E C O N O M Í A 

30 de enero del 2003

El euro: un aniversario ambiguo

Nicolás Bénies
Rouge nº 2001, de 23 enero 2003

Hace ahora poco más de un año que las poblaciones de los doce estados miembros de la Unión Europea utilizan el euro cotidianamente. ¿Qué balance podríamos sacar?

El debate sobre Europa habría debido tomar una nueva dimensión con el nacimiento del euro como "moneda contante y sonante" que marca el final de un derecho de regalía atribuido a los estados naciones, el de crear moneda. Al mismo tiempo, la política monetaria se convertía en atributo del Banco Central Europeo (BCE), independiente del poder político. Los estados habían decidido transferir sus competencias. Solo tres países, de los quince de la Unión Europea (UE), permanecen al margen de esta moneda: Gran Bretaña, Suecia y Dinamarca, que hace de ello una condición suplementaria para su segundo referéndum de ratificación.

Una aceptación teñida de escepticismo.

El euro, un año después de su lanzamiento como moneda fiduciaria, parece haber sido aceptado por las poblaciones de Alemania, Francia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Italia, España, Portugal, Grecia, Irlanda del Sur, Austria y Finlandia. Los sondeos muestran que esta aceptación está teñida de escepticismo. Esta nueva moneda es culpable de muchos males, comenzando por la subida de los precios, y sobre todo de los bienes de primera necesidad.

Esta subida, bien real, proviene de una voluntad de los patronos de aumentar sus márgenes de beneficio. El gobierno habría debido multiplicar los controles para evitar estos "deslizamientos" que provienen directamente del liberalismo ­dejar hacer a los capitalistas- más que del euro.

Porque una nueva moneda no es un problema técnico, contrariamente a lo que Fabius ­entonces ministro de Economía y Finanzas (en Francia)- quiso hacer creer, sino una cuestión política. Ha querido esconder la política bajo la técnica… y la política resurge bajo la forma de recriminaciones que ocupan un gran lugar en la retórica de la extrema derecha.

¿El euro contra el dólar? Paradójicamente, y según una encuesta cuyos resultados han sido publicados en el Financial Times del 2 de enero de 2003 ­ "Euro coins spend their first year at home" (las monedas de euro han pasado su primer año en su casa)-, pocas monedas han circulado a través de los doce países, contrariamente a una idea que se tenía. Han servido pues, en lo esencial, como moneda interna, con el basamento de la moneda nacional antigua que, lógicamente, tiene dificultades para desaparecer de las conciencias. La nueva moneda es también y en primer lugar cultural. Es una revolución. Las escalas de valor se transforman. Había que explicar la nueva moneda en relación a los imperativos de homogeneización de Europa … para hacerla aceptar como un útil de nacimiento de un nuevo estado. Este debate estaba prohibido. Habría habido que hacer un balance de todas las políticas de inspiración liberal y de su fracaso para salir de las recesiones y del paro de masas. Han transformado también el rostro de la pobreza. Quienes viven por debajo del umbral de pobreza, definido en Francia como la mitad de la renta media, han visto como su número se ampliaba. Ya es posible ser pobre teniendo un empleo. Algunos de ellos son gentes sin vivienda. El liberalismo es también la primacía dada a los imperativos de la empresa, a la lógica de la empresa. Los costes sociales no son tenidos en cuenta, ni las consecuencias nefastas, macroeconómicas, sobre el consumo de los hogares; pudiendo provocar una depresión el descenso de éste.

¿Podía esta moneda única competir con el dólar como moneda internacional y moneda de reserva? En enero de 1999, en el momento de su lanzamiento en el mercado de cambios ­como moneda de cuenta- , el euro debía revolucionar las relaciones de fuerza entre las monedas.

Estaba cotizado en su punto más alto, un poco por encima de la paridad, a 1,08 dólares por un euro. Bajaría a lo largo de los años 1999-2000 para subir en el primer trimestre de 2001 ­el anuncio oficial de la entrada en recesión de la economía estadounidense-, descender luego y emprender un movimiento de subida a comienzos del año 2002 que no se ha desmentido, para llegar a 1,06 dólares por un euro el 17 de enero. Adquiere así una nueva legitimidad, cuando el escepticismo de las poblaciones de los países del euroland era alimentado por la débil cotización, 0,88 por un euro en enero de 2002.

Por el momento, el euro tiene un lugar restringido en relación al dólar. Según el FMI /1, el euro "no representa más que el 13% de las reservas constituidas por los bancos centrales del planeta", el dólar el 68% y el yen el 5%. Precisa que "solo entre el 40 y el 50 % de los intercambios comerciales de los doce países de la zona están extendidos en euros". Esta recuperación del euro se explica por el contexto económico y financiero. Los mercados financieros están todos orientados a la baja y el dólar sufre de lleno una crisis de confianza de los inversores internacionales proveniente a la vez de los escándalos ­Enron es el más importante- de la recesión, cuyo fin ningún organismo oficial de los Estados Unidos anuncia, y de los riesgos de la guerra en Irak, que desestabilizan el conjunto de los mercados, en primer lugar el del petróleo. Los capitales especulativos buscan la "calidad" y abandonan los Estados Unidos para colocarse en Europa, haciendo así mecánicamente subir el euro y bajar el dólar.

Un síntoma de esta crisis específica se encuentra en la subida del curso del oro, convertido de nuevo repentinamente en valor refugio.

