11 de mayo del 2001

Globalizar la riqueza: justicia social en la era de la globalización

Alvaro de Regil Castilla
CAUM

Este es un ensayo, largamente esbozado, sobre por qué, a pesar de que la riqueza económica en el mundo ha aumentado a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, aquélla se ha reconcentrado consistentemente en una porción cada vez más pequeña de la población, y ha generado una tendencia de más de 20 años de polarización económica, al aumentar los índices de pobreza tanto en el Primer Mundo como en el Mundo en Desarrollo. Sin ambages, el ensayo afirma que la pobreza en el mundo se está exacerbando porque los dados están cargados en favor de quienes detentan el poder político y económico. Esto no es ninguna novedad, pero hoy en día existe un acuerdo concreto en los centros de poder de las metrópolis mundiales y de su periferia para expandir esta estructura mediante la globalización del capitalismo mundial bajo lo que se ha denominado "el consenso de Washington"; que no es otra cosa más que la institucionalización a ultranza de un capitalismo neoliberal anglosajón, en beneficio de las empresas transnacionales y sus asociados. El problema es que el acuerdo ha sido impuesto y no elegido por las sociedades civiles. Su imposición está anclada en una gran campaña de desinformación dirigida a convencer a la mayoría de que la libertad de comercio y de inversión no puede más que reforzar la libertad social y el nivel de vida de todos los participantes. Esto es posible porque los promotores de este "consenso" están insertados en todas las estructuras que se han ido construyendo para lograr la libertad, la justicia y el bienestar de la sociedades capitalistas, al establecerse una verdadera democracia y una sociedad civil abierta. Por lo que, socavando estas estructuras, se han logrado colocar en puntos claves donde manejan los hilos políticos de las naciones en exclusivo beneficio de grupo, que no busca otra cosa más que hacerse del mayor poder económico a costa de la explotación racional de las mayorías. El sistema económico actual ha sido impuesto en contra de la voluntad de la mayor parte de las sociedades civiles nacionales, porque las estructuras democráticas donde supuestamente se asientan, han sido corrompidas o simplemente nunca han llegado a consolidarse. Esto ha sido posible porque las grandes mayorías han sido tan desinformadas y manipuladas, a través de una propaganda incesante, que las ha llevado a un profundo nivel de aturdimiento y de enajenación que las incapacita para emitir elementos de juicio y de cuestionamiento. Como resultado, estas mayorías, en gran medida, bajo las condiciones actuales de rápido empobrecimiento, sólo actúan por actos reflejos buscando sobrevivir.

El enfoque del ensayo, sin embargo, no se aboca a ser un mero documento de acusación de la globalización neoliberal, tan denunciada casi universalmente en lo que va del año, sino a proponer soluciones muy específicas para detener la tendencia negativa que predomina. El ensayo, al enfocarse en los elementos concretos que exacerban la brecha entre ricos y pobres, presenta con claridad la adecuada solución.

Además, en su proposición, el ensayo argumenta que ésta es la única solución real y definitiva, sine qua non, cualquier otra medida, representaría sólo un mitigador del sufrimiento de las mayorías, pues las estructuras que generan pobreza no serían desmanteladas. Finalmente, el ensayo concretiza su argumento presentando acciones específicas para parar de lleno la injusticia social sobre todo en países como el nuestro, que no dejan de seguir en vías de desarrollo, porque existe la voluntad de que esto permanezca como el status quo, porque beneficia a una oligarquía mundial.

Parte I. Marco de referencia ético
1. Consideraciones políticas y económicas
Globalización y justicia social

La globalización neoliberal, definida por sus idólatras, es un proceso a través del cual los postulados de la teoría económica del neoliberalismo, dónde todo recae en las libres fuerzas del mercado y del comercio internacional abierto, genera la distribución más eficiente de los recursos y, por lo tanto, alcanza el mejor nivel de bienestar. Pero esto es cierto sólo desde el ángulo de las corporaciones; pues desde una perspectiva de justicia social, no alcanza absolutamente nada en términos de distribución de la riqueza. Al contrario, aunque puede acrecentar el nivel de riqueza de la economía, el neoliberalismo reconcentra esta riqueza en menos manos, haciendo a los ricos más ricos y a los pobres aún más pobres. En el proceso de transición de una economía cerrada a una abierta, la mayoría de los países han permanecido varados durante muchos años, y muchos han empeorado sus estadísticas per capita de ingreso. Por eso, está claro que la globalización de las economías del mundo no ha beneficiado a nadie exceptuando a esos pocos privilegiados miembros de los centros de poder tanto públicos y privados como locales y globales. Por encima de todo, ha beneficiado a las corporaciones transnacionales o TNLs y a los gobiernos que las apoyan y protegen, tanto en sus países de origen como en los países huéspedes, quienes han implementado los cambios necesarios para que éstas prosperen al máximo.

