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E L   C U A R T O   R E I C H 

25 de noviembre del 2003

Mentiras piadosas y guerra perpetua: Leo Strauss, el neoconservadurismo e Irak


Danny Postel OpenDemocracy

¿Son las ideas del filósofo y político conservador Leo Strauss una influencia formadora para la visión que del mundo tiene la Administración del Presidente Bush? Danny Postel entrevista a Shadia Drury - una de las más importantes académicas críticas de Strauss - y le pregunta sobre la relación entre los diálogos de Platón, los secretos y las mentiras, y la guerra encabezada por Estados Unidos contra Irak.

Lo que de inicio fue un argumento en contra de la guerra, ahora se ha convertido en un tema de discusión pública. Ahora se admite ampliamente que la Administración Bush no fue honesta con respecto a las razones que ofreció para justificar la invasión a Irak.

Paul Wolfowitz, el influyente Sub-Secretario de Defensa de Estados Unidos, ha admitido que las pruebas utilizadas para justificar la guerra fueron "oscuras" y ahora dice que, de todas maneras, las armas de destrucción masiva no eran la cuestión crucial (véase el libro de Sheldon Rampton y John Stauber, Weapons of Mass Deception: the uses of propaganda in Bush's war on Iraq (Armas de engaño masivo: los usos de la propaganda en la guerra de Bush contra Irak) ( 2003.)

Por otra parte, Shadia Drury , profesora de teoría política en la Universidad de Regina en Saskatchewan, Canadá afirma que el uso del engaño y la manipulación en la política actual de EU se origina directamente en las doctrinas del filósofo político Leo Strauss (1899-1973). Entre sus discípulos se encuentran Paul Wolfowitz y otros neo-conservadores que son los que han guiado gran parte de la agenda política de la Administración Bush.

Si Shadia Drury está en lo cierto, entonces los políticos norteamericanos practican el engaño con mayor coherencia que sus aliados británicos en el número 10 de Downing Street y Tony Blair. En el Reino Unido, se está realizando en la actualidad una investigación pública en relación con la muerte del experto en armas biológicas David Kelly. Un tema importante es también el de si el gobierno engañó al público, como sugiriera un periodista de la BBC.

La investigación ha presentado documentos al menos sobre algunas de las formas en que el séquito del primer ministro 'sazonó' la presentación de los informes de inteligencia sobre la amenaza por parte de Irak. Pero lo que muy pocos ponen en duda en términos de su filosofía, si es que tienen filosofía, es que los miembros del personal que trabaja con Blair crean que se debe confiar en ellos como personas honestas. Cualquier engaño aparente en el que puedan estar involucrados es, para ellos, una cuestión de presentación o de 'giro': intentos por proyectar un barniz de honestidad cuando se está rodeado de un medio deshonesto.

La profunda influencia de las ideas de Leo Strauss en los actuales arquitectos de la política exterior de EU ya ha sido mencionada, aunque de forma esporádica, en la prensa (de ahí el chiste de uno de los aguzados sobre la influencia del "Leo-cons"). Christopher Hitchens, un ardiente defensor de la guerra, escribió sin vergüenza alguna en el mes de noviembre del 2002 (en un artículo felizmente titulado Machiavelli in Mesopotamia [Maquiavelo en Mesopotamia]) que:

"el arte del encanto del cambio de explicación del régimen (desde el punto de vista de sus partidarios) es que depende de premisas y objetivos que no se pueden permitir públicamente, al menos por parte de la administración. Dado que Paul Wolfowitz es de la escuela intelectual de Leo Strauss - y como tal aparece en su disfraz ficcional en la novela Ravelstein de Saul Bellow - se podría incluso suponer que él disfruta de este aspecto arcano y ocluido del debate."

