10 de septiembre del 2001

Y las cosas van peor y peor

Michael Roberts
In Defence of Marxism

Traducción para Rebelión: Germán Leyens

La última vez que comenté sobre la condición de las economías de EE.UU. y del mundo fue en mayo. El artículo se llamaba "Y lo peor está por venir."

Es tiempo de vacaciones en el hemisferio Norte y las cosas siguen empeorando para el capitalismo mundial. La economía de EE.UU. está ahora en "recesión", definida por los economistas capitalistas como dos períodos consecutivos de tres meses en los que la producción nacional (producto interno bruto) decrece. Las cifras oficiales no han sido publicadas aún. Sabemos que en el segundo trimestre del año, el PIB bajó un 0,1% en relación con el año pasado. Pero debemos esperar las cifras para el tercer trimestre, que no son publicadas hasta octubre, para saber con certeza que el prolongado boom del capitalismo estadounidense, que comenzó en 1992, ha terminado oficialmente.

Cabe poca duda de que las cifras del tercer trimestre confirmarán el fin del prolongado boom. Para comenzar, la producción industrial de EE.UU. ha bajado durante ocho meses seguidos. Más que en la gran recesión mundial de 1973-74 o en las terribles depresiones industriales de 1981-2 o de 1990-1. La utilización de plantas y equipos industriales ha caído a su nivel más bajo desde 1983 y la productividad de los trabajadores estadounidenses tuvo su mayor baja en ocho años, cayendo a una tasa anual de un 1,8%. Al mismo tiempo, más de 3 millones de estadounidenses solicitaron subsidios de desempleo en julio. Es un número más elevado que cualquier cifra desde 1992. Y en EE.UU., los aumentos en el desempleo ocurren generalmente unos siete meses antes de una recesión. Lo que quiere decir que el bajón debiera comenzar en el tercer trimestre (en el que estamos actualmente.)

Lo que es diferente esta vez en la conclusión del prolongado boom, es que mientras la producción industrial de EE.UU. se ha derrumbado, el resto de la economía parece continuar tan campante (hasta ahora.) Se debe en parte a que la industria (tal como es definida en las estadísticas oficiales) es ahora sólo una pequeña parte de la economía y, por lo tanto, tiene menos impacto en el resto. Mientras el sector manufacturero ha perdido 785.000 puestos de trabajo en el año pasado, el llamado sector de servicios, ha sumado más puestos de trabajo (por lo menos hasta el mes pasado.)

La otra razón importante por la que el boom ha continuado después del colapso en la industria, ha sido la tremenda orgía de créditos y préstamos en la que se han involucrado los hogares y las corporaciones de EE.UU., con la connivencia de las autoridades monetarias, representadas por el Banco de la Reserva Federal y su presidente, Alan Greenspan.

Los consumidores estadounidenses, incitados por los intereses extremadamente bajos proveídos por Mr. Greenspan (las tasas de interés han bajado ahora un 3% desde el comienzo del año, la serie de reducciones más rápida en la historia), se han endeudado más y más para sostener su desquiciado derroche de dinero. En junio, los créditos a los consumidores alcanzaron la cifra récord de un 22% de los niveles de ingresos personales, mucho más que antes de los últimos descalabros de 1980 y 1990.

Este derroche de dinero ha sustentado la demanda de coches, aparatos electrónicos y otros artículos de venta al por menor. Pero, sobre todo, ha estimulado un boom en la venta de propiedades. El año pasado, los precios de casas aumentaron más de un 8% y las ventas de viviendas continúan a un nivel anual de 6 millones.

Este despilfarro se acerca a su fin. Los sectores productivos de la economía de EE.UU. están de rodillas y a punto de recibir el último gancho a la mandíbula. La razón es clara. Se pretende que la gran revolución de alta tecnología de Internet ha creado un 'boom permanente', que ha sido desenmascarado como un fraude, y la inmensa burbuja de las inversiones inyectadas en ese sector no ha producido grandes beneficios, sino que, al contrario, inmensas pérdidas. Como resultado, los beneficios de las compañías estadounidenses han bajado ahora un 25% respecto al año pasado y la inversión en todos los sectores de la economía está en franca caída.

Los optimistas respecto al capitalismo de EE.UU. siguen, sin embargo, predominando. Desde su nivel máximo en marzo de 2000, la bolsa de valores estadounidense, que determina el valor de las acciones de las compañías manufactureras y tecnológicas de EE.UU., el Nasdaq, ha bajado un 60%. Y, sin embargo, en junio, los estadounidenses invirtieron otros 11 mil millones de dólares en manos de los corredores de bolsa, para que los inviertan en acciones del Nasdaq. La mayoría esperan todavía una recuperación rápida de la economía de EE.UU. y, por ello, del mercado de valores. Recesión, caída de los beneficios, aumento del desempleo, una baja mayor de los precios de las acciones --¡no pasa nada!

El Presidente de la Reserva Federal, Greenspan, en persona, tranquiliza a los estadounidenses. Hace poco, se le preguntó en el Senado de EE.UU:"Si se trata de un descalabro, que nos lleve el diablo si el boom no valió la pena. ¿Está de acuerdo?—Alan respondió: "Por cierto que sí." La esperanza y la creencia son que la economía de EE.UU. tendrá una recuperación en forma de V, una nueva ascensión rápida, probablemente antes de fines de este año.

