se llega a reducir entre 50 y 70 por ciento la tasa de mortalidad por sida. Y no sólo eso: el número de camas ocupadas en hospitales puede disminuir hasta 75 por ciento, lo cual, huelga decir, implica grandes ahorros. Discusiones similares se han llevado a cabo con otros laboratorios (i.e., Merck Sharp and Dhome).

Sexta. Hay quienes sostienen que por ahora la vacuna contra el sida, la cual, por supuesto, es la solución idónea, no se producirá porque no conviene a los intereses de las grandes trasnacionales.

Séptima. A nivel global, el sida no es tratado. Hasta ahora han muerto 21 millones de personas por la epidemia. En el siglo XVI la peste mató a 25 millones. Poco falta para que superemos esa cifra. ¿Es la bioglobalización la responsable?

El término bioglobalización debe insertarse dentro de los incisos de la globalización. Además del sida, la enfermedad de Lyme y las viremias de Lassa y de Ebola, entre otras, son parte de ese fenómeno. La inadecuada distribución de fármacos, la sordera de "los dueños del poder médico" y los efectos negativos sobre la Tierra relacionados con la tecnología son parte del compendio de la bioglobalización.

La octava paradoja resume las previas: el ser humano ha convertido en víctimas a otros seres humanos.