Tal vez ningún otro académico ha hecho tanto como Shadia Drury por arrojar luz al fenómeno Strauss. Durante quince años ella ha estado dándole brillo a la lámpara de los straussianos con libros como The Political Ideas of Leo Strauss (Las ideas políticas de Leo Strauss) (1988) y Leo Strauss and the American Right (Leo Strauss y la derecha norteamericana) (1997). También es autora de los libros Alexandre Kojève:

the Roots of Postmodern Politics (Alexandre Kojève: las raíces de la política posmoderna)
(1994) y Terror and Civilization (Terror y civilización) (que será publicado en breve).

Ella afirma que las ideas centrales del pensamiento straussiano tiene una influencia crucial sobre los hombres del poder en el Estados Unidos contemporáneo. En la entrevista que aparece a continuación, elabora sobre este asunto.

Un orden natural de desigualdad

Danny Postel:
Usted ha dicho que existe una relación importante entre las enseñanzas de Leo Strauss y la forma en que la administración de Bush vendió la guerra contra Irak. ¿Cuál es esa relación?

Shadia Drury: Leo Strauss fue un profundo creyente en la eficacia y la utilidad de las mentiras en la política. El apoyo público a la guerra de Irak se basó en mentiras de que Irak representaba una amenaza inminente para Estados Unidos - todo el asunto de las armas de destrucción masiva no fue más que una alianza ficticia entre Al-Qaeda y el régimen iraquí. Ahora que se han descubierto las mentiras, Paul Wolfowitz y los demás de la partida de guerra niegan que esas hayan sido las verdaderas razones para llevar a cabo la guerra.

Entonces, ¿cuáles fueron las verdaderas razones? ¿Reorganizar la balanza de poder en el Medio Oriente a favor de Israel? ¿Expandir la hegemonía norteamericana en el mundo árabe? Es posible. Pero estas razones no habrían sido suficientes en si mismas para movilizar el apoyo del pueblo norteamericano a la guerra. Y la camarilla straussiana dentro de la administración de percató de ello.

Danny Postel: Por lo general se asume que la visión neoconservadora es expandir los valores democráticos y liberales en el ámbito mundial. Y cuando se menciona a Strauss en la prensa, siempre se le describe como un gran defensor de la democracia liberal en contraposición de la tiranía totalitaria. Sin embargo, usted ha escrito que Strauss sentía una "profunda antipatía, tanto hacia el liberalismo como hacia la democracia."

Shadia Drury: La idea de que Strauss era un gran defensor de la democracia liberal es risible. Supongo que los discípulos de Strauss lo consideran una mentira noble. Sin embargo, muchas personas de los medios de comunicación han sido lo suficientemente creídos o tontos como para creérselo.

¿Cómo puede un admirador de Platón y de Nietzsche ser un demócrata liberal? Los antiguos filósofos que Strauss más quería, creían que las masas más humildes no eran aptas ni para recibir la verdad, ni para ser libres, y que entregarles esos sublimes tesoros sería como arrojar perlas a los cerdos. En contraste con los pensadores políticos modernos, los antiguos negaban que tuviesen derecho natural alguno a la libertad. Los seres humanos ni nacen libres ni son iguales. La condición natural humana, sostenían, no es la libertad, sino la subordinación - y en opinión de Strauss, tenían razón en pensar así.

Hacer loas a la sabiduría de los antiguos y condenar la insensatez de los modernos era el objetivo central del libro más famoso de Strauss, Natural Right and History (El derecho natural y la historia). La cubierta del libro muestra la Declaración de Independencia de las Trece Colonias. Pero el libro es una celebración a la naturaleza - no a los derechos naturales del hombre (como nos haría pensar la cubierta del libro) sino al orden natural de la dominación y la subordinación.

La necesidad de las mentiras

Danny Postel: ¿Cuál es la importancia de la interpretación de Strauss sobre la noción de la mentira noble que tenía Platón?

Shadia Drury: Strauss en raras ocasiones hablaba por si mismo. Él escribía como comentarista sobre los textos clásicos sobre teoría política. Pero era un comentarista extremadamente obstinado y dualista. Lo que permea todas sus obras y lo que se informa en todas ellas es lo de la diferencia entre antiguos y modernos. Strauss dividió la historia del pensamiento político en dos campos: los antiguos (como Platón) son sabios y taimados, mientras que los modernos (como Locke y otros liberal) son vulgares y tontos. Ahora bien, a mí me parece eminentemente justo y razonable atribuir a Strauss las ideas que él atribuye a sus amados antiguos.

