25 de octubre del 2002

Microeconomía de la dolarización ecuatoriana

Pablo Dávalos
Servicio Informativo "alai-amlatina"

En la formación del pensamiento clásico de la economía, hubo una preocupación sobre la formación de la tasa de beneficios de una sociedad determinada como elemento determinante en la creación y distribución de la riqueza. De las teorías existentes, la propuesta de economista inglés del siglo XIX, David Ricardo, indicaba que era frecuente que las tasas de beneficio a nivel general sean más altas en los países más pobres que en aquellos más ricos.

Independientemente del debate al respecto, esta propuesta de Ricardo debe entenderse en el contexto de sociedades en las que las oportunidades son menores, los costos de transacción son más grandes, la información o es incompleta o es manipulada, y existe una cierta inseguridad sobre los marcos jurídicos e institucionales existentes. Tal parece ser el caso del Ecuador, y en el que el análisis de Ricardo puede dar algunos elementos sobre su situación.

En efecto, en el Ecuador contemporáneo los agentes económicos (empresas, comercios, industrias, servicios, etc.), tienden a maximizar su tasa de beneficio de tal manera que cada transacción económica les permita un máximo de utilidad por sobre cualquier promedio de los países más ricos. Es la lógica del "ahora o nunca".

En la formación de sus expectativas, cuenta mucho para estos agentes económicos, la incertidumbre con respecto al futuro y el hecho de que la frágil situación económica, social y política, pueden destruir o distorsionar profundamente aquellas expectativas que se habían hecho en el futuro mediato. Es necesario, entonces, defenderse ahora, ganando lo máximo, aprovechando de todo lo que se pueda, incluso actuando al filo mismo de la legalidad.

De ahí su tendencia a manipular su entorno de tal manera que pueda ser utilizado como una externalidad positiva, es decir, el aprovechamiento de todos aquellos elementos que están fuera del cálculo económico de la empresa pero que pueden ayudar a incrementar su tasa de beneficio.

Los constructores ecuatorianos, por ejemplo, no se preocupan jamás de la seguridad social de sus obreros, ni tampoco incurren en gastos de riesgos industriales. Tampoco existe, dentro de muchos sectores empresariales del Ecuador, la preocupación por los bajos costos del salario, porque se asumen costos indirectos en la producción agrícola que subsidian al sector urbano y que contribuyen a incrementar su tasa de beneficio. Muchas empresas en el Ecuador no se preocupan por desarrollar estrategias de capacitación o de investigación tecnológica, etc., etc. Asimismo utilizan la información de manera estratégica y privilegiada.

Muchos gremios empresariales en virtud de sus relaciones con el poder pueden utilizar información reservada sobre una medida de política económica, o ejercer lobby para la aprobación de una determinada ley en su beneficio exclusivo.

En este contexto, los agentes económicos siempre hicieron un cálculo de sus beneficios con tasas de dos y hasta tres cifras.

Era su manera de defenderse de la devaluación, al tiempo que era su contribución a los procesos inflacionarios. Se defendían también de la recesión, de las incertidumbres del futuro, de los altos costos de transacción, en fin, en su mentalidad no había opción a pensar de manera modesta y prudente al momento de establecer su tasa de beneficio.

Este esquema de formación de expectativas de los agentes económicos en relación a sus ganancias futuras, tuvo su correlato en el sector bancario y financiero que en el momento en el que se liberalizó y desreguló (1994), pudieron utilizar las tasas de interés como un mecanismo de especulación y enriquecimiento desmesurado en el corto tiempo.

Así, la economía real (aquella economía que crea los bienes y servicios que una sociedad necesita), fue sobrepasada y se hizo altamente dependiente de la economía financiera. En el proceso, fue la moneda nacional, (el sucre ecuatoriano), el mecanismo utilizado para proteger las altas tasas de beneficio y sobre la moneda nacional recayó el peso de la especulación financiera.

Fueron todos esos elementos los que a la larga contribuyeron a que se adopte el esquema de un tipo de cambio fijo a partir de la eliminación de la moneda nacional y su cambio por el dólar americano (inicios del año 2000).

Sin embargo, los procesos microeconómicos siguieron siendo los mismos que existían antes de que se adopte la dolarización oficial de la economía. En efecto, los agentes económicos simplemente trasladaron sus comportamientos económicos, que tenían una lógica y una coherencia con la moneda nacional, hacia la nueva moneda.

