29 de enero del 2002

La Unión Europea, ¿gusano o gigante militar? [1]

Luis González Reyes

El "Nuevo Orden Mundial" o la globalización del capitalismo

Antes de entrar en el análisis de las capacidades político-militares de la UE, se hace necesario situar brevemente cuál es el contexto internacional. Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, se pasa de un sistema bipolar a otro monopolar, en el que ya sólo queda uno de los contendientes con supremacía total en el planeta: EEUU. Hay que hacer notar que, en todo caso, todavía existe un cierto reparto de zonas a nivel militar, donde a Rusia le queda el territorio de la antigua URSS, como se puede comprobar en el conflicto de Chechenia. La otra región del planeta que todavía escapa al control estadounidense es China.

            Lo que no ha cambiado respecto a la Guerra Fría es la subordinación de la Periferia respecto al Centro. Es más, esta situación se está agravando con la introducción de su economía en los grandes mercados mundiales. Las consecuencias de la globalización son, fundamentalmente, un aumento de las desigualdades, de la relegación y la humillación de la Periferia y de la degradación ambiental, lo que está produciendo un descontento entre amplias capas sociales en todo el planeta. Dicho descontento, a pesar de la gran capacidad del actual sistema para asimilarlo y acallarlo, sale a la luz periódicamente en forma de estallidos violentos (Argelia, Ruanda, Congo, Indonesia, Colombia, Chiapas, las revueltas en suburbios de Inglaterra y Francia). En ellos, la única motivación del conflicto no se puede achacar a las consecuencias de la colonización económica, política y cultural del Centro, pero se puede considerar que es, si no la principal, sí una de las más importantes. Estos procesos globalizadores están siendo potenciados, con lo que es de esperar que los conflictos vayan en aumento. Además, todavía existen conflictos que para entenderlos debemos hacer referencia a la Guerra Fría, como son los de Angola o Mozambique.

            Desde el Centro se está respondiendo a esta creciente ingobernabilidad de distintos modos. Por un lado, los medios de comunicación y la educación vienen cumpliendo una importante función adormecedora en la sociedad. Junto a estos está actuando una débil capacidad compensadora del Centro sobre la Periferia, en muchas ocasiones llevada a cabo por las ONGs. Sin embargo, estos elementos no están siendo suficientes y se están complementando con los policiales y los militares. En principio los militares son los responsables de acometer los conflictos internacionales, aunque esta barrera se diluye en momentos especialmente graves para el mantenimiento del orden establecido (movilizaciones de Génova, revueltas sociales en EEUU).

            Los centros de poder son conscientes del papel imprescindible de los instrumentos militares para que la globalización económica y la situación de hegemonía del Centro sean factibles. Por ello, la industria armamentística y los ejércitos siguen siendo dirigidos desde el Estado (vía organización y/o financiación) y están exentos de las actuales corrientes liberalizadoras [2] . En ese cometido destacan el ejército de EEUU y la OTAN y, a más distancia, el resto de ejércitos nacionales del Centro, alianzas como la Unión Europea Occidental (UEO) [3] y los “cascos azules” de la ONU.

En sus intervenciones en los conflictos, el Centro buscará el control y/o la estabilización de esas zonas para la explotación de sus recursos y/o sus mercados (Guerra del Golfo, Yugoslavia). Las intervenciones también podrán estar motivadas por las condiciones políticas internas de los estados del Centro que las lleven a cabo [4] (Somalia, Haití, Albania). Además la guerra, en sí misma, es ya un gran negocio. En todo caso, la intervención militar por parte del Centro, en la mayoría de los conflictos, no se ha producido o se ha restringido a un uso limitado de la fuerza (Congo, Chechenia, Sahara, Eritrea-Etiopía, Nigeria, Afganistán hasta el conflicto actual, Azerbaiyán, Sudán, Angola, Bosnia-Herzegovina hasta agosto de 1995, Georgia, Liberia, Ruanda, al principio en Somalia, Tayikistán, etc.).

