24 de septiembre del 2001

La economía mundial parada

Con la guerra, Bush quiere reactivar la estadounidense

Sergio Ortiz
Revista Koeyu Latinoamericano

Tras los ataques terroristas en Estados Unidos, el pasado 11/9, se profundizó el parate financiero y económico en gran parte del mundo, comenzando por la propia superpotencia y siguiendo por los que Wall Street llama "mercados emergentes". Para George Bush y los suyos, la incipiente recesión habría sido originada por los atentados al World Trade Center y el Pentágono pero la cosa venía de mucho antes. Incluso en la campaña electoral, el entonces candidato republicano alertaba contra la desaceleración de la economía y acusaba al dúo Clinton-Gore de ser su responsable. Ahora el parate económico es global y está destruyendo miles de puestos de trabajo. La Casa Blanca quiere que el operativo "Justicia Infinita" reanime política y financieramente la venida a menos economía de su país y de sus aliados.

El millón

Al día siguiente de los avionazos contra las torres gemelas de Nueva York, esta columna recomendó que "el árbol no nos tape el bosque". Entre otras cosas, se quería significar que el problema de EE.UU. no sólo pasaba por el derrumbamiento de esos rascacielos sino -sobre todo- por el millón de desempleados que había acumulado a lo largo del año.

Eso ya venía de mucho antes y no podía facturarse a cuenta de Osama Bin Laden ni de los pilotos suicidas. Era y es un fenómeno propio del país del Norte, su sistema capitalista y su emblemática bolsa de Wall Street.

Ya no hay dudas sobre que esa economía está muy mal y no reacciona ante las constantes rebajas de las tasas de interés dispuestas por la Reserva Federal. El propio titular de esta dependencia, Alan Greenspan, manifestó el jueves 20/9 ante el Senado que "la economía se paró en seco tras el golpe del 11 de setiembre, al incrementar drásticamente el grado de incertidumbre frente al futuro y provocar por un tiempo una desvinculación pronunciada de compromisos (de inversión)". Tras sus palabras, volvieron a caer los índices Dow Jones y Nasdaq, como en todos los días posteriores a la reapertura de los mercados.

No se debe perder de vista que en agosto la consultora Challenger, Gray & Christmas había publicado su informe sobre el desempleo en Estados Unidos en los primeros ocho meses del año: 983.337 cesantías. Así se había elevado el índice de desocupación al 4,5 por ciento.

Lo peor

A tenor de lo informado por Greenspan y otras fuentes gubernamentales, las empresas afectadas y coincidentes informaciones bursátiles, periodísticas, políticas, etc, el cuadro descripto por la consultora Challenger se está agravando con el correr de los días.

Por ejemplo, las empresas de Internet, de computadoras y electrónica ya venían de capa caída. En lo que va del año sus acciones se cotizaron 31 por ciento menos y siguieron a la baja tras los hechos de terrorismo a la vera del río Hudson.

Las compañías de seguros aún no se pudieron poner de acuerdo en el monto aproximado de sus pérdidas. Y no se trata de un derrumbe de las empresas que puntualmente habían asegurado a los edificios borrados del mapa sino de todo el sector seguros. Obviamente que estos rubros van a sufrir vaciamiento, desinversión y, lo peor, despidos en masa.

Por ahora lo más concreto en materia de recorte a los planteles laborales se puede apreciar en las compañías aéreas y en las fabricantes de aviones.

Las estadounidenses United, American, US Airways, Delta, Continental y America West decidieron despedir en total a casi 70 mil empleados. Por su parte Boeing, líder en la fabricación de los aparatos, podará 30 mil puestos de trabajo.

Como en una cadena de contagio, las británicas Atlantic Virgin y British Airways se sumaron con 1.200 y 7.000 telegramas de despido, seguidas de la brasileña Varig con 1.700 y Aeroméxico con otros tantos. Aerolíneas Argentinas ya estaba en la lona sin poder volar pero no a causa de los bombazos sino de la peor clase de terroristas: el capital financiero con oficinas públicas en Madrid.

¿La reactivación?

No todas las noticias fueron tan pálidas para la administración Bush en relación al panorama económico. En la misma comparencia de Greenspan ante el Senado también estuvo Paul O´Neill, secretario del Tesoro, quien expresó un punto de vista algo más optimista. El ex mandamás del gigante del aluminio Alcoa deslizó que el plan de gastos elaborado por el Capitolio y los gastos de defensa ayudarán a salir del atascamiento económico.

