29 de junio del 2001

Los pobres: los más afectados por las catástrofes


Servicio Informativo "alai-amlatina"

Los habitantes más pobres del planeta se exponen cada vez más al riesgo de desastres, agravado por el cambio climático y la mundialización, señala el Informe Mundial sobre Desastres publicado por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

Cada año los desastres "naturales" afectan a 211 millones de personas, atrasando el desarrollo por decenios; dos tercios de las víctimas son oriundas de los países de bajo desarrollo humano, afirma el documento.

Los pobres sufren más los desastres, ya que la pobreza los lleva a vivir en las zonas donde las inundaciones y los deslaves son más frecuentes. Los programas de ajuste estructural que se "recomiendan" a los países pobres socavan los factores que refuerzan la resistencia a los desastres, como los buenos niveles de salud y educación, la economía diversificada, etc. A raíz de la liberalización de las inversiones, a los países anfitriones les resulta cada vez más difícil conservar las ganancias allí donde fueron creadas. Cuanto más pobre es un país y más expuesto está a riesgos, mayor es la tasa de rentabilidad que exigen los inversores: hasta el 30 por ciento en el África Subsahariana, destaca la Cruz Roja.

El calentamiento del planeta puede llegar a elevar a siete metros el nivel de los mares, sumergiendo muchas grandes ciudades. Las regiones más pobres son las que corren mayores riesgos, puesto que el rendimiento de la agricultura disminuye y los desastres aumentan. Los pobres contribuyen poco o nada al calentamiento de la atmósfera (las emisiones de anhídrido carbónico per cápita de los Estados Unidos son 300 veces superiores a las de Mozambique), pero, paradójicamente, son los que más expuestos a los desastres. Por ello, la decisión de Estados Unidos de no ratificar el Protocolo de Kyoto es motivo de preocupación generalizada, anota la Cruz Roja. Si el recalentamiento de la tierra continúa, podrían haber en los próximos años 20 millones de "refugiados ecológicos" y los países desarrollados tendrían que repensar sus políticas de inmigración. Por su lado, los países pobres, golpeados por desastres, podrían demandar a los países industrializados, reclamando indemnizaciones por el cambio climático.

"Reconstrucción del riesgo"

El informe de la Cruz Roja señala que los esfuerzos de reconstrucción de las zonas afectadas por los desastres deben ser juzgados no tanto en función de la rapidez con que serán restituidas las infraestructuras que pueden ser destruidas otra vez por las próximas catástrofes sino por la contribución a la reconstrucción duradera de las comunidades afectadas.

"Con demasiada frecuencia, las personas afectadas por desastres, como las familias damnificadas por las inundaciones de Vietnam o los deslizamientos de tierra en Venezuela, reconstruyen las casas y comunidades exactamente igual que antes del desastre, por lo que literalmente 'reconstruyen el riesgo' y vuelven a quedar expuestas a futuros peligros", afirma Didier J.

Cherpitel, secretario general de la Cruz Roja.

Luego de ocurridas las catástrofes, la Cruz Roja recomienda que las donaciones y las inversiones se destinen a fortalecer la economía local (mano de obra y recursos locales) en lugar de comprar a contratistas extranjeros infraestructura de reemplazo, viviendas prefabricadas y servicios. "Si la ayuda enviada a una región afectada por un desastre se gasta en bienes, servicios y consultores extranjeros, entonces, el dinero recién llegado dejará rápidamente la zona. En cambio, si se gasta en servicios suministrados por empresas locales", la ayuda continuará circulando por la economía local.

El monocultivo es un factor que impide enfrentar en mejores condiciones las catástrofes. En 1998, el impacto del huracán Mitch en la economía hondureña representó las tres cuartas del Producto Interno Bruto; el aniquilamiento de las plantaciones de banano, el principal producto de exportación, significó un recorte drástico de las fuentes de ingresos del país. Ante ello, se impone "la diversificación en lugar de la especialización, la producción para el consumo, no para la exportación y la redistribución de la tierra fértil para incrementar la seguridad alimentaria y financiera". Cuanto mayor es la autosuficiencia menor es la vulnerabilidad a los desastres, señala el informe de la Cruz Roja.

Sacar a la gente de la pobreza es el mejor medio de reducir el número de cadáveres que habrá que sacar del barro, las crecidas o la sequía. Para crear comunidades capaces de resistir a los desastres, es mejor invertir en la economía local que dedicarse a construir represas y diques de cemento. Medios de subsistencia duraderos bien pueden ser la clave de la paz en países desgarrados por la guerra. Los más pobres pueden recuperarse mejor de los desastres y los conflictos armados de hoy en día, si se sientan las bases de economías locales, inclusivas y diversificadas, en lugar de creer en las vagas promesas de la economía mundial, destaca el Informe Mundial sobre los Desastres.

Desciende ayuda al desarrollo

En el año 2000, los desastres naturales aumentaron y cobraron la vida de 20.000 personas, dejando 256 millones de damnificados, lo que superó con creces la media del decenio que fue de 211 millones. Entre 1991 y 2000, los desastres provocaron 665.598 muertos, no obstante, en el mismo período, la asistencia oficial al desarrollo (AOD) disminuyó en 61.600 millones de dólares, lo que representa una baja del 11 por ciento en términos reales.

El aporte al desarrollo de los países más industrializados, agrupados en la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, OCDE, sin embargo no es uniforme. Mientras Japón aumentó la AOD en un 70% desde 1996 hasta la fecha, otros países como Alemania, Estados Unidos, Francia y El Reino Unido la redujeron en 10 por ciento de promedio en el mismo período.

Estados Unidos, que ha vivido una bonanza económica sin precedentes, disminuyó la AOD en un 30 por ciento durante el período que nos ocupa.

Los países donantes agrupados en el Comité de Asistencia para el Desarrollo (CAD) han mantenido una media de 0,39 de su PIB como ayuda al desarrollo, lo que dista mucho del objetivo del 0,7 por ciento de las Naciones Unidas, y supone una disminución respecto a la media de 0,48 de 1991, asegura la Cruz Roja. Solo cuatro miembros de los 22 que componen el CAD cumplen o superan la meta de la ONU: Suecia 0,7 por ciento; Países Bajos 0,79 por ciento; Noruega 0,91 por ciento y Dinamarca 1,01 por ciento.

Los 48 países menos adelantados recibieron cada vez menos ayuda durante el decenio pasado. A los precios constantes de 1998, su valor fue de 16.800 millones de dólares en 1991 y en 1999 no alcanzó los 11.000 millones de dólares.