En los diálogos de Platón, todo el mundo asume que Sócrates es el que habla por Platón. Pero Strauss afirma en su libro The City and Man (La ciudad y el hombre) (pp. 74-5, 77, 83-4, 97, 100, 111) que el verdadero vocero de Platón es Trasímaco (en este punto, véase también el artículo de M.F. Burnyeat, "Sphinx without a Secret" ("La Esfinge sin secreto"), New York Review of Books, 30 de mayo de 1985 [sólo por suscripción]). Por tanto, debemos inferir que Strauss comparte las opiniones del sabio Platón (alias Trasímaco) de que la justicia no es más que el interés del más fuerte; que aquellos que están en el poder hacen las reglas según sus intereses y les llaman justicia.

Leo Strauss defiende repetidas veces el realismo político de Trasímaco y de Maquiavelo (véase, por ejemplo, su Natural Right and History (El derecho natural y la historia), p. 106). Esta opinión del mundo se e manifiesta claramente en la política exterior de la actual administración de Estados Unidos.

Una segunda creencia fundamental de los antiguos de Strauss tiene que ver con su insistencia acerca de la necesidad de secreto y de la necesidad de las mentiras. En su libro Persecution and the Art of Writing (La persecución y el arte de escribir), Strauss delinea por qué es necesario el secreto. Argumenta que los sabios deben ocultar sus opiniones por dos razones- para no lastimar los sentimientos de las personas y para proteger a la élite de posibles represalias.

El pueblo no va a ser feliz si sabe que sólo existe un derecho natural - el derecho de los superiores a gobernar a los inferiores, el derecho del amo sobre el esclavo, el del esposo sobre la esposa, y de los sabios sobre el vulgo. En On Tyranny (Sobre la tiranía), Strauss se refiere a este derecho natural como las "enseñanzas tiránicas" de sus amados antiguos. Es tiránico en el sentido clásico del gobierno sobre el gobierno o en ausencia de ley (p. 70).

Ahora bien, los antiguos estaban decididos a mantener estas enseñanzas tiránicas en secreto porque no era probable que el pueblo tolerara el hecho de que estaban destinados a la subordinación; en realidad, pudieran perfectamente volver su resentimiento en contra de la minoría de superiores. Las mentiras son, por tanto, necesarias para proteger a la minoría de superiores de la mayoría del vulgo.

El efecto de las enseñanzas de Strauss es convencer a sus acólitos de que ellos eran la élite gobernante natural y minoría perseguida. Y no hacía falta ser muy inteligente para inferir que estaban en una situación de gran peligro, especialmente en un mundo dedicado a las ideas modernas de ideas de igualdad y libertades. Ahora más que nunca, los sabios deben proceder de forma cautelosa y circunspecta. Por tanto, llegan a la conclusión de que tienen una justificación moral para mentir para poder evitar la persecución. Strauss llega a decir que el disimulo y el engaño- en efecto, una cultura de mentiras- es la justicia peculiar de los sabios.

Strauss justifica su posición apelando al concepto de Platón de la mentira noble. Pero en verdad, Strauss tiene un concepto muy pobre acerca de la idea de Platón de la mentira noble. Platón pensaba que la mentira noble es una historia cuyos detalles son ficticios; pero en cuyo corazón hay una verdad muy profunda.

En el mito de los metales, por ejemplo, algunas personas tienen alma de oro - lo que quiere decir que son más capaces de resistir las tentaciones del poder. Y estos tipos moralmente confiables son los más capaces para gobernar. Los detalles son ficticios, pero la moraleja de la historia es que no todos los seres humanos son moralmente iguales.