El funcionario hablaba de dos cuentas distintas. Por un lado hay 40 mil millones de dólares del paquete aprobado por la sesión conjunta del Congreso para sufragar la guerra y reparar los daños en Nueva York y Washington. Y por el otro, hay algo muy superior: 344 mil millones de dólares del presupuesto anual de Defensa. Estos seguramente serán incrementados como cuando George Bush solicitó 20 mil millones de dólares para el operativo militar de represalia y los legisladores por unanimidad le concedieron el doble.

¿Alcanzarán las partidas administradas por el derechista Donald Rumsfeld, secretario de Defensa, para dinamizar la economía? Al menos en su intención, la jugada trata de emular las peores tretas de la Segunda Guerra Mundial y luego de su fin en mayo de 1945: el armamentismo reactivaba a los beligerantes y los dejaba en posición de presionar por una mayor tajada del reparto.

El operativo "Justicia Infinita" no será la excepción a la regla. Lockheed Martin, McDonell Douglas, Boeing, Raytheon, General Motors, Exxon y otras contratistas del Pentágono embolsarán superbeneficios. Y, en caso de ocupar y controlar Afganistán, la superpotencia se habrá asegurado el tendido de los ductos que traen el petróleo y el gas desde el Cáucaso y las ex repúblicas soviéticas Tadyikistán, Uzbekistán y Turkmenistán.

La fascistización

La campaña bélica organizada por Bush fue bendecida por el Capitolio, donde recibió 23 ovaciones de pie de los legisladores republicanos y demócratas. A otros gobernantes sumisos, como Fernando de la Rúa, ya los tenía de pie desde abril último, cuando le hizo votar contra Cuba por la cuestión de los derechos humanos en la comisión de la ONU en Ginebra.

Aunque maquillada con apelaciones a la "lucha contra el terrorismo", "por el bien contra el mal", etc, la fuerza de tareas estadounidense se irá desenmascarando a medida que las vidas segadas por sus misiles en Afganistán, Irak y eventualmente Sudán dejen traslucir su sentido imperial.

El plan hegemonista está montada sobre la base de la V, VI y VII Flota; sus portaaviones Carl Vinson, Enterprise y Theodore Roosevelt; centenares de aviones de combate que viajan en sus entrañas más otros tantos estacionados en países de la región o aportados por la OTAN; sus fuerzas especiales "Delta Force", "Army Rangers", comandos "Seals", etc.

Si en los ataques contra Irak (1991) y Yugoslavia (1999), los generales norteamericanos y del pacto atlántico no dejaron barbaridad por cometer, es fácil deducir qué pueden llegar a hacer ahora con la excusa de los 6.333 muertos y desaparecidos de las Twin Towers.

Reflejando una extrema agresividad, Bush le dijo al mundo en su último mensaje que se está con Estados Unidos o con el terrorismo. Eso fue hacer terrorismo ideológico.

La fascistización no sólo está creciendo junto con las tropas y los cruceros de guerra que navegan el mar Arábigo y el Golfo Pérsico, sino también está abriéndose paso dentro de Estados Unidos y el mundo. La CIA quiere recuperar su derecho a matar, que lo tenía suspendido. El FBI viola los derechos humanos y detiene a personas sin alegar cargos. AOL, Microsoft y otras compañías de Internet sirven al programa de espionaje "Carnívoro" y ponen sus servidores en manos de la Agencia Nacional de Seguridad. La censura de prensa hace de las suyas con espíritu "patriótico". Las leyes de migración se endurecen aún más, sobre todo para los que cometan el delito de portación de rostro árabe o tercermundista. Las mezquitas reciben amenazas de bombas. Las Fuerzas Armadas del Norte y de otras naciones de América Latina comienzan a tallar más en la seguridad y el espionaje interno. El general Peter Pace, del comando sur con asiento en La Florida, avanza en el armado de la fuerza regional para intervenir en Colombia.

El aparato de guerra norteamericano se movilizó por un período prolongado.

Más que la cabeza de Bin Laden busca controlar las rutas petroleras, meterse de lleno en el corazón de Asia y quedar a las puertas de Rusia y China, que pueden ser sus próximos objetivos.