            La existencia de una única gran potencia supone que sea mucho más improbable que aparezca un conflicto de carácter apocalíptico [5] . Del mismo modo también lo es un enfrentamiento en el que se luche en amplias regiones. Así, los conflictos se caracterizarán por estar localizados en un área concreta (Grandes Lagos, Congo, Guerra del Golfo, Afganistán) y con forma de guerra interna dentro de un estado o con influencias de los limítrofes (Yugoslavia, Méjico, Colombia, Indonesia, Argelia, Albania). En el Centro seguirán surgiendo estallidos violentos internos (Reino Unido, Francia, EEUU) y elementos de la Periferia intentarán realizar atentados del 11-S. Las motivaciones de los conflictos serán: respuestas más o menos desorganizadas a las consecuencias de la globalización (Chiapas, Argelia, Ruanda); o acciones de los ejércitos del Centro encaminadas a continuar su dominación sobre la Periferia (Guerra del Golfo, Afganistán), o que respondan a necesidades de su política interna (Somalia, Haití). Obviamente, esta caracterización de las causas y de los tipos de conflictos es generalista, un estudio pormenorizado de cada conflicto presentará matices y excepciones a este comportamiento.

El 11-S: un cambio cuantitativo más que cualitativo.

Tras los atentados del 11 de septiembre no hemos entrado en una nueva era. No es novedosa la expresión violenta de la situación de penuria y subordinación de la Periferia, lo único nuevo es que, en esta ocasión, esa violencia ha golpeado a la superpotencia en su territorio. Tampoco debe sorprendernos la intervención militar del Centro para mantener el statu quo y la estabilidad necesaria para el funcionamiento del capitalismo global, es una constante en toda la post-Guerra Fría (Irak, Bosnia-Herzegovina, Yugoslavia, Palestina, Sudán). En lo que estamos es en una fase de recrudecimiento del estado de guerra continuo en el que vivimos. Este recrudecimiento sí podría llevar a una situación radicalmente nueva si se terminan de desestabilizar zonas claves como Oriente Próximo y, especialmente, Oriente Medio con todo su petróleo.

Por otra parte, el 11-S ha servido para demostrar, una vez más, que estamos en un mundo interdependiente [6] . También ha quedado claro, con la forja de la "coalición internacional contra el terrorismo", que, por encima de las divergencias puntuales, los estados del Centro y las potencias de la Periferia (Rusia, China, Turquía, India o Pakistán) se aprestan a dar su apoyo en la defensa de la estabilidad internacional, siempre tras el líder mundial. No en vano todos comparten un mismo sistema económico, que necesita de un mínimo de seguridad para poder funcionar [7] .

Por último, comentar que el Centro está aprovechando los atentados para acelerar las políticas que ya venía realizando, con un intento de cierre de filas a su alrededor (tanto interno como externo), un aumento de la represión de todo tipo de disidencia (como otro frente más de la guerra), acotando la democracia, y militarizando aun más las sociedades y el planeta.

El intervencionismo “humanitario”.

            El panorama de la post-Guerra Fría ha obligado a los ejércitos del Centro a modificarse. Este cambio se ha caracterizado por la transformación de organismos teóricamente defensivos en otros marcadamente intervencionistas. No quiero decir que antes no existiese intervencionismo, sino que el de ahora está reflejado explícitamente en los motivos de actuación de los ejércitos.

            Las sociedades del Centro no se comprometen con la lucha contra la pobreza o la degradación ambiental y, sin embargo, sí han adoptado como suyos tales principios. Es por ello que las actuales intervenciones no son simplemente “intervenciones”, sino que son “intervenciones humanitarias” [8] . Una segunda vía de justificar las acciones exteriores está siendo apelar al miedo, que es el que ha permitido la presencia de tropas terrestres en Afganistán y la justificación del escudo antimisiles estadounidense.