En contraste con esta lectura de Platón, Strauss piensa que la superioridad de los filósofos gobernantes es una superioridad intelectual y no una superioridad moral (Natural Right and History, p. 151). Para muchos comentaristas que (como Karl Popper) han leído a Platón como totalitario, la consecuencia lógica es poner en duda que se pueda confiar a los filósofos el poder político. Aquellos que hicieron la lectura en esta forma, invariablemente lo rechazaron. Strauss es el único intérprete que hace una lectura siniestra de Platón, y después lo celebra.

La dialéctica del miedo y la tiranía

Danny Postel:
En el esquema straussiano, están la minoría de los sabios y la mayoría del vulgo. Pero también existe un tercer grupo- el de los gentiles. ¿Podría explicarnos cómo figuran estos?

Shadia Drury: En realidad existen tres tipos de hombres: los sabios, los gentiles, y el vulgo. Los sabios son los amantes de la dura verdad desnuda y sin alteraciones. Ellos son capaces de mirar al abismo sin temor y sin temblar. No reconocen ni Dios ni imperativos morales. Son devotos, por sobre todas las cosas, de la búsqueda por si mismos de los "altos" placeres, que simplemente es asociarse con sus "cachorritos" o jóvenes iniciados.

El segundo grupo, los gentiles, son amantes del honor y la gloria. Son los más cumplidores de las convenciones de su sociedad - es decir, las ilusiones de la cueva. Son verdaderos creyentes en Dios, en el honor, y en los imperativos morales. Están listos y deseosos de acometer actos de gran heroísmo y auto sacrificio sin previo aviso.

Los del tercer tipo, la mayoría del vulgo, son amantes de la riqueza y el placer. Son egoístas, holgazanes e indolentes. Pueden inspirarse para elevarse por encima de su embrutecida existencia sólo por el temor a la muerte inminente o a la catástrofe.

Al igual que Platón, Strauss creía que el ideal político supremo es el gobierno de los sabios. Pero el gobierno de los sabios es inalcanzable en el mundo real. Ahora bien, según la sabiduría convencional, Platón comprendió esto, y se transó por el gobierno de la ley. Pero Strauss no endosó esta solución por completo, ni tampoco pensó que era la verdadera solución de Platón- Strauss señaló el "consejo nocturno" en las Leyes de Platón para ilustrar este aspecto.

La verdadera solución Platónica según la entiende Strauss es el gobierno encubierto de los sabios (véase el libro de Strauss - 'The Argument and the Action of Platos Laws (El argumento y la acción de las Leyes de Platón). Este gobierno encubierto lo facilita la abrumadora estupidez de los gentiles. Mientras más crédulos y simplones y poco perceptivos sean, más fácil será para los sabios controlarlos y manipularlos. Supuestamente, Jenofonte nos deja eso muy claro.

Para Strauss, el gobierno de los sabios no se trata de los clásicos valores conservadores como el orden, la estabilidad, la justicia o el respeto a la autoridad. El gobierno de los sabios tiene la intención de ser un antídoto para la modernidad, esa modernidad en la cual ha triunfado la mayoría del vulgo. Es la era en la que se han acercado más a tener exactamente lo que desean sus corazones - riquezas, placer, e interminable entretenimiento. Pero al obtener justo lo que desean, han sido inconscientemente reducidos a bestias.

En ninguna otra parte el estado de cosas es más avanzado que en Estados Unidos. Y el alcance global dela cultura norteamericana amenaza con trivializar la vida y en convertirla en un entretenimiento. Esto es tan aterrorizante para Strauss como lo fue para Alexandre Kojève y Carl Schmitt.

Esto se evidencia claramente en el intercambio entre Strauss y Kojève (reproducido en On Tyranny de Strauss), y en su comentario sobre The Concept of the Political (El concepto de lo político) de Schmitt (reproducido en, Carl Schmitt and Leo Strauss: The Hidden Dialogue (Carl Schmitt y Leo Strauss: El diálogo oculto) de Heinrich Meier). Kojève se lamentó de la animalización del hombre y Schmitt se preocupó por la trivialización de la vida. Los tres estaban convencidos de que la economía liberal convertiría la vida en un entretenimiento y destruiría la política; los tres entendieron la política como un conflicto entre grupos mutuamente hostiles dispuestos a luchar unos contra otros hasta la muerte. En resumen, todos pensaron que la condición de humanidad del hombre dependía de su disposición para correr desnudo a la batalla y de cabeza a la muerte. Sólo la guerra perpetua puede darle un vuelco al proyecto moderno, con su énfasis en la auto preservación y a "las comodidades de la criatura". Se puede politizar la vida una vez más, y se puede restaurar la condición humana del hombre.