Como dice Jo Marie Griesgraber, Directora del proyecto "Repensando Bretton Woods", del Center of Concern, una ONG comprometida con la justicia social, de la Sociedad de Jesús en Washington: Hay algo intrínsecamente malo con el sistema financiero que resulta en, y perpetúa, las siguientes obscenidades:
* En 1998 las 225 personas más ricas del mundo tienen ahora una riqueza combinada de un billón de dólares (doce ceros). Esto es igual al ingreso combinado de los 2,500 millones de personas de menor ingreso en el mundo.

* La riqueza de los tres individuos más ricos del mundo, excede actualmente el PIB combinado de los 48 países menos desarrollados.

. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) reportó en 1996 que cien países están en peores condiciones que hace quince años.

. Hace tres décadas, la gente en los países desarrollados estaban 30 veces mejor que en esos países donde habita el 20% más pobre de la población mundial. Para 1998 esa brecha se ha ensanchado 82 veces. (según el Upstream Journal, Montreal Justice and Peace Commission, June/July, 1999, p.15) Griesgraber denuncia además, que en la junta del G7 -el grupo de las siete mayores economías capitalistas- en Colonia, Alemania, en junio pasado, se le adjudicaron al Foro de Estabilidad Financiera, recién creado en la primavera por el comité ejecutivo del FMI, nuevas responsabilidades. Este foro, formado por los ministros de hacienda, los directores de las bancas centrales del G7, los directores de los organismos que fijan las normas de contabilidad, seguros, banca y bolsa, y por los directores del FMI y del Banco Mundial, se reúne ahora semestralmente para revisar y recomendar cambios al sistema financiero global. Lo más cuestionable es que estas reuniones se hacen en secreto, no se emiten minutas accesibles al exterior y no se le rinden cuentas a nadie, en total violación de las normas internacionales. Además, dice Griesgraber, El acuerdo actual de los pocos ricos asegurando en secreto la continuación de una distribución de poder y de recursos de forma inequitativa, es una realidad que deberá ser confrontada y cambiada. Esto no es una posición resultado de la demencia de unos locos obsesionados con alucinaciones de conspiraciones, sino un objetivo real desde una perspectiva de justicia social.

A pesar de esto, los apologistas de la globalización han presentado sus puntos de vista como un paradigma y como un dogma, ya que argumentan que no hay otro camino para alcanzar el mayor nivel de riqueza más que a través del paradigma neoliberal, supuestamente, de laissez faire (de dejar hacer). Para eso tratan de apoyarse en teorías económicas como si fuesen postulados indisputables, al afirmar que es un paradigma científico y, por lo tanto, que no puede ser cuestionado. La teoría económica neoliberal, supuestamente le endilga su raíces a la teoría económica clásica a partir de la filosofía económica de Adam Smith. Esto en realidad es falso, pues los postulados de Smith han sido conscientemente tergiversados. Al igual que él, se argumenta que sólo los mercados eficientes y competitivos pueden alcanzar el equilibrio entre la oferta y la demanda y, por lo tanto, conseguir la mejor asignación de los recursos; pero se omite decir que el principal objetivo de este filósofo-economista era lograr "el bienestar general de todos los rangos de la sociedad," y que, además, esto debería hacerse mediante cientos de miles de pequeños empresarios y no mediante enormes empresas monopólicas que antecedieron al liberalismo económico durante el mercantilismo. Además, para Smith, quien era el jefe de la cátedra de Filosofía Moral de la Universidad de Glasgow, la economía liberal no era el fin sino el vehículo para lograr el bienestar de toda la sociedad. Sin embargo, esta tergiversación, con pleno conocimiento de causa, ha sido la posición de quienes han apoyado al paradigma neoliberal durante los últimos veinticinco años. Pero conforme el tiempo confirma que los pobres se empobrecen aún más, que las clases medias se reducen en muchas economías, incluyendo las de los países más ricos, que los países de Europa Oriental están luchando por salir a flote, que Rusia se está derrumbando y que los países del sudoeste asiático y de Iberoamérica sufren dramáticas recesiones cíclicas, ha surgido un gran debate.

