7 de noviembre del 2001

La Jihad del comercio

Greg Palast
ATTAC

Acababan de derrumbarse apenas, las torres gemelas cuando el vocero de Comercio Robert Zoellick declaró que la mejor manera de abatir a Ossama bin Laden era otorgarle una autorización extraordinaria a George W. Bush para negociar el tratado sobre comercio por la "vía expres" (Fast Track). El embajador "bin" Zoellick hablando desde lo que parecía una gruta en la colina del Capitolio, rodeado de republicanos no identificados, dijo a los estadounidenses que su elección era o el libre comercio o el terrorismo. Se hubiera pensado que los demócratas acometieran sobre esta grosera y excéntrica maniobra de Zoellick de instalar en ese momento los grandes negocios de Bush mientras el país enfrentaba el profundo duelo. Pero no, esta semana los demócratas votarán a favor de resucitar la legislación del moribundo Comercio.

La "vía express" (Fast Track) otorga a Bush carta blanca para negociar una gran ampliación de los poderes de la OMC, como anticipo de las conversaciones que tendrán lugar en Qatar dentro de tres semanas. La "vía express" permitirá darle un fuerte impulso al establecimiento del ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas). Siguió al anuncio un perturbador video de la CNN que mostraba a los "lobbistas" de las empresas bailando en las calles y distribuyendo golosinas a los niños.

El 24 de setiembre en un discurso pronunciado en el Instituto Internacional de Economía, el embajador comercial Zoellick ha echado las bases de un nuevo maccartismo dirigido a los disidentes anti-globalización diciendo "Los terroristas odian las ideas de que los estadounidenses son campeones" agregando que "es inevitable que la gente se pregunte si tienen conexiones intelectuales con quienes han desatado la violencia contra las finanzas, la globalización y los EEUU". Esta vinculación, explicó, entre los contestatarios de Al Qaeda y los oponentes a la OMC, se le ocurrió leyendo el diario New Republic. Un periodista sugería en dicho diario "Deberíamos invadir sus países, matar a sus gobernantes y convertirlos al cristianismo" ¿Cuales son exactamente las características del orden del día del comercio estadounidense en la OMC que se supone hará temblar a los terroristas? En la cruzada de Zoellick existen dos Santos Griales para el comercio inofensivamente llamados: "tratamiento nacional de los servicios" y "resolución de litigios entre los Estados y los inversores". No existe la menor posibilidad aunque ustedes lo quisieran de mantener el correo o el control del tráfico aéreo en manos del estado, según lo expresara John Howard de la Cámara de Comercio de los EEUU: una cláusula de "tratamiento nacional" de la OMC revocará toda decisión parlamentaria que intente interferir a nivel nacional a los operadores extranjeros. Si Bechtel o cualquier otra empresa extranjera cuestiona la permanencia del metro como bien del Estado, será John Blair quién deberá defender el derecho de propiedad del gobierno. Ahora bien, si ustedes creen que los lacayos de Blair no defenderán sus propios derechos ante la comisión de litigios, no podrán saberlo nunca.

Al contrario de las sesiones de los tribunales ingleses o estadounidenses, las de los tribunales de la OMC son cerradas y secretas. Blair o Bush o cualquier otro potentado contrario a las empresas nacionales puede recurrir al reglamento de "tratamiento nacional" como una espada de su Jihad contra sus propias instancias gubernamentales.

El otro codicilo surgido del espíritu de los globalizadores adherentes a la vía expresa (Fast Track) la "resolución de litigios entre Estados e inversores" ya ha sido puesto en práctica en la zona del NAFTA (el acuerdo de Libre Comercio Norteamericano) que es la forma como los EEUU utilizan a Canadá y México para experimentar las armas comerciales que luego utilizarán en el plano internacional a través de la OMC.

La resolución de litigios entre los estados y los inversores autoriza a la empresa extranjera que se haya visto perjudicada por la violación de un tratado comercial, a recibir una indemnización del Tesoro del país facineroso. Esto pareciera ser justo. En la práctica según el acuerdo de Libre Comercio Norteamericano, los industriales han utilizado el sistema para destruir los sistemas de protección del ambiente y de los consumidores establecidos por los gobiernos locales. En 1997 un gobierno de una provincia mexicana trató de impedir a un empresario estadunidense, la construcción de una descarga de productos tóxicos en una zona de preservación ecológica. Un grupo de expertos en reglamentos de diferendos en el marco del acuerdo de Libre Comercio norteamericano ordenó a México el pago de 15,6 millones de dólares a la empresa Metalclad por haber retardado la realización de su proyecto. No es sorprendente, por lo tanto que los empresarios europeos y estadunidenses canten loas: "Gloria al reglamento de las controversias" alrededor de los muros de Doha, de Qatar, mientras la OMC prepara la reunión de ministros.

Si el propósito de Zoellick sobre el terror y el comercio parecen demasiado no está sino reflejando el pánico que siente la administración Bush sobre el tema de Qatar que parece hundirse y anularse. El presidente de la OMC Michel Moore no ha logrado, incluyendo una reunión de negociadores sobre comercio en el orden del día de Qatar, hacer desistir a los países menos desarrollados. Se agrega a esto la falta de autoridad del presidente estadunidense para negociar y de todos modos ¿quién tendría ganas de volar a los Estados del Golfo en este momento? De allí los latigazos de Zoellick con la bandera estadounidense sobre su cabeza y sobre sus espaldas, demócratas escépticos. El diputado encargado de comercio apuntaba a un segundo blanco con su disparo sobre "comercio o terrorismo": la alianza de ecologistas, populistas y unionistas que rechazaban las anteriores tentativas de legislación por la "vía express", cuando el congreso estaba todavía en manos de los republicanos. Zoellick espera desprestigiar a esta eficiente coalición envolviendo al movimiento anti-globalización con el turbante de bin Laden.