13 de noviembre del 2001

La OMC es de los ricos y para los ricos
Y la queremos lejos de la agricultura

Joao Pedro Stedile
Servicio Informativo "alai-amlatina"

Del 9 al 13 de noviembre se reunirán en Qatar los ministros de todo el mundo. La opinión pública internacional sabe que la OMC se transformó apenas en un espacio de regularización internacional de los intereses de las grandes corporaciones y de los sectores privilegiados de los países ricos. La OMC no representa los intereses ni de los países del tercer mundo, ni mucho menos de los pueblos del tercer mundo y tampoco de los pobres que viven en el hemisferio Norte.

¿Habrá alguna novedad en términos de acuerdos sobre la agricultura?

Para los países ricos y para las grandes corporaciones que controlan el comercio agrícola mundial puede haber aprobación de puntos que van a trasformarse en "normas internacionales". Mas para los países agrícolas, pobres, del tercer mundo y para los campesinos de todo el mundo, no habrá ninguna novedad.

Los países ricos se esfuerzan en darle importancia. Y saben que están actuando contra el pueblo, por eso tuvieron que esconderse en Qatar. No obstante, en rigor el comercio agrícola internacional representa apenas el 10% de toda la producción agrícola mundial. Cerca del 47% de toda la población que vive en los países del tercer mundo continúa por debajo de la línea de pobreza con un ingreso menor a 2 dólares por día.

En términos prácticos, los negociadores norteamericanos están esforzándose para producir un acuerdo, que una los países ricos del hemisferio Norte y el grupo Cairns, los exportadores agrícolas del sur. La promesa es que la Comunidad económica europea va a disminuir sus subsidios y abrir más el mercado para los exportadores del Sur. En cambio, los del Sur prometen no reclamar la imposición de las patentes (TRIPS) que transfieren la propiedad, inclusive de seres vivos a las corporaciones.

Prometen no reclamar los acuerdos industriales... Y prometen no exigir acuerdos del medio ambiente. En verdad, están construyendo acuerdos que representan una gran alianza, entre los intereses de las grandes corporaciones del Norte, con las oligarquías rurales exportadoras del Sur. Están únicamente negociando sobre qué margen de lucro están dispuestos a compartir entre ellos.

En lo demás todo continuará igual: Estados Unidos continuará dando 170 mil millones de dólares de subsidios para que sus agricultores disputen, vía corporaciones, el mercado mundial.

Nadie se va a comprometer a salvar el medio ambiente e incluir salvaguardas de precaución y el etiquetaje de OGMs. Europa va a prometer ir reduciendo los subsidios en los precios, pero creando otros subsidios para mantener el espacio y los servicios en el medio rural.

Mientras tanto el precio de las materias primas exportadas por las oligarquías del sur, continuará bajando. De 1995 para acá cayeron de un índice medio de 131 a 103. En promedio, los productos agrícolas exportados por el Sur, perderán un 60% del poder adquisitivo en ese periodo. Y si alguien reclama, entra en el campo el negociador norteamericano con la amenaza del terrorismo, que ahora los unió a "todos" los del bien, contra los del mal! De esta manera, los pobres, la pobreza, el 80% de la población mundial continuarán siendo los "del mal". Triste civilización superior occidental cristiana!

¿Y la Vía Campesina. Con eso?

Las organizaciones campesinas de 87 países del mundo nos articulamos en torno a la Vía Campesina, como una forma de intercambiar experiencias, ideas y acciones. Percibimos que los problemas de los campesinos y de la población que vive en el medio rural son semejantes en todo el mundo. Aumenta cada día la concentración de riqueza, de renta... Aumenta a cada día la desigualdad social y la pobreza. Aumenta a cada día las personas que pasan hambre: en la crisis capitalista de 1930, se estimó que 80 millones de personas pasaron hambre en el mundo.

Hoy son 800 millones. Y se suman a ellos 50 millones más todos los años. Se estima que mueren al año, 11 millones de infantes, en todo el mundo. Los campesinos continúan perdiendo sus tierras, sus semillas, su cultura. Las empresas multinacionales pasaron a controlar nuestros mercados nacionales. Controlan las agroindustrias. Y ahora, unas pocas como: Monsanto, Dupont, Adventis, Sygentia, Bung Born, controlan no sólo el comercio, sino la biotecnología y la usan para vender más agrotóxicos.

Las oportunidades de trabajo en el medio rural, disminuyen.

En el mundo capitalista de las corporaciones multinacionales no hay más espacio para campesinos, para pobres. Solo para la mercancía. Y para los dólares.

¿Y cuál de esos problemas la OMC puede resolver? Ninguno. Al contrario, sus acuerdos de cúpula, de algunos gobiernos, solamente van a agravar los problemas de los pueblos.

Frente a eso, defendemos muchas ideas. Y luchamos por ellas.

Los organismos internacionales están en crisis. La Organización de las Naciones Unidas, ONU, el Fondo Monetario Internacional, la OIT, la OMC, el Banco Mundial, se transformaron en defensores de los intereses de las corporaciones y del gobierno norteamericano. No representan los intereses de los pueblos y no sirven para resolverlos. Por lo tanto, en primer lugar defendemos la creación de un nuevo sistema, democrático y justo de organismos de representación internacional. La OMC no tiene derecho y tampoco debe meterse en los asuntos de comercio agrícola y de la producción en el medio rural.

Precisamos debatir entre los pueblos, los gobiernos y las instituciones democráticas, formas de garantizar que la tierra y los recursos naturales sean un patrimonio de toda la humanidad y que los agricultores, y campesinos sean sus guardianes. Que la tierra sea distribuida para que todos puedan trabajar y producir alimentos.

Que el comercio de alimentos esté orientado por la lógica de que la comida no puede ser una mercadería cualquiera, para que el capital acumule ganancias. Toda persona debe tener asegurado su derecho de alimentarse. Y las políticas agrícola y de comercio agrícola nacional e internacional deben estar subordinadas a esa propuesta de soberanía alimentaria, en que cada pueblo tiene derecho y debe producir su sustento. Y vender los excedentes, en políticas bilaterales, de mutuo interés de los pueblos y países.

La biodiversidad es un patrimonio de la humanidad. Las empresas no pueden apoderarse, no puede haber propiedad privada, y patentes de seres vivos. Y la multiplicación de las investigaciones sobre seres genéticamente modificados debe preservar el derecho a la precaución y la salvaguardia de la salud del agricultor y del consumidor.

Los gobiernos nacionales precisan comprometerse con políticas locales, que prioricen, no las exportaciones, sino el combate a la pobreza, al hambre y la garantía de renta y de educación de las poblaciones que viven en el medio rural.

Las actividades agrícolas son todavía la principal forma de garantizar el trabajo, ingresos y posibilidades de progreso para los millones de seres humanos que viven en los países del tercer mundo.

La OMC no está preocupada por nada de eso. Por lo mismo, estamos contra la OMC. Y trataremos de luchar contra sus medidas.

Se engañan los que piensan que la humanidad se mantendrá de rodillas a los intereses del capital. Los pobres un día se levantarán! Ese es el mensaje que nuestro delegado de Vía Campesina, el compañero Jose Bove, de la Confederación Campesina de Francia, llevará a Qatar, en nombre de los campesinos del mundo.


* Joao Pedro Stedile es miembro de la dirección nacional del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) del Brasil.

El MST es miembro de la coordinación internacional de la Vía Campesina.