8 de mayo del 2001

Reducción de la jornada de trabajo con negociación colectiva y fuero sindical

La situación del mercado de trabajo en Uruguay

Daniel Olesker
Bitácora

A fuerza de ser breve recordemos que en el mercado de trabajo uruguayo existe un desempleo estructural, es decir, aquél que existe con independencia de las coyunturas críticas recesivas de un orden de 10%.

Tomando un desempleo de 2% como el fraccional, es decir, el que existe siempre por cambios de trabajo, desplazamientos, etc. Faltan aproximadamente 120 mil puestos de trabajo. Al mismo tiempo existen entre trabajadores precarios, informales y subempleados un 40% de los activos, es decir, una cifra estimada de 560 mil personas.

Es decir, hay que resolver el problema del empleo de por lo menos 680 mil personas, lo que supone si estimamos que cada trabajador ocupado con problemas requiere medio empleo (es decir, el costo de formalizar un empleo equivale a la creación de medio empleo), se hace necesario la creación de 400 mil puestos de trabajo para lograr el equilibrio en el mercado de trabajo.

Sin duda es una cifra impresionante que no se resuelve sólo con políticas activas de empleo, con estímulos económicos a las empresas para que contraten trabajadores o mucho menos con desregulación del mercado de trabajo cuyo efecto neto es cero, ya que creará empleos precarios y simplemente trasladará trabajadores del desempleo al empleo precario.

A efectos de aproximarnos a nuestro objeto de análisis en esta nota analizaremos algunas medidas que es necesario tomar en el ámbito de la política económica de gobierno para ayudar a resolver el problema en un Plan de Combate al Desempleo y la Precariedad.

1) Algunas medidas generales

Sin duda el cambio en la política económica ayudará a reducir el carácter estructural del desempleo y el empleo con problemas, tomando medidas tales como • estímulos económicos crediticios, fiscales, tarifarios y de capacitación para empresas que incorporen nuevos puestos de trabajo (actúa sobre la cantidad de empleo) • Políticas de innovación tecnológica integradas en el llamado Sistema Nacional de la Innovación, que deben diseminarse en las pequeñas y medianas empresas combatiendo la precariedad de muchas empresas. (actúa sobre la calidad de empleo)

2) Las políticas públicas de empleo

Una verdadera política de empleo desde los organismos públicos tanto nacionales como municipales puede ser un factor muy importante de equilibrio en el mercado de trabajo. Medidas tales como:

• Plan de obras públicas y de construcción de viviendas (actúa sobre la cantidad de empleo)
• Requisitos en los pliegos de licitación para servicios contratados que supongan incluir: (actúa sobre todo garantizando la calidad del empleo).
• condiciones de salario
• nivel de empleo
• negociación colectiva
• condiciones de salud laboral y otras

Toda lo anterior ayuda en una política global de priorizar el empleo, sin embargo, el combate a la precariedad pasa por la democracia laboral y el combate al desempleo por la redistribución del tiempo de trabajo. A ello vamos ahora.

3) Negociación Colectiva y Fuero Sindical

Se debe impulsar de manera inmediata la obligatoriedad de las negociaciones colectivas y una ley de fuero sindical, de manera de democratizar las relaciones laborales y mejorar calidad de los empleos.

Es imprescindible en un momento en que los trabajos sé precarizan por el no-cumplimiento de las normas laborales y la omisión de los poderes públicos para hacerlas cumplir, la aprobación de leyes de estas características.

4) La reducción de la jornada de trabajo

a) La Propuesta

En un mundo que tiende a reducir la carga global de trabajo por unidad producida, es decir, donde la productividad del trabajo, permite con menos trabajo producir más y mejores bienes y servicios, es indispensable asumir como elemento estructural e histórico hacia delante, por parte de la clase trabajadora, la reducción de la jornada de trabajo.

Sin duda este será un proceso gradual, que deberá debatirse en un contexto de la realidad particular de cada país, cada rama y aún de cada empresa, pero, sin embargo, ello no obsta que se reclame hoy ya dicha reducción.

