29 de junio del 2001

EEUU respalda al Banco Mundial y al FMI... por ahora

Nicola Bullard
ATTAC

James Wolfensohn lució relajado, y con razón, durante las reuniones de la primavera de este año del Banco Mundial y el FMI.

Primero, no hubo la presencia de manifestantes engorrosos para impedir el progreso meloso de la reunión, aunque los delegados sí sintieron una desazón por la presencia de barricadas en las calles, y 1,500 policías desplegados para enfrentar a los "anarquistas criminales". Mientras la excesiva preparación de las autoridades de Washington D.C tuvo un aspecto ridículo comparado con los 400 alegres manifestantes que se congregaron fuera del Banco, disfrutando del sol dominguero, para quienes sintieron el entorno, y escucharon las presentaciones, no quedaría duda alguna de que estarán otra vez allí en septiembre, no cientos, sino "decenas de cientos".

Pero la razón más de fondo del buen humor de Wolfensohn fue la declaración de apoyo al Banco Mundial y el FMI proporcionada por la nueva administración Bush.

En una presentación ante el Comité Bretton Woods - un grupo de "americanos prominentes a favor de una presencia fuerte de EE.UU. en las instituciones internacionales", el Secretario de Estado de EE.UU, Colin Powell, declaró que EE.UU "estaba comprometido a desempeñar un liderazgo fuerte en las vitales instituciones multilaterales, puesto que éstas ayudan a dar forma al siglo veintiuno".

A continuación, Powell dijo que las instituciones Bretton Woods "hoy cumplen un rol maravilloso" y hasta las llamó "los instrumentos para asegurar las bendiciones de la prosperidad".

Las Reglas de la Real Politik

El Secretario del Tesoro, Paul O'Neill, quien anteriormente criticó el papel jugado por el FMI en los grandes salvatajes, fue un poco más ambiguo.

Al responder a preguntas sobre el rol de EE.UU en el salvataje a Turquía, a un costo de U.S.$10 mil millones, O'Neill expresó que estas instituciones son muy importantes para el crecimiento y desarrollo a futuro, pero añadió que "todos necesitamos trabajar más duro que antes para reducir las ocasiones en que estas instituciones sean vinculadas con el fracaso".

La crisis financiera de Turquía representó una dura prueba para la administración Bush. La hostilidad generalizada del partido republicano hacia la instituciones financieras internacionales, y su obvia postura aislacionista, fue medida frente a la importancia política y estratégica de mantener la tapa sobre la creciente crisis social y política de Turquía.

Los intereses estratégicos ganaron una batalla, y con ello dieron una lección a la facción aislacionista, de que las inversiones de EE.UU en las IFIs, dan un buen rendimiento.

Europa resiste a la presión sobre las tasas de interés

La disputa sobre la política de tasas de interés amenazó eclipsar las reuniones cuando EE.UU., apoyado por el FMI, públicamente presionó al Banco Central Europeo, BCE, para que baje sus tasas de interés e intente estimular el crecimiento. Sin reparar en los méritos del argumento, al Banco Central Europeo no le gustó que le digan lo que tiene que hacer - en particular los funcionarios del FMI - y se empecinó en su posición, insistiendo en que el Banco conocía más que EE.UU o el FMI sobre las condiciones económicas europeas.

Por desgracia, lo divertido de ver a la Unión Europea defendiendo su soberanía ante el consejo del FMI - seguramente una rara experiencia para los tecnócratas del FMI - duró poco. La presión bajó después de que se entregaron las cifras de crecimiento de EE.UU que no resultaron ser tan malas como se esperaba, pero al Banco Central Europeo todavía le queda una difícil decisión. Mientras unas tasas más bajas ayudarían a impulsar la economía europea, el riesgo es que la inflación sobrepase las franjas sagradas, que hasta la fecha han sido utilizadas para disciplinar a los estados miembros que cometen infracciones. Se pone a prueba la rigidez de la política impuesta por las franjas, y será interesante ver la reacción de los funcionarios de línea dura dentro del BCE. A lo mejor los neoliberales se ven obligados superar su obsesión por la inflación, abriendo paso a políticas económicas más flexibles y no dogmáticas. El resultado sería bueno para todos.

La expansión imperial sin límites

El Presidente Wolfensohn se esforzó en asegurar a la prensa de que el ánimo en el Banco estuvo de subida y que él no tenía la intención de renunciar.

Echó la culpa del ánimo bajo al financiamiento, al decir que el Banco no contó con el presupuesto necesario para manejar las crecientes demandas.

Pero la falta de presupuesto no impidió a Wolfensohn anunciar un abanico de iniciativas nuevas: desde el colocarse al centro de un nuevo fondo fiduciario global para las enfermedades comunicables, el fortalecimiento de capacidades para ayudar a los países en desarrollo a "acceder a los mercados globales", la incorporación de aspectos comerciales en los Informes sobre las Estrategias Nacionales de Reducción de la Pobreza (PRSP), hasta el combate al lavado de dinero y capacitación en el "manejo de deuda".

Recibieron mucha atención dos asuntos particulares: la liberalización comercial y la coherencia de las políticas.

Sobre el primero, el Banco Mundial se posicionó firmemente en apoyo a la OMC al promover la liberalización del comercio como solución a la pobreza, enfatizando el acceso a los mercados del Norte y el fortalecimiento de capacidades nacionales para acceder a estos mercados. No obstante, quedó en evidencia que el giro hacia asuntos comerciales tuvo el objetivo de desviar la atención del evidente fracaso del programa para los Países Pobres Altamente Endeudados (HIPC), pues la respuesta de memoria de Wolfensohn para las preguntas sobre el programa HIPC fue que "el alivio a la deuda sólo representa la mitad de la solución. Tenemos que ofrecer a los países en desarrollo el acceso a los mercados globales...." etc., etc.

La coherencia de políticas y la ayuda sin ataduras se juntaron a la promoción del Banco a adoptar un marco común entre las multilaterales y las bilaterales para "reducir el peso sobre los países en desarrollo".

Una vez más, el Banco está cooptando y reformulando, con sus propios propósitos políticos, las demandas de los gobiernos receptores y de las ONGs, que han pedido que la ayuda económica se desvincule de las condicionalidades de los donantes, para permitir mayores opciones financieras y políticas a nivel nacional. El asunto fue abordado primero por el Comité de Asistencia al Desarrollo de la OCED, y ahora ha vuelto a surgir dentro del Banco Mundial. Sin embargo, se dio la vuelta a los argumentos iniciales y los colocaron dentro de un marco de eficiencia y coherencia política, con el resultado de que los Informes sobre Estrategias Nacionales de Reducción de la Pobreza y las Estrategias de Asistencia Nacional (CAS) puedan terminar siendo el "molde" para todos los flujos de ayuda económica.

Pero el Banco Mundial y el FMI viven bajo la nube del aislacionismo de EE.UU y la oposición creciente a las políticas económicas e intereses que promueven. El Sr. Wolfensohn debe disfrutar de este respiro mientras sea posible, porque durará poco.


Nicola Bullard trabaja con Focus on the Global South, una ONG de promoción e investigación sobre políticas, con base en Bangkok, Tailandia