Pero puede ser que seguir el consejo de Alan Greenspan no sea lo más recomendable para los estadounidenses. En marzo de 2000, cuando los pedidos para bienes de alta tecnología estaban aumentando más de un 25% por año. Greenspan se deshacía en elogios: "Cuando los historiadores contemplen la segunda mitad de los años 90, concluirán que estamos viviendo un período capital en la historia estadounidenses... la contribución esencial de la Tecnología de la Información es la expansión del conocimiento y la reducción de la incertidumbre. Los beneficios de la nueva tecnología pueden ser logrados sólo si son plasmados en las inversiones y para que se realicen esas inversiones, es necesario que el eventual rendimiento exceda el costo del dinero. Los altos valores del patrimonio y el descenso de los precios de los equipos de alta tecnología han reducido el costo del dinero. Que el boom de los gastos de capital siga fuerte indica que las empresas continúan encontrando una amplia variedad de inversiones con un alto nivel de rendimiento, que aumentan la productividad. No veo nada que sugiera que esas oportunidades vayan a desaparecer en algún futuro cercano."

Ahora bien, un año más tarde, los pedidos de productos de alta tecnología están cayendo a un nivel record de 31% por año; las grandes compañías de alta tecnología están pasando a pérdidas inmensas cantidades de equipos en exceso que no pueden vender (Cisco Systems pasó a pérdidas 2250 millones de dólares sólo en el trimestre pasado.) ¡Compañías como Lucent, Nortel, Corning, en el corazón de la 'Nueva Economía', han pasado a pérdidas sus compras de otras compañías de Internet y de alta tecnología que han perdido su valor, por un monto de 100 mil millones de dólares! Es mayor que el Producto Bruto Interno (PIB) de Irlanda, otra víctima global de la alta tecnología.

El mes pasado, se reveló la verdadera historia de la Nueva Economía. Las autoridades de EE.UU. anunciaron revisiones de las cifras del crecimiento de la productividad en los últimos cinco años, el período de la gran revolución de Internet. Muestran que la productividad no creció a más de un 4% por año como se había pensado previamente, sino que a un promedio de sólo un 2,5% por año. Está bien. Pero no es ni cerca tan buena como la tasa de crecimiento lograda en el famoso boom industrial de 1927-27, cuando la productividad creció en un 3,8% por año, o en la era dorada del capitalismo de 1948-73, cuando las recesiones fueron leves y los booms largos. Entonces la productividad creció en un 2,8% por año.

La verdad es que el prolongado boom de los años 90 no ha sido tan productivo como algunos booms anteriores, todos los cuales terminaron en una aguda crisis económica. El ciclo de boom y bancarrota del capitalismo sigue vivito y coleando, a pesar de las palabras tranquilizadoras de Mr. Greenspan. Lo que pasa es que la reducción subyacente en beneficios y productividad ha sido ocultada bajo un diluvio de crédito barato y de precios inflados de acciones. Ahora que esta marea de crédito ha descendido, las rocas de la crisis capitalista están comenzando a verse.

No habiendo reconocido a una burbuja como tal, Mr. Greenspan, junto con el gobierno de EE.UU. y la mayor parte de los 'expertos' de la bolsa de valores estadounidense, no han reconocido a una bancarrota como lo que es.

En febrero pasado, Mr. Greenspan comentó sobre la ralentización económica de EE.UU. que entonces comenzaba a hacerse más visible: "Aunque los recientes beneficios a corto plazo se han debilitado considerablemente, la mayor parte de los dirigentes corporativos no han alterado su optimismo sobre los rendimientos futuros de la nueva tecnología... por lo menos es lo que deduzco de los analistas del mercado de valores, quienes, hay que suponer, obtienen la mayor parte de sus percepciones de los ejecutivos corporativos. Según un millar de analistas, las previsiones de ganancias para los beneficios de las compañías siguen estando a un alto nivel. Esto es una buena señal para la continuada fortaleza de la acumulación de capital y un sostenido alto crecimiento en la productividad estructural."

Muchos otros estadounidenses se basaron en los consejos y las predicciones de esos 'analistas del mercado.' Ahora, cuando los beneficios corporativos caen por un precipicio, la productividad desmoronándose y el mercado de valores con una caída de 60%, muchos inversionistas están iniciando procedimientos judiciales contra esos analistas. Los inversionistas recurren a los tribunales, diciendo que fueron inducidos a error por esos 'expertos', que tenían un interés creado en recomendarles acciones que eran vendidas por sus compañías. ¿Qué le pasó a la última decisión judicial al respecto? ¡El caso de los inversionistas fue rechazado sobre la base de que invertir es un negocio arriesgado! ¡Bienvenido al mundo capitalista!

¿Y ahora qué? La recesión de EE.UU. ha llegado. Solamente no ha sido oficializada. La pregunta es si será corta y poco profunda, con una rápida recuperación. La mayoría de los expertos capitalistas dicen que sí. Pero, la verdad es que antes dijeron que no habría recesión.

