9 de mayo del 2001

Banco Mundial y Prodepine: ¿hacia un neoliberalismo étnico?


Boletín ICCI No. 25, abril de 2001-Ecuador

El Banco Mundial es parte de las instituciones creadas por los acuerdos de Bretton Woods en 1944, y que redefinieron las condiciones geopolíticas de poder después del fin de la Segunda Guerra Mundial. La creación del Banco Internacional de Reconstrucción y de Fomento, BIRF, que conformaría el núcleo de las diversas agencias de desarrollo denominadas luego como "Banco Mundial" (World Bank), se constituyó como uno de los ejes estratégicos en la formación hegemónica de los Estados Unidos como potencia dominante en el periodo de posguerra. La otra institución concomitante a esta estrategia es el Fondo Monetario Internacional, FMI. Ambas organizaciones inscribirían sus roles dentro de las nuevas relaciones de poder existentes a nivel mundial y heredadas del periodo de posguerra.

La "guerra fría" será el contexto geopolítico que estructure las decisiones, las estrategias, las dinámicas y los procesos más fundamentales de las dos superpotencias, los Estados Unidos y la Unión Soviética. Para cada una de ellas, el planeta entero se presentaba como un tablero de ajedrez en el cual las naciones muchas veces eran consideradas como peones que cumplían un papel dentro de una estrategia más amplia: aquella del poder y la hegemonía mundial.

Dentro de esa lógica, los Estados Unidos van a privilegiar la acción del Banco Mundial como organismo de cobertura internacional que les permitía una política de asistencia económica sumada a un afán de control político.

Su interés va a evidenciarse con la presencia de Robert McNamara, en la presidencia del Banco Mundial, un hombre que será conocido también por haber sido Secretario de Defensa de los Estados Unidos.

El Banco Mundial es parte de un orden político mundial en el cual la hegemonía norteamericana se afirma y consolida como presencia dominante. Es a partir del Banco Mundial, que Estados Unidos despliega una intensa campaña asistencialista y de ayuda al desarrollo en los países pobres, ayuda destinada a disuadir a estos países de una opción de tipo socialista o diferente a aquella determinada por Estados Unidos. En América Latina, jugará un rol clave a través del apoyo a la iniciativa conocida como "Alianza Para el Progreso", iniciativa tomada justamente a raíz del triunfo de la revolución cubana de 1959.

Sin embargo, los tiempos cambian y también las estrategias. La caída del bloque socialista y la consolidación de un orden "unipolar" con la evidente hegemonía norteamericana, transforman el panorama mundial y obligan a la generación de nuevos discursos que justifiquen y legitimen esa geopolítica del poder mundial. La caída de los "socialismos reales" coincide con la redefinición de roles para el FMI y el Banco Mundial a inicios de la década de los noventa, a partir del denominado "Consenso de Washington", y con la emergencia del fenómeno de integración de mercados a nivel planetario bajo el control de las corporaciones americanas, europeas y asiáticas, fenómeno conocido como "globalización".

De otra parte y como antecedente, es interesante destacar el rol jugado por ambas instituciones, el FMI y el Banco Mundial, en la década de los ochenta cuando se produjo la crisis de la deuda externa en América Latina y se impusieron los programas de ajuste económico. Esta crisis amenazaba directamente a los sectores financieros de los Estados Unidos, y por ende al modelo de crecimiento americano. Es justamente en esa coyuntura que aparece el FMI como la institución internacional que gozaba de cierta legitimidad y a partir de la cual podía obligarse a los países latinoamericanos a transferir los costos de la crisis a su población.

Habían empezado las políticas de ajuste económico al tenor de las recomendaciones del FMI y bajo la mirada atenta del gobierno americano.