En todos los casos el mensaje que se transmite es simplista y distorsionado: los estados del Centro encarnamos el Bien y la Periferia el Mal. De este modo, lo que en realidad sigue siendo colonialismo, se está justificando como “gestión de crisis”, “operaciones humanitarias”, “operaciones de mantenimiento de la paz” u "operaciones contra el terrorismo internacional" [9] . Este discurso se ha implantado en distintos organismos como la OTAN (en la Cumbre de Roma de 1991 y, especialmente, en la cumbre de Washington de 1999), la UEO (reunión de Petersberg de 1992), la UE (Cumbre de Helsinki 1999, donde se aprueba crear un “cuerpo militar permanente de paz”), las directivas de defensa nacional de la mayoría de estados (como el estadounidense, el francés, el alemán o el español) y la ONU (Agenda por la Paz de 1992).

Los nuevos enemigos.

            Tras el fin de la Guerra Fría los enemigos del Centro no son concretos, sino difusos. Así, de lo que se habla es de “amenazas”, y éstas abarcan desde el fundamentalismo islámico a las dictaduras agresivas (o no sumisas) de la Periferia, pasando por el terrorismo internacional, los nacionalismos emergentes, el control nuclear y de fuentes de materias primas estratégicas o los flujos migratorios. Es decir, una indefinición que permite intervenir donde y cuando se desee, además de retomar la escalada armamentística. Aunque sitúa gran parte de las “amenazas” muy cerca de la UE, en las riveras sur y este del Mediterráneo.

            Los países del antiguo bloque comunista ya no son enemigos, pero eso no les ha evitado sufrir un intervencionismo de tipo político por parte de la OTAN. A través de instituciones asociadas a la Alianza, como la Asociación para la Paz, o mediante su integración en la OTAN, se ha perseguido la creación en estos estados de democracias formales de estilo occidental dependientes del Centro [10] .

Los instrumentos.

Las guerras en las que han actuado los países del Centro se han caracterizado por presentar un aplastante poderío militar de éstos sobre sus enemigos (Yugoslavia, Guerra del Golfo, Afganistán). Una segunda característica ha sido la utilización de los medios de comunicación de masas para justificar la intervención de cara a la opinión pública y como arma propagandística contra los agredidos. Sin el moderno armamento las intervenciones del Centro serían  impensables, pero sin una opinión pública interna sumisa tampoco se podrían realizar.

            Las Fuerzas Operativas Combinadas Conjuntas (FOCC) de la OTAN representan el ejemplo de los nuevos ejércitos multinacionales. Estas suponen que no todos los miembros de la OTAN tienen que intervenir en las operaciones que surjan. Pero, además, permite la participación de soldados de otros países ajenos a la Alianza. Las motivaciones actuales para la existencia de las FOCC son el reparto de gastos entre EEUU y el resto, así como dotar de mayor legitimidad las intervenciones. Además, los ejércitos se han reestructurado para dotarlos de una mayor y más rápida proyección exterior. Esta ha sido la razón principal que está explicando la profesionalización de las fuerzas armadas del Centro [11] . Así tenemos ejércitos que se pueden enfrentar a un conflicto local, con apoyo internacional, bajo una cobertura supranacional y bajo el disfraz de guerra humanitaria.

            Otro aspecto importante es la capacitación de los mandos para mantener dos conflictos al mismo tiempo (bombardeo de Irak durante la guerra en Yugoslavia de 1999). Ya que, en el nuevo escenario internacional, los conflictos están localizados en áreas concretas y surgen periódicamente.

¿Gusano o gigante militar?

Dentro de este contexto se sitúa la política militar de la UE, ya muchas veces descrita por la frase “la Unión Europea es un gigante económico, un enano político y un gusano militar”. Esta afirmación es sólo cierta a medias, es verdad que la UE es un “enano político y un gusano militar” si se le compara con EEUU, lo que hace que su política militar esté supeditada a la de la superpotencia americana. Pero esta afirmación deja de ser cierta si la comparación se realiza con cualquier otro país y si se analiza el papel que está jugando en el mundo. Así la UE adquiere un rango de potencia de primer orden y los estados que forman la UE, así como la propia Unión, son responsables en gran medida de la actual situación internacional.

