8 de noviembre del 2001

Desempleo y pobreza: los mayores peligros

Eduardo Tamayo
Servicio Informativo "alai-amlatina"

24 millones de personas podrían perder sus puestos de trabajo hasta el fin del año próximo como producto del estancamiento de la economía mundial, que se agravó a raíz de los atentados del 11 de septiembre, estiman expertos de la Oficina Internacional del Trabajo, OIT.

Los más afectados constituyen los sectores directamente involucrados con la pérdida de confianza de los consumidores: el turismo, la aviación, el petróleo y los seguros. La inmediata y brusca reducción de la demanda de los viajes, luego de los atentados del 11 de septiembre, tuvo repercusiones directas en el sector de los viajes y el turismo. En pocas semanas, las compañías aéreas despidieron a 100.000 empleados / as, y lo mismo hicieron las empresas hoteleras, los operadores turísticos y los agentes de viajes. Según la OIT, el futuro en este sector no se presenta alentador y no es previsible que se recupere de la misma manera que en el pasado, estimando que en estas ramas más de 9 millones de personas podrían perder sus trabajos.

La región del Caribe, que depende en gran medida del mercado turístico de Estados Unidos (que representa alrededor de la mitad de los visitantes) se verá afectada especialmente si continúa la psicosis y la inseguridad y los estadounidenses deciden quedarse en casa. Aquellos países, cuyas economías dependen de los ingresos petroleros (como México y Ecuador), de las remesas del exterior o del turismo se encontrarán en serios aprietos.

Desde hace un año las economías de Estados Unidos, Europa y Japón enfrentaban dificultades, especialmente el primero estaba al borde de la recesión, luego de un período de crecimiento que se inició luego de la guerra del Golfo en 1991. Tras los atentados del septiembre no solo se han producido fuertes caídas de las bolsas de valores sino que el Producto Interno Bruto de Estados Unidos ha retrocedido al 0,4 % en el tercer trimestre del año, la cifra más baja desde 1993.

Algunas cifras dadas a conocer por la OIT a propósito de la reunión del Foro Global sobre el empleo, que se realiza desde el primero al tres de noviembre en Ginebra y que reúne a 700 líderes gubernamentales, empresariales y sindicales, ponen al descubierto que la crisis del empleo es uno de los más graves conflictos de la economía globalizada regida por los principios liberales.

"Actualmente hay alrededor de un billón de personas en el desempleo, el subempleo o trabajando en condiciones precarias y el 80 por ciento de las personas en edad de trabajar no tienen acceso a la protección social básica".

Si las tasas de crecimiento de la economía y de la productividad se mantienen hasta el año 2010 en los niveles de la década de los noventa, el cuadro del empleo aparecerá entonces como claramente deprimente, previene un informe de la OIT. "Los trabajadores pobres y mal pagados serán todavía más numerosos. Al menos 160 millones de personas están totalmente desempleadas, más de 300 millones tienen un empleo pero buscan un trabajo complementario y más de mil millones viven con menos de un dólar al día", agrega.

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El director general de la OIT, el chileno Juan Somavía, dice que es preciso afrontar con energía la crisis del empleo, agregando que si bien hay personas a través del mundo que se sienten amenazadas en su seguridad física, los más grandes peligros para la mayoría de gentes son ahora el desempleo y la pobreza.

Desempleo y transnacionales Otro fenómeno que se está viviendo es la "globalización de los despidos" que afecta a varios países. En efecto, las empresas transnacionales continúan con la oleada de despidos que estuvo en auge hasta mediados de año. Luego del 11 de septiembre, la estadounidense General Electric, la mayor transnacional del mundo, anunció que despediría a 75.000 empleados; la Boeing a 38.000; la Siemens a 17.000, ALCATEL a 7000...

Entre enero y agosto de este año, se produjeron en Estados Unidos 1'120.000 despidos. Las trasnacionales estadounidenses General Motor, Motorola, Xerox, Compac, Ericsson, Siemens, Dow Chemical, Xerox, Hewlett-Packard, Du Pont, Dell Computer, Protector Gamble, Walt Disney, Lucent, Sara Lee, Citigroup, Schwab, Nortel, Daimler- Chryser, General Motor, AOL-Time Warner, Amazon.com; Delphi, Whirpool y las europeas Ericsson, Nokia, Marks Spencer, Danone y Siemens, experimentaron procesos de reestructuración y suprimieron millares de empleos debido al "estancamiento económico". En la mayoría de los casos los despidos no se debieron a pérdidas en las empresas sino a que los beneficios alcanzados no se correspondían a las expectativas de los inversionistas. Esto quiere decir que la suerte de los trabajadores depende, cada vez más, de los vaivenes de las bolsas de valores. Son éstas las que dictan el comportamiento de las empresas.

Se está volviendo un lugar común el hecho de que las empresas transnacionales, para volverse "competitivas" y mejorar su cotización en la bolsa, despidan a una parte de sus trabajadores. Hay casos en que el solo anuncio de despidos masivos produce una mejora de las cotizaciones bursátiles de las compañías. El trabajo, en estas condiciones, deja de ser un derecho humano y se convierte en un factor más de la producción, en una mercancía que se puede comprar, vender, desechar.

Las transnacionales presionan por mercados de trabajo abiertos y flexibles, y libertad total para gestionar las empresas. Cero estabilidad, nada de control estatal derechos laborales y sindicatos. El fin último de la rentabilidad justifica todo: la utilización del trabajo infantil, el trabajo esclavo de las mujeres en las plantas maquiladoras, los atentados al medio ambiente.

Sin embargo, cuando se encuentra en dificultades, como en las últimas semanas, inmediatamente recurren al Estado que tanto desprecian como tabla de salvación. Una vez se cumple el principio de "privatizar las ganancias y socializar las pérdidas". Los que pagan los platos rotos, como siempre, son los trabajadores y sus familias.