4 de mayo del 2001

Batalla fiscal contra paraísos exoticos

Mark Atkinson
ATTAC

La revelación la pasada semana de que la City de Londres había blanqueado 1,3 millardos de dólares robados en Nigeria por amigos y familiares del régimen de Abacha difícilmente podía haber llegado en mejor momento para los centros financieros offshore. Actualmente, se encuentran enzarzados en negociaciones con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sobre la falta de probidad de sus sistemas financieros y el caso Abacha parece convalidar una de sus más amargas críticas al club de los ricos: que los peores casos de evasión fiscal y lavado de dinero, lejos de darse en el Caribe o el Pacífico Sur, ocurren a las mismas puertas de la OCDE.

El caso es especialmente embarazoso para Gran Bretaña que capitanea la ofensiva de la OCDE contra los paraísos fiscales y refuerza el argumento del "doble rasero" empleado por los centros offshore. Pero su valor propagandístico no debería distraernos de la urgente necesidad de reforma. La globalización, acelerada por Internet, ha puesto de manifiesto serias debilidades en el sistema fiscal mundial.

Individuos ricos o grandes empresas, asistidos por abogados y contables, pueden operar desde países de alta fiscalidad con servicios públicos de alta calidad mientras pagan impuestos a regímenes de fiscalidad baja o nula habitualmente basados en refugios exóticos.

Centros financieros offshore transparentes y bien gestionados cumplirían un útil papel permitiendo a las multinacionales eludir complejas redes de regulaciones y puentear diferentes autoridades fiscales nacionales. El resultado es, en teoría, más dinero para repartir entre todos. Pero regímenes secretistas, frecuentemente corruptos, con mentalidad de "no se hacen preguntas" acerca de las transacciones financieras, constituyen una amenaza tanto para los países desarrollados como para aquellos en desarrollo.

La dimensión del problema en los países desarrollados no debería exagerarse. La participación de los impuestos en el PIB es mayor que antes pero, a la vez que las fronteras nacionales se desvanecen, el potencial de evasión fiscal se incrementa. Sin embargo en los países en desarrollo ya hay un enorme, aunque menos difundido, problema. Un documento publicado por Oxfam, "Paraísos fiscales: liberando los millardos ocultos para erradicar la pobreza" da una idea de sus dimensiones.

Utilizando las cifras de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) sobre el monto de inversiones recibidas por los países en desarrollo y aceptando una tasa de retorno del 20 % y un tipo impositivo sobre beneficios del 35 %, Oxfam concluye que los países en desarrollo deberían recibir unos ingresos fiscales de 85 millardos de dólares anuales de empresas extranjeras.

En realidad reciben 50 millardos, lo que implica que pierden en total unos 35 millardos. A estas cifras, que Oxfam considera "probablemente una estimación extremadamente conservadora", la organización considera que seguramente habría que añadir otros 15 millardos de impuestos perdidos sobre los 700 millardos o más que individuos ricos de los países en desarrollo escamotean al año en paraísos fiscales. La suma de la cifra de impuestos perdidos a las multinacionales e ingresos derivados de los intereses del ahorro en los países en desarrollo podría superar bien los 50 millardos que es aproximadamente equivalente al total del presupuesto mundial de ayuda al desarrollo.

"Recuperar aunque sólo sea parte de estos ingresos podría suponer una significativa contribución al objetivo internacionalmente acordado de reducir a la mitad la pobreza del mundo para el 2015", dice Oxfam.

Varios centros financieros offshore, incluyendo Bermudas, Islas Caimán, Chipre, Malta, Mauricio, San Marino, Isla de Man, Antillas Holandesas y Seychelles, han prometido suprimir las denominadas prácticas fiscales dañosas. Pero un considerable grupo de territorios caribeños, capitaneados por Barbados, han venido resistiendo las presiones de la OCDE para que se comprometieran con la reforma, acusando a la organización de neocolonialista y de amenazar sus medios de vida. Sin embargo ya se atisba una brecha. Aceptando como principio la necesidad de reformas, los centros financieros offshore se han ofrecido a firmar cartas de compromiso con los principios de no-discriminación, transparencia e intercambio efectivo de información y a completar un programa de reformas para el fin del 2005. A cambio, buscan ser admitidos en la reforma fiscal global de la OCDE, una asociación informal de miembros de la organización que debaten la globalización de las cuestiones fiscales, y la retirada de la amenaza de sanciones por parte de la organización.

Si la OCDE y los países caribeños no pueden alcanzar un acuerdo en breve, la organización tendrá que continuar presionando con sus planes de imponer sanciones, provocando un incómodo enfrentamiento internacional. Si, por el contrario, las naciones caribeñas y la OCDE alcanzan un acuerdo, el nuevamente ampliado foro global podría señalar el principio de un intento de establecer reglas comunes que capacitaran a los países para enfrentarse a la evasión fiscal y otras actividades ilícitas.