Para seguir el entramado de siglas que comienza a partir de ahora será útil tener como referencia el siguiente esquema:

 


La supeditación al “amigo americano”.

            Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, EEUU quiere asegurarse el control de Europa Occidental y para ello crea, entre otros organismos, la OTAN. La finalidad que persigue EEUU con la Alianza Atlántica no es únicamente parar a la URSS, sino mantener en su órbita a los gobiernos de Europa Occidental. Así, durante la Guerra Fría, la OTAN no actuó contra el Pacto de Varsovia, pero sí lo hizo en Grecia (en 1967 el “Golpe de los Coroneles” se ejecutó de acuerdo con un plan de la OTAN), Turquía (en el golpe militar de 1980) o Italia (con la creación de la “red Gladio” en 1956 y las intervenciones de la CIA contra los acuerdos que pudieron llevar al Partido Comunista al poder en 1953 y 1960).

                Una vez terminada la Guerra Fría, EEUU se ha cuidado muy mucho de mantener este instrumento de poder en Europa; actuando mediante sus más fieles aliados, cuya cabeza es Gran Bretaña, frente a los sectores más “europeístas” liderados por Francia y Alemania. Así, cuando la Comunidad Europea pasa a Unión Europea con la aprobación del Tratado de Maastricht en 1992, la futura Unión se dibuja con tres pilares: una unión económica; una política judicial común; y una política exterior y de seguridad común (PESC). En este último aspecto la Cumbre de la OTAN de Roma, celebrada un año antes, fue la que marcó como se iba a configurar la PESC. De este modo, la política de defensa se le encarga, explícitamente, a la OTAN; o lo que es lo mismo, se supedita a los intereses norteamericanos. Esto queda patente en el artículo J.4 del Título V: “Con arreglo al presente artículo la política de la Unión no afectará al carácter específico de la política de seguridad y de defensa de determinados Estados miembros, respetará las obligaciones derivadas para determinados Estados miembros del Tratado del Atlántico Norte y será compatible con la política común de seguridad y defensa establecida en dicho marco”. Además no se establece ninguna PESC real sino, únicamente, los procedimientos para realizarla, si los estados acuerdan unas determinadas políticas. Para remate, tampoco cuajó la integración de la UEO en la UE como su brazo armado, más allá de un acercamiento entre ambas organizaciones. Y, por si hubiese dudas, se definió con claridad cual será la relación de la UEO con la OTAN: “... la Alianza, que seguirá siendo el foro principal para consultas entre sus miembros y el lugar donde se decidan las políticas relativas a los compromisos de seguridad y de defensa de los aliados de acuerdo con el Tratado del Atlántico Norte” [12] .

En 1997 se firma el Tratado de Amsterdam y en 2000 el de Niza, en los cuales sigue siendo la OTAN la encargada de la defensa de la UE y no cambia sustancialmente lo escrito en el Tratado de Maastricht, aunque sí se avanza algo más en la plasmación de la PESC. Un ejemplo de cómo se impide volar al proyecto militar europeo es que el sistema de “cooperaciones reforzadas” aprobado en Niza, que permite tomar decisiones por mayoría en lugar de por unanimidad, excluye el ámbito de defensa. Respecto a la integración de la UEO en la UE, no es hasta la cumbre de Colonia de 1999 cuando, finalmente, se produce el anuncio de dicha integración, tras dar Gran Bretaña su aprobación. De todas formas, este proceso todavía no ha sido refrendado, aunque debiera haberlo sido en el Tratado de Niza.

Además, la UEO mantiene relaciones de “transparencia y complementariedad” con la OTAN. Retóricamente esto está encaminado a impedir la duplicación de gastos e inversiones, pero supone una UEO totalmente subsidiaria de la Alianza, ya que los sistemas de satélites y de transportes masivos de tropas son estadounidenses. Esto hace depender a los europeos del consentimiento de EEUU en cada intervención que quieran realizar. Por si esto no fuera suficiente, la Célula de Planificación Militar de la UEO depende del Consejo Permanente de la OTAN.