Las políticas de ajuste fueron diseñando un nuevo modelo de Estado y de sociedad. Sin embargo, el FMI como institución creada para ayudar a corregir los desequilibrios económicos del corto plazo, se veía impotente para conducir y provocar cambios más profundos y más al largo plazo. Estos cambios eran las reformas estructurales al Estado, de tal manera que aquel Estado que había sido diseñado bajo los esquemas de bienestar y protección social, (el "Estado del Bienestar"), y cuyo fundamento era la creación de un mercado interno a través de la protección al empleo y a la industria nacional, dé paso a un nuevo Estado sin ninguna responsabilidad con la sociedad, es lo que los neoliberales denominan el "Estado Mínimo", es decir, un Estado que deje de preocuparse por garantizar la regulación social y la asignación de recursos al interior de la sociedad, ahora estas tareas debería hacerlas más bien el mercado.

El FMI, por su mismo diseño institucional, era incapaz de concebir, dirigir, orientar, coordinar, monitorear y financiar esas reformas estructurales del Estado. Su papel estaba centrado más bien en el corto plazo y en ayudar a corregir los desequilibrios macroeconómicos. Es precisamente por la necesidad geopolítica de llenar ese espacio vacío que se acude al Banco Mundial.

En adelante, el Banco Mundial será la institución encargada de consolidar esas reformas estructurales del Estado, que no son otra cosa que el desmantelamiento del Estado de Bienestar y la consolidación del Estado Mínimo neoliberal. Esta tarea estratégica coincide en los tiempos históricos con la caída del muro de Berlín y la derrota de la clase obrera, como eje político de contrapoder a nivel mundial.

La década de los noventa se inaugura con la globalización de la economía, con el Consenso de Washington, y con la caída del socialismo. En este proceso, el Banco Mundial se constituye como uno de los actores con mayor importancia estratégica dentro de la definición de la condiciones de poder a nivel mundial y de imposición del nuevo orden económico neoliberal. Su rol no es solo garantizar la transformación del Estado de Bienestar en Estado mínimo neoliberal, sino en asegurar el predominio hegemónico de los Estados Unidos como poder mundial hegemónico.

De ahí que el Banco Mundial empiece a generar dinámicas que le son completamente nuevas pero que evidencian ese afán de copar los espacios existentes dotándoles de los nuevos contenidos de la dominación unipolar.

Así por ejemplo, frente a las críticas hechas desde el medio ambiente y el discurso de la ecología política, el Banco Mundial no tiene problema en involucrarse en una problemática nueva y articula el concepto de "desarrollo sustentable" (sustanaible development), a sus coordenadas de liberalización, desregulación, privatización. Frente a las demandas de los pueblos indígenas, no tiene problemas en generar el discurso del "etnodesarrollo". Frente al crecimiento de la pobreza que provocan los programas de ajuste económico, no tiene ninguna duda en financiar programas que parecen criticarlo, como es el caso del foro SAPRI, pero que a la larga terminarán por legitimarlo.

De los tradicionales contenidos de la ayuda a proyectos de desarrollo para países pobres, el Banco Mundial genera nuevas iniciativas que comprenden dinámicas novedosas y aparentemente fuera de los propósitos para los cuales fue creado. Ahora financia estudios e iniciativas en contra de la corrupción, programas de ayuda a pueblos indígenas, reformas a los sistemas legales, modernización de los sistemas de procedimientos del régimen parlamentario, etc.

En el caso del Ecuador, el Banco Mundial tiene una presencia cada vez mayor en una diversidad de sectores y con una pluralidad de actores, con la particularidad de que es en Ecuador justamente el país en el cual el Banco Mundial tiene su proyecto estrella con los pueblos indígenas: el "Proyecto de Desarrollo para los Pueblos Indígenas y Negros del Ecuador", denominado "Prodepine". Es una contradicción y una paradoja de la historia el hecho de que el Banco Mundial trabaje ahora con los indios del Ecuador, tomando en cuenta que en 1994, fue el Banco Mundial la institución que más presionó políticamente por la modernización del sector agrario a través de la Ley Agraria del gobierno de Sixto Durán Ballén (1992-1996). Una Ley que apuntaba a la destrucción de las comunidades indígenas, a la conformación de un mercado de tierras bajo parámetros de competencia, desregulación y liberalización capitalista. Un proyecto de Ley, cabe recordar, que habría de desencadenar el segundo levantamiento indígena de la década.

