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H A I T Í,   L A   R E V U E L T A   C O N F U S A 

26 de febrero del 2004

¿Qué pasa en Haití?

Miguel Angel Navarro Lashayas
Rebelión

Últimamente estamos asistiendo a un inusitado interés de los medios de comunicación por Haití. Las revueltas que se están produciendo en el país han hecho saltar a éste a las páginas de los periódicos y a las pantallas de televisión, pero, ¿Qué es lo que está pasando verdaderamente en Haití? ¿A qué se deben las revueltas?

Haití, es un pequeño país del Caribe de unos 27.737 km² (más pequeño que Galicia) y con una población de unos 8 millones de personas. Fue colonia de Francia hasta que hace exactamente 200 años, se produjo un levantamiento de los esclavos negros contra sus amos franceses, originando la independencia del pequeño país. Aquí tenemos las dos primeras claves para comprender la situación actual. Primero, cuando este país era colonia de Francia, se le llamaba "la perla de las antillas" debido a que era la colonia que más recursos generaba, como dato, el 75% de la producción mundial de azúcar de la época, provenía de Haití. El resultado fue que para cuando los esclavos se sublevaron, Francia había esquilmado gran parte de los recursos. Si unimos a esto los continuos incendios y guerras que sucedieron a la independencia, el resultado es que tenemos un auténtico desierto en mitad del Caribe.

Pero Francia no sólo se aprovechó de los recursos naturales, sino que entre 1804 y 1947 recibió el equivalente a 1.200 millones de euros debido a un acuerdo de "compra de la libertad" por parte del pueblo haitiano. A cambio de todo esto ¿qué es lo que ha hecho Francia por Haití? La pregunta se responde por sí misma con sólo mirar la situación socioeconómica del país.

La segunda clave ha sido apuntada ya en diversos artículos sobre el 200 aniversario de la independencia de Haití. Se trata del primer país con una mayoría de raza negra que logra la independencia y no sólo eso, sino que también se trata de la primera gran revolución de los esclavos negros para lograr su libertad. Dos losas demasiado pesadas para la mentalidad de un blanco occidental. La revolución de Haití es sistemáticamente dejada de lado en la mayoría de los libros de historia y, todos los comentarios sobre su aniversario, se han centrado en describir su paupérrimo desarrollo. El mensaje parece claro ¿ves lo que pasa por sublevarse? Sólo trae miseria, estaban mejor cuando eran colonia de un país europeo.

Pero la historia de Haití no se puede comprender sin analizar la influencia de EEUU. Una relación de opresión y dominación cual muñeco de trapo, que roza lo esperpéntico. El último episodio son las declaraciones de Colin Powel que afirma que "actualmente no hay entusiasmo para mandar tropas a Haití". Parece querernos decir que allí se las arreglen los haitianos. Lo que parece olvidar el señor Colin Powell es que su país ocupó y administró Haití desde 1914 hasta 1934. Se le olvida también que apoyaron de forma implícita la dictadura de la familia Duvalier entre 1957 y 1986, no sólo permitiendo la matanza de civiles y opositores al régimen, sino volviendo la cabeza cuando la familia Duvalier desviaba fondos concedidos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) a paraísos fiscales, o a empresas creadas por ellos en los EEUU. Se le olvida que una multinacional estadounidense como Walt Disney posee en Puerto Príncipe una de sus mayores fábricas textiles, donde cientos de mujeres son explotadas, o que otra gran empresa de su democrático imperio, como es Texaco, no ha tenido ningún reparo en construir en mitad de un barrio populoso de la capital, decenas de tanques de almacenamiento de gasolina sin preocuparse tan siquiera de asfaltar el camino por el que circulan sus camiones. Se le olvida decir que con su apoyo, los depredadores del BM y el FMI han impuesto severos planes de ajuste estructural, entre los que se incluyen políticas de apertura del mercado y supresión de aranceles que ha provocado que el arroz, cultivado en Haití (principal alimento del país), no pueda competir con el proveniente de EEUU, resultando que la importación de dicho producto asciende a 250 millones de dólares. Se olvida que su país bloqueó en el 2000 un crédito que el IDB (Banco Interamericano de Desarrollo) ya había aprobado para Haití por valor de 512 millones de dólares. También se le olvida que cuando el pueblo tuvo un rayo de esperanza con la elección como presidente del ex cura salesiano Jean Bertrand Aristide, aprovecharon el exilio de éste debido al golpe de estado sufrido en 1991, para instruirle en las artes del neoliberalismo y cortar así el intento de progreso como pueblo, devolviendo a Haití en 1994, gracias a la invasión de 20.000 marines, un presidente que muchos de los haitianos dudan que sea la misma persona que ellos votaron en 1990.

El resultado de estos factores y mucho otros, como el peso de la deuda externa (el año pasado Haití pagó 32 millones de dólares a EEUU y su gasto en deuda quintuplica el presupuesto de agricultura) es un país sumido en un auténtico caos, un país que no cuenta para nada, que está borrado del mapa, un país que en el informe del 2003 sobre Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, ocupa el puesto 150 de 174 países, con una esperanza de vida al nacer de 49 años, con un 50% de analfabetismo y con un 54% de la población sin acceso a agua potable. El mismo informe considera que Haití está entre los países de máxima prioridad para alcanzar unos objetivos, que son considerados indispensables para el desarrollo. Según dicho informe estos países se caracterizan por la combinación de una pobreza humana profundamente arraigada y una paralización e incluso retroceso de sus progresos. Pese a estos datos escalofriantes, se da la paradoja de que Haití quedó fuera de los 42 países escogidos por el Banco Mundial, para instaurar la Iniciativa para los Países Pobres Altamente Endeudados (conocida como HIPC), cuyo principal objetivo era la reducción del endeudamiento externo de los países participantes, hasta unos niveles considerados sostenibles.

La solución al conflicto que está viviendo actualmente Haití no es nada fácil, pero lo que está claro es que no va a pasar únicamente por una intervención militar de fuerzas de paz (curiosa asociación de dos palabras contrapuestas), ni por un simple cambio de presidente. La mayoría de sus problemas tienen una raíz claramente estructural que, como un yugo impuesto, evita levantar cabeza a dicho país. En todo caso, es importante tener en cuenta que los rebeldes que se han levantado en armas son, muchos de ellos, antiguos militares seguidores de Raoul Cedrás que en 1991 dirigió un golpe de estado contra Aristide, instaurando un periodo de terror y retroceso de las libertades conquistadas, cuyos únicos beneficiarios fueron las élites del país. Por otra parte, la postura de EEUU sobre la no intervención militar es altamente engañosa ya que, detrás de esa nueva vena pacifista y dialogante del gobierno de Bush, se encuentra un interés en quitarse del medio a un presidente que empezaba a estorbar, al no aplicar, por ejemplo, un acuerdo de privatización de los puertos, aeropuertos y agua (aunque parezca increíble pone privatización del agua, es la nueva moda). Si se quiere avanzar hacia una auténtica democracia en se debería dar muchísimo más protagonismo a una institución últimamente defenestrada como la ONU, sin olvidar que no existirá una verdadera paz en Haití hasta que no exista una mínima justicia social, pasando ésta por la educación, el empleo, la salud etc.

Por último es necesaria una implicación de toda la comunidad internacional, al igual que ha sucedido en otras catástrofes y conflictos, para evitar una nueva desastre humanitaria en un país que lo último que necesita es más miseria y hambre.

Miguel Angel Navarro Lashayas
Coordinador del programa Ikas Dezaten en Haití
de la asociación Belatzak Eskaut Taldea.

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