Las plazas financieras europeas ­París en primer lugar- casi no tienen autonomía. Siguen las evoluciones de la bolsa de Nueva York. Los gobiernos de los países de la UE habían preparado esta forma de mundialización desreglamentando el terreno financiero en el plano nacional, luego decidiendo, el 1 de julio de 1990, instaurar la libertad total de los movimientos de capitales, lo que pasa por la supresión del control de cambios. La City de Londres misma ­donde son cotizadas las materias primas- depende de Wall Street y de la política estadounidense. El euro sube al mismo tiempo que los mercados financieros sufren la crisis más profunda de su historia reciente.

Se manifiesta así el recrudecimiento de una crisis olvidada, la del sistema monetario internacional. Las monedas continúan viviendo bajo los cambios flotantes, un factor suplementario de incertidumbre. La bajada del dólar no solo permite aumentar la competitividad de las industrias estadounidenses, sino que baja también mecánicamente los beneficios extendidos en dólares de todas las grandes empresas ­comenzando por Airbus- que venden en el mercado mundial.

¿Una recesión sincronizada? La economía alemana no tenía necesidad de esta "mala noticia" suplementaria. En 2002, ha conocido un muy débil crecimiento ­ha coqueteado con la recesión como titula el periódico Les Echos del 17 de enero de 2003- del orden del 0,2%, tras el 0,5% en 2001. Los previsionistas habían tomado la costumbre de una desincronización de las coyunturas en las grandes regiones que estructuran la economía mundial. Cuando los Estados Unidos estaban en recesión ­en 1991 por ejemplo- la UE y Japón no. En 1993, ocurría al revés. Japón y la UE estaban en recesión profunda ­Japón sigue conociendo un estancamiento de su economía- y los Estados Unidos habían enlazado con un crecimiento triunfante que iba a durar hasta marzo de 2001. En adelante, el retroceso del crecimiento se encuentra sincronizado en todas las grandes economías del mundo. Los Estados Unidos han reaccionado con una política de relanzamiento de los gastos públicos y sobre todo ­el tema está de moda- por la bajada de los impuestos. El presidente Bush ha anunciado un plan de 674 millardos en diez años, que pasa, en lo esencial, por el aumento de los gastos militares para el mayor beneficio de todas las grandes empresas estadounidenses que trabajan para el Pentágono. La guerra con Irak viene a justificar estos gastos. El Banco de reserva federal americano, por su parte, ha bajado doce veces su tasa de interés a corto plazo para favorecer la recuperación económica. El único motor del crecimiento que queda, el consumo de los hogares, corre el riesgo de atascarse. Y eso sería la recesión.

El corsé del Pacto de estabilidad.

Los países de la UE están incapacitados para definir políticas de relanzamiento anticíclicas, para combatir la recesión y el débil crecimiento. El gobierno francés ha reconocido, tardíamente y tras la votación del presupuesto /2 por el Parlamento, que su previsión del 2,5% no tenía ninguna probabilidad de realizarse… Si Alemania conoce una bajada muy fuerte de su crecimiento, los demás países de la UE no pueden sino seguirle.

La economía alemana supone el 30% del PIB europeo ­conjunto de las riquezas creadas en el territorio europeo- y más de los dos tercios de los intercambios se efectúan en el interior de la UE. El corsé del Pacto de estabilidad ­firmado los días 16 y 17 de junio de 1997- les impide todas las políticas posibles para no dejar lugar más que a la bajada de los gastos para luchar contra los déficits. Este pacto "actualizaba" los criterios de convergencia contenidos en el tratado de Maastricht para llevarlos al rango de dogmas, en particular la limitación de los déficits públicos (presupuesto, protección social, grandes empresas públicas) al 3% del PIB. La política de austeridad se convertía en estructural, con el objetivo de llegar al equilibrio presupuestario en 2004, retrasado recientemente a 2008. La Comisión europea, presidida por Romano Prodi, se ha hecho el vector de la aplicación estúpida y malintencionada de esos criterios. Por la voz de Pedro Solbes ha amonestado a Alemania, Francia e Italia por rebasar los límites. Al mismo tiempo, ha criticado al gobierno alemán por haber decidido la subida de sus impuestos, extralimitándose en sus competencias. Por consiguiente, no hay que sobrepasar los límites para alimentar el mercado final. No se ve por qué milagro las economías europeas podrían evitar la recesión, tanto más si el paro aumenta….

La Comisión recomienda a los estados la prosecución de la vía de las reformas estructurales que incluye la reforma de los sistemas de jubilación por reparto introduciendo una dosis de capitalización en el momento en que los asalariados estadounidenses e ingleses hacen la experiencia de la inanidad de este sistema. Demanda la profundización de las políticas de flexibilidad del trabajo para disminuir más aún el coste del trabajo y adaptar la mano de obra al mercado de trabajo, a la vez que se disminuyen los subsidios de desempleo. Por el momento, en Francia, los consumidores continúan consumiendo. La cuestión está en saber hasta cuando.

Por su parte, el BCE ha decidido privilegiar la estabilidad de los precios y se ha negado, hasta diciembre, a seguir el ejemplo de la reserva federal americana (FED). La subida del euro debería conducir a una política monetaria más en sintonía con el enlentecimiento del crecimiento… A menos que decida que la prioridad se encuentra en un euro fuerte. El eurogrupo, que reúne a los ministros de Economía y Finanzas de la zona euro, se encuentra sin verdadero poder para imponer una política monetaria diferente.

Los Estados Unidos no han salido aún de su recesión. Existe la posibilidad de que conozcan una crisis deflacionista a imagen de la del Japón en 1993. La nueva credibilidad del euro está ligada a esta hipótesis. Significa que la competencia interimperialista no ha muerto… y que se hará a costa de los pueblos y los asalariados.


NOTAS:

1/ Le Monde del 1 de enero de 2003.

2/ El consejo constitucional se ha visto obligado a reconocer que el presupuesto presentado por el gobierno no era totalmente sincero...