3 de agosto del 2001

Génova y las múltiples crisis de la globalización (II)

Walden Bello
ATTAC

La mano invisible del mercado nunca funcionará sin un guante escondido. McDonalds no puede prosperar sin McDonell Douglas, el diseñador del avión F-15 de la Fuerza Aérea de EE.UU. Y el guante invisible que mantiene a salvo el mundo para el florecimiento de las tecnologías de Valle Silicona se llama el Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea, y el Cuerpo de Marines de EE.UU.

Con la creciente ilegitimidad de la globalización corporativa, y la brecha cada vez más grande entre la minoría próspera y una mayoría cada vez más marginada, la intervención militar para mantener el estatus global se convertirá en un aspecto constante de las relaciones internacionales, sea que ésta se justifique en base a la lucha contra el narcotráfico o el terrorismo, la contención de los estados "peligrosos", la oposición al "fundamentalismo islámico" o la contención a China.

No obstante, no es posible decir que la estructura militar hegemónica de EE.UU padece de una crisis de legitimidad tan profunda como la que afecta a los procesos y a las instituciones de la globalización corporativa. La estructura militar estadounidense permanece sólidamente enraizada en Europa y Asia, por una razón ideológica: el profundo temor de las élites europeas y asiáticas de que, sin la actuación de EE.UU como "hegemón benévolo", ellas solas no pueden generar órdenes regionales que garanticen la paz entre sí.

De todas maneras, este sentimiento no es tan fuerte como antes. El colapso del poder soviético creó la condición para que los aliados de Washington re-evalúen el rol del poder de EE.UU. Han aumentado las dudas ante la insistencia del Pentágono de construir un sistema de defensa anti misiles - más contra enemigos potenciales que reales- mientras prepara una nueva cruzada de guerra fría contra China.

Efectivamente, estos acontecimientos abrieron los ojos de muchos aliados de Washington sobre el hecho de que la mayor amenaza para la seguridad de ellos ahora puede ser Washington mismo.

La Degeneración Democrática

Sin embargo, no es el poder militar o corporativo la mayor fuerza de EE.UU sino, siguiendo el pensamiento del italiano Antonio Gramsci, el poder ideológico - su "poder suave" Estados Unidos es una democracia Lockeana, y su habilidad de proyectar su misión como la extensión de sistemas centrados en elecciones libres para escoger gobiernos cuyo objetivo es la promoción de los derechos y libertades liberales, sigue siendo una importante fuente de legitimidad en muchas partes del mundo. La tendencia en el Tercer Mundo de abandonar los regímenes autoritarios a cambio de democracias formales resultó a pesar de EE.UU., antes que por su causa. Pero, en particular bajo la administración de Clinton, Washington aprovechó exitosamente los vientos democráticos, y en el proceso proyectó la imagen de opositor a las dictaduras en vez de partidario de los regímenes represivos.

Sin embargo, durante los últimos años las democracias estilo Washington o Westminster - o como William Robinson las llamó "poliarquías" - con su enfoque en los derechos y elecciones formales y su sesgo contra la equidad económica lograda a través de medidas como la redistribución de recursos e ingresos - degeneraron en sistemas políticos cada vez más estancados y polarizados como los de Filipinas, Brasil, y Pakistán. El Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo hablan continuamente de la plaga de la corrupción en los países en desarrollo. No obstante, la corrupción más profunda es la que está empotrada en las estructuras políticas y económicas que sólo son superficialmente democráticas pues son pervertidas por las realidades de la inequidad económica, que es la mayor preocupación de la vasta mayoría de gente del Sur.

El estancamiento de los sistemas democráticos liberales del Tercer Mundo sucedió al mismo tiempo que un número cada vez mayor de estadounidenses comprendió que su democracia liberal está tan corrompida por la política del dinero de las corporaciones que merece ser designada como una plutocracia. De hecho, señala William Pfaff, "en ninguna parte existe algo de la escala del sistema Americano de gastos e influencia políticos" El hecho de que el candidato más favorecido por las Grandes Corporaciones perdiera el voto - y según algunos estudios el voto electoral también - y aún así logró la presidencia de la democracia liberal más poderosa del mundo no ayudó a apuntalar la legitimidad del sistema político de un país que muchos observadores han descrito como ya metido en "una guerra civil cultural" También existe una creciente crisis relacionada con el gobierno democrático en Europa, en parte debido a que los partidos políticos son cada vez más cautivos de los intereses del dinero, como demostró el caso de Helmut Kohl y el partido Demócrata Cristiano de Alemania.