Esta terrible visión encaja perfectamente con el deseo de honor y gloria que ambicionan los gentiles neoconservadores. Y también encaja perfectamente con los sentimientos religiosos de los gentiles. La combinación de religión y nacionalismo es el elíxir por el que aboga Strauss como forma de convertir a los hombres naturales, relajados, hedonistas en nacionalistas devotos dispuestos a luchar y morir por su Dios y por su país.

Yo nunca imaginé, cuando escribí mi primer libro sobre Strauss, que la élite inescrupulosa de realizarse en la vida política de una gran nación como Estados Unidos. Pero el temor es la más grande de todas las tiranías.

Danny Postel: Usted ha descrito a Strauss como a un nihilista.

Shadia Drury: Strauss es nihilista en el sentido de que cree que no hay fundamento racional para la moral. Es ateo y cree que en ausencia de un Dios, la moral no tiene razón de ser. Se trata de beneficiar a otros y beneficiarse uno mismo; no hay razón objetiva para ello, sólo recompensas y castigos en esta vida.

Pero Strauss no es nihilista si con el término queremos significar una negación de que existe verdad alguna, una creencia de que todo es interpretación. Él no niega que exista una realidad independiente. Por el contrario, piensa que esa realidad independiente consiste en la naturaleza y que su "orden de rango" - lo de arriba y lo de abajo, es lo superior y lo inferior. Al igual que Nietzsche, él cree que la historia de la civilización ha llevado al triunfo de lo inferior, de la plebe- algo que ambos lamentan profundamente.

Danny Postel: esta relación es curiosa, ya que Strauss está embrujado por Nietzsche; y uno de los más famosos estudiosos de Strauss, Allan Bloom, arremete profundamente en su libro The Closing of the American Mind (El cierre de la mentalidad norteamericana) contra la influencia de Nietzsche y de Martin Heidegger.

Shadia Drury: La crítica de Strauss contra los existencialistas, especialmente contra Heidegger, es que han tratado de elicitar a una ética y de sacarla del abismo. Se trata de la ética de la resolución - escoge lo que desees y mantente leal a eso hasta la muerte; el contenido no importa. Pero la reacción de Strauss hacia el nihilismo moral fue diferente. Los filósofos nihilistas, según él cree, deberían reinventar al Dios Judaico-Cristiano, pero deberían vivir como dioses paganos ellos mismos - dándose el placer de los juegos que juegan unos con otros al igual que los juegos que juegan los mortales comunes.

La cuestión del nihilismo es complicada, pero no hay duda de que la lectura que hace Strauss de Platón implica que los filósofos deberían regresar a las cavernas y manipular las imágenes (en forma de medios de difusión, revistas periódicos). Ellos saben perfectamente que la línea que han abrazado es de mentiras, pero están convencidos de que sus mentiras son nobles.

La intoxicación de la guerra perpetua

Danny Postel: Usted caracteriza la visión de la administración Bush como una especie de realismo, en el espíritu de Trasímaco y Maquiavelo. Pero, ¿No es la verdadera división dentro de la administración (y dentro del derecho norteamericano en general) más complejo: entre los realistas de la política exterior, que son pragmáticos, y los neo-conservadores, que se consideran idealistas - e incluso moralistas - en una especie de misión para derrocar a los tiranos, y por tanto en una lucha contra el realismo?

Shadia Drury: Yo pienso que los neo-conservadores son en general auténticos en desear expandir el modelo comercial de la democracia liberal en todo el globo. Están convencidos de que es lo mejor, no sólo para Estados Unidos, sino para todo el Mundo.