Empero de ello, la visión del Banco Mundial se revela como estratégica. El hecho de haber conceptualizado un proyecto específico para los pueblos indígenas del Ecuador, da cuenta de que dentro de los cálculos políticos del Banco Mundial, los indios del Ecuador, con sus estructuras organizativas y políticas, pueden convertirse en el obstáculo más serio para sus políticas de liberalización, desregulación y privatización. Una visión que los acontecimientos actuales la confirman como correcta. De ahí el énfasis puesto por el Banco Mundial en el proyecto "Prodepine". De ahí la importancia geoestratégica de este proyecto de desarrollo.

Creado en 1997 e implementado efectivamente desde 1998, este proyecto "Prodepine", se ha ido consolidando al interior de las estructuras organizativas del movimiento indígena ecuatoriano, como uno de sus peligros más amenazantes. Este proyecto replica los objetivos estratégicos del Banco Mundial, al interior de la lógica de uno de los actores más importantes del momento actual, el movimiento indígena. La dinámica que genera este proyecto se enmarca dentro de los parámetros del asistencialismo y el desarrollismo, así como de la generación de estructuras tecno-burocráticas que se consolidan como estructuras de poder al interior del movimiento indígena ecuatoriano. Reclutando técnicos que provienen del mismo movimiento indígena, y dotándoles de capacidad de gestión y negociación, este proyecto se convierte en una correa de transmisión entre el Banco Mundial y su proyecto neoliberal, y los pueblos indios del Ecuador.

La enorme cantidad de recursos que posee esta institución la convierten en una amenaza permanente para el movimiento indígena ecuatoriano. La visión modernizante y apegada a los parámetros neoliberales de la cual son portadores los tecno-burócratas de esta institución se convierten en un riesgo cotidiano para el proyecto político de las organizaciones indígenas y en una fuente de conflictos permanente. Pero, no se trata del choque entre dos visiones distintas de la realidad, sino de la confrontación entre dos proyectos históricos distintos. Para el Banco Mundial se trata de legitimar su propuesta de liberalización, desregulación y privatización, una legitimación que pasa por el reconocimiento nacional e internacional de su ayuda al desarrollo y en contra de la pobreza. Gracias a este doble juego, el Banco Mundial ha logrado neutralizar la oposición política de los indios en contra suya, al mismo tiempo que compromete mayores esfuerzos en la reforma estructural de carácter neoliberal del Estado Ecuatoriano.

El Banco Mundial actúa como uno de los lados de la tenaza, el otro es el FMI, para cerrar el paso a cualquier tipo de alternativa al proyecto neoliberal. Su carácter estratégico de actuar con una pluralidad de actores le otorgan mucha legitimidad, y el hecho de haber inaugurado un proyecto específico para los indios, le genera un marco de acción política de enorme importancia dentro de sus cálculos estratégicos. Gracias a este proyecto puede tener un monitoreo permanente de la capacidad política y organizativa de las principales estructuras del movimiento indígena ecuatoriano.

Es sintomático el hecho de que este proyecto esté totalmente desligado del control político de estas estructuras organizativas del movimiento indígena. Es también bastante revelador que este proyecto financie a las estructuras organizativas del movimiento indígena, pero no les permita ninguna capacidad de decisión de sus marcos teóricos y epistemológicos de acción. Una práctica que releva del clientelismo pero que aparece como políticamente útil cuando los indígenas cuestionan al modelo neoliberal pero sin hacer ninguna referencia al Banco Mundial y a su papel estratégico dentro de la imposición de este modelo.