Los peligros de la globalización

Es muy irónico, sin embargo, que en este debate, algunas de las personas que se han beneficiado al máximo de este proceso, como George Soros, se hayan convertido en críticos inusitados de la globalización.

Soros, el famoso especulador de bolsa, quién ganó un millardo de libras en un día especulando con ella, inició una crítica seria sobre el deterioro endémico de las condiciones económicas mundiales cuando en 1997 publicó un artículo titulado "La Amenaza del Capitalismo" en la revista Atlantic Monthly (más recientemente publicó "La Crisis del Capitalismo Global" dónde expande su debate). Soros ve inherente al paradigma neoliberal una amenaza a lo que él define como una sociedad abierta. Su crítica básica es que, en nombre de la teoría económica neoliberal, como una ciencia irrefutable, la esencia de la sociedad abierta que se basa en libertad, democracia, valores sociales y el estado de derecho, se ve amenazada al reducir a la sociedad a individuos que se comportan exclusivamente en función de valores monetarios.

Los peligros de desvirtuar los valores humanistas por estos valores monetarios nos parece a muchos ciudadanos comunes y corrientes harto evidente y comienza a influir en grado importante en la opinión pública y esto está trascendiendo también en las altas esferas del conocimiento. En los círculos académicos, personajes como el profesor Amartya Sen, Maestre del Trinity College en Cambridge, Inglaterra, quien es el economista más prominente en el estudio de las economía de la desigualdad y el bienestar, ganó el premio Nobel en 1998. Este hecho muestra un dramático contraste con el premio en economía de 1997, otorgado a dos economistas por sus supuestas contribuciones que inspiraron en parte las modernas teorías de equilibrio aplicadas por la recientemente quebrada corredora de fondos debido a su excesiva especulación: Long-Term Capital Management. Esta corredora se especializaba en manejar las carteras de inversiones de grandes millonarios bajo estrategias de alto riesgo (hedge funds). Estas estrategias estaban basadas en las mismas teorías de eficiencia de mercado que dan forma al actual neoliberalismo. Pero como la teoría, que no ciencia irrefutable, provocó un problema sistémico que hubiese provocado pérdidas de muchos millardos, tuvo que ser rescatada por el banco de la reserva estadounidense. Y como comenta Soros, el mero hecho de la intervención de la reserva federal para eliminar un problema sistémico, es clara prueba de que la teoría económica no tiene nada de ciencia irrefutable y sí todo de mera teoría de una ciencia social. Así, después de que en 1997 se premió a la especulación, en 1998 el desastre económico y el rápido ahondamiento de la pobreza tomaron el escenario central.

El cambio tan diametral en el enfoque de quienes otorgan el Nobel de Economía, es un signo inequívoco de la preeminencia que ha tomado en el debate sobre desarrollo económico la dramática situación de la justicia social en el mundo. Tan es así, que el debate ya es inevitable en las más altas esferas de poder político-económico. ¿ Cómo podrían evitarlo si el problema, muy a su pesar, les está estallando en la cara? Desde 1998 Bill Clinton y Tony Blair intentaron apaciguar los ánimos con un pequeño subterfugio que han denominado la Tercera Vía, que a estos tiempos vista, está claro que no era más que un argucia para disfrazar al neoliberalismo en piel de cordero. Al argumentar que la Tercera Vía es un balance entre las necesidades de eficiencia de mercado y las consideraciones de bienestar social, han intentado calmar los crecientes reclamos que vienen de todos los sectores. Pero al comprobarse que no se ha dado un paso atrás en las medidas neoliberales de desmantelamiento de las redes sociales de los estados y de la privatización y oligopolización a ultranza, sus palabras han sonado totalmente huecas. El Foro de Economía Mundial de Davos, Suiza, donde se reúnen los capitanes de las principales transnacionales, nombraron a su reunión de principios de año "Globalidad Responsable" pero, como era de esperarse, no ha pasado de ser una reunión de cínicos. Al contrario de su retórica, hemos visto todo este año una pertinaz insistencia en terminar de implantar las estructuras necesarias para establecer un medio ambiente económico idóneo para la operación de las transnacionales. Y a pesar de las primeras derrotas, los Estados Unidos continúan tratando de implantar el Acuerdo Multilateral sobre Inversiones o MAI (por sus siglas en inglés) que pretende dar una protección inusitada, tanto a las inversiones directas como a las especulativas, en detrimento de las economías domésticas, al eliminar cualquier control al movimiento de inversiones e imponer una protección total para las regalías, licencias y otros derechos de sus empresas y marcas. El acuerdo fue derrotado en la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, OCED, en buena parte, gracias a la presión de las ONGs, pero ahora se ha intentado implantarlo en la Organización Mundial de Comercio, OMC.