Naturalmente, existe una tensión entre estos "idealistas" y los realistas más testarudos dentro de la administración.

Yo respondo a eso que las tensiones y conflictos dentro de la actual administración reflejan las diferencias entre las enseñanzas superficiales, que es lo adecuado para los gentiles, y las enseñanzas 'nocturnal' o encubiertas, a las que sólo tienen acceso los filósofos. Es poco probable que una ideología inspirada en enseñanzas secretas sea del todo coherente.

La cuestión del nacionalismo es un ejemplo de esto. Los filósofos, que quieren proteger a la nación de sus enemigos externos así como de su decadencia interna, su pereza, su placer, y su consumo, fomentan un fuerte fervor patriótico entre los gentiles amantes del honor, quienes entregan las riendas del poder. Ese fuerte espíritu nacionalista consiste en la creencia de que la nación y sus valores son los mejores del mundo, y que las otras culturas y sus valores son inferiores en comparación.

Irving Kristol, el padre del neoconservadurismo y discípulo de Strauss, denunció el nacionalismo en un ensayo publicado en 1973; pero en otro ensayo escrito 1983, él declaró que la política exterior del neoconservadurismo tiene que reflejar sus proclividades nacionales. Una década más tarde, en un ensayo de 1993, afirmó que "la religión, el nacionalismo, y el crecimiento económico son los pilares del neoconservadurismo". (Véase "The Coming 'Conservative Century'" "El 'Siglo Conservador' que viene", en Neoconservatism: the autobiography of an idea (El Neoconservadurismo: la autobiografía de una idea), p. 365.)

En Reflections of a Neoconservative (Reflexiones de un conservador) (p. xiii), Kristol escribió que:

"el patriotismo surge del amor hacia el pasado de la nación; el nacionalismo surge de la esperanza por la grandeza distintiva del futuro de la nación …. Los neoconservadores creen… que los objetivos de la política exterior norteamericana deben ir más allá de una definición estrecha y demasiado literal de 'seguridad nacional'. Es el interés nacional de una potencia mundial, tal y como se define por un sentido de destino nacional… no una seguridad nacional miope".

Del mismo sentimiento se hizo eco el decano del straussianismo contemporáneo, Harry Jaffa, cuando dijo que Estados Unidos es la "Zion que alumbrará al mundo".

Es fácil ver cómo este tipo de pensamiento se puede ir de las manos, y por qué los realistas más tozudos tienden a considerarlo ingenuo, si no peligroso.

Pero las preocupaciones de Strauss acerca de las aspiraciones de Estados Unidos en el ámbito mundial son muy diferentes. Al igual que Heidegger, Schmitt, y Kojève, Strauss estaría más preocupado porque Estados Unidos tuviera éxito en ese empeño que porque fracasara. En ese caso, con el "último hombre" se extinguirían todas las esperanzas para la humanidad (Nietzsche); la "noche del mundo" estaría al alcance de la mano (Heidegger); la animalización del hombre sería completa (Kojève); y se habría logrado la trivialización de la vida (Schmitt). Eso es lo que significó para ellos el logro de las aspiraciones de Estados Unidos.

El libro de Francis Fukuyama The End of History and the Last Man ( El fin de la historia y el último hombre) es la popularización de este punto de vista. Ve venir la catástrofe del poder global de Estados Unidos como algo inevitable, y trata de sacarle partido a una mala situación. Está lejos de celebrar la dominación de Estados Unidos.

En esta perversa visión del mundo, si Estados Unidos no logra alcanzar su "destino nacional", y se ve arrastrado a la guerra perpetua, todo estará bien. La humanidad del hombre, definida en términos de lucha hasta la muerte, es rescatada de la extinción. Pero los hombres como Heidegger, Schmitt, Kojève, y Strauss esperan lo peor. Esperan que la expansión universal del espíritu del comercio suavizaría sus maneras y emascularía al hombre. En mi opinión, esta glorificación fascista de la muerte y de la violencia surge de una profunda incapacidad de celebrar la vida, la alegría y el mero disfrute de la existencia.