Algo similar ocurre con el Eurocuerpo [13] , teórico instrumento de la política militar europea, cuya subordinación a la OTAN es patente, como lo atestigua el que en la actualidad sea el que detente el mando de la operación aliada en Kosova, la KFOR. Es muy sintomático que la primera misión del Eurocuerpo esté realizándose bajo el paraguas de la OTAN. Se ve como, desde la caída del Muro de Berlín, mientras la OTAN no ha parado de fortalecerse, un proyecto genuinamente europeo no ha terminado de cuajar.

En paralelo a este proceso se ha desarrollado la Identidad de Seguridad y Defensa Europea (ISDE) en el seno de la Alianza Atlántica. Su finalidad ha sido la reducción de gastos de EEUU, con el aumento de los de los socios europeos, pero sin que ello supusiese una disminución del poder del “amigo americano”. La UEO ha sido la plasmación de esta ISDE. En los primeros años de la post-Guerra Fría se produce un reparto de misiones entre la UEO y la OTAN. Tras la reunión de Petersberg (1992), a la UEO se le encomiendan misiones de “gestión de crisis”, “operaciones humanitarias” y “operaciones de mantenimiento de la paz”; mientras que la OTAN se reserva la defensa de sus estados miembros. Esto respondió a la realidad de ese momento, en la cual la UEO tenía un estatuto (el Tratado de Bruselas) que le permitía intervenir más allá de su territorio, cosa que no podía hacer la OTAN con el Tratado de Washington. En todo caso, este reparto no se ha respetado e intervenciones como la que se produjo en Yugoslavia en 1999 o la actual de Macedonia, que han sido calificadas como de “imposición de la paz”, han sido llevadas a cabo por la Alianza Atlántica. Un ejemplo de cómo es realmente el reparto de cargas entre europeos y americanos es la intervención de la OTAN de 1999 en Yugoslavia, donde el material de alta tecnología fue aportado en su mayoría por EEUU (diez veces más que el aportado por la UE), sin embargo, la aportación de soldados (con todo lo que ello supone de cara a la opinión pública) fue diez veces mayor por parte de los europeos [14] .

También se debe hacer notar que la estructura de mandos de la Alianza refleja quién es el que toma las decisiones en el seno de la organización. Aunque su secretario general sea, históricamente, un europeo, éste siempre es elegido por sus posiciones cercanas a EEUU. Además, los mandos militares de más enjundia los ostentan militares del Pentágono, incluso en el área europea (sirva como ejemplo el mando de Europa Meridional, que tiene a su cargo el decisivo control del Mediterráneo). Por último, las decisiones no se toman de manera democrática, aunque en teoría el funcionamiento de la organización sea por consenso, ya que el peso de la opinión estadounidense es, casi siempre, el decisivo. Un caso ilustrativo es cómo se tomó la decisión de bombardear durante la guerra en Bosnia-Herzegovina, que partió de EEUU, de allí fue al secretario de la OTAN y, sólo después de que la operación hubiese comenzado, se informó al resto de miembros de la Alianza. Otro ejemplo es la decisión final que se adoptó para la ampliación de la OTAN, incorporando a Polonia, la República checa y Hungría; contra el criterio de muchos de los estados europeos, encabezados por Francia, que querían una entrada de más países. Además, esta decisión incrementó el número de los estados más cercanos a EEUU en la Alianza.

