2 de julio del 2001

Dimensiones de la democracia económica (y IV)

Albert Recio
Veualternativa. Mientras Tanto

7. ¿EXISTE ALGUNA POSIBILIDAD DE DESARROLLO DE LA DEMOCRACIA ECONÓMICA?

A lo largo de todo este texto he adoptado un tratamiento abstracto de los problemas, suponiendo simplemente que se trata de sistemas ideales y pasando por alto la cuestión de la puesta en práctica La claridad expositiva no puede hacernos olvidar que de lo que estamos discutiendo es de una cuestión práctica, por lo que conviene interrogarse sobre su posibilidad efectiva de llegar a implantarse. Como norma general propondría renunciar a cualquier proyecto social para el que no se atisba ningún apoyo o tendencia incipiente en el momento presente, lo que no supone despreciar la importancia que puede tener la reflexión utópica. Esta puede ser siempre útil como forma de elaboración intelectual, como forma de crítica de la situación actual y como un mecanismo a partir del cual deducir propuestas viables; en suma, como "juego de pensamiento" que ayuda a explorar nuevas propuestas. Pero las transformaciones sociales viables son las que parten de procesos reales que pueden favorecer o torpedear, tener relación o no tenerla con los proyectos utópicos elaborados por la mente humana. Procesos sociales que permiten seleccionar que propuestas de cambio resultan o no viables en el espacio y el tiempo concreto en el que tiene lugar la acción política.

Por lo que atañe a la democracia económica, cabe preguntarse en que medida en la situación actual existen demandas y procesos sociales que animan a pensar la posibilidad de abrir un camino en esta dirección. Una lectura superficial de la situación presente conduce a pensar que las demandas de democracia económica viven malos tiempos. De hecho uno de los efectos básicos del neoliberalismo ha sido acabar con las posibilidades de desarrollo de la democracia económica posiblemente incluso de elementos cruciales de la democracia política. Que el paro y la precariedad el discurso del trabajo como un bien escaso de la competitividad como centro de la política económica han limado tanto el papel de los asalariados que estos ya no se ven capaces de reivindicar los derechos sociales más avanzados. Que el arrinconamiento creciente de los sindicatos les ha llevado a reducir sus propuestas de cambio. Que el fracaso de las economías soviéticas ha sepultado cualquier propuesta de planificación por muy democrática que se plantee Pero debajo de esta superficie tan pesimista siguen bullendo demandas democráticas de largo alcance que son a las que a corto plazo hay que dedicar mayor atención porque su fortalecimiento puede permitir recuperar demandas más consolidadas de democracia económica.

A pesar del ataque neoliberal, sigue persistiendo una poderosa corriente de demandas democráticas sobre la actividad del sector público. Demandas que no sólo atañen al papel del mismo como inversor y proveedor de servicios, sino también como regulador de la actividad privada. Unas demandas que se expresan de formas variopintas pero que mantienen abierta la posibilidad de seguir propugnando medidas de profundización democrática de los tipos planteados en los dos apartados anteriores. Se trata en este caso en uno de los campos donde tiene más camino a correr la acción institucional de la izquierda en las distintas instancias en las que está presente (aunque posiblemente sea en el nivel local donde más posibilidades existen a corto plazo). De hecho es palpable que las referencias a la participación se formulan incluso desde posiciones políticas con escasa tradición participativa. Pero se trata de un campo prometedor que para consolidarse no sólo requiere la creación y refinamiento de los instrumentos de participación, sino también una reformulación del papel y las formas de actuación de las organizaciones políticas. Estimo que en este campo se juega una parte importante de las posibilidades de desarrollo de la democracia económica, por cuanto los éxitos pueden generar un efecto contagioso sobre otras áreas, al favorecer un proceso de pedagogía política, ciertamente arduo, y posibilitar nuevas demandas de participación. Se trata por tanto de una de las cuestiones cruciales sobre las que debe concentrarse cualquier organización de izquierdas que se precie de tal.

Si bien el campo de la empresa privada sigue siendo un coto privado a la democracia, alguna de las transformaciones en curso muestran la existencia de algunas fisuras, aunque sean muy pequeñas, en la ciudadela. La experiencia de la empresa-red incluye nuevos espacios de "autogestión limitada", espacios que casi siempre se encuentran en las fases de los procesos productivos donde los equipos de trabajo igualitarios resultan más necesarios para el éxito del proceso (actividades que requieren mucha cooperación diálogo, y elaboración colectiva entre diversas personas). Y es que la aportación humana sigue jugando un papel crucial en todos los procesos productivos, y esta es mejor o peor en función del contexto social en el que tiene lugar. Cuanto más compleja es la producción, cuanto más necesaria es la interrelación personal, más importante es la cooperación participativa. Aunque muchas de las propuestas empresariales de "enriquecimiento del trabajo", "equipos de trabajo", "círculos de calidad" esconden meras maniobras del poder, en muchos casos reflejan también fórmulas de compromiso en esta dirección. El peligro mayor es, a mi modo de ver, que estas prácticas se limiten a los empleados que ocupan lugares superiores en la red empresarial, al tiempo que se refuerzan las formas de gestión autoritaria sobre el resto, que se profundice en la división social y algunas capas privilegiadas gocen de algunos niveles de "democracia económica" al tiempo que el resto sigue sumido en el abyecto mundo del autoritarismo empresarial. Por esto considero que la bandera de la democracia económica, aun en sus niveles inferiores de control obrero o cogestión pasa por reivindicar su extensión. Una reivindicación que puede ir asociada al desarrollo de prácticas laborales y productivas más eficaces socialmente y a la eliminación de las formas de producción basadas en el recurso al empleo precario. Es cierto que algunas propuestas empresariales de participación buscan el objetivo opuesto, pero de lo que se trata es de superarlas con propuestas y estrategias orientadas hacia una extensión de la democracia laboral. Y en este sentido vale la pena realizar un balance de las experiencias que hasta ahora conocemos.

La democracia económica no es el presente. Pero es una vía que puede ensancharse si se cuidan y orientan los atisbos, aunque sean "bordes" que hoy se detectan en el mundo real Analizarlos, mejorarlos, perfilarlos forma parte del esfuerzo necesario para promover experiencias de participación que autogeneren nuevas demandas en el mismo sentido.