Para ser más claros, Strauss no fue tan hostil hacia la democracia como lo fue hacia el liberalismo. Esto se debe a que él reconoce que las masas del vulgo tienen numerosas personas de su lado, y el simple poder de las cantidades no puede ser totalmente ignorada. Cualquier cosa que se pueda hacer para arrastrar a las masas es legítima. Si uno puede ver que la democracia vuelve las masas en contra de su propia libertad, es un gran triunfo. Es el tipo de táctica que los neoconservadores utilizan constantemente, y en algunos casos con mucho éxito.

Entre los straussianos

Danny Postel: Por último, quisiera preguntarle por la interesante acogida que ha tenido usted entre los straussianos. Muchos de ellos desechan su interpretación de Strauss y denuncian la obra suya en los términos más drásticos ("bizarra y esplénica"). Sin embargo, un académico, Laurence Lampert, ha reprendido a sus colegas straussianos por esto, y ha escrito en su libro Leo Strauss and Nietzsche (Leo Strauss y Nietzche) que el libro suyo The Political Ideas of Leo Strauss (Las ideas políticas de Leo Strauss) "contiene muchas buenas lecturas analíticas de los textos de Strauss y agudas opiniones acerca de las verdaderas intenciones de Strauss." ¡Harry Jaffa ha llegado incluso a hacer la provocadora sugerencia de que usted podría ser una "straussiana de closet"!

Shadia Drury: Se me ha denunciado en público y adorado en privado. Después de la publicación de mi libro The Political Ideas of Leo Strauss en 1988, me llovían las cartas y los regalos de estudiantes y profesores straussianos de todos los Estados Unidos - libros, disertaciones, cintas de audio con la conferencias que impartiera Strauss en Hillel House, Chicago, transcripciones de todos y cada uno de los cursos que impartió alguna vez en la universidad, e incluso una Lechuza de Minerva hecha a mano con una carta del artesano en la que me declara la diosa de la sabiduría! Estaban sorprendidos de que una persona de fuera pudiera haber penetrado las enseñanzas secretas. Me enviaron un material inédito marcado con instrucciones precisas de no distribuirlo a "personas sospechosas".

Recibí cartas de estudiantes en Toronto, Chicago, Duke, Boston College, Claremont, Fordham, y otros centros "de aprendizaje" straussianos. Uno de los estudiantes comparó su experiencia en la lectura de mi obra con "una persona perdida en la selva que de pronto se encuentra un mapa". Algunos se vieron impulsados a abandonar sus escuelas en busca de aire más fresco; pero otros estuvieron encantados de descubrir lo que se suponía que ellos creyeran para poder pertenecer al círculo encantado de futuros filósofos e iniciados.

Después de que saliera mi primer libro sobre Strauss, algunos de los straussianos en Canadá me bautizaron como "la bruja de Calgary." De todos los títulos que poseo, ese es el que más quiero. La hostilidad hacia mí era comprensible. Nada es más amenazador para Strauss y sus acólitos es la verdad en general y la verdad acerca de Strauss en particular. Sus admiradores están decididos a ocultar la verdad acerca de sus ideas.

Mi intención al escribir el libro era expresar las ideas de Strauss de forma clara y sin ofuscamiento, de manera que sus opiniones pudieran convertirse en tema de debate y crítica filosófica, y no en cosa de convicción febril. Yo quería sacar a los straussianos d las cuevas con humo y sacarlos a la filosófica luz del día. Pero, en lugar de involucrarme en el debate filosófico, ellos negaron que Strauss sostuviera ninguna de las ideas que yo le atribuía.

Laurence Lampert es el único straussiano que ha declarado con valentía que ha llegado el momento de dejar de jugar y de admitir que Strauss era en realidad un pensador Nietzsqueano - que ha llegado el momento de detener la negación y de comenzar a defender las ideas de Strauss.