Por último, la incapacidad de la UE para actuar de manera coordinada se observó claramente en la intervención en los Balcanes. Allí EEUU impuso el “final” de los conflictos, en 1995 en Dayton (el de Bosnia-Herzegovina) y en 1999 con los bombardeos de Yugoslavia; mientras la UE no pudo mantener una política común al respecto y, por consiguiente, llevar la iniciativa. Esto mismo se está viendo nuevamente en la actual crisis tras el 11-S. Por una parte, Tony Blair está actuando casi como ministro de asuntos exteriores de EEUU, llevando una frenética agenda diplomática, visitando a los jefes de estado de Rusia, Pakistán, Egipto, Israel o la Autoridad Nacional Palestina; además de aportar tropas [15] . Mientras tanto, el resto de estados no han pasado de mostrar su ferviente solidaridad, pero EEUU no ha dejado que esta se plasmase, ni de lejos, como lo ha hecho la británica. Además, es interesante resaltar como el Reino Unido ha sido el que ha dirigido al política exterior de la UE en esta crisis, como lo atestiguan la cena convocada por Blair en Londres con las principales potencias europeas (ninguneando los organismos de la UE), o que sea el que va a encabezar el ejército multinacional de pacificación en Afganistán. De este modo se ve como EEUU dirige la política europea también a través de su brazo en el continente, el Reino Unido. En todo caso, también es interesante observar la actuación de Alemania, que progresivamente empieza a tener una política mucho más agresiva, defendiendo sus intereses nacionales y aproximándose a EEUU. Por si esto fuera poco, la coordinación entre las cancillerías europeas ha sido totalmente nula, llegando a darse el caso de verse a varios ministros de asuntos exteriores visitando a la vez un mismo país.

Pero, por encima de todo esto, lo que debe quedar claro es que EEUU es la única superpotencia militar que existe en el planeta. La única capaz de actuar en cualquier parte del mundo (la OTAN sin EEUU no puede), lo cual hace en solitario cuando le place (Afganistán, Irak desde la Guerra del Golfo) [16] . EEUU oscila entre acciones multilaterales, en las que ostenta el liderazgo, (Guerra del Golfo, Yugoslavia) y unilaterales (derogación del tratado ABM, oposición al control de la prohibición de armas biológicas, medidas contra el Tribunal Penal Internacional, o negativa a firmar acuerdos como el de prohibición total de ensayos nucleares, el de prohibición de fabricación de minas antipersonal y el de Kioto).

La UE como potencia militar emergente.

En todo caso, la UE también ha impulsado su desarrollo militar con la creación de ejércitos: en 1992 el Eurocuerpo, en 1995 el Euroejército del Sur [17] y en 1999 el Cuerpo de Reacción Rápida de la UE [18] . Además, como ya se ha comentado, en la cumbre de Colonia de 1999 se aprueba la integración de la UEO en la UE. Cuando se formalice la integración, la relación entre la UEO y la UE se hará tan íntima que el secretario general de la alianza militar será el responsable de política exterior y de seguridad de la UE (mister PESC). La Unión, en su cumbre de Colonia de 1999, también se ha dotado de unas estructuras político-militares para ejecutar las resoluciones en política de defensa. Estas estructuras se terminaron de determinar en la cumbre de Helsinki de 1999, con la creación de un Comité Político y Militar, un Comité Militar Permanente y una Jefatura Militar. Aunque hay que comentar, para volver a situar este proceso dentro de la esfera de la OTAN, que los mismos representantes nacionales son los que intervienen en el Comité Militar Permanente de la UE y en el Consejo Atlántico de la OTAN.