El tamaño de la burbuja de crédito y la dimensión de la expansión del capital especulativo (ficticio) no tiene precedente. Es la mayor burbuja desde la famosa burbuja Tulip del siglo 17 o la burbuja del Pacífico Sur del siglo 18. Es mayor que el boom del crédito al consumo de los años 20 cuando los fundamentos productivos del crecimiento eran mejores que en los años 90.

La economía de EE.UU. continúa viviendo de tiempo y dinero prestado. Las corporaciones y los consumidores han estado gastando cerca de un 6% más del PIB que lo que reciben como ingresos.. Han pedido prestada la diferencia, sobre todo de inversionistas extranjeros. El déficit comercial de la economía de EE.UU. con el resto del mundo es de un 4% del PIB y las corporaciones de EE.UU. invierten sumas inmensas en el extranjero en el gran proceso de 'globalización'. Financian todo esto atrayendo inversionistas extranjeros para que adquieran compañías o acciones y bonos estadounidenses. Por cierto, el boom económico de EE.UU. ha atraído, hasta ahora, tanto dinero que el dólar estadounidense se ha revalorizado respecto a todas las demás monedas.

Pero el boom se acabó. Los extranjeros se están volviendo más reacios a comprar activos estadounidenses. El dólar comenzó a bajar el mes pasado. Si la caída se acelera, pondrá a Mr. Greenspan frente a un gran dilema. Quiere bajar la tasa de interés para estimular la burbuja de créditos. Pero si sigue reduciéndola, los extranjeros recibirán menos por poseer dólares. Así que pueden dejar de comprar activos en dólares. Y lo que es peor, pueden comenzar a venderlos.

Así que Mr. Greenspan no puede reducir las tasas de interés porque debe proteger el valor del dólar. Si deja de reducirlas, los inversionistas y las corporaciones estadounidenses comprenderán que el costo de las inversiones no va a seguir descendiendo, y que los beneficios siguen bajando. Disminuirán aún más las inversiones y los empleos, y un dólar en descenso comenzará a elevar el costo de las importaciones. Aparecerá el fantasma de la inflación. El gran enemigo del capitalismo en los años 70 y 80 –la estagflación (inflación creciente y baja de la producción)— reaparecerá.

El resto del mundo no está en condiciones de absorber el desplome si EE.UU. zozobra. Japón sigue en recesión. Este año, el producto nacional caerá en un 1% y probablemente lo mismo el año próximo. El desempleo tiene niveles récord. El nuevo gobierno, bajo el nacionalista Junichiro Koizumi, se ha comprometido a reducir los gastos del gobierno, ¡aunque empeore la recesión económica!

Alemania está desacelerando rápido. La industria está en recesión y la economía tendrá suerte si crece más de un 1% este año. Al resto de Europa le va poco mejor. La burbuja de las propiedades en Gran Bretaña y la orgía de préstamos (similar a EE.UU.) mantiene la economía a flote, pero sólo a costa de un déficit comercial en rápido aumento y de baja productividad y beneficios. No puede durar. Y sitios como Irlanda están a punto de ser diezmados por la inmensa reducción de empleos que las firmas globales de alta tecnología están realizando para poner orden en sus balances.

Asia está bajando en picado. El producto nacional de Taiwán está cayendo un 8% por año, el de Singapur un 10%. Sólo China continúa creciendo, sobre la base de sus bajos salarios para las exportaciones, y del estímulo de la economía interna dirigido por el gobierno.

La recesión mundial y una devaluación del dólar, aumentarían el peligro de proteccionismo, si los gobiernos establecen barreras para defenderse del contagio de la depresión. Desde luego, como en los años 30, eso sólo empeorará las cosas. China ya impuso aranceles punitivos sobre coches, teléfonos móviles y acondicionadores de aire japoneses, como represalia por la prohibición japonesa de productos alimenticios chinos. EE.UU. y Europa tienen una disputa mayor sobre 4000 millones de dólares de subvenciones que el gobierno de EE.UU. da a sus exportadores, en contravención de las reglas del comercio mundial. Y la administración Bush ha prometido ayudar a sus productores de acero, actuando contra las importaciones. El crecimiento de las exportaciones ha caído a escala mundial, de un aumento de un 11% en 2000 a sólo un 4% este año.

La recesión mundial el próximo año representará un aumento en el índice de miseria para todos. Hemos hablado antes de este índice (el nivel de inflación más la tasa de desempleo.) En EE.UU. cayó a un mínimo de 5,9% a mediados de 1998. Desde entonces, ha habido un aumento inexorable. Ahora es de un 7,8%, lo que sigue siendo bajo como nivel histórico. Pero con el aumento del desempleo al ritmo más rápido desde 1992, y con la probabilidad de que la inflación aumente si el dólar baja, podemos esperar rápidamente cifras de dos dígitos el próximo año. Entonces los hogares estadounidenses comenzarán a pasar grandes aprietos. Y cuando EE.UU. se resfría, el resto del mundo atrapa pulmonía.

21 de agosto de 2001.