Pero existe otra causa, que es el proceso poco transparente utilizado por las élites tenocráticas aliadas con las élites corporativas en nombre de la integración y recionalización europea, para erosionar el principio de subsidiaridad. Esto lo hacen canalizando el poder efectivo de la toma de decisiones hacia las estructuras tecnocráticas que permanecen fuera del control de los votantes, y en cuya cumbre se encuentra la Comisión Europea.

La Crisis de Superproduccción

Desde el punto de vista de las élites del Norte, lo que hace tan volátil a la crisis de legitimidad de la instituciones claves del sistema económico y político global, es la manera en que ésta se cruza con la profunda crisis estructural de la economía global.

Nació el G8 para coordinar las políticas macro económicas de los países ricos y navegarlas entre la Scylla de la inflación y el Caribdis del estancamiento. Sin embargo en los últimos años resultó difícil sincronizar las iniciativas fiscales y monetarias, y la poca cooperación que se alcanzó no logró sacar a Japón de su recesión de una década, o evitar el inicio de una nueva recesión global.

La razón de por qué la recesión parece inmune a los mecanismos ortodoxos y monetarios, aún cuando estos se coordinan internacionalmente, es que los desequilibrios están creciendo desde hace tiempo. El auge a inicios y mediados de los noventa provocó una explosión de actividad de inversión a nivel global que a su vez conllevó a una tremenda sobre capacidad en todas partes. Los indicadores son claros. La capacidad de la industria de computadoras de EE.UU estaba creciendo en un 40% por año, muy por arriba de los proyectados incrementos de la demanda. La industria automotriz global ahora vende sólo 74% de los 70,1 millones de carros fabricados cada año. Hubo tal cantidad de inversión en la infraestructura global de comunicaciones que informan que el tráfico llevado por las redes de fibra óptica alcanza sólo 2,5% de la capacidad instalada.

Visto en retrospectiva, las ganancias del sector corporativo de EE.UU dejaron de crecer después de 1997 , lo que llevo a una oleada de fusiones, con el propósito principal de eliminar competencia. Las más prominentes fueron la unión entre Daimler Benz - Chrysler - Mitsubishi, la compra de Nissan por Renault, las fusiones entre Mobil - Exxon, y entre BP - Amoco - Arco, y la gigantesca "Alianza Estrella" dentro de la industria aeronáutica.

Otra avenida tomada para evitar la caída de rentabilidad industrial fue canalizar la inversión hacia la actividad especulativa, sobre todo en la bolsa y el sector de bienes inmuebles, lo que acarreó el auge y colapso espectacular en el Este de Asia en los años noventa . Fue esta misma fiebre especulativa la que durante los años noventa sostuvo al complejo Wall Street Silicon Valley que a su vez impulsó a la economía de EE.UU. como a la global. Durante algún tiempo esta "Nueva Economía" parecía negar las leyes económicas, mientras estrellas del Internet como Amazon.com, registraron una explosiva y aparentemente continua subida en el valor de sus acciones aún cuando seguían operando a pérdida.

Pero todo el discurso sobre la aparición de una nueva economía se desvaneció cuando la ley de la gravedad alcanzó al sector especulador a fines de los noventa, con el resultado de la pérdida de U.S.$4,600,000,000,000 del dinero de los inversionistas en la Bolsa de Wall Street, una suma que, como señaló Business Week, equivalió a la mitad del PIB de EE.UU, y cuatro veces a la riqueza borrada en el crac de 1987 .

En resumen, son cada vez más claros dos aspectos de esta crisis estructural: ya no tiene que ver con un colapso "rutinario" y viene en un momento extraordinario de gran desafecto popular con el proyecto globalista y sus instituciones claves.

El Movimiento Global de Protesta

Visto así, y con la crisis de legitimidad cada vez más profunda de las instituciones principales del sistema global a finales de los años noventa, Seattle fue un cataclismo que se venía. La fuerza de la reprimida ira global siguió expresándose en Washington durante las reuniones del Banco Mundial/FMI en la primavera del 2000; en Chiang Mai Tailandia, durante la reunión anual del Banco Asiático de Desarrollo en mayo de 2000, en Melbourne durante el Foro Económico Global, a inicios de septiembre 2000, y en Praga durante la reunión del Banco Mundial /FMI a finales de septiembre 2000.