Tanto el Eurocuerpo como el Cuerpo de Reacción Rápida se diseñan como de rápido despliegue y realizan (o realizarán) misiones de “mantenimiento y/o imposición de paz”, aunque al Eurocuerpo también se le ha asignado la defensa del territorio europeo. El Cuerpo de Reacción Rápida de la UE, que deberá ser operativo antes de 2003, se nutrirá de unos 60.000 soldados [19] (de los cuales aproximadamente un tercio serán aportados por los países que se incorporen próximamente a la UE), 400 aviones de combate y 100 buques; además será complementado con una fuerza de 5000 policías. Las tropas deberán poder desplegarse en un plazo de sesenta días y permanecer en la zona de conflicto, al menos, durante un año. Este cuerpo no será permanente, sino que los estados se comprometen a asignar los elementos en caso de necesidad. El mando de este ejército lo ostentará el Comité Político y de Seguridad Común, bajo la presidencia semestral de turno de la UE en tiempos de paz y, en caso de crisis, de mister PESC. La relación de este cuerpo será de “transparencia y complementariedad” con la OTAN, lo que se traduce en dependencia, nuevamente, para con EEUU. Esta dependencia queda patente en el hecho de que dicha fuerza necesita el material de EEUU para poder ser de rápido despliegue y, según lo acordado en la cumbre de Berlín de 1996, EEUU tiene derecho de control e inspección sobre las misiones que se realicen con este material, aunque no participe. Pero la falta de libertad de maniobra de la UE aun es mayor, ya que el uso de este instrumental debe pasar previamente por la aprobación del Consejo Atlántico, donde, además de EEUU, otros estados ajenos a la UE, como Turquía [20] , pueden vetar el uso de ese material.

Además la UE ha iniciado la fabricación conjunta de armamento, cuyo elemento insignia es el Eurofighter (también hay fragatas, submarinos, etc.). Proceso que sigue en marcha gracias al proyecto de construcción de otro nuevo caza europeo (en versión tripulada y no tripulada), así como misiles y otros sistemas militares. A este pastel van a hincarle el diente las empresas europeas, que están inmersas en un proceso de concentración y fortalecimiento. El mejor ejemplo es la creación de EADS, a partir de la francesa Aerospatiale Mantra, la alemana Dasa y la española CASA [21] . No hay que olvidar que, si bien EEUU es el primer productor de armas del mundo, la UE es el segundo.

También hay que señalar que la UE se ha dotado de un sistema de espionaje propio, y que ha realizado importantes avances en el capítulo de Justicia e Interior común en la UE (que son desarrollados en otro capítulo de este libro), especialmente tras el 11-S, que tienen un reflejo en la política exterior.

Por último, para subrayar el papel de potencia militar de la UE en el mundo, no hay que olvidar que las tropas de sus estados han estado presentes en todas las grandes intervenciones del Centro de la post-Guerra Fría, empezando por la Guerra del Golfo, continuando por los conflictos de los Balcanes y llegando a las operaciones de castigo de EEUU tras el 11-S. Además, también han actuado de manera independiente, defendiendo sus intereses nacionales, como atestiguó la Operación Turquesa que llevó a cabo el ejército francés durante las matanzas de Ruanda, o la actuación de Alemania en los conflictos yugoslavos.

Es decir, que la política exterior de los estados que conforman la UE, así como la de la propia Unión, no representa en ningún caso una forma de concebir las relaciones Centro-Perifieria distinta a la de EEUU. Es, más bien, un quiero y no puedo (tanto). Así, la UE se está intentando dotar de un brazo militar que respalde al “gigante económico” que ya es. Un brazo militar sin el cual el euro no podrá hacerle nunca sombra al dólar, y dar a la UE el rango de superpotencia. Esto resultó elocuente cuando, tras el 11-S, el euro no fue una divisa de refugio frente al dólar. Y quedó más claro todavía con la actuación de EEUU, que ha llevando casi en solitario la iniciativa militar en Afganistán, dándole un papel absolutamente ridículo a la OTAN. Esta está siendo una de las tasas que tiene que pagar la superpotencia para recuperar la credibilidad ante el capital internacional,.


BIBLIOGRAFÍA

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-        Yárnoz, Carlos. ... Y el resto de Europa, detrás. El País 21-10-01.



[1] Quiero agradecer a Fernando Hernández Holgado los comentarios que me ha hecho a este texto y todo el material que ha elaborado sobre este tema, que supone gran parte de la base bibliográfica de la que me he servido.

[2] Aunque es creciente la privatización del uso de la violencia, los Estados siguen controlándola de forma cuasi-monopólica.