Sospecho que la honestidad de Lampert es una amenaza para aquellos entre los straussianos que están interesados en la filosofía pero que buscan el poder. No hay duda de que es posible que el debate cándido y abierto sobre Strauss socave las perspectivas de estos en Washington.

¿Quién es Leo Strauss?

Leo Strauss nació en 1899 en a región de Hessen, Alemania, hijo de un pequeño comerciante judío. Asistió a la escuela secundaria en Marburg y sirvió como intérprete en el ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial. Obtuvo un doctorado en la Universidad de Hamburgo en 1921 por su tesis de filosofía supervisada por Ernst Cassirer.

La obra posdoctoral de Strauss incluyó estudios sobre Edmund Husserl y Martin Heidegger, y en 1930 publicó su primer libro sobre la crítica a la religión de Spinoza; su segundo libro, que trata sobre Maimonides, el filósofo judío del siglo, fue publicado en 1935. Después de un período en que realizó investigaciones en Londres, publicó The Political Philosophy of Thomas Hobbes (La filosofía política de Thomas Hobbes) en 1936.

En 1937, se trasladó a la Universidad de Columbia, y desde 1938 hasta 1948 fue profesor de Ciencias Políticas y Filosofía en la New School for Social Research, New York. Durante ese período escribió On Tyranny (1948) y Persecution and the Art of Writing (1952).

En 1949, pasó a ser profesor de filosofía política en la Universidad de Chicago, y allí permaneció durante 20 años. Sus obras en este período incluyen Natural Right and History (1953), Thoughts on Machiavelli (1958), What is Political Philosophy? (1959), The City and Man (1964), Socrates and Aristophanes (1966), y Liberalism Ancient and Modern (1968).

Entre 1968 y 1973, Strauss fue profesor en universidades en California y Maryland, y completó su obra sobre los discursos de Jenofonte y Sócrates y Argument and Action of Platón's Laws (1975). Después de su muerte, ocurrida en octubre de 1973, fue publicada la colección de ensayos Studies in Platonnic Political Philosophy (1983).

Artículos recomendados sobre el neoconservadurismo de Leo Strauss e Irak

M.F. Burnyeat, "Sphinx without a Secret", New York Review of Books, 30 Mayo 1985 [sólo pagado]

Stephen Holmes, "Truths for Philosophers Alone?", Times Literary Supplement , 1-7 diciembre 1989; reproducido en Stephen Holmes, The Anatomy of Antiliberalism (1996)

Robert B. Pippin, "The Modern World of Leo Strauss," Political Theory Vol. 20 No. 3 (Agosto 1992) [sólo para afiliados]

Gregory Bruce Smith, "Leo Strauss and the Straussians: An Anti-democratic Cult?", PS: Political Science & Politics Vol. 30 No. 2 (Junio 1997) [sólo para afiliados]

Michiko Kakutani, "How Books Have Shaped U.S. Policy," The New York Times, 5 Abril 2003 [sólo pagado]

Alain Frachon y Daniel Vernet, "The Strategist and the Philosopher", Le Monde, 15 Abril 2003 James Atlas, "A Classicist's Legacy: New Empire Builders," The New York Times, 4 Mayo 2003 [sólo pagado]

Jeet Heer, "The Philosopher," The Boston Globe, 11 Mayo 2003 [sólo pagado]

Jim Lobe, "The Strong Must Rule the Weak: A Philosopher for an Empire," Foreign Policy in Focus, 12 Mayo 2003

Seymour Hersh, "Selective Intelligence," The New Yorker, 12 Mayo 2003

William Pfaff, "The long reach of Leo Strauss", International Herald Tribune, 15 Mayo 2003

Peter Berkowitz, "What Hath Strauss Wrought?", Weekly Standard, 2 Junio 2003 "Philosophers and kings," The Economist, 19 Junio 2003

Steven Lenzner & William Kristol, "What was Leo Strauss up to?", The Public Interest, Oto? 2003 http://www.thepublicinterest.com/current/article1.html

Laura Rozen "Con Tract: the theory behind neocon self-deception", Washington Monthly, Octubre 2003

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