La adopción de la dolarización no cambió para nada la estructura económica existente. La inseguridad institucional y jurídica persisten, los costos de transacción se hicieron aún más altos con la dolarización, la nueva moneda hizo más denso y menos transparente la información que todo agente económico necesita. En fin, la nueva moneda en vez de contribuir a solucionar aspectos de la microeconomía más bien terminaron por agravarlos.

Una primera consecuencia de la adopción de la dolarización es la ruptura o si se quiere la separación del sistema de precios con respecto a la estructura económica existente. El sistema de precios empezó un proceso de autonomización y se hizo dependiente en forma casi exclusiva de aquellas expectativas que a futuro los agentes económicos se hacían sobre su entorno.

Empezaron, entonces, a suscitarse procesos incoherentes y hasta absurdos, como el hecho de que ciertos precios de la canasta de alimentos eran mucho más altos en Ecuador que en los mismos Estados Unidos, cuya moneda se había adoptado; o el hecho de un encarecimiento global de todos los bienes y servicios que se transan en los sectores urbanos y que no guarda ninguna relación con la estructura salarial y de ingresos existente en el país.

Pero eran precios que se habían incrementado no porque los costos de producción hayan sido más altos sino por ese proceso de autonomización del sistema de precios: los precios no reflejan ya el valor de las cosas, se sitúan más bien por encima o por fuera de la estructura y condiciones reales de la producción y de la distribución existentes en el Ecuador.

Pero para que este proceso pueda consolidarse es necesario que exista un sector de consumidores que lo soporte y lo sustente al mediano plazo. Ese sector está conformado por ciertas clases medias que fueron golpeadas por la crisis bancaria y financiera de 1999-2000, y que ante la incertidumbre existente, prefieren transferir sus activos monetarios hacia altos niveles de consumo y de sobreendeudamiento al corto plazo.

Una segunda consecuencia de la dolarización radica en la creación de algo que podríamos llamar como un "efecto espejismo" en la percepción que se tiene sobre el entorno, y el hecho de que sobre ese "efecto espejismo" se construyan expectativas, programaciones y planeaciones a futuro, sin pensar por un momento en que por su propia naturaleza ese "efecto espejismo" pueda romperse.

Lo denomino "efecto espejismo" porque genera percepciones que no se corresponden a la realidad, que la alteran profundamente y que permiten la adopción de medidas no en función de la realidad sino en aquella sensación que se tiene sobre la realidad.

En efecto, la primera impresión a nivel microeconómico, es la sensación de una recuperación económica y financiera general de la economía. Esta sensación se ve sustentada por las cifras que muestran evidentes indicadores de crecimiento económico al corto plazo. Sobre esa sensación se articulan una serie de medidas a nivel microeconómico, como son el incremento del consumo, (que en virtud de que no existe una producción nacional que compense esas necesidades inmediatas de consumo, se tenga que sustentarlas vía importaciones eso no entra en el cálculo microeconómico), el sobre endeudamiento para el consumo, etc.

Es evidente que existen indicadores, entre ellos el PIB, que muestran una recuperación con años anteriores, sobre todo aquellos de la reciente crisis bancaria-financiera, pero también es cierto que esos indicadores son una especie de termómetro del momento, que es necesario un análisis más detallado de la realidad económica y ese análisis detallado nos presenta una situación bastante preocupante: una política salarial que se ha rezagado con respecto al consumo, altas tasas de interés, altos costos de intermediación financiera, altas tasas de inflación, altos niveles de desempleo, alto número de empresas en quiebra, altos índices de pobreza y exclusión social, etc.

Sobre este panorama existe un preocupante déficit en la balanza comercial, una dificultad en conseguir financiamiento internacional para el desarrollo interno, dificultades que se han visto agravadas por la decisión del FMI de no firmar la carta de intención con el país, y otros fenómenos.

En fin, un análisis de lo que está pasando en la macroeconomía hacen temer la vigencia de la dolarización no ya al largo plazo sino al mediano plazo. Empero de ello, la moneda es tan fuerte y otorga tantas certezas a nivel microeconómico (quizá la fundamental sea que se ha eliminado el riesgo del tipo de cambio), que los actores y agentes económicos no se detienen a pensar en la consecuencias sociales de sus actos. En cada transacción que realizan y a la que incorporan la lógica del "ahora o nunca", conspiran en contra de la vigencia de un esquema monetario que les ha dado tantas certezas y ganancias en el corto plazo.