[3] La UEO nace en 1948 con la finalidad de defensa del territorio europeo, pero no es hasta 1984 cuando comienza a realizar operaciones militares (aunque de un calado político irrisorio). Esta organización está compuesta por los Estados portugués, español, francés, británico, italiano, belga, holandés, luxemburgués, alemán, griego y danés.

[4] No es casual encontrar intervenciones del Centro coincidiendo con las campañas electorales o con importantes flujos migratorios desde los países en los que se actúa.

[5] El conflicto entre India y Pakistán podría llevar a una contienda atómica, pero la probabilidad de que se viesen inmersas en el mismo, usando su arsenal atómico, otras potencias como China no creo que sea grande. Además, la situación de Rusia y Ucrania no es probable que degenere en un conflicto atómico con el mundo occidental.

[6] En este sentido conviene señalar que ya es innegable, que conflictos como el de Palestina tienen una tremenda influencia en el resto del globo. Esta evidencia se suma a otras muchas, como la globalidad de los problemas ambientales o las crecientes corrientes migratorias.

[7] Además, también tienen otras motivaciones, como tener mano libre para reprimir sus disidencias internas.

[8] El ejemplo más alucinante es el del lanzamiento, junto a las bombas, de comida y medicinas en Afganistán.

[9] Esto no quiere decir que las políticas asesinas de Milosevic, Sadam Husein o Bin Laden no deban ser condenadas.

[10] Además, Rusia ha dejado de ser el enemigo de Occidente para ser considerado progresivamente como un aliado.

[11] Además se está produciendo una creciente participación de ejércitos de mercenarios con sede en el Centro en numerosos conflictos. Por el momento, su acción se ha reducido a regiones de bajo interés, ya que en las de alto son las tropas estatales las que intervienen. Estos ejércitos suponen un grado de disociación de los gobiernos respecto a sus políticas exteriores, haciéndolas más opacas al gran público. Además, las pérdidas humanas de mercenarios significan, para a la opinión pública, menos que las de soldados estatales.

[12] Declaración relativa a la Unión Europea Occidental. Tratado de la Unión Europea.

[13] Este ejército nace a partir de la brigada franco-alemana y en la actualidad lo componen tropas de los Estados francés, alemán, belga, luxemburgués y español. Además, probablemente ingresen en breve el Reino Unido y Grecia.

[14] Otro ejemplo es que en 1998 la UE aportaba, en la intervención en Bosnia-Herzegovina SFOR, el 80% de los soldados y el 70% de los gastos.

[15] Hay que señalar que la capacidad militar de despliegue exterior británica es netamente superior a la del resto de estados europeos.

[16] En estos casos el papel del Reino Unido ha sido el de acompañante, EEUU tiene la capacidad militar para haber realizado las intervenciones en solitario perfectamente.

[17] Está formando por los Estados francés, portugués, italiano y español. Se compone de la Fuerza Operativa Rápida (EUROFOR) y de la Fuerza Marítima Europea (EUROMARFOR). Puede actuar bajo mandato de la OTAN y de la UEO. Su proyección es de rápido despliegue exterior.

[18] En este cuerpo, además de los estados de la UE, también se van a integrar Turquía, Noruega e Islandia, que son miembros de la OTAN, y los 12 países que están negociando su integración en la UE.

[19] Los contingentes mayoritarios de esta fuerza corresponden, por este orden, a Alemania, Gran Bretaña y Francia, seguidos de lejos por los italianos, españoles y holandeses.

[20] Como de hecho está realizando, bloqueando la creación del Cuerpo de Reacción Rápida hasta no obtener garantías de que éste no va a actuar en áreas de interés turco (Chipre, Kurdistán, etc.) e intentando presionar para su integración en la UE. Esta postura tiene, necesariamente, detrás a EEUU, ya que, de otro modo, Turquía no podría mantener una posición de fuerza semejante frente a la UE.

[21] Otro ejemplo es Airbus, en el que coparticipan Bae Systems (que surge de la compra de Marconi por British Aerospace) con un 20% y EADS con un 80%.