Otra clara evidencia del creciente clamor en contra de la globalización neoliberal ha sido la actitud insegura, ante el irrefrenable crecimiento de las críticas, por parte de las instituciones encargadas de implantar el llamado "Consenso de Washington," es decir, el paradigma neoliberal. Estos organismos, los llamados instituciones de Bretton Woods o por sus siglas en inglés (BWIs), por el lugar de reunión dónde se crearon en 1944: El FMI y el Banco Mundial, han parecido capitular y contradecirse, debatiéndose en la zozobra. Las llamadas BWIs han comenzado a hablar de responsabilidad social y del énfasis en el combate a la pobreza criticando mutuamente su desempeño al respecto. El Banco Mundial acusa al FMI de recetar la "medicina" errónea para llevar la salud económica a países en desarrollo y a países ex-comunistas.

Paradójicamente, el economista en jefe del Banco Mundial, Joseph Stiglitz, es el principal crítico del FMI y, según la revista The Economist, el presidente del banco, James Wolfensohn, comparte su opinión.

Además, se dice que, mientras que en la superficie la crítica yace estrictamente en la esfera de gestión económica, en lo sutil, las críticas incluyen la manipulación de estas instituciones con fines geopolíticos, principalmente de Estados Unidos.

Concretamente, se les acusa de dejarse controlar por los intereses estadounidenses, como en el caso de la supuesta ayuda masiva a México en 1994, que no se hubiese dado sino por una decisión de rescatar las pérdidas de los especuladores estadounidenses que ahora seguiremos pagando los mexicanos durante los próximos decenios. La decisión justa, legal y apropiada hubiese sido que los inversionistas estadounidenses asumieran el riesgo de su especulación perdiendo lo que habían invertido y que ya no era recuperable en bolsa. En cambio, se movilizó a la reserva federal estadounidense y al FMI para organizar créditos suficientes para apalancar a sus inversionistas con cargo a México. Sin embargo, a pesar de las crecientes críticas a las BWIs, del reconocimiento del fracaso de sus gestiones y de la creciente autocrítica, no se ve en el horizonte ningún cambio de fondo en su filosofía económica, que sigue siendo estrictamente la receta neoliberal: economía abierta, libre flujo de capitales, desmantelamiento del estado de bienestar, protección total para los inversionistas y sus marcas, mas no así para las sociedades civiles anfitrionas y sus fuerzas de trabajo. Naturalmente, si estas criticas y discordias, en parte reales y en parte mera retórica, vienen de los centros de poder que promueven el laissez faire, en el polo opuesto, tanto en los países pobres como en los ricos, dónde la gran mayoría no se ha beneficiado, es en donde se encuentra la oposición más fuerte y auténtica a la actual globalización.

Injusticia social impuesta por métodos no democráticos

La oposición a la globalización se centra en dos factores principales. Primero, es crecientemente evidente que el paradigma no ha cumplido con las expectativas ofrecidas por quienes lo promueven y está generando tremendas iniquidades tanto en los países ricos como en aquellos en desarrollo. Además de que hay una creciente abundancia de estudios muy serios que dan testimonio de estas tendencias, los simples indicadores económicos de muchos países ricos, empezando por Estados Unidos e Inglaterra, dan clara fe del deterioro social; no se diga de los resultados en los países del Tercer Mundo dónde esto es dramáticamente evidente. En consecuencia, está ahora claro que el paradigma neoliberal es inherentemente injusto, porque ha sido pensado en beneficio exclusivo de quienes lo gestaron: Los centros de poder económico y político.