3 de octubre del 2001

Sorprendentes paraísos - La maquinación terrorista

Jean-François Couvrat
ATTAC

El miércoles 19 de septiembre, a la misma hora en que la misión parlamentaria francesa sobre el blanqueo de dinero recibía a un testigo clave en el caso Clearstream, la policía luxemburguesa aparecía en lo de Ernest Backes para un vasto y espectacular registro.

El azar no existe. Desde la aparición del libro Révélation$ de Ernest Backes y Denis Robert, el funcionamiento opaco de Clearstream ha sido regularmente denunciado por altas autoridades políticas y judiciales europeas. Ante la presión se abrió una investigación judicial que llevó al despido de toda la dirección de Clearstream, pero la puerta se cerró inmediatamente sobre los secretos de esta firma tentacular.

Lo que los jueces de apelación de Ginebra, Bernard Bertossa, Renaud Van Ruymbeke, Eva Joly y Benoît Dejemeppe han llamado "la caja negra de la mundialización financiera" no será abierta por el país que la cobija.

El mensaje es claro: la investigación no irá más allá de los fusibles circunstanciales. Cada avance de la investigación parlamentaria francesa tendrá inmediatamente respuesta mediante operaciones intimidatorias y de amenaza contra Ernest Backes y aquéllos que osan hablar en Luxemburgo. No obstante, la investigación financiera sobre los atentados del 11 de septiembre aportó la prueba trágica de los que denuncian Ernest Backes y Denis Robert: la opacidad de los mercados financieros y la complicidad de los Estados bancarios protege a los movimientos más problemáticos. Sabemos que la filial de los intereses de Bin Laden llega hasta Luxemburgo y que las computadoras de Clearstream pueden hacer que se siga la pista de todos los movimientos especulativos de los "iniciados". Pero la Justicia de M. Junker prefiere ocuparse de los archivos de Ernest Backes. Por nuestra parte, el aprovechamiento de los archivos de Clearstream, que llevamos adelante desde la primavera boreal, no deja de sorprendernos y el resultado de nuestras investigaciones será puesto a disposición del público a principios del año próximo. El caso Clearstream no será silenciado.

Los paraísos en el banquillo

Los paraísos fiscales son generalmente señalados con el dedo por los EEUU. Entrevistado por el diario italiano La Repubblica, James Wosley, antiguo director de la CIA de 1993 a 1995, estima que la isla de Chipre es "el peor de todos". Según el diario suizo-germano Blick, una sociedad financiera de Lugano, Taqwa (que en árabe significa "temor de dios"), podría haber servido de punto de tránsito para la fortuna de Bin Laden. Paralelamente, las autoridades panameñas, alertadas por varias policías extranjeras, han abierto una investigación sobre una sociedad financiera matriculada en Panamá que podría ser utilizada por el millonario de origen saudita.

Al servicio del crimen

Más que pensar en destruir Kabul o Kandahar, ¿no sería hora de cerrar las Caimán y otros paraísos financieros? Esta alternativa a una respuesta militar quizá pueda frustrar a los partidarios de una venganza en "direct-live"; pero sería sin duda más eficaz contra el terrorismo. ¿Qué sería de Osama Bin Laden, cuyo poder terrorista radica en su fortuna financiera, si ésta, en lugar de estar protegida por un secreto inviolable, estuviese domiciliada en una agencia bancaria parisina? Sus activos habrían sido confiscados hace tiempo.

Cliente multitarjeta. Toda la ironía de esta tragedia reside precisamente allí. Desde hace décadas se permitió el crecimiento hasta el gigantismo de un sistema dentro del sistema, una finanza llamada "offshore", fuera de las costas. En realidad, lejos de las miradas, lejos del fisco y lejos de todo control por los Estados-Nación. En algunas decenas de islotes exóticos, pero también en el fondo de las grandes plazas (financieras), los capitales offshore se reúnen, mientras eligen domicilio, antes de correr a invertirse allí donde rinden mejor: sobre los grandes mercados bursátiles y de obligaciones.

Estos patrimonios ocultos se han duplicado en quince años. Vito Tanzi, antiguo director de asuntos fiscales del FMI, los estima hoy en 5 billones de dólares (o sea un cinco seguido de doce ceros).

La clientela es muy variada. Gerentes de multinacionales que supieron administrar hábilmente los precios de transferencia entre filiales y consiguieron evaporar los beneficios obtenidos; estafadores fiscales de todo tamaño; corruptores enmascarados y vergonzosos corruptos; traficantes de armas y otros productos sensibles; organizaciones criminales que desean lavar su dinero de la droga y de la estafa; oficinas gubernamentales que se mueven en la sombra invocando la "razón de Estado"; gobernantes que no pueden confesar ciertas comisiones; finalmente, claro, terroristas organizados en redes que utilizan también estos paraísos financieros para transformar el dinero limpio en dinero del crimen. Es una calle de dos sentidos.

Osama Bin Laden es un cliente multitarjeta. Nació en una familia impregnada de esta cultura "offshore", la más rica de Arabia Saudita después de la familia real. La CIA le enseñó los últimos detalles, financiando a través de él el armamento de los talibanes contra el Ejército Rojo. El alumno, decididamente aplicado, agregó a su curriculum el tráfico de opio, que lo hizo prosperar. Finalmente, este especialista en sociedades pantalla utilizó su ingeniería financiera para solventar la red terrorista que hoy hace temblar a sus mecenas. Pero también para financiar el régimen talibán, al que le debe mucho.

La fortuna de Osama Bin Laden, estimada en varios miles de millones de dólares, tiene múltiples orígenes. Pero no hay duda de que ha prosperado principalmente gracias al tráfico de opio afgano. Tras la partida de los soviéticos en 1989, la producción se incrementó en un 19% por año, precisa el último informe de la Oficina de las Naciones Unidas para el control de drogas y prevención del crimen. Después de 1996 y el regreso de Bin Laden a Afganistán, todas las marcas fueron superadas. En 1999, la amapola cubría más de 91 000 hectáreas y la cosecha de opio superó las 4 500 toneladas, o sea el 80% de la producción mundial. Un valor bruto de 91 millones de dólares, según la ONU, multiplicado gracias a la transformación in situ en morfina base y en heroína. Ni el financiamiento de la red terrorista ni el tráfico de droga serían posibles a esta escala sin la utilización intensa de los paraísos financieros.

Demasiado tarde. Las perversidades de este sistema dentro del sistema son conocidas desde hace tiempo. Los medios para terminar con él han sido enunciados, particularmente en un informe oficial dirigido al presidente demócrata norteamericano Jimmy Carter el 14 de enero de 1981. El republicano Ronald Reagan, quien llegó el 20 a la Casa Blanca, lo arrojó al fondo de un cajón. El demócrata Bill Clinton, desde su primera campaña electoral, retomó la idea pero se encontró durante mucho tiempo con una desconcertante hostilidad de parte de los europeos, que dejaron pasar la oportunidad de avanzar, antes de recuperar el tiempo perdido. Débilmente y demasiado tarde. La administración republicana viene de cortar en seco toda iniciativa, estando el secretario del Tesoro, Paul O'Neill, opuesto a "todo esfuerzo que pretenda dictarle a un país la organización de su sistema fiscal". Entre fuerzas obscuras y transparencia, la elección parece haber sido hecha.