Cuando los indígenas realizaron su más reciente levantamiento, en febrero de 2001, fueron cercados por la policía y el ejército ecuatorianos en la Universidad Politécnica Salesiana. La Cruz Roja Internacional, la UNICEF, las Naciones Unidas, entre otras instituciones, intercedieron para que el gobierno del Ecuador rompa el cerco y permita al menos el paso de alimentos, medicinas y vituallas a las más de quince mil personas que estaban cercadas. La población de la ciudad de Quito se movilizó para atender a los pueblos indígenas que marcharon hacia la capital y que estaban ahora siendo cercados por el gobierno. En esas circunstancias, cuando los pueblos indígenas necesitaban más que nunca apoyo para su lucha, el Proyecto "Prodepine" jamás gastó un solo centavo en ayudar a sus hermanos indígenas, ni tampoco hizo ningún pronunciamiento a su favor, ni buscó la forma de ayudar a las víctimas de la represión. Un silencio que a más de cómplice es bastante revelador de las motivaciones que subyacen tanto al proyecto como a sus tecno-burócratas, y que evidencian de su real práctica política.

En efecto, desde su implementación en 1998, este proyecto ha estado totalmente al margen de los principales acontecimientos políticos que han cambiado profundamente al Ecuador y de los cuales los indios han sido sus protagonistas principales. Así por ejemplo, no jugaron ningún papel, ni siquiera simbólico, en la Asamblea Constituyente de 1998, no tuvieron ninguna participación en los levantamientos de 1999; en el 2000 apoyaron al gobierno de Mahuad, cuando se produjo el levantamiento que a la postre derrocaría a este presidente. Tampoco tuvieron ninguna presencia en las elecciones seccionales de mayo de ese año, y no han apoyado a los poderes locales que el movimiento indígena ganó en estas elecciones. En el 2001, tampoco apoyaron al levantamiento de febrero de 2001, ni al proceso de "Mesas de Diálogo" que se generaron a partir de este levantamiento. Sin embargo, desde 1998, han sido un punto de conflicto que imposibilitó la unión estratégica de las principales organizaciones indígenas nacionales, hasta febrero de 2001.

Pero este proyecto "Prodepine", parece estar atravesando un momento de transformación cualitativa en los tiempos recientes, cuando ha empezado a hacer funcionar sus redes clientelares en función de su requerimientos específicos. Es el caso de su más reciente actuación en el Congreso de la organización provincial indígena de Cotopaxi, el MICC. Aquí se evidencia un rol más protagónico y militante. Del perfil bajo que tuvo en sus primeros años, ahora el proyecto "Prodepine", parece sentirse lo suficientemente fuerte para incidir e interferir en las estructuras organizativas del movimiento indígena ecuatoriano. Una incidencia que no apunta a fortalecer o a consolidar estas estructuras sino más bien todo lo contrario, busca debilitarlas e incluso dividirlas.

En ese sentido, este proyecto "Prodepine" coincide con los objetivos del gobierno de debilitar al movimiento indígena en momentos en los que las "Mesas de Diálogo" parecen agotarse políticamente, y en los que el modelo neoliberal no logra consolidarse. Los tiempos políticos venideros son de enorme importancia estratégica. Son tiempos electorales que van a cambiar la correlación de fuerzas en el escenario político nacional. Son momentos que ameritan consolidar los espacios ganados por el movimiento indígena y articular una posición de poder desde el movimiento indígena que quiera ser alternativo, viable y factible para el país. En esta coyuntura el proyecto "Prodepine" va a jugar un rol estratégico, tratando de dividir, atomizar y debilitar el proyecto político del movimiento indígena ecuatoriano. Es importante entonces, que se tenga una percepción clara de los roles que asumen las instituciones vinculadas al movimiento indígena, al mismo tiempo que se adopten decisiones que sean coherentes con el proyecto político del movimiento indígena, de los movimientos sociales y del pueblo.