22 de agosto del 2001

Un análisis de la situación económica y financiera argentina por un político burgués

Como con bronca y junando...

Juan Gabriel Labaké

Cuando este mensaje llegue a manos de mis lectores, es posible que nuestro país tenga la suerte de haber sido "ayudado" una vez más por el FMI. Obviamente, también tendrá la suerte de haber aumentado su deuda externa nuevamente en algunos miles de millones de dólares.

Pero esta vez, "la suerte" será muy grande, más grande que nunca. La "ayuda" vendrá estrictamente condicionada al cumplimiento sí o sí (digamos que será una amable sugerencia estilo Imperio) a la reforma previsional (es decir, en buen criollo, al ajuste sin misericordia contra los abuelos ambiciosos que pretenden ganar más de $150 por mes), a la desregulación de las obras sociales (para que esas instituciones de los trabajadores argentinos, que aman la demagogia "distribucionista", compitan con algunos "pequeños" grupos bancarios narcolavadores, como el Hong Kong and Shangai Banking Corporation, acá Banco Roberts), al déficit cero (para lo cual los millonarios empleados estatales, y nuevamente los ambiciosos abuelos, deberán bajar bastante más sus sueldos y haberes, porque el 13% no alcanza... para saciar el hambre de los chicos ricos y tristes del norte), y, entre otras lindezas semejantes, a una disminución de otros $6.000 millones en el presupuesto del 2002, porque de otra forma no habría déficit cero y eso sería un pecado gravísimo... imperdonable.

"Se acabó la fiesta", dijo el colaboracionista Roberto Alemann (el mismo a quien el juez Ballestero sindica como uno de los ocho grandes responsables de crear la deuda fraudulenta... que ahora hay que pagar con los "ajustes" antedichos).

¿De qué fiesta nos habla el señor Alemann? Mejor dicho, ¿de la fiesta de quién nos habla? Porque fiesta hubo, pero fue la fiesta (la festichola) de sus patrones extranjeros y nativos (que acá hay algunos tan feroces como los de afuera), de los que abonan los honorarios del Estudio de Alemann. Mientras que los platos rotos nos los endosan a los argentinos, que no gozamos de ninguna fiesta sino que soportamos sus consecuencias y la pedantería de sus beneficiarios.

Como muestra vaya este botón: en el "Informe Económico Mensual" de julio/01 de FIDE, que dirigen nuestros amigos Héctor Valle y Mercedes Marcó del Pont, se consigna que en el primer trimestre de este año, mientras la economía argentina (el PBI) se achicó en un 2%, las utilidades y dividendos que las empresas extranjeras giraron al exterior aumentaron en un 50%. ¿De quién fue la fiesta? ¿De los empleados estatales? ¿De los jubilados? ¿De los desocupados, sean piqueteros o no? ¿De los docentes? ¿De los investigadores? ¿De quién, señor Alemann? ¿De los 500.000 argentinos del Gran Buenos Aires que pasaron a ser pobres en el último año? ¿De los casi 150.000 que ahora son indigentes, es decir que no tienen ni para comer? ¡Por lo menos, tengan un mínimo de vergüenza y cállense la boca mientras nos esquilman!

Lo cierto es que estamos al borde del precipicio, y lo único que les interesa a nuestros "salvadores" de acá y de allá es salvar sus créditos, con los consabidos intereses usurarios. Por eso vendrá la "ayuda", como siempre. Pero me temo que, también como siempre, no nos servirá de nada a nosotros. Según el "Informe Económico" de agosto que elabora el Estudio del Dr. Eduardo Setti, entre marzo y julio de este año hemos perdido 9.838 millones de depósitos bancarios (ya no quedan cajas de seguridad libres en los bancos...). De ellos, 5.850 millones se nos fueron en julio. Mientras que las reservas del Banco Central disminuyeron en 12.537 millones en los últimos cinco meses. Es decir, en ese lapso perdimos el 11,3% de los depósitos, y ¡el 37,8% de las reservas! Y en esta última remana, las cosas han ideo peor: según datos del propio Banco Central, en un solo día, el miércoles, se nos esfumaron 494 millones de depósitos bancarios, y 441 millones de reservas de divisas. ¿Dónde está el límite en que los retiros y "fugas" se transforman en estampidas?

Pero eso no es lo peor aún. Con este inhumano ajuste estatal no habrá déficit cero, ni mucho menos, salvo que, en lugar del 13%, rebajen los sueldos y haberes jubilatorios en una cifra bastante mayor. ¿Se animarán a esa crueldad extrema? Y, encima, la recesión será mayor, como ya se los viene demostrando la experiencia desde hace años: mientras más dinero le sacan a la gente para consumir, menos actividad económica hay. Hasta un niño lo sabe. Parece cosa de gente muy terca y tonta (aunque, en realidad, lo hacen por motivos muchísimo peores) insistir en bajar el gasto público en un momento de profunda recesión.

¿No es preferible que, de una vez por todas, nos desconecten el respirador artificial? ¿Tienen miedo que quede al desnudo la tenebrosa falacia del "Consenso de Washington? Para nosotros, no para ellos, ¿no es preferible que llegue la crisis, antes que seguir en esta agonía mortal que, de cualquier modo, terminará en una crisis peor? "Una aguda, profunda crisis, es mejor que una interminable agonía", según el brasileño Eduardo Giannetti (en "Newsweek International", transcripto de "Le Monde Diplomatique"). ¿O están preparando el ambiente para dolarizar, como "mal menor", o "porque no hay otro remedio"...?

Realmente, estamos esperando esta nueva "ayuda" como con bronca y junando. ¿Nos animaremos a actuar de algún modo para que esta vez sea la última...?