Mientras la élite global se reunía en Davos, Suiza, a finales de enero del 2001 para analizar el significado del creciente "movimiento anti globalización" unos 12,000 representantes de las organizaciones de la sociedad civil y movimientos políticos se reunieron en Porto Alegre, Brasil, para aseverar que "es posible otro mundo". El Foro Económico Mundial encontró su némesis ideológica y política en el Foro Mundial Social. Un aspecto de Porto Alegre fue la celebración del poder del movimiento, otro fue el cobrar fuerza para el próximo paso. Ese paso tuvo como objetivo la Cumbre de las Américas en la Ciudad de Quebec, a finales de abril del 2001. Un propósito importante de la Cumbre era avanzar el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), proyecto clave de la élite corporativa de EE.UU. A pesar del esfuerzo de los medios de comunicación establecidos de pintar a los manifestantes como desinformados o anarquistas, la confrontación de Quebec, como la de Seattle, fue un contratiempo grande, en cuanto a legitimidad, para el sistema de globalización corporativa. De igual manera, el enfrentamiento de 20,000 manifestantes ocupó el centro del escenario durante la Cumbre de la Unión Europea en Gotenburgo, en Junio.

Génova es la próxima parada del expreso anti globalización

Para contener las tropas anti globalización que ahora se encaminan hacia Génova, las autoridades italianas están desplegando nerviosamente 20,000 policías y soldados, respaldados por 15 helicópteros, cuatro aviones, y siete naves. Una muestra del pánico es el anuncio del gobierno de que cerrará el aeropuerto de Génova entre el 18 y el 22 de Julio y acordonará un "área roja" en el centro de la ciudad, que estará libre de manifestantes.

Impávidos, los organizadores de la protesta dicen que traerán a Génova 200.000 personas y que definitivamente sí entrarán al área roja. A lo mejor, los manifestantes convertirán a Génova en el ejemplo más dramático del "retiro de consentimiento" masivo que está sacudiendo el corazón del sistema capitalista global.

Sin embargo, uno no debe sobre estimar el impacto de las manifestaciones hasta la fecha, ni hacerse de la vista gorda sobre sus debilidades en cuanto a una agenda compartida o la toma de decisiones.

Sin embargo tampoco hay que subestimar sus consecuencias. Uno de los promotores más fervientes del Consenso de Washington, C. Fred Bergsten, ahora admite que "las fuerzas anti globalización están en el ascenso" . Bergsten está obsesionado por un temor "gramsciano": las estructuras del sistema todavía lucen sólidas, pero cuando desaparece el consenso o legitimidad, puede ser sólo un asunto de tiempo antes de que las mismas estructuras se desintegren, en particular cuando se toma en cuenta la crisis de sobre producción arriba mencionada, junto con la recesión, desempleo, e incrementos de la pobreza e inequidad que ésta conlleva.

El Futuro en Juego

Sin embargo, la crisis del sistema no necesariamente resultará en otro sistema, más benigno, de relaciones internacionales. Como mencionó visionariamente Rosa Luxemburgo, en la primera parte del siglo veinte, antes de la aparición del fascismo en una Europa plagada de crisis, que el desenlace puede ser la "barbarie", en la cual los ideales y los temas de la oposición progresista son apropiadas por fuerzas demagógicas, hostiles a la libertad, equidad y democracia. Razón por la cual es tan crítica la articulación de las alternativas o la alternativa. El gran reto de los opositores de la globalización corporativa sigue siendo la creación de estas visiones y programas alternativos centrados en un proceso participativo para crear las instituciones que de nuevo subordinarán el mercado a la sociedad, promoverían la genuina equidad entre géneros y colores, y entre y dentro de los países, y establecerán una relación benigna entre la comunidad humana y la biósfera.

Del éxito de esta tarea depende el futuro que hoy pende de la balanza.


Walden Bello es el Director Ejecutivo de Focus on the Global South, con sede en Bangkok, Tailandia, y profesor de Administración Pública en la Universidad de Filipinas