Y como la de las 8 horas, si bien podrá formar parte de un proceso de negociación global, la posibilidad real de impulsarla y lograrla estará en la lucha de los trabajadores por mejorar sus condiciones de vida.

Esta propuesta actúa sobre todo respecto a la cantidad de puestos de trabajo, es decir, ayuda a reducir los 140 mil desempleados estructurales.

b) Los impactos de la reducción de la jornada de trabajo

Sin duda el análisis de los impactos de la reducción de la jornada de trabajo deberán hacerse con rigor y analizando cada caso en particular. Sin duda en ramas que están expandiendo su nivel de actividad, que introducen tecnología, etc es viable de manera inmediata, mientras que en áreas estancadas seguramente el proceso será más lento.

Por ello no creemos que el impacto de la reducción de la jornada de trabajo sea una simple regla de 3 en la que si disminuyo un 18,75% la jornada ya que estamos pensando una reducción de una jornada de 48 horas semanales a 39 horas semanales (es decir, de 8 a 6,5 horas por jornada en promedio), repito no creemos que el impacto y menos aún inmediato sea un aumento del empleo de ese mismo orden.

Sin embargo, si podemos estimar con cierta certeza que una reducción de tal magnitud y habida cuenta de los arreglos que es necesario hacer en materia de turnos, etc, generará una creación de nuevos puestos de trabajo de por lo menos 10%. Ello significa que en un marco de unos 600 mil puestos de trabajo asalariados sin problemas de empleo, el impacto sería estimativamente la creación de 60 mil puestos de trabajo, es decir, aproximadamente el 50% de los niveles de desocupación estructural.

c) Condicionantes de una propuesta de reducción de la jornada de trabajo

Por supuesto estamos hablando de una reducción de la jornada de trabajo sin pérdida salarial, pues con los niveles actuales de salarios medios, aún en los empleos formales, el riesgo de una reducción con caída de salarios es el del doble empleo y entonces el efecto de creación de nuevos empleos desaparecería. Y al mismo tiempo se aplicaría sólo a los trabajadores ocupados sin problemas de empleo.

Al mismo tiempo sabemos que esto puede acarrear un aumento de los costos de las empresas, sobre todo en esta fase recesiva, pues en una fase expansiva los mayores costos se compensan con mayor producción y mayores ventas. Por lo tanto proponemos incluir al Estado como tercer socio en este proceso financiando a través de subsidios una parte de la diferencia de costos, tal como se ha hecho con el proyecto de las 35 horas en Francia.

En síntesis, en una sociedad como la nuestra en que el empleo va siendo más escaso y donde la estrategia empresarial globalizada es el precarización, los únicos caminos son la reducción de la jornada y las leyes de negociación colectiva y fuero sindical. La primera, redistribuye el tiempo de trabajo entre las familias trabajadoras, lo que supone un aumento de la masa salarial, ya que los actuales ocupados mantendrán su ingreso y habrá nuevo ingreso para los antes desocupados. Proponemos entonces que una parte de ese mayor ingreso salarial lo financie el Estado y otra parte la propia sobre ganancia empresarial, en especial los recursos que hoy se destinan al sistema financiero y al comercio de intermediación.

Este análisis es básicamente económico, sin embargo, nuestra visión sin duda va mucho más allá de eso y visualizamos la negociación como la democratización de las relaciones laborales y la reducción de la jornada, más allá de su inmediatez para crear empleo, como el camino futuro para la clase trabajadora. Porque ella se configura como el punto de partida clave para una reflexión profunda sobre el trabajo, sobre la distribución entre tiempo de trabajo y tiempo de vida sobretodo para posibilitar, lo que hoy ya no existe, una vida dotada de sentido fuera del trabajo.


Daniel Olesker es profesor titular de la Facultad de Ciencias Económicas, asesor del PIT -CNT y de la presidencia del Encuentro Progresista-Frente Amplio.(Nota publicada en el suplemento Bitácora de Montevideo, Uruguay)